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Los personajes son de S.M. La historia es mía.
Capítulo siete.
Podría decir que, prácticamente, todo volvió a la normalidad durante las siguientes semanas. No volví a saber del hermano de mi ángel, cosa con la cual estaba realmente agradecida, no podía soportar el hecho de que él fuera idéntico a Anthony.
Mi ángel seguía insistiendo con la idea de que me acercara a su hermano. Pero, ¿cómo? Sería un verdadero milagro si Thomas no me creyera una completa loca, me avergonzaba de mi comportamiento; no sabría cómo actuar, no sabría qué decir; así que mi respuesta para Anthony siempre fue no.
Como siempre, me encontraba en la cafetería, dos semanas después de aquella petición tan ridícula. Gracias al cielo me había acostumbrado de nuevo a mi rutina de trabajo y ya no me la pasaba durmiendo de pie.
Anthony me esperaba sentado en una de las sillas vacías de la cafetería, me guiñaba el ojo de vez en cuando o me regalaba una sonrisa tímida.
Eran casi las ocho de la tarde, no había mucha clientela a esa hora y menos con la tormenta que había. Las gotas golpeaban con fuerza las ventanas, provocándome escalofríos y haciéndome pensar cómo llegaría a mi departamento.
«Prácticamente imposible» pensé apoyándome en unos de los muebles detrás del mostrador.
Pasé las manos por mi rostro, entonces, sentí cuando alguien entró a la cafetería, anunciado por el molesto sonido de las campanillas que estaban junto a la puerta. Resoplé molesta, no entendía cómo las personas podrían pensar en parar para tomar un jodido café con esa asquerosa lluvia, estaba cansada y lo único que quería era ir a casa a dormir
¿Es que era mucho pedir? Al parecer sí.
Dirigí la mirada hacia la entrada, pero al hacerlo me arrepentí casi al instante. Sentí cómo el aire se quedaba atascado en mis pulmones, cómo la sangre dejaba de circular en mis venas y mi corazón se detenía por unos breves segundos.
Edward Thomas, el gemelo de mi ángel, hacía una entrada magistral hacia la cafetería; digna de esos modelos de ropa interior que ves en los anuncios. Me llamó la atención su adorable ceño fruncido, luchaba con un paraguas negro que no quería cerrarse. Pequeñas gotas de agua humedecían su cabello broncíneo, usaba una chaqueta negra completamente mojada, al parecer su paraguas no le fue de mucha ayuda con la lluvia.
—A la mierda —le oí susurrar. Quise sonreír, pero el pánico nuevamente me tenía idiota.
Prácticamente tiró el paraguas en la entrada, estaba totalmente molesto y con un andar completamente felino y elegante se acercó hacia donde yo me encontraba; aunque todavía no era consciente de mi presencia.
—Un café, por favor. —Pidió, buscando la billetera en su chaqueta, aún no levantaba la vista.
Busqué a Anthony con la mirada y casi me da un infarto al verlo junto a su hermano, quise lanzarle una taza de café en la cabeza ¿Cómo me hacía eso? ¡Diablos, son idénticos!
Sacudí la cabeza y me compadecí de Edward Thomas, ya que se estremeció, y supe inmediatamente que no era por el frío que hacía afuera, era porque su hermano estaba a centímetros de su cuerpo. El ángel me sonrió cálidamente y lo fulminé con la mirada, luego miré a Edward luchando con su billetera, el ángel me sacó la lengua.
Me giré para calentar el agua y él logró sacar su billetera, estaba completamente mojada. Extrajo un dólar de su interior y lo sacudió para quitarle el exceso de agua.
—Lo siento… —se disculpó. Un leve sonrojo adornó sus mejillas, su vista por primera vez se fijo en mí—. Oh… ¿Bella?
¡Se acordó de mi nombre!
—Hola, doctor Edward Thomas.
Él me sonrió mostrando sus perfectos dientes blancos y alineados. Podría jugar que usó brackets en la adolescencia. ¡Estoy mal! realmente este hombre es hermoso.
—¿Sólo café? —pregunte estúpidamente. Él me sonrió y miró la vitrina que estaba justo a mi lado, apuntó hacia un pastel lleno de chocolate—. Okey, puede sentarse.
Me pagó con su billete empapado y se sentó muy cerca de mí.
