Este fanfic está protegido legalmente por Safecreative. No apoyes al plagio.

Los personajes le pertenecen a S.M. La historia es mía.

Capítulo ocho.

—Llegamos.

Anuncié una vez que se estacionó afuera de mi edificio. Me aclaré la garganta y lo miré sin saber cómo despedirme de él. Edward Thomas se aferraba al volante de su automóvil y pasó la lengua por sus labios en un acto inconsciente, o eso quise creer, no pienso que él quisiera coquetear conmigo.

—Sana y salva como dije. — su suave voz rompió el silencio entre nosotros, me sobresalte al escucharlo. Miré las bolsas que estaban sobre mis piernas, la comida comenzaba a enfriarse... quizás él vivía lejos y al llegar la comida sería un desperdicio. Mordí mi labio en un estúpido intento de no abrir la boca, pero fue imposible.

—¿Quieres comer adentro? — Pregunté tratando de parecer desinteresada.

No sabía qué demonios estaba haciendo, supongo que si me pasara algo quedaría en la consciencia de Anthony, donde quiera que estuviera en este momento.

Siempre alejé a las personas de mí, jamás les di la oportunidad de poder, si quiera, entablar una conversación fluida. Miré a Edward nuevamente y me encontré con sus ojos verdes mirando mi rostro, una tímida sonrisa afloró en sus labios. Él era un completo desconocido para mí, pero a la mierda..., no creo que robe mis utensilios de cocina, además no tengo nada de valor, nada..., excepto mi piano olvidado en medio de la sala.

—¿Estás segura? — Preguntó. Lo pensé nuevamente pero no me retracté.

—Claro.

Me sonrió de nuevo, esta vez su sonrisa es deslumbrante, mostrando sus alineados dientes blancos. Me pregunto vagamente cómo no se cansa de sonreír todo el tiempo, y sentí envidia ¿Sería yo capaz de sonreír constantemente en un futuro? La llegada de Anthony a mí, sin duda había ahuyentado, en parte, mi soledad; había aprendido a sonreír nuevamente, no me sentía tan miserable después de todo, pero sabía que en algún momento lo perdería. Alejé aquel pensamiento tan inoportuno.

Bajamos del automóvil y prácticamente corrimos hacia la entrada del edificio, la lluvia aun caía fuertemente sobre Nueva York.

Subimos diez pisos en una conversación cómoda y un poco estúpida, el tráfico, la comida en las bolsas enfriándose, el frio, el calor, etcétera, todo lo que suelen conversar un par de desconocidos tratando de no quedar en un silencio incomodo. Cuando llegamos a mi departamento saque la llave que descansaba en el bolsillo trasero de mi pantalón, metí la llave y abrí la puerta completamente.

Caminé hacia el interior prendiendo las luces, dejé las bolsas en la mesa que se encontraba en mi sala. Me voltee cuando no escuche pasos siguiéndome. Edward estaba de pie junto a la puerta del departamento, caminó tímidamente hacia mí; parecía un niño pequeño con sus ojos recorriendo todo lo que estaba a la vista, sus manos se habían escondido detrás de su espalda y su adorable sonrisa torcida apareció en su boca.

—Tienes un departamento muy lindo. — comentó deteniendo su vista en mi.

—Gracias.

Fui directo a mi cocina en busca de platos y servilletas. Volví a la sala y Edward estaba inclinado sobre mi piano..., mi viejo piano. Mi corazón se estremeció.

—¿Tocas? — pregunté como si ignorara la respuesta. Anthony solía decir que tocaba junto a él, cuando eran pequeños. Edward frunció el ceño y aclaró su garganta para hablar.

—Lo hacía con mi hermano.

Se volteó para mirarme con una sonrisa triste en sus labios que me recordó mucho a mi ángel.

Edward sacó toda la comida chatarra de las bolsas y le ayudé a servirla en los platos. Nos sentamos frente a frente en la mesa.

—No tenías mucho contacto con él. — Comenté. Él me miró confundido, seguramente no tenía idea de lo que estaba hablando—. Me refiero a Anthony.

