Este fanfic está protegido por Safecreative. No apoyes el plagio.
Los personajes le pertenecen a S.M. La historia es mía.
Capítulo once
Sentí unas manos envolver mi cintura y de pronto la realidad me golpeó como un balde de agua fría, provocando que abriera los ojos abruptamente en medio de la oscuridad.
«¿Dónde estoy?»
Me toma unos segundos recordarlo, y con quien estaba. Siento la respiración de Edward contra mi oído, su respiración es pausada y relajada, debe estar dormido... o eso espero, ya que mi corazón se siente como una bomba que está a punto de estallar ante su cercanía.
Muerdo mi labio inferior con impaciencia y de pronto tengo deseos de ir al baño «¿Dónde está el maldito baño?» seguramente en el pasillo, por donde salió Edward hace unas horas. Con cuidado saqué sus brazos de mi cintura y me deslicé por la cama para salir de ésta. Ni siquiera me tomé unos segundos para mirarlo, porque mi vejiga está por reventar y no quiero dejar un asqueroso desastre en el suelo.
Salí hacia el pasillo y abrí la primera puerta que vi, y corrí hacia adentro para hacer mis necesidades. Una vez lista, lavé mis manos y mojé mi rostro con abundante agua para tratar de quitar el rubor que se extendía por mis mejillas. Suelto un bostezo y mi reflejo en el espejo de la pared se ve horrible. Mis piernas están tan blancas y flacuchas que tengo la sensación de que se quebraran en cualquier momento. Mi cabello, ahora, cae sobre mi espalda. Alzo mi ceja derecha y me siento diferente, muy diferente a como me sentía hace unos meses atrás, es casi increíble todos los cambios que ocurrieron, y la idea me encanta, creo que jamás me he sentido tan feliz.
Mis pies descalzos protestan por el frío de la baldosa, asi que salí del baño, apagué la luz y caminé nuevamente hacia el cuarto donde, hace unos minutos, estaba durmiendo junto con Edward.
Entro despacio a la habitación, no quiero despertarlo. La poca luz casi me hace tropezar mis propios pies, asi que prendí la luz de la mesita de noche para no caerme y hacer un espectáculo tonto.
Mis ojos se van directamente a la cama y lo veo durmiendo pacíficamente sobre el colchón. Su pecho sube y baja tranquilamente, las sábanas se han enredado en sus piernas y se ve realmente hermoso, es lo único que puedo pensar en este momento. Se remueve inquieto e inmediatamente abre sus ojos color jade, parece confundido, y frunce el ceño. Es adorable.
—¿Qué haces ahí? — Su voz es suave, adormitada. Pestañea y frunce los ojos, seguramente le molesta la luz— ¿Planeabas matarme?
No pude evitar reír ante sus ocurrencias. Negué con la cabeza y camine hacia el colchón para acostarme nuevamente junto a él, ignorando olímpicamente el latido de mi corazón.
—Estaba en el baño. Tomé mucho vino al parecer.
Edward sonríe y me quita el aliento, hasta yo puedo notar que lo estoy mirando como una completa idiota.
Su piel se ve nívea, su mandíbula fuerte y bien definida, tengo deseo de abrazarlo, pero él se adelanta. Sus brazos prácticamente me tiran a su lado y me acuna como si fuese una bebe. No recuerdo realmente cuando fue la última vez que alguien me abrazó así, creo que nadie lo hizo antes.
—¿Tienes hambre? — Pregunta cerca de mi oído. No sé porque me sentí extraña, su voz, la habitación, la poca ropa, su mirada, sin duda me comienzan a poner nerviosa. Puedo ser virgen, pero no soy tonta para saber que su tacto me excitó.
—Nadie come en la madrugada Edward — le digo para alejar esos pensamientos traicioneros. Mi voz se escuchó temblorosa.
—Creo que sería un buen momento para un vaso de agua o jugo.