Cuando tuve su café y su pastel los llevé torpemente a su mesa. Podía sentir su penetrante mirada en mí, pero no me fijé en sus ojos porque, por alguna alocada razón, me ponían nerviosa. No sabía si era el hecho de que tenerlo así, en carne y hueso, que era como tener a mi ángel o si la razón de mi nerviosismo era por aquella infinita belleza que me tenía abrumada.
—No sabía que trabajas aquí —dijo una vez que la cafetería estuvo completamente vacía. Su mirada inquisidora me estudiaba detenidamente.
Me quedé en silencio y él soltó una risita, las esquina de sus ojos se arrugaron de manera adorable.
—¿Estás segura de que hablas? —preguntó.
—No hablo con extraños.
Okey, eso me hizo sentir como una niña estúpida.
—Bueno, conoces mi lugar de trabajo, conozco donde trabajas y conociste a mi hermano, supongo que no somos tan «extraños» —dijo antes de dar un sorbo al café, con sus ojos observándome detenidamente por encima de la taza.
Anthony estaba detrás de él y levantó los pulgares en modo de aprobación.
—Yo…, no te conozco —murmuré.
El tomó otro sorbo de café y su frente se arrugó levemente.
En ese momento la señora Esme salió de su oficina con unos anteojos puestos. Asintió en modo de saludo al único cliente que se encontraba en su negocio.
—Isabella, cerraremos en diez minutos —declaró.
Mordí mi labio inferior y me excusé para ir al baño, aprovechando que ella se encontraba ahí. Una vez en el baño mojé mi rostro con abundante agua para tratar de despejar mi mente.
—Si sigues así de pesada dudo que Thomas quiera ser tu amigo —dijo una vocecita detrás de mí, miré a través del espejo y Anthony estaba recargado sobre el umbral de la puerta mirando sus manos. Suspiré profundamente tratando dejar la molestia que sentía de lado.
—¿No puedo venir al baño en paz? —farfullé. Él negó rápidamente—. Mira, no quiero ser amiga de tu hermano, es ridículo.
—Que pesada eres, Bella. Se nota que quiere hablarte y tú lo cortas así. —Hizo un par de ademanes exagerados para enfatizar sus palabras.
Parecía un niño pequeño, quise sonreír, pero me obligué a quedarme seria.
—¿Qué quieras que le diga? ¿Qué quieres que haga, ángel? —dije exasperada.
Me sonrió y pude verificar otra pequeña diferencia entre ellos, sus sonrisas eran diferentes ya que a Anthony no se le arrugaban las esquinas de sus ojos claros.
—Te lo he dicho siempre: déjate llevar, Bella. Mi hermano no es un asesino en serie…, es médico. Tiene buena apariencia, no te va a violar ni nada por el estilo, además ya conoces a casi toda la familia. —Puse los ojos en blanco.
Salí algo molesta del baño. Anthony, como siempre, era mi sombra y no se separó de mí hasta que estuvimos otra vez junto a su hermano. Fui directamente hacia la caja, cuando noté que él se levantaba de su asiento, pasando su mano por su rebelde cabello mojado y tomó su olvidado paraguas, que seguía tirado en el suelo, y se dirigió hacia la salida donde las molestas campanitas volvieron a sonar.
—Bien, Isabella…, puedes irte. —Declaró la señora Esme.
Despegué mi vista de la puerta por donde él había salido, hacía alrededor de cuatro minutos. Me sonrojé al notar que mi jefa me miraba pícaramente y negaba con la cabeza sonriendo.
Me quité el delantal negro que estaba anudado en mi cintura y fui en busca de mi abrigo y mi bufanda. Me despedí de la señora Esme, saqué el paraguas que había llevado conmigo en la mañana y lo abrí para cubrirme de la lluvia.
"Diablos ¡Que frio hace!" —Me quejé mentalmente.
—Hola de nuevo, Bella. —Me sobresalté al oír como su aterciopelada voz acariciaba mi nombre, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, me voltee rápidamente para encontrarlo apoyado en la pared, justo afuera de la cafetería, con el paraguas en su mano.
—Hola, Edward Thomas —saludé cortésmente.
—¿No crees que es muy largo decirme Edward Thomas? —Bueno, sí, era algo ridículo, pero las confusiones con los nombres me tenían algo aturdida. Opté por el nombre que más me gustaba.
