Este fanfic está protegido por Safecreative. No al plagio.

Los personajes le pertenecen a S.M. La historia es mía.

Canción del capítulo.

"Make you feel my love" Adele

Capítulo trece;

"—Ha sufrido graves contusiones en su cabeza. La resonancia indica que hay una inflamación del cerebro. Debimos inducirlo a un coma para seguir observando su inflamación cerebral. Solo podemos esperar una evolución positiva y tener fe.

El doctor me mira inquieto y mi respiración se corta. Siento mis piernas desplomarse, pero necesito ser fuerte.

¿Secuelas?

¿Esto..., esto...él quedará con secuelas producto del golpe?

Es posible que se recupere completamente. Él es fuerte y joven..., tenga fe señorita.

«Como si eso fuese posible en este momento». Pensé antes de sentarme en el pasillo del hospital y llorar como no había llorado en años"

Mis pies se deslizan sobre la horrible baldosa de color blanco. «Huele fatal en este lugar» y ese es el único pensamiento que he tenido en las últimas horas. Cuando logro sentarme a un lado, inclino mi cabeza y suspiro tratando de no volver a llorar, pero es tan difícil.

Siento que mi mundo se está desmoronando, como si cada pieza que con mucho esfuerzo logré construir, cada sonrisa, cada abrazo, cada beso..., todo se fuera a una pequeña cajita para quedar ahí para siempre, en el fondo de mi corazón.

Trato de ser fuerte, mi mente sigue convenciéndome de que todo esto es una maldita pesadilla, que mis ojos no han derramado ninguna lágrima en estas horas, quiero pensar que sigo en los fuertes brazos de Edward, él rodeándome fuertemente, dándome su calor, su amor.

¿A quién acudir cuando estoy completamente sola? Jamás pensé volver a pasar por esta situación nuevamente. ¡No puedo perderlo! simplemente no puedo pensar en aquella posibilidad tan aterradora.

«Él estará bien, lo estará» pienso constantemente.

Cierro mis ojos tratando de contener mis lágrimas, pero es casi imposible, siento mi mentón temblar y en mi garganta hay un nudo que no puedo deshacer ¡Duele tanto! que siento que no seré capaz de soportar una tragedia.

«¿Por qué? ¿Por qué a él?»

Me pregunto cuando toco su mano que, para mi sorpresa, esta calentita. Como quisiera ver su hermosa sonrisa otra vez, reírme de sus tonterías, sentir la suavidad de sus labios en los míos, su cuerpo dándome calor.

«¡Oh Edward, no me dejes! ¡No podría soportarlo!»

—Isabella..., creo que deberías ir a descansar. — alzó mis ojos hacia Elizabeth y niego, no sé en qué momento llegó a la habitación. Ella seca una lágrima que descendió sorpresivamente por su mejilla rosada.

—Mi hijo estará bien. — Ella avanza hacia mí y me toca los hombros—. Al menos podrías alimentarte, para que él te vea fuerte cuando despierte.

Lo miro nuevamente. Se ve tan pequeño en aquella camilla de hospital, es como si fuese un pequeño niño..., pálido y sumergido en un sueño profundo. Tiene un tubo en su boca, y una aguja en su brazo. Un monitor a su lado izquierdo emite los sonidos de su corazón, lo que demuestra que Edward sigue aquí..., conmigo.

En aquel momento entra una enfermera de cabello rojizo, bajita y demasiado delgada. Frunce el ceño cuando me ve adentro con Elizabeth, sé que la visita es una persona a la vez..., pero Elizabeth tenía sus contactos para que Edward estuviese completamente rodeado por sus seres queridos.

—El joven sigue estable. — musita luego de cinco minutos revisando sus signos vitales. La joven alza su rostro e forma de corazón y me mira con algo de pena.

—Iré por agua.

Elizabeth besa mi mejilla maternalmente y tengo deseos de seguir llorando en sus brazos, pero trato de comportarme, ya que para ella debe ser aun más difícil ver a su hijo en esta situación.

Cuando salí al pasillo veo a dos pequeñitas sentadas en las incomodas butacas del hospital, sus pies se balancean de adelante hacia atrás, impacientemente. Alicia me mira y sonríe, pero aquella sonrisa no le llega a los ojos.

—¿A dónde vas? — preguntó curiosa. Una fugaz sonrisa se posa en mis labios. Las hermanitas de Edward son uno encanto.

—Al casino ¿Vamos?

Ambas me miran con aquellos ojitos azules. Alicia asiente feliz, estoy segura que tiene las piernas acalambradas, en cambio Katie niega.