Bebió un poco de coca-cola y negó con la cabeza.

—No, dado que mis padres se separaron cuando éramos pequeños y ellos prácticamente se odian, jamás volvimos a tener contacto. Fue un acuerdo estúpido, al menos mamá se arrepiente de eso.

Asentí, pero esa historia me la sabía por Anthony. Le di un mordisco a mi hamburguesa sin saber que responder.

—Bella ¿Puedo preguntar algo?

Asentí.

—¿Por qué te sorprendiste tanto al verme? — Lo miré confundida—. Sé que soy hermoso..., pero había algo más ahí.

Estaba bromeando, lo sabía por la expresión de su rostro, pero no estaba muy lejos de la realidad, Edward es hermoso, nadie puede negar eso. Reí con su último comentario, pero su pregunta me causo un escalofrío que me recorrió de pies a cabeza. Dejé mi hamburguesa en mi plato y limpié mi boca con una servilleta, armándome de valor para contestar con la verdad.

—Anthony nunca mencionó tener un hermano gemelo.

Él rió.

—A él no le gustaba la idea de que fuésemos iguales. — declaró como si recordara alguna anécdota del pasado.

—Supongo que nadie lo quiere— murmuré tratando de defender a mi ángel.

Edward se quedó en silencio y luego de un momento preguntó

—¿No tienes hermanas?

—No.

Él se vio sorprendido. Una de sus manos fue directamente hacia las papas fritas y se llevó unas cuantas a la boca.

—¿Estás sola en Nueva york?¿De dónde vienes?

¿Qué le hacía sentir que yo no había nacido aquí? Seguramente sería mi ropa pasada de moda, las Neoyorkinas suelen vestirse a la moda, o al menos la mayoría.

—Supongo que estoy sola en Nueva York. Mi padre murió y mi madre está casada y tiene su propia familia. Y soy aquí, nací aquí.

Declaré algo ofendida. Bebí un sorbo de mi coca-cola.

—¿No te llevas bien con tu madre? — era observador.

Esto parecía un interrogatorio del FBI.

—No, ella piensa que no soy digna de ser su hija. — sonreí sarcásticamente.

Edward se sorprendió y me miró detenidamente por unos segundos, me maldije internamente por sentarme junto al frente de él, ni siquiera tenía alguna excusa para hacerme la desentendida ante su mirada tan intimidante.

—Eso es una tontería. En la última hora me he dado cuenta que eres una persona maravillosa.

Puse mis ojos en blanco

—En una hora no puedes conocerme Edward.

El volvió a sonreír.

—Pero quizás sea la primera hora de muchas ¿No Bella?

En aquel momento no pude dimensionar lo que él dijo.

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Desde aquel día nada volvió hacer lo mismo. Edward se había convertido en cliente frecuente de la cafetería; la señora Esme me regalaba sonrisitas picaras y solía guiñarme el ojo cada vez que las campanitas de la puerta anunciaban su llegada. Edward sonreía en todo momento, tenía que decirlo, su alegría se contagia al punto de que yo misma me veía sonriendo cada vez que lo recodaba o lo veía frente a mí para pedir un café.

Anthony, mi ángel, estaba muy ocupado haciendo algunas cosas, solo me visitaba en las mañanas y en las noches, justo antes de cerrar mis ojos. Lo extrañaba mucho, necesitaba su presencia, su voz, sus constantes tonterías, pero no podía hacer nada, sabía perfectamente que él poco a poco me estaba dejando y eso dolía, y mucho.

—Estas bastante extraño Anthony. — comenté sacudiendo mi cabello húmedo.

Mi ángel sonrió y se tiró a mi cama cogiendo mi Mickey entre sus manos. Mirarlo así, tan despreocupado, me recordó a Edward y me sentí mal por ese pensamiento.

—Estoy haciendo algo. — sus ojos se entrecerraron y tuve la intención de tirarle una de mis zapatilla en el rostro.

—¿Qué estás haciendo Anthony? — él me ocultaba algo, bajó la mirada avergonzado.

—Te recomiendo que te des prisa, tu madre debe estar por llegar. — él tenía razón.

