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Los personajes le pertenecen a S.M. La historia es mía.

Capítulo seis

"Edward Thomas Masen

Pediatra".

Un escalofrió se apoderó de mi cuerpo y mi mano derecha se fue a mi pecho ¿No se llamaba Thomas? ¿Se llamaba igual que su padre? Me quede de pie mirando como idiota la placa que estaba en la puerta de madera. Mis nudillos se fueron hacia la puerta para golpear y ver al famoso hermano de mi ángel, pero la puerta se abrió de golpe, levanté la vista y todo mi mundo se vino abajo.

—Ángel — murmuré.

Mi vista se nubló a causa de las lágrimas que seguramente se acumularon en mis ojos. Él me seguía mirando preocupado con sus ojos verde esmeralda, solo había visto un par de ojos tan hermoso como aquellos. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, centrándose detrás de mi cuello donde un frio sudor mojaba mi ropa. Temí perder el conocimiento.

—Creo que ¿no? — murmuró aquella voz celestial. Miré sus rosados labios rellenos, como se movían lentamente al pronunciar aquellas palabras —. ¿Se encuentra bien?

Se acercó lentamente invadiendo mi espacio personal ubicando sus manos sobre mis hombros, se inclinó hacia a mí, ya que era mucho más alto que yo y me miró fijamente a los ojos... volví a perderme en ellos.

Reaccioné y me alejé rápidamente de él, su tacto traspasó mi piel, quemándome por dentro, limpie las lágrimas que descendían silenciosamente por mis mejillas. Quise salir corriendo de ahí pero fue imposible, ya que él tomó delicadamente mis hombros y me guió hacia su consulta.

Me ofreció asiento junto a su escritorio blanco. Lo miré nuevamente y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Tuve ganas de sollozar, de gritar, de salir corriendo de este lugar porque sentía que mi corazón estallaría en cualquier momento.

¡No podía creer que a pocos centímetros estaba mi ángel! Podría estar completamente segura de que era él, sus facciones, su contextura, su piel... todo, todo era exactamente igual..., salvo que la persona que se encontraba frente a mi era de carne y hueso, y respiraba.

Tiene un adorable rubor en las mejillas, sus ojos incluso se ven aun más intensos. Me pregunto vagamente si mi ángel era como él cuando estaba vivo.

Lleva puestos unos pantalones caqui, y un sweater de cuello V color negro, es hermoso, tan hermoso que duele; No puedo dejar de mirarlo, jamás pensé que podría encontrarme con esto, lo observo nuevamente y hasta ahora soy consciente de que, mi cuerpo tiembla y me cuesta respirar, quizás aun sigo en shock.

—Tome un poco de agua. — me ofrece.

Lo tomé sin pensarlo dos veces y bebí hasta la última gota. Era consciente como él me estudiaba con la mirada, estaba nerviosa, confundida, no tenía idea de lo que iba hacer ahora.

—Yo…, yo debería irme.

Dejé el vaso de agua en su escritorio y me puse de pie rápidamente. Me abrumó la cercanía en la cual se encontraba, casi pude sentir su respiración en mi rostro, me alejé aterrada.

—¿Por qué quiere verme exactamente? ¿La conozco?

Negué rápidamente sintiéndome avergonzada.

—¿En qué puedo ayudarla?

¡Mierda! él no me puede ayudar en absolutamente nada. El ángel me debe muchas respuestas.

—¿Al menos habla?

El ángel número dos como decidí llamarlo ahora, me quedó mirando fijamente. Su piel se ve tan suave, salvo aquella parte donde su barba debía crecer, tenía unos labios rellenos y su cabello, su cabello fue lo que más me impactó, porque mi ángel número uno tenía el cabello corto y el ángel número dos tiene un cabello largo, rebelde y muy seductor; aquella pequeña diferencia me cercioró de que ellos no eran la misma persona.

¿Gemelos? Mi ángel tiene un gemelo y jamás me lo dijo ¿Por qué? ¿Qué oculta?

—Yo lo siento. No debí venir señor Thomas.

Él me sonrió con dulzura, suspiré. Sus ojos se fruncieron al sonreírme, formando unas pequeñas arruguitas.

—No me trate de usted…, debemos tener la misma edad.

—Entonces usted tampoco me trate de usted.

