Este fanfic está protegido legalmente por safecreative. No apoyes el plagio.
Los personajes le pertenecen a S.M. La historia es mía.
Capítulo nueve.
Junio 10.
Me miro en el espejo de mi baño y todo lo que veo es un espantoso reflejo. Ojeras bajo mis ojos, nariz roja, ojos hinchados y cabello hecho un completo desastre.
Dejo salir todo el aire de mis pulmones tratando de calmarme, pero al parecer es imposible. Pensé seriamente que parte de mi cabeza estaba sanando, pero no fue así, todo este tiempo me engañé como una estúpida. Quizás Renée tenía razón, yo era una estúpida loca.
Miré la hora de mi celular y marcan las seis de la mañana, aun es demasiado temprano como para levantarme un día sábado, pero aquella horrible pesadilla me quitó el sueño por completo.
¡Diablos! Soñar con Charlie realmente me había dejado mal.
Pasé mis manos húmedas por mi rostro para tratar de despejarme, pero aun no salía de mi cabeza la imagen de papá sentado en mi antigua casa conmigo en sus brazos. Sacudí mi cabeza para alejar el pensamiento.
Salí del baño algo más calmada cuando veo una figura de pie junto a la ventana de mi habitación.
—No ocultes tu rostro. Sé perfectamente que has estado llorando la última hora en el baño.
Anthony caminó hacia mí y besó mi cabello delicadamente.
—Sabes que odio verte llorar — murmuró. Quise aferrarme a él, pedirle que ya no se fuera por tanto tiempo por los días, yo lo seguía necesitando, pero no quiero ser egoísta, lo quiero demasiado para que me acompañe en mi miseria.
—A veces solo es necesario. — susurré con voz ronca. Limpie mis ojos quitando todo rastro de llanto, aunque era casi imposible pasar desapercibida.
Anthony se alejó unos pasos de mí y me miró con su ceño fruncido.
—Creí que la cita con Edward te tendría de buen humor hoy.
Puse mis ojos en blanco exagerando lo suficiente, y fui directamente hacia mi cama para cubrirme completamente con las sábanas. Sus ojos me observaron con impaciencia, sabía perfectamente que Anthony disfrutaba de toda esta mierda de Edward. Bueno..., no es que me desagrade salir con él, solo no le veo sentido.
—No me hagas recordar por que acepté. Eres un sádico. Ya veía que el pobre salía corriendo por los extraños ruidos de la cocina.
Mi ángel soltó una sonora carcajada y se cruzó de brazos restándole importancia. Quise golpearlo.
—Siempre quise hacer eso. Al menos sirvió para que no dejaras a Edward con la ilusión de tenerte cerca.
Lo fulminé con la mirada.
—Pues con este rostro no saldré con él aunque me pagaran.
Anthony alzó sus cejas.
—A ver si no sales Isabella. A ver si no sales...
«¿Me está amenazando?»
Le saqué la lengua y apague la luz de mi mesita de noche, tratando de cerrar los ojos y conciliar el sueño.
0000
«Maldito, mil veces maldito. Debería llamarlo demonio»
Pensé en mi ángel, mientras mis labios le regalaban una sonrisa a Edward que se encontraba de pie en la entrada de mi departamento. No pude evitar admirarlo..., traía puestos unos jeans oscuros, una camisa azul, su cabello estaba más alborotado de lo normal y su mirada era intensa..., tanto que mi pulso se disparó como una estúpida. Genial.
—Hola — saludó, como siempre, sonriendo.
—Hola, pasa. Iré por mi cartera — dije antes de caminar hacia mi habitación dejándolo solo en la sala.
Mis pasos resonaron por todo el departamento, mis pies se sentían cansados. A pesar de que era de entrada la noche no pude ocultar mis horribles ojeras. El sueño llegó recién a eso de las tres de la tarde. Me hubiese quedado en la cama lo que restaba de día y la noche, pero un demonio llamado Anthony hizo hasta lo imposible para que me levantara.