Renée había llamado, milagrosamente, hace una semana para saber si yo aun seguía con vida. Su llamada no me afectó en lo absoluto, seguramente porque ahora ya no me sentía tan miserable como hace unos meses atrás. Miré mi atuendo, un jeans negros con una blusa blanca, nada mal, supongo.

—Podrías ponerte unos zapatos. — sugirió mi ángel.

—¿Qué eres? ¿Asesor de imagen? — pregunté y él soltó una risita.

—Debí haberlo sabido, para haber hecho algo con mi vida cuando vivía.

Me estremecí. Lo miré fijamente alzando mi ceja derecha. No me gustaba que hablara así.

—¿Qué sugieres? es estúpido ponerme zapatos cuando estaré en casa.

—Vamos ponte esos tacones de infarto, tienes piernas hermosas.

Me sonrojé.

—Olvídalo, si Renée no me mata, me mataran esas cosas. Además fue un regalo de la insoportable de Alice hace años, deben estar pasados de moda.

—En lo absoluto, por favor. — pidió con expresión tierna. Maldito, sabe que odio que haga eso. Me puse los horribles zapatos con tacón cuando tocaron la puerta del departamento.

—Si te hace algo, tiraré todas las ollas de la cocina al piso para que salga corriendo. — murmuró Anthony antes de desvanecerse.

Puse mis ojos en blanco y caminé hacia la entrada. Bien..., necesitaba todo mi esfuerzo para no ser tan sarcástica con Renée.

—Hola. — fue el hermoso saludo maternal, luego de no haberme visto por meses. Me di cuenta que con estos horribles zapatos era un poco más alta que ella.

—Hola, pasa.

Ella me inspeccionó con la mirada, seguramente preguntándose qué diablos hacía vestida decentemente. Caminó hacia la sala y tomó asiento.

—¿Quieres beber algo?

Ella negó con la cabeza rápidamente.

—Bueno, tengo prisa — tomó aire —. ¿Qué ha sucedido contigo con estos meses Isabella?

Fruncí el ceño ¿De qué hablaba esta mujer? ¿Cómo estás? ¡Hija te he extrañado! nada. Su mirada es distante, como dos desconocidas.

—Nada— Tomé asiento lo más alejada posible de ella, no me apetecía tenerla cerca.

Renée se quedó observándome en silencio, y una extraña sonrisa apareció en sus labios, extraña porque ella jamás me sonreía.

—Te ves..., diferente.

—Supongo que estoy usando ropa adecuada. — murmuré dejando salir el aire de mis pulmones.

—No es solo eso Isabella. Tú estás diferente.

Asentí. Cuando era pequeña mamá solía ser amable conmigo, recuerdo que incluso me abrazaba, pero todo cambio cuando comencé con mi locura, aun más cuando Charlie se quitó la vida, pero aquello no había sido culpa mía.

Un celular comenzó a sonar en aquel momento, no era el mío, pues a mí nadie me llamaba. Renée rápidamente comenzó a buscar el celular en su cartera.

—Hola hija — sonrió como pocas veces la había visto. Era Alice la que se encontraba al otro lado de la línea, lo sé con tal solo escucharla —. Estoy en casa de Isabella..., — murmuró y pude notar su incomodidad—. Si, estaré ahí lo antes posible..., claro hija, llama a tu padre y nos reunimos. Adiós te amo.

Qué diferencia había en el trato que ella le daba a Alice y el que me daba a mí. Yo era su única hija, pero eso no significaba que ella me tuviera que amar, yo le recordaba a Charlie... Alice a Carlisle, supongo que por eso la ama tanto.

—Te tienes que ir— afirme frunciendo el ceño.

—No, está bien.

—No hagas esperar a Alice, sabes que ella no tiene mucha paciencia—. Murmuré algo dolida.

—¿Quieres venir? — okey, eso no me lo esperaba ni en mis mejores sueños. Me pregunté vagamente si sus neuronas están funcionando normalmente.

—No.

No me apetecía ver a Alice y su vida perfecta, mucho menos a Carlisle con su odioso rostro amable.