—Edward —murmuré.
Él me sonrió y nuevamente me deleité con su belleza. ¿Sería consciente de lo que provocaba?
—Eres la primera persona en años que me dice así —dijo aún sonriente.
Sonreí. Miré a mi alrededor, pero no vi a Anthony por ningún lugar. ¡Traidor!
—¿Esperas a tu novio? —preguntó pasando su mano derecha por aquel cabello de color bronce.
—No tengo novio. Esperaba un taxi.
—¿Puedo llevarte a casa?
—No creo — respondí automáticamente.
—No te haré daño, es tarde y puede ocurrirte algo en el camino. El taxista puede ser algún asesino en serie de mujeres hermosas como tú. ¿Qué nunca has visto La Ley y el Orden? ¿Tienes idea del índice de delitos que suceden en Nueva York?
¿Perdón? ¿Qué dijo? Mi corazón quería estallar en mi interior.
—No me gustan las series policiacas y prefiero al taxista. Además, no te conozco lo suficiente. —Tal vez haya sonado como una antipática, pero sonreí levemente para restarle peso a mis palabras.
Él avanzó un poco hacia mí, la lluvia golpeaba su níveo rostro, quise darle un lugarcito bajo mi paraguas pero él negó.
—Hay una gran diferencia entre el taxista y yo —susurró.
—¿Cuál sería? —pregunté tratando de no sonreír abiertamente.
—Que mis víctimas caen rendidas ante mí. —Solté una sonora carcajada, como nunca. Es más, hacía mucho tiempo que no me reía así.
—No eres muy humilde, ¿o sí?
—Dame una oportunidad y te lo demuestro. —Una sonrisa apareció en su rostro, esa era una sonrisa nueva, una hermosa que me dejó sin aliento…, una perfecta sonrisa torcida.
Sentí que el aire no entraba a mis pulmones, pero ya no era por miedo…, definitivamente era por su belleza.
—Vamos, déjame llevarte a casa, te vas a enfermar. —Insistió.
Pensé la respuesta por unos segundos. Sabía que era arriesgado ¿pero y qué? Nunca había tomado una decisión arriesgada en mi vida, siempre había vivido sola y a las sombras del mundo porque simplemente me tocó vivir cosas que yo no elegí.
—¿Prometes no hacerme nada malo? —pregunté viéndolo recelosa.
—Palabra de niño explorador —dijo alzando su mano derecha. Sonreí.
—Ven, hay lugar para ti bajo mi paraguas — dije mientras cruzábamos la calle. Él sonrió y tiró su paraguas al basurero más cercado, maldiciendo.
—Siempre odié usar paraguas, vivía en un pueblo donde solía llover mucho. La lluvia me gusta —dijo.
Recordé el depresivo lugar que era aquel pueblo llamado Forks.
—Pues yo odio la lluvia y el frio— declaré. Él me miró y sus labios sonrieron. Sacó las llaves de su jeans y apretó un botón, las luces de un lujoso volvo plateado pestañearon.
—Adelante. —Abrió la puerta del copiloto y entré vacilante aún no muy convencida de no estar poniendo en peligro mi vida.
Cerró la puerta con delicadeza y se subió al lado del piloto, justo en ese momento la lluvia se intensificó, golpeando fuertemente el parabrisas.
—¿Puedo invitarte a beber algo? —Lo miré mientras él echaba a andar el automóvil, aclaró su garganta y giró un poco su rostro para mirarme directamente. Analicé la propuesta pero pensé que era ir demasiado lejos.
—No, en realidad solo quiero ir a casa —dije.
—¿Un café?
—Trabajo en una cafetería. Además, odio el café.
Él alzo una ceja y nuevamente las esquinas de sus ojitos se fruncieron cuando él sonrió.
—¿Algún trago? ¿Cenar?
—No.
—Oh vamos, debes tener hambre.
—Si…, pero solo quiero té — Edward suspiró profundamente pero no dijo absolutamente nada más.
Le di las indicaciones para llegar a mi casa, íbamos en completo silencio, sólo se escuchaba la lluvia al golpear fuertemente en el parabrisas mientras avanzábamos por la calle. De pronto se desvió del camino, lo miré confundida, mi corazón se inquietó ante la posibilidad de que él me hiciera daño.