—Te dije que no te librarías hoy de él— murmuró mi ángel cuando llegué a mi habitación. Su mano se alzó pasándome la cartera que se encontraba a su lado. Puse mis ojos en blanco y golpee su estomago con mi cartera.
—Me veo espantosa — él alzó y bajo sus cejas pícaramente—. No me interesa lo que él piense de mi apariencia — me defendí —. Solo digo como me siento.
—Eres adorable cuando niegas lo evidente. Ahora ve.
Tomé aire ignorándolo. No quería demorar mucho, Edward aun podría ser un ladrón y robarme todo el departamento mientras yo pierdo el tiempo con un ángel. Me dispuse a salir de la habitación cuando Anthony pone su mano en mi hombro, deteniéndome.
—Bella...
Acunó mi rostro entre sus manos y por un momento pensé que iba a besarme..., algo totalmente imposible.
—Bella... Edward es un buen hombre y ha demostrado tener mayor interés en ti en todo este tiempo. No lo eches a perder. — murmuró mirando fijamente mis ojos.
—¿Qué pretendes con todo esto? — pregunté apenas susurrando. Anthony me sonrió y solo se limitó a contestar.
—Pretendo que seas feliz.
Caminé hacia la sala donde Edward revisaba su celular, gracias al cielo que todos mis muebles se encontraban en su lugar. Sonreí.
Camine hacia él, pero aun no se percataba de mi presencia, cuando llegué a su lado toqué su hombro y se sobresaltó un poco, para luego sonreírme.
—¿Lista?
Asentí devolviéndole la sonrisa, aun con las palabras de Anthony grabadas en mi mente.
Bajamos hacia el estacionamiento donde su volvo se encontraba. Nueva York es un verdadero caos a las siete de la tarde. Trate de ignorar los bocinazos, el caos, el bullicio de los automóviles mientras Edward trataba de avanzar en el tráfico.
Estuvimos en silencio por largos minutos mientras él conducía. Yo en lo personal no sabía que decir realmente, jamás fui a una cita, tampoco quiero hacerme la inocente por qué no lo soy, es solo que..., cuando fui a la secundaria, los bailes, el primer amor y todas esas mierdas jamás las viví, pues estaba demasiado enfadada con el mundo. Además fue en la época que Charlie se suicido y yo jamás hable con alguien.
—Estás pensativa hoy. — murmuró Edward estacionando el volvo. No me había percatado que estábamos pasando junto al Central Park. Yo viviendo en Nueva York jamás había caminado lo suficiente como para conocerlo completamente. Soy una aburrida, lo sé.
—Lo siento. — me disculpe sin saber que decir —. ¿A dónde vamos? — Pregunté para hablar de algo y no verme como una idiota.
—Pensé que podríamos caminar por el Central Park — murmuró pasando su mano derecha por su cabello alborotado—. No quisiste ir a cenar..., pensé... Bueno si quieres podemos ir a otro lugar.
—No, no. Es perfecto— le sonreí sinceramente —. No me apetecía ir a cenar, caminar es genial.
Edward se limitó a sonreír y pronto estacionó el Volvo.
Nos adentramos al hermoso mundo verde que se extendía ante mis ojos. Íbamos a solo centímetros de distancia, casi podía sentir el calor de Edward en mi piel.
—Sabes que estaré de cumpleaños— Edward comento distraídamente mientras miraba el horizonte. Su cumpleaños... el cumpleaños de Anthony... hubiese cumplido veintiséis años si siguiera con vida.
—Que bien.
Edward me miró por unos instantes para luego detenerse. Lo miré extrañada y retrocedí hacia él confundida.
—Bella..., no te quiero obligar a nada. Si no quieres estar aquí puedo llevarte a casa y podemos vernos otro día.