—Deberías..., iremos de compras y... — Renée no encontró ningún otro argumento para continuar. Así era la relación entre nosotras, fría y sin palabras.

Me despedí de ella, dejándola en la puerta de entrada ¿Cuánto había durado la visita? ¿Diez minutos? o quizás menos. Miré por la ventana y la vi salir del edificio de manera elegante, sacudiendo su cabello al viento. Renée siempre había sido hermosa, otra diferencia entre nosotras, yo era simplemente normal.

Caminé hacia la cocina y me preparé un té para calmar mis nervios, el encuentro por alguna razón me dejo mal. Pensé en papá, en su vida y lo infeliz que era..., pensé en todo el dolor que debió sentir cuando descubrió todo, ¿Por qué no pensó en mi cuando se quito la vida? Yo lo amaba, yo realmente lo hacía y él se fue dejándome sola, con una madre que no le importó destruir una familia, un hogar..., destruyó mi vida.

"Oh papá"

De pronto tengo la necesidad de correr al cementerio, hace tiempo que no me aparezco por ahí, pero los cementerios jamás fue uno de mis lugares favoritos, no cuando yo jamás caminaba sola por las tumbas viejas y abandonadas, todo lleno de soledad.

—¿Qué sucede? — la voz de Anthony me sobresaltó. Lo miré, estaba apoyado en la encimera justo a mi lado.

—Solo..., necesito ir al cementerio, solo que no se me da muy bien. — Él me escucha atentamente y una sonrisa picara adornó sus labios ¿Había una razón para sonreír en este momento? porque yo no veía cual.

—Quizás vayas en compañía— murmura bajito. Lo miré con el ceño fruncido, él me guiño el ojo y desapareció.

¡Como odiaba que hiciera eso!

—Anthony... ¡Anthony! —le llamé, pero parecía una idiota llamando a la nada asi que opté por quedarme en silencio e ir a buscar mi cartera a mi habitación. Mi Mickey estaba tirado en el piso, seguramente él lo había dejado allí.

Busco las llaves que están sobre la mesa de la sala y camino hacia la puerta de mi departamento, la abro y grito fuertemente al ver un hombre parado justo detrás de la puerta.

Llevo mi mano a mi corazón que late asustado en mi interior, cualquier día de estos, estos hermanos me van a matar de un paro cardiaco.

—Edward. — saludé confundida ¿Qué hacía justo en la puerta de mi departamento?

—Hola Bella... pasaba por acá y no pude evitar... venir...a... ¿saludarte?

Mientras hablaba pasaba una mano por su cabello rebelde, bajó su mirada avergonzado. Se veía adorable. Sonreí ante aquel cuento tan pasado de moda "Pasaba por aquí", sí claro.

—Pues hola. — saludé. Edward levantó la mirada y su ceño se frunció levemente a la vez que una hermosa sonrisa aparecía en sus labios.

—Hola.

Nos quedamos en silencio, mirándonos fijamente. No sabía que decir realmente, no todos los días un guapo hombre se presenta a tu puerta para decir hola.

—Vas de salida. — Afirma. Asiento algo apenada.

Sip, voy al cementerio.

Él me mira confundido y yo no sé por qué diablos digo eso. Me siento como una estúpida.

—¿A ver a Anthony?

Mi pulso se acelera, ni siquiera sé dónde queda la tumba de Anthony, como dije anteriormente odio todo tipo de tumbas, placas de mármol, flores secas, y canciones que solo hacen a los familiares llorar como condenados.

—No... — Miro sus ojos, y sé que desea preguntar algo, asi que prefiero adelantarme a los hechos—. Voy a ver a mi padre.

Edward me mira confundido, pero no dice absolutamente nada al respecto.

—Puedo... — "Oh no, no soy buena compañía para ir a aquel lugar"—. ¿Acompañarte?

"No, no, no... Todo menos eso Edward. Diablos no..., no puedo ir allí sin que me crea una loca, estúpida como todo el mundo suele creerlo"

Lo miro y justo detrás de Edward aparece Anthony asiento repetidas veces con su cabeza, parece niño de diez años.

