Este capítulo está protegido legalmente por Safecreative. No apoyes el plagio.
Los personajes le pertenecen a S.M. La historia mía.
Canciones del capítulo.
"María" La oreja de van Gogh ft Natalia Lafourcade.
"Kiss me" Ed Sheera.
Capítulo catorce;
Creo que él no fue consciente de las consecuencias que traerían esas cuatros terroríficas palabras. Sentí como si una daga atravesara lenta y dolorosamente mi solitario corazón ¿Qué no es suficiente tanto sufrimiento?
—¿Qué? — mi voz es apenas un susurro ahogado, opacado por las lágrimas que corrían una carrera en mis mejillas, salía una tras otras y yo sin poder detenerlas. Estaba en shock.
La posibilidad de que él se vaya es realmente..., ¡Diablos! ni siquiera puedo pensarlo, es demasiado doloroso para ser verdad.
—Sabías que esto ocurriría.
—¿Por...porqué?
Anthony baja la mirada y acaricia las flores que le he traído. Me quedo en silencio, todo esto parece irreal, es como si se tratase de un sueño del cual no puedo despertar ¿Qué haré ahora, sin Edward y sin Anthony? Seco mis lágrimas, pero los sollozos siguen saliendo de mi garganta. Siento como si cada pedacito de mí fuese cayendo hacia el suelo, siento que mi respiración se dificulta ¡Esto no puede ser real! Esto no puede estar pasando. Oh..., ¿Que haré sin mi ángel?
Llorar, es lo único que puedo hacer en este momento. Miro sus ojos verdes—aquellos que al comienzo temí tanto— se vuelven duros, fríos y profundos. Anthony sufría con esto al igual que yo entonces, ¿Por qué?
Anthony me mira y traga saliva como si aquello lo fuese a calmar. Su mano derecha seca una de las tantas lágrimas que recorre mi mejilla, su tacto quema cada centímetro de mi piel. Él es mi ángel, aquella hermosa personita que me sacó de la horrible oscuridad en la cual me encontraba.
—Bella..., es complicado. — susurra con los ojos cristalizados.
—¡No! — por alguna razón comencé a tomar consciencia que todo esto era real, que no lo volvería a ver nunca..., él se iría para siempre, al igual que mi padre..., él me abandonaría. — ¡Por favor! —supliqué con voz temblorosa.
—Sé que este último tiempo hemos estado alejados, sé que es culpa mía y te dejé..., pero ángel, por favor no te vayas, no podría soportarlo, eres mi salvación, eres mi...,
Mi voz sonó como si estuvieran atragantándome y de pronto comencé a sentirme mareada ante aquella posibilidad tan aterradora para mí. Cerré mis ojos para poder tratar de tranquilizarme y tratar de respirar más o menos normal, pero a mi mente se vienen todos aquellos hermosos recuerdos de ambos, cada día de mi vida con él, cada sonrisa suya que me alegraba los días, cada abrazo para reconfortarme. Su compañía, jamás me ha dejado sola, siempre ha estado ahí, apoyándome en los momentos más difíciles y sonriendo conmigo, en los momentos felices.
—No es eso Isabella... — ocupó mi nombre completo y me dio un terrible escalofrío que atravesó todo mi cuerpo—. Es que jamás te has preguntado por qué no me fui luego de que encontraras a Thomas
Abrí mis ojos de golpe cuando me preguntó aquello. No tenía respuesta para eso, por qué realmente jamás me lo había planteado.
—No frunzas el ceño. — dijo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Aquella mascara de frialdad que tenía hace unos minutos desapareció, dejando ver nuevamente a mi Anthony, a mi ángel.
—Yo..., yo... — Sentía mi garganta seca.
—Bella..., cuando hace meses te vi provocaste tanto en mí.
—¿Provoqué? — pregunté confundida por sus palabras. Anthony sonrió de aquella manera tan picara y humedeció sus labios con su lengua rosada. Verlo así, con tanta tristeza, pero con una envidiable paz, sentí que no podía ser egoísta con él, él necesitaba descansar por mucho que a mí me doliera su ausencia.
—Te vi aquella mañana cuando ibas retrasada al trabajo, antes de navidad ¿Lo recuerdas? — Asentí—. Ibas tan indefensa, toda la gente a tu alrededor te empujaban y tú con tu vista en el suelo en todo momento.
Recuerdo muy bien aquellos tiempos de mi vida. Es realmente increíble como pude cambiar tanto, en tan poco tiempo.
—Luego en el cumpleaños de tu madre te veías incomoda, sola..., muy sola y no lo pude evitar. Te quise conocer y supe que quizás te volverías loca con mi presencia, pero no me importó, porque yo quería que sintieras que alguien estaba contigo.