Mi corazón se oprimió de dolor..., Diablos, Edward no merecía que fuese tan cortante y pesada. El siempre había sido amable, pero hoy no era un buen día para mí. Primero el sueño que me despertó en la madrugada; segundo las palabras de Anthony y su recuerdo atormentándome constantemente ¿Por qué siento que lo traiciono al no pasar tiempo con él? Él me hace compañía constantemente, llegó a mi vida cuando yo más lo necesitaba, pero ver a Edward..., con su ceño fruncido y con su semblante triste como en este momento me partía el corazón. No lo merece, él es demasiado bueno.
«Bella... Edward es un buen hombre y ha demostrado tener mayor interés en ti en todo este tiempo. No lo eches a perder»
Las palabras de mi ángel abrumaron nuevamente mi mente.
—No. Quiero estar aquí Edward. — Mande a volar todos mis malos pensamientos, solo enfocándome en él —. Discúlpame, estoy distraída.
—¿Estás segura? — Su mano se alzó y sus dedos acariciaron suavemente mi mejilla —. Podemos solo...
—Segurísima. — le interrumpí sonriéndole.
Comenzamos de cero nuevamente. Caminamos, pero esta vez Edward tomó mi mano sorprendiéndome, entrelazó nuestros dedos. Se sentía bien..., muy bien a decir verdad. Mordí mi labio inferior.
—¿Harás una fiesta o algo así? — pregunté refiriéndome a su cumpleaños. Edward arrugó su nariz negando con la cabeza rápidamente.
—Nop. No me gustan las fiestas y celebrar por hacerme cada vez más viejo — comentó dando un ligero apretón en mi mano—. Aunque quizás venga mi familia de Forks.
—¿Te refieres a tu madre? — pregunté curiosa. Edward asintió y fui consciente cuando paso su lengua rosada mojando sus labios.
«¿Qué estupideces estoy mirando?» Me regañe mentalmente. Siempre había criticado a las mujeres que se quedan mirando como idiotas a los hombres, suspirando hasta por que el hombre pestañeaba ¿Quién me ve ahora? mirando la lengua de Edward... estaba demente.
—Claro, a ella..., a su esposo y a mis hermanas.
¿Hermanas? Uau..., eso era nuevo ¿Serían gemelos igual que ellos dos?
—¿Hermanas? ¿Gemelas? ¿Mellizas?
Edward soltó una carcajada y asintió.
—Dos gemelas de ocho años.
«Oh por dios»
—Estoy impresionada. — Declaré llevándome la mano libre al pecho—.¿Estás consciente que cuando seas padre, seguramente tendrás gemelos?
—Para eso estoy ahorrando dinero desde ahora.
Solté una carcajada, solo él podría decir algo así.
—Es enserio. Bueno es genial..., es horrible crecer solo. Deben ser adorables.
—Lo son. — Admitió, seguramente orgulloso.
Caminamos muchos minutos, conversando sobre su familia. Aunque no quisiera, me dio curiosidad conocer a esas dos pequeñas que, sin duda, deben ser muy hermosas.
—Ey no me dijiste que día es exactamente tu cumpleaños— entrecerré mis ojos.
—Veinte de junio señorita ¿Quieres tomar un helado? — tiró de mi mano, casi corriendo hacia un caballero panzón que tenía un carrito rodeado de niños golosos.
—¡Pero falta tan poco para la fecha! — me quejé como niña pequeña.
—Lo sé — Acomodó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
—¿Joven?
Edward prestó atención al señor gordo y pidió dos conos de helados.
—¿Sabor?
—Chocolate. — respondimos ambos, para luego sonreírnos como dos adolecentes.
Edward pagó y seguimos caminando por el central Park. Los faroles comenzaban a iluminarse y quise soltar un suspiro. Todo era lleno de paz, tranquilo, silencioso, era como si Nueva York no existiera en este lugar. Seguimos caminando, mirando los jóvenes parejas devorarse entre ellos, tocando lo que no se debería tocar en público. Me incomodé un poco al observarlos.
—Asi que en diez días cumples veintiséis años. — murmuré tratando de desviar la atención.
Casi terminábamos nuestro helado y mi garganta pidió agua.