Fruncí el ceño... ¿Realmente está hablando enserio? Besa mi mejilla y se levanta ágilmente de la cama.
—No te duermas. Ya vengo.
Y desaparece por el pasillo. Dejé salir un suspiro y busco mi celular en la cartera, son exactamente las cuatro treinta de la madrugada y este hombre tiene hambre, la idea me hace sonreír.
Me siento en la cama y trato de arreglar el desastre de las sabanas que Edward dejó. Jamás habría pensado que es inquieto para dormir, pero supongo que todo hombre lo es. Una vez lista me recuesto en la cama y pongo mi brazo sobre mis ojos, esperándolo.
Y como si apenas hubiesen pasado dos minutos, siento besos suaves en mi rostro que me traen de vuelta a la realidad. Al parecer me quedé dormida.
—Lo siento... no quería despertarte — Edward está a mi lado apoyado en su codo mirándome fijamente. Suelto un bostezo y acostumbro mi vista a la poca luz de su mesita de noche.
—¿Has comido? — Una sonrisa asoma en sus labios y niega como si fuese un niño pequeño.
—Se enfrió la lasaña.
—¿Por qué se enfrió? — pregunté confundida.
Edward mira mi rostro y suspira profundamente, es como si se debatiera internamente para decirme algo.
—Pareces un ángel cuando duermes Isabella. No podía perdérmelo.
Lo miro, lo miro fijamente y sonreí sintiéndome avergonzada ¿Quién no lo estaría? Nadie se ve realmente..., decente durmiendo.
—Tonterías. Ve a calentar la comida — digo mirando sus labios. De pronto el clima de la habitación cambia y sus ojos se centran en mí, y mi cuerpo comienza a sentir calor en todas mis extremidades. Edward se inclina y sus labios rozan los míos.
—Se me ido el apetito — Soy muy consciente que su mano descansa sobre mi estomago y se mueve sutilmente por mis costillas... y me besó.
Su lengua se siente cálida alrededor de la mía, sus dientes tiran sutilmente de mi labio inferior y su mano se mueve sobre mi estomago. Edward empuja su cuerpo aun más cerca del mío, puedo sentir el calor de su torso desnudo y tengo muchos deseos de pasar mis manos por sus pectorales. Puedo sentir el deseo recorriendo cada parte de mí, como una ola que arrasa con todo en mi interior.
Mi cuerpo se siente extraño, con deseos de más, con ganas de tocar, sentir y entregarse completamente a él.
Edward deja de besarme y frota su nariz con la mía, agradezco estar acostada porque aquel acto tan tierno me hubiese dejado en el suelo completamente derretida.
—¿Dormimos? — su voz es ronca, su perfectos labios están húmedos y entreabiertos, dejando entrar y salir aire de sus pulmones. Su mirada es lo que más me impacta.
Siento una calidez diferente en mi interior que recorre todo mi cuerpo, y me hace estremecer, hace que me sienta querida. Él me está dando la opción de elegir, si seguimos con esto o simplemente nos dormimos con una tensión sexual como en los libros que solía leer cuando era adolecente. Bien, tengo veintidós años y jamás en mi vida me había sentido más dichosa. Sé que es demasiado pronto ¿Pero quien realmente me asegura el mañana? Quiero estar con él, realmente lo deseo justo ahora, justo en este momento.
No sé que decir, asi que simplemente pongo mi mano detrás de su cuello y lo jalo hacia mí para unir nuestras bocas. Edward responde a mi beso algo sorprendido, su lengua se mueve torpemente con la mía, pero luego de unos segundos su boca se abre aun más en mi interior, su lengua se siente cálida, húmeda y exquisita.
Nuestras piernas en algún momento se entrelazaron y siento su cuerpo a mi costado. Tengo deseos de soltar todo el aire que se ha estado acumulando en mis pulmones los últimos segundos, me separo de él, solo un poco, y mis pulmones botan el aire de mi interior, pero salió algo más parecido a un gemido, lo que casi me hace sonrojar.