Respondí torpemente. Su sonrisa me deslumbró y aun me parecía irreal. Él era producto de un sueño estaba completamente segura.

—¿Realmente se siente bien?

—Si…, yo solo…, — Sentí la necesidad de decirle que conocía a mi ángel, pero no sabía cómo.

—¿Conocías a Anthony? ¿Por eso te quedaste así? Créeme no eres la primera persona en quedar en shock.

¿Anthony? ¿Acaso ese era el nombre verdadero de mi ángel? Necesitaba hablar con él, preguntarle por qué me había ocultado información.

—Yo…, bueno si.

Él pasó su mano derecha por su largo y rebelde cabello cobrizo. Trate de reprimir un suspiro. Me sentía una idiota.

—Lo siento, debería irme.

—¿Al menos me dirá su nombre?

¿Por qué seguía tratándome como una vieja?

—Bella Swan. — dije saliendo sin despedirme de aquel lugar.

Llegué a casa pensando que aun seguía dormida, que aun no ponía un pie en aquel hospital. La vida siempre me aseguró que no podía confiar en mi vista, pero ahora estaba segura de que me estaba volviendo loca, ¿Cómo podría ser cierto? ¿Por qué mi ángel jamás me dijo esto? Me sentía, en parte, traicionada por él. Subí los diez pisos completamente nerviosa, no sabía cómo enfrentar esto, no sabía cómo hablarle, no sabía qué hacer. Saqué las llaves de mi cartera y mi mano- aun temblorosa- abrió la puerta.

—¡Anthony! — Llamé mal humorada una vez que puse un pie en mi departamento —. ¡Anthony! — Quizás hacia el ridículo llamándolo así, pero no me importaba.

Caminé hacia la cocina y puse a calentar el agua para tomarme un té, lo esperé por más de una hora ahí sentada, pero él no apareció en todo el día.

Eran pasado las doce de la noche y aun no había señales de él, comencé a preocuparme ¿y si se fue para siempre? ¡No! él no podía hacerme algo así, él sería incapaz de dañarme de aquella manera tan cruel. Apague todas las luces del departamento, y me encaminé hacia mi habitación con la esperanza de encontrarlo de pie junto a la ventana, pero ahí no había nadie. Ignoré el nudo que se me formó en la garganta.

Me puse mi pijama y me acomodé en la cama ocultando todo mi rostro, tomé a mi Mickey mouse entre mis brazos y mis ojos comenzaron a cerrarse, había sido quizás, el día más largo y agotador de toda mi vida. Sentí como si alguien se acercara a mí, quise abrir los ojos, pero estaba demasiado cansada.

—Bella…, lo siento— Escuche su voz y temí estar soñando.

Pasaron cinco días cuando la señora Esme me contactó por que abriría la cafetería el día lunes. Cinco días en los cuales solo comía y me dedicaba a mirar mi piano con finas lágrimas en los ojos. ¿En qué momento habíamos retrocedido? Mi ángel jamás apareció y aquello me hacía sentir desdichada y por supuesto completamente sola.

El día lunes por la mañana, por primera vez en mucho tiempo iba a buena hora al trabajo. Cuando casi iba llegando miré el Hospital donde Thomas trabajaba, ¿Habrá vuelto de sus vacaciones? Deseche aquella tontería, el Hospital quedaba apenas a una cuadra de distancia de mi trabajo, quizás algún día lo vería pasar por afuera.

—Isabella— La señora Esme avanzó hacía a mí con los brazos abiertos, me abrazó fuertemente —. Hola niña.

—Hola señora Esme— saludé cordialmente —. ¿Cómo le fue en sus vacaciones?

Ella se separó de mí y vi su piel claramente tostada.

—Brasil es maravilloso, más aun cuando no tienes que soportar bajas temperaturas como aquí.

La mañana pasó lentamente, o al menos para mí, ya que la señora Esme veía con aires renovados y lista para trabajar. Me obsequió un regalo de Brasil, era un vestido que según ella me serviría para el verano.

A eso de las cinco de la tarde mientras limpiaba las vitrinas donde descansaban los pasteles, sentí un escalofrío por toda mi columna y mis piernas comenzaron a pesar.

Ángel.

—Que daría por comerme alguno de esos. — susurró su suave voz. Cerré mis ojos procesando el sonido de su voz.