—Sí. Espero que vengas a mi casa a cenar.
Solté una carcajada. ¿Él invitarme a mí? que estupidez
—No hablas en serio — trate de decir conteniendo la respiración. Miré a Edward, pero él estaba lejos de divertirse..., bueno una sonrisa asomaba en sus labios, seguramente riéndose de mí.
—Completamente enserio.
—Edward estarás con tu familia. — dije
—Quiero que los conozcas — declaró muy seguro de su mismo. Nuevamente se detuvo y tiró de mi mano para abrazarme.
« Oh, qué bien se siente esto» Pensé al sentir el calor de mi pecho.
Edward acarició mi espalda y me permití cerrar los ojos ante la sensación de sus manos sobre mi cuerpo...
—Bella..., eres hermosa. — Susurró cerca de mi oído—. Sé que has hecho todo por alejarme de ti.
Sonreí avergonzada, porque sabía que esa era la verdad.
—Es verdad. — admití.
—Pero como te dije..., no lo permitiré.
Me aleje un poco de él y lo miré fijamente sus ojos, aquellos ojos verde jade que se fruncían con ternura cuando él sonreía. Edward es hermoso, realmente lo es, pero algo mucho más allá de su apariencia física me atrae hacia él, su personalidad, su constante sonrisa, sus bromas, su compañía, todo..., realmente él es único.
No supe cómo pasó exactamente, pero Edward aferraba su mano derecha en mi cintura y su mano izquierda descansaba sobre mi cuello. Podía sentir su respiración golpeándome la nariz, la boca. Cerré mis ojos al sentir como la tibieza de sus labios acariciaban los míos de manera delicada, como se movieron lentamente provocándome un exquisito cosquilleo; sus labios son tersos, suaves y provocan en mí mil sensaciones que simplemente no puedo describir. Deje salir un suspiro cuando sentí que mi respiración comenzaba agitarse..., él aprovecho la situación para adentrar su lengua a mi boca. Sus labios se mueven con mayor intensidad ahora y siento que en cualquier momento voy a caerme al suelo.
—Me encantas. — declaró él escondiendo su rostro en mi cuello mientras yo lo abrazo fuertemente. Me sentí extraña —Esperé semanas para poder besarte, me alegro que no me golpearas.
Sonreí y aspiré su exquisito olor.
—No podría golpearte tontito. — Sentí como sonreía escondido en mi cuello. Se incorporó y volvió a besarme.
00000
Pasé mi mano por mi frente quitándome el asqueroso sudor. Miré a Victoria, una pelirroja algo desganada que entró a trabajar hace unos días en la cafetería de la señora Esme, según ella, yo necesitaba ayuda; realmente estaba agradecida, no sabía si podría con todo este verano, además los horarios eran más flexibles.
Miré mi celular y me sentí como una estúpida, solo había pasado un minuto desde que lo vi la hora por última vez. Edward me convirtió en una idiota. Solo me faltaba tener una foto suya en mi celular para babear todo el día al mirarlo, cosa que por ahora no sucedería, necesitaba mi mente sana.
—Un jugo natural de durazno. — Un joven apuesto estaba de pie junto a la caja registradora. Asentí y ordené a Victoria prepararlo. Trabajar hace años me daba ventajas, aunque no me gustaba abusar de ella. A medida que se acercaba el verano el café fue rápidamente reemplazado por jugos naturales y helados, eran deliciosos.
Dejé salir un suspiro y cada vez estoy más impaciente por largarme de aquí. Las campanitas de la puerta sonaron y Victoria me pegó un codazo en las costillas, la miré confundida.
—A éste lo atiendo yo. — murmuró con una sonrisa picara. Levanté mi rostro para ver de quien se trataba, aunque tenía sospechas de quien podría ser. Edward como siempre entraba de manera elegante guiñándome un ojo, relamió sus labios y caminó directamente hacia nosotras, bueno hacia mí.
—Hola linda. — saluda él con su voz musical.