Edward aprovechó la oportunidad para mirarme sin decir ninguna palabra. Su mirada me hace sentir algo incomoda, es como si se fijara hasta el último detalle de mi rostro, cada imperfección de mi rostro.
—¿Qué sucede? — mi voz se escucha extraña. Él sonríe y las esquinas de sus ojos se fruncen de manera adorable. Adoro que sonría de esta manera tan encantadora.
—Solo me aseguro de que eres real. — Murmura contra mis labios, siento su respiración golpear mis labios mientras habla—. De que realmente... deseas hacer esto.
Sus ojos buscan los míos y no puedo sentirme más segura de lo que estoy haciendo en este momento. Lo deseo.
Mi cuerpo tiembla ante la expectativa de que hoy seré suya, en todos los sentidos posibles, es algo que jamás me plantee con él, cuando apenas hablábamos en un comienzo, cuando él era tan insistente, cuando solo me dio un inocente beso en Central Park.
—¿Te encuentras bien? — Se ve preocupado.
—Lo deseo.
Edward pasa su nariz en mi mejilla derecha y yo cierro los ojos sintiéndome en el cielo.
—Yo también lo deseo Bella. — Besa la punta de mi nariz y me sonríe—. Dime si deseas detenerte.
Asiento.
Su mano se va a mi muslo desnudo, y mi garganta se seca inmediatamente. Él simplemente me mira a los ojos y su respiración comienza a dificultarse a medida que sube su mano hacia mi cadera.
—Tu piel es tan suave — susurra tomando mi labio inferior entre sus dientes y tira de el, lo que me hace sentir una punzada de placer en mi intimidad. Su mano llega a mi estomago y su camiseta negra, que tome prestada para dormir, esta enrollada en mi cadera. Sus dedos se mueven suavemente y él vuelve a besarme.
Esta vez es un beso lento y pausado, como si quisiera disfrutar cada segundo dentro de mi boca, le correspondí gustosa. Me encanta besar a Edward, es como si todo lo demás desapareciera y solo existiéramos él y yo, es una sensación que no puedo describir completamente. Jamás me sentí así.
Mientras nos besamos mis manos cobran vida propia y acarician su sedoso cabello broncíneo. Pienso que es demasiado suave para ser de un hombre, ellos por lo general tienen el pelo grueso y feo, pero Edward tiene el cabello más suave que he tenido la suerte de tocar.
Suelto un suspiro cuando Edward abandona mi boca y se dirige lentamente por mi cuello hacia mi clavícula huesuda. Su mano, que sigue descansando sobre mi estomago, se mueve sutilmente debajo de mis pechos pequeños y mi pulso se dispara, provocándome un calor por todo mi cuerpo inexperto. Siento sus largos dedos acariciar mi piel y mi cadera instintivamente se mueve hacia arriba, exigiendo contacto.
Él gruñe en mi cuello y siento su respiración golpear mi piel. Edward poco a poco comienza a subir su camiseta hacia librarme de ella, dejándome solo en un sostén y bragas pequeñas. Me avergüenzo, pero no lo suficiente. Jamás había estado prácticamente desnuda ante los ojos de un hombre, y se siente extraño.
Miro los ojos de Edward y él admira mi cuerpo delgado, me arrepiento de haber comido galletas con té por más de diez años, ni siquiera tengo un poco de carne para que él toque.
«Debería comer más»
Pienso mirando como su legua humedece sus labios, es demasiado para mi pobre corazón.
—Eres... hermosa Isabella— pronuncia mi nombre completo y aquello me hace sonreír como una tonta. Edward se inclina hacia mi pecho y se ubica encima de mí, soportando su peso con sus codos. Sus labios comienzan a besar mi clavícula nuevamente, pero esta vez sus labios hacen un camino hacia abajo, besando el inicio de mis pechos.