Escucharlo hablar así se sentía tan doloroso. ¿Cómo podría agradecerle todo lo que había hecho por mí? ¿Cómo podré enfrentar esto?
—Anthony...,
—Déjame hablar Bella. — pidió con voz dulce. Suspiró — Cuando te oí tocar piano el día de noche buena fue como si volviese a mi infancia, con Thomas, con mi madre. Quise ser tu amigo, quise ser tu mundo Isabella.
—Lo eres. — susurré con voz temblorosa.
Negó.
—Tu mundo es aquí. — miró a su alrededor, seguramente refiriéndose al mundo de los vivos. — Yo no pertenezco aquí, jamás pertenecí aquí, pero no podía irme dejándote sola.
—Pero tú..., tú querías conocer a tu hermano.
Anthony sonrió y supe en aquel momento que, en parte, aquello no era verdad.
—Sí, quería verlo..., pero más quería que tú fueses feliz.
—Anthony no me digas eso.
Él se acercó a mí y acunó mi rostro en su pecho. Sentí aquella calidez de su cuerpo por última vez. Por primera vez en mucho tiempo quise sentir su corazón palpitando.
Cerré mis ojos sintiendo como sus brazos me envolvían, como me entregaban su calor. Traté de imaginarme una vida donde él no estaría conmigo ¿Quién me recibiría cuando llegará tarde a casa? ¿Quién miraría por aquel ventanal de mi habitación? ¿Quién dejaría a mi Mickey Mouse tirado en algún lugar de mi departamento?
—Tú fuiste y serás mi único asunto pendiente aquí, Bella — susurró cerca de mi oído —. No podía irme sin antes decírtelo.
Lloré, lloré nuevamente en su pecho, sintiendo una ola de emociones en mi interior.
—Ángel, mi ángel..., te quiero tanto. — susurré.
—Lo sé, yo también te quiero, pero prométeme algo.
Me separé un poco de él y miré su rostro. Él sonrió.
—Lo que quieras.
Sé que debería estar gritando por su partida, pero ¿Quién soy yo realmente para hacer eso? lo miro atentamente, ya no es el mismo que era hace meses, unas horribles ojeras opacan sus ojos. Se lo ve abatido.
—Prométeme que serás fuerte — sus manos toman mi rostro y sus pulgares acarician mis mejillas suavemente. —, prométeme que seguirás igual de feliz como ahora.
—No puedo ángel...,
Su ceño se frunció y negó con la cabeza.
—Prométeme que seguirás adelante Bella..., Yo siempre te cuidaré, yo viviré en ti, en Thomas...,
—No hagas esto por favor Anthony — volví a llorar desconsoladamente ¿Cómo me pedía que fuese feliz cuando él no estaría ahí?
—Viviré del amor que ustedes se tienen — una lágrima recorrió su mejilla pálida—. Cada vez que el viento sople fuerte seré yo abrazándote.
La respiración se me dificulta y simplemente sé que no podré soportarlo por más tiempo. Las lágrimas de mis ojos parecen no acabar al igual que mi dolor.
—No me hagas esto...
—Promételo, promete que seguirás adelante, que jamás volverás a estar sola. No quiero verte sola nunca más Bella.
Sus labios se acercan a mí y besa mi mejilla.
—Te lo prometo...
Nos quedamos en silencio, no sé si fueron segundos, minutos o incluso horas, pero cuando le oí suspirar lo miré.
—Gracias, gracias, gracias — susurré en llantos. Estaba tan agradecida de él, de sus acciones, de su propósito aquí—. Gracias por absolutamente todo lo que has hecho por mí.
—No tienes nada que agradecer, pero tampoco hables como si no nos fuésemos a volver a ver.
—¿Qué? — pregunté confundida.
—¿Eres inmortal? —rió—. Cuando seas anciana, cuando cierres tus ojos para siempre, yo vendré por ti y por Thomas.
—Anthony. — Besé su rostro por última vez.
—No olvides la promesa. Siempre te cuidaré, esté donde esté.
Anthony besó mi cabeza y se puso de pie, y yo lo imité.
—Eres la mujer más increíble que he conocido. Mi hermano tiene suerte de tenerte — susurró sonriente, como si se guardara todo lo que sentía en su corazón.
—Y tu él ángel más lindo del cielo. — dije tratando de sonreír, pero no pude.
—Lo sé. — me guiño un ojo pícaramente.
Sus brazos me envolvieron nuevamente, sus manos apretaron fuertemente mi espalda. Besó mi cabeza y sentí la calidez de su cuerpo invadirme.
—Te quiero mucho más de lo que piensas mujer.
No alcancé a responder, no alcancé ni siquiera a pestañar, solo sentí como él se iba entre mis brazos, dejándome un vacio. Él se había ido para siempre y solo sentí una repentina brisa abrazarme. Miré el cielo despejado de Nueva York.