—Quiero quedarme aquí. — musita cabizbaja, Alicia se acerca hacia su hermana y acaricia su cabello. Trato de no llorar delante de ellas, eso sería aun más cruel, asi que camino hacia la pequeña Katie y me inclino para acariciarle su rodilla.

—Vamos, les compraré alguna golosina.

Jamás pensé que los hospitales eran para pequeñitas de ocho años, pero Elizabeth no tenía con quien dejarlas en este momento tan terrible. Eric llegó en ese momento y me sonrió.

—Quiero ver a Thomas... — dice con voz triste—Papá ¿Cuándo podremos ver a Thomas? —preguntó subiéndose al regazo de su padre, él palmeo su espalda y susurró pronto.

Se sentía extraño que su familia lo llamara Thomas, recuerdo la impresión que me llevé hace meses atrás en su consulta cuando vi a Edward de pie, creyéndome una completa loca.

—¿Iremos al casino? — Alicia tiró de mi mano y asentí.

Al llegar estaba completamente lleno. Me compré un té y galletas, mientras Alicia eligió unas galletas de chocolate con forma de animalitos, para ella y su hermana.

Al llegar nuevamente hacia el pasillo donde se encontraba la habitación de Edward, no quise entrar, Elizabeth necesitaba su privacidad como madre y como mujer. Me quedé un momento con las niñas, mientras ellas se comían sus galletas. Eric fue a fumar un cigarrillo afuera y yo solo esperé y rogué para que las horas pasaran rápidamente, esta maldita incertidumbre me estaba matando lentamente.

Las pequeñas comenzaron un inocente juego con sus animalitos, adivinando que animal sería su galleta, sonrieron y aquello me dejó tranquila por el momento. Ningún niño merece sufrir, a mi parecer.

Sentí mi estomago protestar por más comida, pero lo ignoré olímpicamente, no quería volver al casino, seguramente Edward me estaría regañando al ver que volví a mi alimentación poco saludable.

Katie tomó mi mano y me miró con el entrecejo fruncido, tal como lo hace Anthony. Aquel gesto tan familiar me dio un escalofrío que me recorrió de pies a cabeza.

—¿Quién es él, Bella? — preguntó mirando hacia el pasillo.

Miré hacia donde ella miraba, y me encontré con un hombre alto, delgado, su cabello es de un familiar color cobrizo, lo lleva corto..., como Anthony lo suele usar, su piel es blanca y pequeñas arrugas adornan las esquinas de sus ojos. Debía estar cerca de los cincuenta años aproximadamente. El hombre tenía el ceño fruncido y caminaba acomodándose la corbata roja que, seguramente, no lo dejaba respirar con tranquilidad.

«El señor Masen». Pensé sorprendida. Ni siquiera había pensado en él en todas estas horas en las que hemos estado en este horrible lugar. Seguramente Elizabeth se había encargado de avisarle, que su hijo estaba en un coma inducido.

El hombre ni siquiera miró en nuestra dirección, simplemente tocó la puerta de la habitación de Edward y entró. Pasaron quince largos minutos y yo me sentía completamente desesperada, Elizabeth salió en aquel momento de la habitación con sus ojos llenos de lágrimas y me llamó. Fruncí el ceño completamente asustada y me levanté de la incómoda butaca para entrar a la habitación, siento que mis pies pesaran diez kilos, por alguna razón tengo miedo de conocer al padre de Edward.

—Bella, él es Edward Masen, padre de mis hijos. — De la manera que habló de sus hijos, como si Anthony estuviese en la cafetería de este horrible hospital, me dio una sacudida en el cuerpo que me hizo pensar en donde diablos estaría mi ángel en este momento.

Por lo que yo sabía, por mi ángel y por Edward, la relación entre Elizabeth y el señor Edward era bastante agria. La separación en malos términos que tuvieron hace años, provocaron un quiebre en la relación, ya sea con sus hijos y a la vez ambos hermanos que no se conocieron lo suficiente, solo tenían recuerdos de cuando eran pequeños. Verlos juntos, ambos mirándome con sus ojos claros me hizo recordar el quiebre en la relación de Edward y Anthony. Sí algún día yo fuese madre jamás podría hacer aquel ridículo acuerdo, por que los únicos perjudicados fueron sus hijos.

El señor Masen me mira y sé que no tiene idea de quién soy.

—Soy Bella, novia de Edward. — decir eso me dio un calorcito en mi alma. Analicé la mirada que él me dio, me doy cuenta que es un hombre respetable y, quizás, autoritario. Sus ojos verdes me miran y me estudian, hasta que una sonrisa cordial aflora en sus labios rosados.