—Ah... — murmuró acalorada al sentir sus labios. Siento que sonríe y yo también lo hago, esto se siente bien.
Sus labios acarician mis pechos por encima del sujetador, y muerde suavemente donde se encuentra mi pezón derecho, Arqueo mi espalda soltando el aire de mis pulmones. Edward besa el espacio entre medio de mis pechos y vuelve a formar un camino de besos hasta mi hombro derecho, donde su mano derecha baja la tirita de mi sujetador lentamente por mi hombro, lo mismo hace con la tirita del lado izquierdo.
Encuentro sus ojos mirándome fijamente cuando me arqueo contra él y sus manos aprovechan la situación para desabrochar mi sostén. Muerdo mi labio inferior, no sé porque lo hago realmente, porque no tengo ese hábito, pero su mirada en mi cuerpo provoca en mí demasiadas emociones. La yema de su dedo índice se desliza hacia abajo por mi piel nívea, rozan suavemente mis pezones, lo que me provoca un escalofrío.
Edward gruñe algo que realmente no entendí, ya que su boca se fue directamente a mi pecho izquierdo, tomó entre sus labios mi pezón y lo masajeó con su lengua por unos interminables segundos.
Abro mis piernas y él se ubica entre ellas sin dejar su tarea con mi cuerpo. Encajamos a la perfección. Me siento como una estatua sin hacer nada, pero la práctica hace al maestro ¿no? Mis ojos se cierran cuando él muerde mi pezón y tira de el sin previo aviso.
—Oh...dios — Simplemente se escapó de mis labios. Edward dejó mis pechos y pensé, por unos segundos, que volvería a besarme, pero no lo hace. Sus labios se dirigen hacia el sur de mi cuerpo, deteniéndose donde comienzan mis bragas, se arrodilla en la cama y sus manos comienzan a bajar el pequeño pedazo de tela por mis piernas, mientras la baja, puedo sentir como sus dedos acarician mis muslos, mis rodillas y finalmente mis tobillos, enviando corrientes eléctricas por todo mi cuerpo, centrándose específicamente en mi zona intima.
Okey, estoy completamente desnuda ante los ojos de Edward Thomas Masen, pero a él aun lo veo con su pantalón de pijama, quisiera bajárselo yo misma, pero se adelanta, una vez más.
A los pocos segundos lo veo completamente desnudo, apoyado en sus rodillas, entre mis piernas, ambos desnudos y siento que mi mandíbula se ha salido de su lugar. ¿Cómo describir lo que realmente siento? Creo, por unos segundos, que estoy soñando, que nada esto es real, que sigo encerrada en mi departamento, completamente sola y devastada.
Mis ojos lo admiran arrodillado en la cama y jamás he visto algo más hermoso que él. Su piel, su caminito de vello que comienza en su ombligo y termina ahí. Oh...
Me siento completamente cohibida, creo que hasta me cuesta respirar, agradezco que Edward sea pediatra por si me sucede algo justo en este momento. Okey, siento que me distraigo muy fácilmente.
Edward lentamente y sin dejar de mirarme toma mis piernas y las separa un poco. Diablos, estoy avergonzada, pero me rehúso a cerrarlas.
Sus ojos van posándose en cada parte de mi cuerpo, en mi rostro, bajando por mis pechos, deteniéndose por unos segundos en mi intimidad. Su manzana de Adán sube y baja en su garganta. Se inclina hacia mí y su lengua esta cerca de mi ombligo y comienza, peligrosamente, a bajar. Me arde la piel. Mis manos toman con fuerza las sábanas que se encuentras debajo de nosotros.
Cierro los ojos y me tenso al sentir sus dedos en mi intimidad, recorriéndola en toda su extensión, concentrándose en mi parte más sensible.
—Estás tan húmeda... — gruñe y aquello me dio el valor para mover mis caderas hacia su mano. Edward se relame los labios y me mira nuevamente.