Lo miré de soslayo pero no dije absolutamente nada, porque la cafetería estaba llena de gente. Rodee la vitrina y me ubiqué en mi lugar de trabajo.

—¿Me vas a ignorar? — preguntó.

Me aclaré la garganta y miré a todas las personas que ignoraban completamente que estaba siendo acosada por un fantasma. ¿Cómo le iba hablar aquí? ¡Estaba loco!

—Oh ya veo. Pues te espero.

Y así lo hizo lo que resto de tarde.

A la salida me fui en metro a mi departamento y llegué apenas a casa, completamente devastada por el cansancio. Me quité mis botines tirándolos por algún lugar del departamento, caminé hacia el baño para lavar mi rostro con agua helada.

—¿Cómo te llamas? — Pregunté una vez que me puse pijama y lo vi de pie en mi habitación. Mi voz se escuchó fría y demandante, quizás él no se esperaba que yo lo enfrentara así, ¿pero qué podía hacer?

—Anthony.

Caminó hacia el enorme ventanal de mi habitación y como siempre me dio la espalda para mirar Nueva York.

—¿Por qué…,Por qué no me dijiste que tu hermano era tu gemelo?

Frunció el ceño y tragó saliva. Fui consciente de que evitó mi mirada.

—¿Qué diferencia habría habido?

Suspiré y me molesté un poco por aquella actitud, no era propia de él.

—Casi me dio un infarto cuando lo vi, Anthony. — se escuchaba extraño llamarlo asi, cuando siempre le llame ángel. Lo vi estremecerse y cerrar los ojos fuertemente, me sentí mal.

—Lo siento, realmente no quería mentirte. Solo omití información— una tímida sonrisa apareció en sus labios.

—Como por ejemplo que se llama Edward ¿no?

—Bueno eso no. — me miró por primera vez y como siempre se veía despreocupado.

—¿A qué te refieres? — pregunté acomodándome en la cama. Él avanzo hacia mí y se sentó a mis pies.

—Larga historia y un poco absurda.

No dije nada.

—Bueno, mi padre se llama Edward Masen, igual que mi hermano. Para diferenciar a ambos Edward, mamá solía llamarlo Thomas que es su segundo nombre, y cuando mis padres se divorciaron fue en muy malos términos, hicieron ese estúpido acuerdo de que yo me quedaba con mi padre y Thomas con mamá. Asi que realmente no omití nada en eso…, todo el mundo lo conoce por Thomas.

—Pero su nombre verdadero es Edward — afirmé y él asintió.

—Lo es.

Me quedé más tranquila pero no lo suficiente porque tenía una inquietud en mi pecho. ¿Qué hacer ahora? ¿Qué quiere Anthony realmente?

—¿Qué deseas que haga ahora?

Anthony suspiró profundamente como si necesitara el aire. Pasó sus dedos por su labio inferior, jugando con el. Se veía preocupado e inquieto.

—Mi hermano está solo — declaró.

—Qué pena— soné sarcástica pero él no hizo ningún comentario al respecto.

—Me gustaría que ustedes fuesen amigos.

—Anthony no tengo amigos y lo sabes. No puedo confiar en las personas.

Sus ojos me atraparon y sentí un rubor en mis mejillas.

—Inténtalo.

—No lo volveré a buscar, no tengo cara para mirarlo Anthony. Hice el ridículo.

—No hiciste nada, estuve todo momento junto a ti.

Suspire molesta.

—Mentira, no te vi.

—No siempre quiero que me veas Bella.

Quede sorprendida, le miré y me sonrió pícaramente.

"Espero que no me haya visto desnuda" pensé mientras me sonrojaba.

—Por más que no quieras, el destino se encarga de poner todo en su lugar Bella.

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Hola mis lindas, espero que hayan tenido excelente semana.

Bueno otro capítulo de nuestro ángel, a ver, a ver ¿Anthony o Edward? jaja difícil decisión ¿no? Poco a poco se va aclarando el asunto.
Muchas quedaron con dudas el capítulo pasado, ahora sabrán que el ángel y "Thomas" no son la misma persona, además de ciertas características físicas como el cabello y la forma de reír los diferencian jeje.

Bueno, espero que les haya gustado y las veo el próximo sábado.

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Las quiere, Ani.