—Mucho gusto Isabella. — dice estrechando mi mano.

—Igualmente señor Masen.

Él toma un largo suspiro y mira la camilla donde Edward sigue con sus ojos cerrados. No quiero verlo, porque no me gustaría hacer una escena con mis lágrimas. Ignoro el nudo que se forma en mi garganta y suelto todo el aire de mis pulmones.

Él muestra sentimientos en su mirada, seguramente le debe recordar a Anthony en la misma situación hace más de un año. No quisiera estar en sus zapatos jamás. El señor Masen mira a Edward y toca su mano, puedo ver como sus dedos acarician la piel de Edward, luego suspira y mira a Elizabeth.

—Iré por un café ¿Quieres algo Elizabeth, Isabella?

Niego rápidamente ignorando el hambre que siento.

—Vamos, las niñas tienen que almorzar. — musita Elizabeth —¿Vamos Bella?

Vuelvo a negar.

—Prefiero quedarme aquí.

Ambos salen de la habitación y yo vuelvo a quedarme sola. Camino nuevamente hacia él y le doy un suave beso en su mejilla nívea. Se siente extraño que sus ojos no me miren, que sus palabras no salgan de su boca, quisiera abrazarlo tan fuerte, como si la vida dependiera de ello.

—Él estará bien. — susurra una voz detrás de mí. — ¿Lo sabes no?

Cierro mis ojos y un fuerte sollozo sale desde mi interior. Siento su mano en mi hombro y por primera vez en mucho tiempo se siente frío.

—Anthony..., por favor. — no sé que estoy pidiendo realmente, solo sé que en este momento no podría verlo a la cara.

—Mírame Isabella... — alzo mis ojos y ahora él está de pie al lado de su hermano gemelo.

Mis ojos se llenan de lágrimas al verlos a ambos juntos. Quizás en otra vida Anthony estaría con vida, iríamos con Edward los domingos a su casa para compartir en familia, quizás él estaría casado y con hijos, quizás todos seríamos felices y yo lo amaría tanto como lo amo ahora. Él es mi ángel guardián, es aquel hermano que siempre quise tener.

Sus ojos verdes me miraron y transmitió muchas emociones en ellos, como jamás lo había visto antes.

—Tienes que ser fuerte. — musita, ahora, mirando a Edward completamente ajeno a todo lo que sucedía.

—No puede irse contigo Anthony, — Tan solo pensar en esa posibilidad me hace pensar en mi propio entierro — Yo lo amo.

No me di cuenta de aquella declaración hasta unos cuantos segundos después, las palabras salieron sin razonar. Miro a Edward y mis lágrimas caen solas por mis mejillas. Yo lo amo..., lo amo con toda mi alma.

—Sé que lo amas — Anthony muerde su labio inferior —. Y sé que él a ti también, es imposible no amarte.

Mi mirada busca la de Anthony y él me sonríe tristemente. No sé qué decir ante aquella declaración, así que prefiero volver mi mirada hacia Edward que yace en la camilla del hospital. Como quisiera que abriera sus hermosos ojos verdes que se fruncen cuando sonríen, como quisiera escuchar su dulce voz, sus labios sobre mi piel ¡Lo extraño tanto!

—¿Crees que puede escucharme? — pregunté curiosa a la vez que pasaba mi mano derecha por el sedoso cabello de Edward.

—Estoy seguro que lo hace.

Sonrío. Aquello me basta por el momento.

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Miro el minutero del reloj y ha pasado solo tres minutos de la última vez que miré la hora. Mi celular comienza a sonar y por un momento tengo toda la esperanza de que sea Elizabeth con una buena noticia, pero mis esperanzas caen al suelo cuando veo que es Renée la que, sorpresivamente, me llama.

—¿Sí?

—Hola Isabella.

—¿Cómo sigues Renée?

Me había olvidado completamente de ella y su accidente. Seguramente piensa que soy la peor persona que existe en la tierra al no preguntarle como seguía, pero en este momento me importaba una mierda lo que pensara de mí.

—Bien, un poco mejor. Ayer por la tarde fui a tu departamento—Fruncí el ceño, ya que no sabía cómo podría desplazarse, pero era Renée siempre encontraba la forma —, pero el portero me dijo que apenas habías estado en aquel lugar..., yo..., quisiera saber si estás bien.

—Como si realmente te importara.