—Oh... — tengo deseos de que sus manos se muevan con más prisa, pero opto por morderme el labio—. ¡Ah!
Edward me acaricia con más rapidez y uno de sus dedos se introduce lentamente hacia mí... Trato de relajarme y pensar que todo el mundo ha pasado por esto. Edward acaricia mi clítoris mientras su dedo comienza a moverse lentamente en mi interior, creo que mi cuerpo va a explotar, mis extremidades se tensan y gimo audiblemente cuando exploto en su mano.
—¡OH! — agarro la sabana con fuerza y cierro mi ojos fuertemente, tratando de controlarme, pero es imposible, solo me limito a sentir.
Edward sonríe y estira su mano hacia su mesita de noche y saca un paquetito plateado, lo abre rápidamente y desliza el preservativo sobre su miembro.
Edward se inclina apoyando sus manos a ambos lados de mi cabeza, quedando suspendido sobre mí. Sus ojos se encuentran con los míos y besa la punta de mi nariz.
—Eres hermosa. — me susurra cerca de mi oído. Gimo al sentir su dureza cerca de mi intimidad y sus labios contra mi garganta.
Toma su miembro con su mano derecha, y sin dejar de besar mi piel siento la punta de su miembro contra mí, empujando, abriendo paso a este nuevo invasor que... «Ay santo cielo»
—Ay— me quejo de dolor al sentir como Edward arrebató mi virginidad. Siento su miembro llenarme por completo y él está completamente quieto mirándome, su mano izquierda acaricia mi cabello. Sus labios se van a mi frente, a mis parpados, a mis mejillas, para terminar con un beso profundo y pasional en mis labios. Su respiración se intensifica.
—¿Estás bien? — pregunta con voz ronca. Asiento.
Edward se apoya en sus codos y comienza con un movimiento pausado, entra y sale de mi cuerpo lentamente, haciéndome gemir, pero esta vez de placer. A medida que me acostumbro a él, mis caderas se mueven en sincronía con las suyas, empujando, pidiendo por más cercanía.
—Oh Bella... — gruñe en mi oído antes de atrapar mi lóbulo con sus dientes. Sus embestidas comienzan acelerarse y vuelve a gruñir.
—Edward... — mis manos van a su espalda y mis uñas se clavan en su piel. Edward mueve sus caderas, llegando profundamente en mí.
Me agarra la cabeza con ambas manos y me besa, su lengua se enrolla con la mía y gimo cuando siento que una de sus manos se va a mi intimidad para acariciarme.
—OH... — Edward sigue moviéndose y cada una de mis extremidades se tensan completamente, cada parte de mí tiembla y mi cuerpo se arquea contra él.
—Vamos..., vente princesa— Gime Edward y llego al clímax, liberando toda la tensión que mi cuerpo sentía hace dos segundos atrás, grito su nombre y él gruñe tirando de mi labio inferior. Da una última embestida y se queda completamente inmóvil, cierra sus ojos y deja descansar su cuerpo sobre el mío, su rostro se entierra en mi cuello. Estamos bañados en sudor y no paro de jadear en busca de aire.
Se incorpora a los pocos segundos y junta su frente con la mía, su respiración es irregular. Mis manos se van directamente hacia su cabello y él cierra los ojos al sentir mi contacto. Edward poco a poco comienza a salir de mi cuerpo y me tenso. Me siento extraña y hago una mueca de disgusto o más bien incomodidad.
—¿Te hice daño? — pregunta con expresión preocupada. Levanto un poco un cabeza y beso sus labios, para después negar.
—Estoy bien. — digo. Edward, luego de quitarse el condón y tirarlo en el baño, se recuesta completamente a mi lado, entrelazando nuestras piernas, abraza mi cintura y esconde su rostro en mis pechos, mientras yo acaricio nuevamente su cabello.
—Eres tan especial para mí. — murmura contra mi pecho. Mis ojos se llenan de lágrimas. ¡Ah sido maravilloso! Él es maravilloso.