No seas así, deja que te acompañe Bella... — dice mi ángel. Lo miró y Edward nota que estoy mirando hacia la nada, porque se voltea y luego vuelve a mirarme.

—¿Y bien?

Asiento aun con la mirada perdida. Edward pasa su mano por mi vista y vuelvo a poner mi atención en él.

—Vamos. — dice sonriente. Asiento y trato de sonreírle —. Hace un poco de frio ¿no?

Oh no Edward..., tu hermano está justo a tu lado. Pienso

—Vamos. — digo.

Salimos del edificio en silencio. Edward conduce rápidamente hacia el cementerio de mármol que es donde mi padre descansa.

—¿Vienes a menudo? — pregunta Edward mientras estaciona el automóvil justo a las afuera.

—No. En realidad no vengo hace meses, no me gusta venir.

—¿Quieres que te acompañe? — pregunta indeciso. Asiento y salgo del automóvil con paso vacilante. Pero quiero visitar a papá.

Caminamos en silencio mientras observamos como las personas caminan ausentes, seguramente yo estaría igual, si no fuera por la presencia de Edward a mi lado.

Un frío gélido se apodera de mí, y me niego a mirar hacia atrás. ¡Mierda! es por eso que jamás vengo, no puedo simplemente caminar por aquí e ignorar que jamás camino sola, siempre acompañada por ellos.

Espero que Edward no lo noté. En momentos como estos, quisiera ser normal, no ver absolutamente nada.

—¿Estás bien? — Pregunta Edward tomando mi mano. Quizás la pregunta también sea el viejo truco para tomar mi mano, pero lo agradezco igualmente.

—Sí. — le sonrío. Su mano es cálida y me sostiene fuertemente, sus dedos se entrelazan con los míos y me provoca un cosquilleo en el vientre—. Es por aquí.

Caminamos unos metros más cuando una fea y gris placa de mármol aparece en mi vista.

—Aquí. — anuncio mirando el nombre de papá. Dejo salir un suspiro y me estremezco ante la brisa que se levanta. Suelto la mano de Edward y envuelvo mi cuerpo con mis brazos tratando de entrar en calor.

Edward esta en silencio observándome.

No hago mucho aquí en realidad, no rezo..., sé que posiblemente papá este bien, a pesar de que se quitó la vida. Tampoco le hablo a su placa de mármol... simplemente vengo aquí y miro aquella placa horrible. Es irónico cuando la gente piensa que la tumba de un ser querido es linda, ¿Cómo puede serlo? toda la vida me he preguntado eso.

—Papá se quito la vida — Declaro. Seguramente Edward salga corriendo luego de esto, una familia de locos.

Tengo la mirada fija en la placa y siento sus pasos avanzar hacia mí, pero no levanto la mirada.

—¿Por qué lo hizo? — preguntó bajito, como si alguien en este lugar nos pudiera escuchar.

Levanto la mirada y me encuentro con sus hermosos ojos verdes, me mira intensamente, tanto, que mi corazón se acelera. Siento cerca familiaridad con él, pero tengo que recordar que él no es Anthony, que él no es mi ángel, que él es solo un hombre tratando de conocer a una chica extraña que jamás podrá ofrecer nada.

—Porque encontró a mamá en la cama con su actual marido.

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Hola mis lindas, aquí les dejo otro capítulo de nuestro ángel.

Aww amo escribir esto, realmente me encanta ajaja. Muchas gracias por su apoyo, estoy realmente feliz de que nuestro ángel tenga tan buena aceptación.

Bueno, supimos un poco más ¿Alguien odia a Renée? es una estúpida y también lo es Alice.

En lo personal amo a Edward, aunque Anthony es tan tierno y preocupado. jajaja mi corazón está dividido. ¿Qué sentirá Bella con toda esta confusión de gemelos? Ups.

Sus comentarios son mi único pago, no les toma más de diez segundos y me hacen muy, muy feliz.

Pueden unirse a mi grupo de Facebook, (Link en mi perfil de FF) Un beso y abrazo desde Chile.

Las quiere Ani.