La oigo suspirar y me arrepiento por ser tan amarga. Ella al menos fue cordial. No sé el motivo por el cual ella se comporta de esta manera conmigo ¿Estará arrepentida? una sonrisa sarcástica adorna mis labios. Si Renée llegase a estar arrepentida sobre cómo me ha tratado los últimos años, está completamente equivocada que yo olvidaré como me dejó sola cuando más la necesité. Ella optó por una familia perfecta, mi padre y yo éramos deficientes, éramos indignos de su amor y eso siempre lo recordaré.

—Lo siento, tengo mi cabeza en otro lado ¿Hablamos mañana?

—Claro.

—Adiós.

—Adiós Isabella.

Camino hacia mi habitación y me calzo las sandalias para volver a salir. Hace unas horas, Elizabeth prácticamente me obligó a venir a mi departamento a descansar, y realmente le agradezco, ya que llegué a mi cama, luego de llorar largos minutos, me quedé profundamente dormida.

Miro mi rostro en el espejo y veo unas asquerosas ojeras negras bajo mis ojos. Estoy acabada..., tan fea y delgada que siento pena de mi misma.

Cuando llego al hospital no hay nadie dentro de la habitación de Edward, seguramente Elizabeth salió a comer algo con las niñas, ya que es hora de la cena prácticamente. Tomo asiento al lado de Edward y tomé su mano.

—Te reirías de mi aspecto justo ahora. — le digo bajito con la esperanza de que él me escuche. Quiero que sepa que prácticamente no me he movido de su lado.

—Cuando te mejores podríamos tomarnos un fin de semana lejos de Nueva York, incluso podríamos ir a Forks..., donde creciste.

Acaricio su rostro pálido y me inclino para besar su mejilla.

—Te amo. — y no me daba miedo decirlo. No espero que él se despierte al oír esas palabras, pero quiero gritarlas al mundo si es necesario.

Estuve con él alrededor de una hora y media, hablándole, leyéndole y besando cada centímetro de su rostro, acariciando su mano y su cabello.

Cuando volví a casa en la madrugada me encontré con una nota escrita en un papel, una dirección..., firmada con el nombre de Anthony. Mi corazón estalló al ver esto porque él jamás me había escrito una nota, mucho menos con una dirección. Mi Mickey estaba junto a la nota, lo tomé en mis brazos y mis ojos se cerraron completamente. La dirección era de un cementerio..., Anthony me mostraba donde estaba enterrado.

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—¿Mi hermanito está bien? — Acaricié el largo cabello de Alicia y asentí sin poder negarle aquella hermosa esperanza de que Edward despertaría en cualquier momento.

—Lo está, solo está dormido.

—¿Cuándo despertará? — y era aquella misma pregunta que yo me estaba haciendo hace dos días.

«Pronto..., él despertará pronto»

—Pronto bebe. — Alicia me sonrió y jugó con mi largo cabello marrón, sonreí al recordar que ella me trataba como un tipo de barbie, a pesar de tener ocho años.

—Gracias por el helado Bella, lástima que Katie no quiso uno.

—Ella está preocupada, pero más tarde podemos salir a comer algo las tres.

Ella me sonrío y me dio un beso en la mejilla, dejándome algo pegoteada, pero no dije nada..., sus muestras de cariño tenían mi corazón lleno de amor.

Cuando llegamos al hospital Alicia corrió hacia su hermana y comenzaron a charlar sobre Justin Bieber, puse mis ojos en blanco y sonreí al verlas interactuar y olvidando, en parte, esta horrible pesadilla.

Elizabeth estaba abrazada junto a Eric y el señor Masen hablaba por teléfono algo ofuscado.

—Bella, gracias querida por preocuparte de las niñas.

—No tienes nada que agradecer Elizabeth.

Ella y su marido me sonrieron, pero era una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Elizabeth se veía cansada y unas ojeras opacaban su hermoso rostro, no quiero ni siquiera pensar en el aspecto que tengo justo en este momento.

Una enfermera gordita salió de la habitación de Edward.

—Ya pueden pasar — informó antes de caminar por el pasillo.

—¿Mami, puedo pasar? — Katie pidió con sus ojitos abnegados de lágrimas, Elizabeth asintió.

—¿Me acompañas Bella?

«No llores, no llores» Me recordé mentalmente antes de seguirla a la habitación.

Cuando entramos, Katie se sentó justo al lado de Edward, frunció su ceño al mirarlo.

—Thomas es mi héroe — comentó mirándolo y aquello me dejó sin palabras—. Cuando era una niña él jugaba conmigo y solía espantar a los niños malos que se reían de mí y de Alicia por ser iguales.