—Hola guapo ¿Qué deseas ordenar? — Victoria sacudió su largo cabello y movía su pie constantemente en el piso.
Edward me miró confundido y yo solo levanté las manos riendo. Parece de estos niños que piden ayuda a la madre para salir de un apuro. ¡Qué adorable!
—Espero a Bella... — comento él. Victoria se voltea a verme sorprendida y puedo saber que tiene deseos de matarme en este mismo instante. Oh, también se ha sonrojado.
—Lo siento, yo no sabía. — murmuró avergonzada. Salió rápidamente de ahí para ir a esconderse al baño.
—Pobre, la has dejado sin aliento. — Rodee el mesón y lo saludé con un corto beso en los labios.
—¿Y a ti te deje sin aliento? — murmuró mientras sus manos se aferraron a mi cintura. Sonreí.
—No lo creo caballero— sonreí —. Ahora sueltamente..., aun me quedan diez minutos. — Él besó la punta de mi nariz y se alejó cuando la señora Esme salió de su oficina regalándome una sonrisa.
—Hola Edward — saludó cortésmente —. Qué alegría verte aquí tan seguido— comentó de buen humor.
—Bueno, aquí hay alguien que me importa... y mucho. Podría estar todo el día aquí si mi trabajo me lo permitiera — La señora Esme soltó un suspiro ahogado ante las palabras de Edward.
—¿Dónde estabas hace veinte años muchacho? — rió negando con la cabeza —. Isabella no dejes ir a este joven, es adorable. Y puedes irte..., deja que Victoria limpie todo aquí, estoy cansada de que solo se la pase quejando.
Asentí y fui a cambiarme la ropa del trabajo. Una vez lista caminé hacia Edward que seguía entretenido con mi jefa.
—¿Lista? — preguntó al verme. Asentí dirigiéndome hacia él.
Salimos de la cafetería tomados de la mano, comenzamos a caminar un par de cuadras donde tenía estacionado el Volvo.
—¿Cómo estuvo el día de hoy? — pregunté mirando su perfil mientras caminábamos.
—Bien. No hago mucho la verdad sentado detrás de un escritorio. — comentó soltando mi mano y pasando su brazo sobre mi hombros para acercarme más a él.
—Lo haces, cuidas niños y bebes. Es una labor importante.
Sonrió y no pude evitar suspirar al notar las arruguitas que se formaban en sus ojos, es realmente adorable.
—¿Te gustan los bebes Bella? — preguntó curioso.
—Supongo..., jamás he compartido lo suficiente con uno.
—Espero que las niñas de ocho años te caigan bien.
—¿Por qué lo dices? — a estas alturas ya estábamos llegando al volvo. Me acorraló contra la puerta del copiloto y acercó su rostro al mío.
—Dije enserio con lo de pasar mi cumpleaños conmigo. Ahora con mayor razón..., mamá muere por conocerte.
Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza..., la madre de Edward ya me conocía. De pronto todo a mí alrededor se volvió borroso.
«¡Oh no! ¿Qué le daría a ella?»
—No creo que sea buena idea.
—Lo es — me aseguró —. Es más, yo cocinaré para ti.
—¿Cocinas? ¿Un hombre cocina? — pregunté extrañada.
—Soy un hombre perfecto. Deberías saberlo. — me guiñó el ojo derecho con una sonrisa juguetona en los labios. — Mi familia te amará, estoy seguro.
«Eso espero»
0000
Hola mis lindas. Aquí les dejo un nuevo capítulo del ángel. Como ven me estoy enfocando más en la relación Edward/Bella..., a mi me encantan, sobre todo él. Nuestro ángel ya no está demasiado con Bella..., pero créanme no me he olvidado de él, espero que ustedes tampoco.
Espero que el capítulo les haya encantado.
Sus comentarios son mi único pago y me hacen muy, muy feliz.
Pueden unirse a mi grupo de facebook (Link en mi perfil)
Las quiero y hasta el próximo capítulo
Atte; Ani.