—Tú también Edward, jamás lo creí posible.
«El momento de las confesiones llegó, creo»
Edward alza su rostro y yo lo miro embalsamada, beso su frente como si fuese un pequeño de ocho años.
—Tengo miedo. — acepto—. De..., ya sabes, quererte demasiado.
Edward me sigue mirando con aquellos ojos tan profundos.
—No tengas miedo — me dice besando donde mi corazón late con fuerza—. Yo jamás te haría daño.
—¿Por qué? — un susurro sale de mis labios antes de que pueda decir otra cosa.
—Porque te quiero Bella. Eres especial y diferente a todas las personas que conozco, lo sé.
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A la mañana me siento incomoda, no emocionalmente sino físicamente. Quiero ir al baño para hacer pis, pero los brazos de Edward me tienen envuelta y no hay escape, creo que tampoco quiero escapar de ellos. Una gota de sudor se acumula en mi frente y debo estar asquerosa, y muy fea. Me remuevo inquieta tratando de que él afloje su agarre, pero en vez de eso lo intensifica mucho más y murmura algo bajito.
—No te vayas.
Su voz es somnolienta y yo solo sonrío como una tonta. Alzo un poco mi cabeza que sigue escondida en su pecho y me pierdo sus hermosas pestañas broncíneas, sus labios entreabiertos dejando entrar y salir el aire de sus pulmones, tengo deseos de besarlo, pero me contengo, no quiero interrumpir su sueño nuevamente.
La luz del sol se filtra por la enorme ventana que ocupa casi la totalidad de la pared del fondo, deben ser alrededor de las diez de la mañana, como mucho. Edward mueve sus piernas y hasta ahora soy consciente de que están entrelazadas con las mías. Oh.
—Hola. — Escucho su voz y mi vista viaja inmediatamente a su rostro. Edward me mira con aquellos ojos color jade que me dejan sin aliento, tengo deseos de fundirme en él, de que me abrace completamente y como si hubiese leído mis pensamientos se acomoda, y esconde su rostro en mi cuello desnudo. Comienza acariciar con sus dedos mi cintura, eso me distrae demasiado, me remuevo y sin querer nuestros cuerpos vuelven a tocarse.
—Hola, no quería despertarte. — Parpadeo y mi mano acaricia su suave cabello broncíneo que está cerca de mi rostro.
—Pareces que no soportas estar mucho en la cama— él ríe contra mi cuello y deposita un beso justo ahí—. Estás hermosa.
Sonrío, porque sé que no es verdad.
—Estoy acostumbrada a levantarme temprano.
Edward se incorpora y me sigue mirando con aquella calidez en sus ojos. Me hace sentir extraña.
—¿Qué? — pregunto luego de unos segundos, al notar como su mirada sigue en mi, sin decir ninguna palabra.
—¿Te encuentras bien? — Pregunta acariciando mi cabello. Mojo mis labios con saliva y asiento.
—Algo adolorida, pero bien.
Edward sonríe, como siempre, de manera encantadora. Se remueve y besa suavemente mi cabeza.
—¿Hambre?
Sonrío.
—Sí.
Edward me libera de sus brazos y estira sus extremidades, suelta un bostezo y se levanta en busca de sus pantalones para ponérselos rápidamente.
—Arriba — dice haciendo un gesto con sus manos. Lo miro confundida ¿Qué quiere?
—¿Eh?
—Levántate pequeña durmiente.
—Te sigo a la cocina Edward.
Edward sonríe y busca algo en el suelo, lo encuentra y me lo pasa en la mano, es su camiseta negra, me la pongo rápidamente y me pongo de pie a su lado.
Uau, es alto o yo demasiado pequeña.
—Bien — dice sonriendo antes de tomarme en brazos al estilo novia y llevarme hacia afuera de la habitación.