Sonreí cuando dijo "cuando era niña", realmente no conozco mucho a las gemelas pero, a pesar de ser idénticas físicamente, son totalmente diferentes en su personalidad, supongo que lo mismo pasaba con Anthony y Edward.

—Él te ama mucho. — declaré acariciando su corto cabello, sus ojitos azules me observaron y me sonrío.

—Él es lindo — comenta tomando su mano con cuidado, como si temiera hacerle daño —. Lo extraño.

Sus ojitos azules se fruncieron de la misma manera que los ojos de Edward, pero esta vez una lágrima corrió por su mejilla. Mi corazón se rompió.

—Él estará bien ¿Cierto Bella?

—Claro que lo estará, ya verás.

Ella se subió a la silla con mi ayuda y depositó un beso en su mejilla, caminó hacia la puerta, pero se detuvo justo antes de salir.

—Te quiero Bella.

Esas tres palabras hicieron que mi corazón se agrandara de una manera increíble, estas pequeñas se robaron mi corazón.

—Yo también Katie.

Ella me sonríe y sale de la habitación rápidamente.

—Por primera vez siento que soy parte de una familia Edward. Vuelve, tú eres lo único que me falta para ser feliz.

Digo antes de depositar un beso en sus labios.

Más tarde cuando el taxi me deja frente al cementerio de mármol —por que sí está enterrado en el mismo cementerio que se encuentra mi padre— camino con un pequeño ramo de flores blancas buscando a Anthony, leo cada placa de mármol que mis ojos encuentran, siguiendo sus indicaciones. Él estaba casi al comienzo, en una tumba rodeada de flores y una foto apoyada en su placa.

—Oh. — es lo único que puedo decir al ver una foto de él vivo. Siento un escalofrío recorrer cada parte de mi cuerpo y tomo asiento para mirar la foto más cerca. Una sensación de paz me invade completamente al estar aquí, algo que jamás he sentido cuando vengo a ver a papá, es como si mi ángel me entregara toda la tranquilidad que necesito en este momento.

En la fotografía sale sonriente, radiante y hermoso. Vestía un jeans oscuro y una camisa a rayas, tenía el cabello un poco más corto a como lo trae ahora. En pocas palabras se ve lleno de vida.

—Ángel... — suspiro dejándole el arreglo de flores cerca de su foto. Siento su presencia a los pocos segundos después.

—Era sexy. — musita a mi lado. Me giro y veo sus ojos verdes.

—Lo eres — estoy de acuerdo—. Rompías corazones ángel.

Él niega con la cabeza, pero una sonrisa picara adorna sus labios.

—¿Por qué me has traído aquí? — pregunto curiosa, él suspira y tengo la sensación de que quiere decir algo, pero se guarda las palabras.

—Solo pensé que era necesario que supieras donde visitarme.

Lo miro confundida por sus palabras. En todos estos meses jamás me ha dicho esto ¿Por qué ahora?

—Te veo cada día ángel, este es tu cuerpo, no eres tú.

Niega. Sus ojos se vuelven cristalinos y mira el cielo..., tengo un mal presentimiento con eso. Lo veo tragar saliva y se arrodilla junto a mí, seca una lágrima que cae sobre mi mejilla.

—Bella..., tengo que partir.

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Ok, lo sé, capítulo triste, de horrores como digo yo, doloroso, pero créanme que no disfruto con esto ¿Qué pasará con Edward y Anthony, ahora que ambos no estarán? Digo..., Edward sigue en coma, Anthony al parecer no volverá más ¿Por qué? Ay si lo sé, sé que quieren matarme por esto, pero les recuerdo que este era un OS doloroso, OS que se convirtió en un fic que serian a los más cinco capítulos y ya llevo trece y quedará de quince jajaja, simplemente ya no creo que pueda escribir OS, no puedo escribir veinte hojas desarrollando una historia, para mí es prácticamente imposible.

Espero sus comentarios, aunque sea para decirme ¡Te odio! pero me encanta saber que al menos provoco algún sentimiento en ustedes con lo que escribo. No les mentiré, quise escribir esto desde que comencé el OS, es mi lado dramático que no salía a la luz desde TSOS y espero que, a pesar de que fue triste, les haya gustado.

Sus comentarios son mi único pago, y yo soy feliz con cada pequeña palabrita que me escriben.

Espero que hayan pasado una linda navidad junto con su familia, al final eso es lo importante, los regalos pasan a segundo plano, a mi parecer.

Les deseo un feliz año nuevo y nos veremos el próximo año.

Hasta la próxima, Ani.