—Te lo prometo ángel..., te lo prometo. — Sequé una lágrima de mi mejilla y me dispuse a seguir adelante.
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Quiero llorar, pero mis lágrimas no logran demostrar todo el dolor que siento. ¡Anthony está muerto! siempre lo estuvo, pero no para mí, es tan difícil superarlo. Todos los demás, Elizabeth, Edward, su padre, de cierta manera, lo han superado ¿Pero a quien tengo yo? ¿En quién me refugio, cuando estoy completamente a la deriva?
Cuando llego al hospital, el señor Edward está junto a mi Edward, parece que han pasado años de la última vez que lo vi. Se siente extraño.
—¿Es...Estás bien? — preguntó el padre de mi novio al verme entrar. No quiero ni siquiera pensar en mi semblante, seguramente tengo los ojos hinchados de tanto llanto, por más que dejé de llorar hace una hora.
—Sí. — Me olvidé completamente de que apenas lo había conocido hace unas horas. Lo miré de soslayo y pude ver como su aspecto fuerte y autoritario había desaparecido, dejando ver un hombre común que sufre por ver a su hijo en una maldita camilla de hospital.
Me acerqué a Edward, tomé su mano y besé su mejilla. Parecía dormido, salvo que cuando duerme suele moverse demasiado, se ve tranquilito y hermoso.
—¿Algún cambio? — pregunté acariciando su mano.
—La inflamación cerebral se ha detenido y ha mostrado indicios de disminución.
Miré los ojos claros de su padre y solo pude sonreír esperanzada.
—Ves amor..., todo irá bien. Lo sé — dije a Edward..
Estuvimos en silencio los próximos diez minutos, donde mi mente estuvo lejos de ahí. Ver a Edward, justo en este momento, es como ver a Anthony. Siento que no podré seguir adelante si Edward no despierta; siento que cada segundo pasa, las esperanzas se marchan. Intento no llorar nuevamente, creo que hoy he llorado demasiado para mi propia seguridad ¡Necesito ser fuerte! Edward me necesita, yo lo necesito.
—¿Desea comer algo?
Porque siempre que he visto este hombre me ofrece comer ¿Estaré demasiado delgada? pues supongo que sí.
—No gracias, solo deseo estar aquí.
Él me sonrió ¡Me sonrió! y tiene la misma sonrisa ladina de Edward, cosa que me provoca devolverle la sonrisa gustosa.
Cuando él se va de la habitación, quedamos absolutamente a solas.
—Te extraño — murmuré apoyando mi frente contra su mejilla—. Vuelve pronto ¿sí? Te necesito.
Acaricié su cabello broncíneo y besé su frente, como él solía hacerlo conmigo. Se ve tan hermoso, a pesar de estar profundamente dormido.
—Yo también te necesito. — Escucho aquella voz celestial. Bajo mi vista hacia Edward y él se ve cansado, y una hermosa, pero hermosa sonrisa florece en sus labios.
—¡Edward! — grito emocionada. Lo abrazo y él ríe bajito.
Las lágrimas, nuevamente, caen sobre mi rostro. Quiero llorar, reír, abrazarlo, besarlo. El corazón se me detiene y me inclino para besar su frente.
—¿Qué pasó? — pregunta confundido mirándome a los ojos ¡Esto parece irreal! una estúpida sonrisa aparece en mis labios.
—Tuviste un accidente en automóvil. Tengo que ir por la enfermera...
Edward aprieta mi mano, la cual teníamos entrelazadas, y yo solo puedo sonreír como estúpida.
—Ya vengo amor. Te amo.
Las palabras salieron mucho antes de que las pensara. Edward me mira por unos interminables segundos.
—Yo también te amo princesita. Tengo deseos de besarte justo ahora, pero debo tener un aliento de los mil demonios.
Una carcajada, la primera carcajada de verdad, sale desde lo más profundo de mí ser.
—Tonto Edward. — acaricio su mejilla y luego de besar suavemente sus labios salgo de la habitación en busca de la enfermera.
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Kate no se ha despegado de Edward, justo ahora, está sentada en su camilla de hospital mirándolo atentamente con aquellos ojitos azules.
—¿Cuándo te irás? — preguntó nuevamente Alicia, sentada al lado de Edward. Ella tenía una barbie en su mano y solo sonreí encantada con las pequeñas.
—Yo quiero irme ahora mismo.— Edward se cruza de brazos como un niño pequeño y enfurruñado. Se ve adorable.
—Mamá dice que tienes que estar en observación. — dijo Kate moviendo sus pies al aire—, pero quisiera salir de este lugar.
—Tú no has querido salir Kate. Bella me sacó de aquí muchas veces. — protestó Alicia peinando a su muñeca. Los ojos de Edward me observaron y sus labios me tiraron un besito al aire.