—¿Siempre haces esto? — pregunto envolviendo mis brazos en su cuello.
Edward me mira y sé que he preguntado de más, pero para mí alivio él niega.
—No.
—¿A dónde vamos?
—A desayunar— él vuelve a sonreír—. Pesas menos que un paciente mío Bella, debes alimentarte bien.
—Oh, mira quién habla, el señor McDonald's— Él se limita la sacarme la lengua.
Edward baja la escalera como si no llevara cincuenta y muchos kilos encima, no recuerdo cuando fue la última vez que me pesé.
Llegamos a la cocina rápidamente y me dejo sentada en una de las sillas de la barra del desayuno.
—¿Leche? ¿Té? ¿Tostadas? ¿Huevos?
—Ey— digo sonriendo al verlo tan entusiasmado con la comida—. Té estaría bien, solo eso.
Edward frunce el ceño, tanto que sus cejas broncíneas están a punto de unirse. Camina hacia mi lentamente, como si estuviera acechándome, tengo deseos de correr por ahí, quizás solo para jugar un rato. Sonrío, no sé desde cuando juego.
Él toma mi cintura y se inclina hacia mí, su frente se apoya en la mía y sus ojos me miran intensamente.
—Comerás tostadas aunque sea — murmura—. Soy un buen anfitrión, no te dejaré morir de hambre, sobre todo con todo el ejercicio que hicimos anoche.
Su sonrisa se extiende cuando me deja completamente sin palabras, besa mis labios y comienza hacer las tostadas. Maldito.
Le ayudo a poner las tazas y pongo a calentar el agua. Edward toma leche de chocolate, y yo té. El desayuno es agradable, creo que podría acostumbrarme a esto, su voz musical, su risa, su cabello completamente alborotado en la mañana, todo es increíble, todo es mágico. Cuando terminamos lavamos los utensilios y caminamos hacia su habitación nuevamente, nos sentamos en la cama para ver una película cuando el celular de Edward comenzó a sonar.
—Es del hospital..., — frunce el ceño y contesta.
—¿Qué pasa Rosalie?
Oh, la recuerdo a ella..., era la antipática secretaria que conocí hace meses, cuando fui en busca de Edward al hospital porque Anthony necesitaba encontrarlo...
¡Anthony! Oh dios ¿Dónde estarás ángel? Miro estúpidamente mi celular, como si fuese a encontrar llamadas perdidas de él. Edward sigue hablando por teléfono, pero yo no presto atención. Necesito ver a Anthony cuanto antes, temo que sepa lo que sucedió anoche entre Edward y yo, o peor aún, que nos haya visto. Okey..., eso no es posible, porque no sentí su presencia, pero recuerdo fielmente sus palabras.
"No siempre quiero que me veas Bella"
«Oh no, oh no». Siento mi rostro arder y a Edward moverse por la habitación rápidamente. Entra a la pequeña habitación donde se encuentra su ropa.
—¿Bella?
Deja unos jeans y una camisa a los pies de la cama, trato de ignorar el hecho de que también tiene unos bóxer azules encima. Edward se sienta a mi lado y acaricia mi cabello.
—Princesa lo lamento.
«¿De qué habla?»
—¿Qué sucede?
Baja la mirada y toma mis manos.
—Tengo una urgencia en el hospital. Lo siento, deseaba quedarme junto a ti todo el día.
Oh
—Ve Edward, yo estaré en mi departamento— le sonrío para que borre esa ridícula expresión de tristeza—. Me pondré mi ropa, tomaré una ducha en mi casa.
—Yo me ducharé. Espérame, te llevo a casa.
Desapareció por el pasillo, directamente hacia el baño. Suspiro y busco mis bragas, están tiradas en el suelo, junto con mi sujetador, en cinco minutos estoy lista y completamente desastrosa.
Edward sale del baño y en diez minutos estamos saliendo rumbo a mi departamento. Gracias al cielo le queda en el camino, no quisiera retrasarlo aun más.