—No te preocupes, no te haré daño. —Me aseguró, leyendo mis pensamientos—. Sólo quiero que comas algo y como no quieres estar conmigo el tiempo suficiente para cenar, al menos compláceme.
No sabía de qué diablos estaba hablando.
—¿De qué hablas? —dije.
—Sólo dame un par de minutos.
Me guiñó el ojo con picardía y quise lanzarme por la ventana para huir de ahí ¿Podría ser más bello? Me pregunté acariciado distraídamente un mechón de mi cabello.
—¿Cómo conocías a mi hermano?
Su pregunta me tomó desprevenida, lo miré sorprendida sin saber qué decir o hacer. Me mordí el labio inferior, tratando de encontrar alguna respuesta.
—Yo…, fue casualidad —balbuceé. Bien, eso sonaba estúpido.
—Ustedes…, ya sabes ¿Eran novios?
Ahora comenzaba a sudar frío, seguro Anthony estaba disfrutando de lo lindo con esto, donde fuese que estuviera, lo imaginaba riéndose de mí y de esta situación tan incómoda. Analicé mis respuestas mentalmente, lo mejor sería no mentir…, al menos no mucho.
—No, lo conocí en una fiesta de mi madre. —Me miró sorprendido pero no dijo nada al respecto cosa que agradecí, pude volver a respirar tranquila, al menos por el momento.
Edward se desvió nuevamente por una calle y vi un gran McDonalds al final de la calle.
—McDonald's ¿Es en serio? —pregunté sumamente sorprendida.
Él volvió a reír y justo en ese momento me di cuenta de otra diferencia entre Anthony y Edward…, este último suele sonreír por absolutamente todo.
—No quisiste algo más sofisticado —acusó.
—En serio no tengo hambre —protesté—. No debiste molestarte.
Avanzamos por el Auto-Mac y en la ventanita que daba hacia el automóvil apareció una mujer rubia de ojos azules.
—Hola, bienvenidos a McDonald's. ¿Cuál es su pedido?
Su voz a pesar de ser hermosa era muy monótona, parecía un robot.
—Dos hamburguesas con doble queso, nuggets de pollo, empanadas de queso —dijo con convicción analizando el menú con el ceño fruncido. Se volvió hacia mí completamente serio, algo en él me provocó ternura—. ¿Te gusta la coca-cola? —preguntó despabilándome rápidamente. Asentí.
—Sí —susurré casi inaudiblemente justo cuando él me dio la espalda de nuevo.
—Dos coca-colas medianas, ¡Ah! y también papas fritas, por favor.
—¿Esta completo su pedido?
Se volvió hacia mí nuevamente.
—¿Quieres algo más?
¿Qué? ¡Estaba loco! Ni siquiera sabía cómo iba a caber todo aquello dentro de mi estómago. Los últimos años solo había vivido a base de galletas y té.
—No —dije con firmeza.
Edward pagó, cosa por la que me sentí mal, pero no dije nada al respecto, yo no lo había obligado a traerme. Me pasó las bolsas con el pedido y ambas coca colas y comenzó a conducir nuevamente hacia mi departamento.
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Hola mis lindas. Bueno es lunes lo sé, pero como soy algo dejada jaja los capítulos del ángel se acabaron, asi que tengo que escribir para actualizar, lo siento. Entre la universidad, Lecciones para enamorar, y mi tiempo libre (por qué no me la paso todo el día en el netbook o quedaré ciega) me fue imposible escribir el ángel para que no me pillara, pero lo hizo y lo siento. En realidad no quedan muchos capítulos, quizás unos seis o siete como mucho.
No sé cuando actualice nuevamente, tengo la mitad del capítulo que viene, espero que comprendan.
Bueno, ¿Qué les parece Edward? a mi me encanta, lo encuentro adorable, lindo, hermoso, bello..., tierno aw, creo que estoy enamorada de él ¿Y quién no? a menos que claro, amen a Anthony que es igual de hermoso.
Sus comentarios son mi único pago, y no les toma más de cinco segundos, me hacen muy feliz.
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Gracias a quienes comentan fielmente, y a quienes me leen en silencio también.
Un beso, las quiero. Hasta la próxima.