—Lamento esto — Vuelve a disculparse, creo que lo ha dicho unas veinte veces desde que salimos de su casa—. Pasaré por aquí más tarde.
Esa idea me encanta.
—Te estaré esperando.
Edward sonríe y se inclina hacia mí para que sus labios se rocen con los míos suavemente, quiero profundizar el beso, pero sé que tiene prisa, así que me separo y sonrío antes de bajarme del volvo.
Suspiro cuando abro la puerta de mi departamento, parece que han pasado años desde que estuve aquí la última vez. Han cambiado tantas cosas en tan solo unas horas que ni siquiera puedo pensar con claridad. Es casi medio día y me dirijo hacia mi baño para tomar una ducha tranquila y reparadora. Siento mis músculos pesados y cansados, es como si me hubiese pasado horas y horas haciendo ejercicio. Mi cuerpo agradece el agua calentita, mis músculos se relajan al igual que mis parpados y me quedo completamente dormida.
Cuando desperté el agua estaba helada, y mi piel arrugada. Diablos, espero no tomar un resfrío. Camine a mi habitación envuelta en una toalla cuando veo a mi ángel acostado en mi cama, jugando con Mickey.
—Hola ángel— digo con una loca sonrisa en los labios, tengo deseos de abrazarlo. Sus hermosos ojos me miran y me sonríe, pero me sonríe de una manera diferente.
—Hola ¿Cómo te fue con los padres de Edward?
Hablaba de él como si no fuese su hermano o Elizabeth su madre.
—Elizabeth es encantadora, lo sabes.
Anthony niega.
—Te recuerdo que solo viví con papá los últimos veinte años.
Camino hacia el closet y saco unos pantalones de algodón y una sudadera. Anthony se gira para cambiarme, espero que realmente no me esté espiando. Una vez vestida él tomó mi cepillo de cabello y me hizo un gesto para que me sentara en la cama.
—Tienes el cabello largo— murmura—. Siempre me gustaron las mujeres de cabello largo.
—Eres todo un Casanova — me río— ¿Tuviste muchas novias?
—No, solo la que me engañó — siento sus manos acariciar mi cabello—. No me gustaba el compromiso.
Es extraño escucharlo hablar así, cuando pensé que él siempre había sido un hombre adorable, al menos conmigo lo es. Sus dedos me distraen y mis ojos comienzan a cerrarse.
—Ey, ¿Noche movida? Tienes sueño
Me sonrojo.
—Solo estoy cansada ángel. Deberíamos dormir.
Termina su tarea de cepillar mi cabello y se levanta de la cama para caminar hacia la ventana.
—Duerme. Estaré aquí cuando despiertes.
—Lo sé, siempre has estado conmigo.
Anthony me mira y sus ojos verde jade me recuerdan a Edward, pero Anthony destella en sus ojos tristeza y melancolía, es lo que los diferencia, y lo que parte mi corazón cada segundo... ¡Como quisiera que Anthony estuviese con nosotros!
—Y siempre estaré contigo tontita.
—Lo sé — suelto un bostezo y acomodo en mi cama.
Él me sonríe y desaparece en la nada, dejándome un gusto amargo, pero estoy demasiado cansada para buscarlo o llamarlo, mis ojos se cierran al instante y la oscuridad me abraza.
Hola mis lindas, aquí les dejo un capítulo más de nuestro ángel.
Gracias por la paciencia, me he demorado mucho, tuve una ausencia de inspiración, y además me costó escribir el lemmon, ¿Por qué? ni idea. He pensado seriamente retirarme de los lemmons ajja okey no, pero me costó bastante y estuve como cinco o seis días pegada con eso jaja.
Gracias por agregarme a favoritos.
Sus comentarios son mi único pago y me hacen muy feliz ¿Se animan? jeje.
Un beso, las quiero mucho y nos vemos pronto.
Anie.