Elizabeth asomó la cabeza por la puerta en aquel momento, llamando a las niñas para ir almorzar.
—Deberías comer algo. — Edward tomó mi mano y negué.
—No tengo hambre.
—Lo primero que haré al salir de aquí es ir a un Mcdonalds y comer porquerías.
Acaricié su mejilla con la yema de mis dedos. Cada momento con él se sentía como un regalo que la vida me daba. Añoraba el día que él saliera de este hospital para tenerlo conmigo.
—¿Por qué me miras así? — pregunta tomándome de la cintura y sentándome sobre sus piernas. Sus verdes ojos me miraban con infinita dulzura. Sus dedos acariciaban mi cintura y solo pude dejarme querer.
—Porque temí perderte para siempre.
Edward escondió su rostro en el hueco de mi cuello e inhalo el aire de mi piel.
—Lamento que hayas pasado por esto.
Nuestras mejillas se rozaban, acariciándose una y otra vez, solo sintiendo que el otro estaba ahí. Por alguna razón, me sentí en paz, plena y con muchos deseos de seguir adelante.
—Jamás vuelvas asustarme así Doctor Masen.
El rió y dejó un beso cerca de mi oreja.
—Llevo más de una semana aquí. Necesito irme a casa.
—No seas impaciente.
Sus labios buscan los míos y yo lo acepto gustosa. Su lengua delinea mi labio inferior y, en un par de segundos, nos estamos besando apasionadamente en una camilla de hospital.
—Gracias por estar conmigo — Murmuró luego de besarme—, creo que te amo aun más.
—Dilo nuevamente. — pido como si fuese una niña.
Edward me mira intensamente, su mirada me provoca una y mil sensaciones en mi.
—Te amo princesita.
Sonrío como una loca enamorada, porque lo estoy.
—Yo también te amo doctor Masen.
Dos días después estábamos en casa de Edward, él había sido dado de alta y parecía un niño pequeño en una dulcería ¡Quería hacer todo a la vez!
—Thomas, no puedes hacer esfuerzos aún. — regañó Elizabeth desde la cocina. Estaba cocinando una exquisita sopa de verduras.
—Cree que aun tengo diez años. — murmuró Edward abrazándome.
—¡Ey! Da gracias que tienes una madre así — dije —. Toda la vida esperé que Renée se preocupara por mí.
Edward frunció el ceño y bajó la mirada.
—Eso es el pasado. Ahora tienes una familia que te ama tanto como yo lo hago.
Sus palabras me hicieron sonreír. Claro que yo tenía una familia ahora.
—¿Eric? — pregunté luego de unos segundos al no escuchar ni a él ni a las niñas en la casa.
—Salió con las diablillas. Creo que vendrá Edward más tarde.
Se sentía extraño que Edward llamara a su padre Edward, me confundía un poco, pero luego recordé que toda la familia le decía a Edward, Thomas, creo que es culpa mía el confundirme.
—¿Cómo llevas eso? — su mano jugaba con la mía. Él tenía la mirada fija en ellas.
—Bien, supongo. Se ha mostrado diferente, se ve más humano y me ha llamado constantemente para saber cómo sigo.
—Eso es bueno.
Él se encoge de hombros, cuando desde la cocina sale Elizabeth con el teléfono pegado en la oreja.
—Está listo amor — sonríe—. No, no les des cochinadas. Hay sopa de verduras y punto final. Los esperamos.
Reí bajito al saber que habría berrinche por la sopa de Elizabeth. Le ayude a poner los platos sobre la mesa y vasos. A la media hora llegaron las pequeñas con un tierno puchero en sus labios, enfurruñadas por la sopa de su madre.
—Comerán todo. — dijo Elizabeth autoritariamente una vez sentados en la mesa.
—Es wakala
—Alicia, sabes que si no comes no crecerás.
La niña frunció el ceño y se enfurruñó aun más si era posible.
—Edward..., ¿Vamos al Mcdonalds? — preguntó Kate jugando con su vestido.
—¡No!
Edward y yo reímos al oír a ambos padres negar.
Enfurruñadas se tomaron toda la sopa de su madre y ambas fueron a tomar una siesta. Habían sido días agotadores para todos, así que Elizabeth y Eric las siguieron.
—Vamos a descansar. — dije tomando la mano de Edward.
—Ey, puedo subir una escalera perfectamente bien — dijo al ver que yo me detenía cada un escalón para esperarlo.
—No está de más prevenir Edward.
Caminamos hacia su habitación y ambos nos relajamos en su cama blandita.
Sus labios no tardaron en jugar con la piel de mi cuello, una de sus manos recorría mi muslo, subiéndome el vestido hasta la cintura. Mis labios buscaron los suyos y nuestras lenguas están deseosas.
—Necesitas descansar. — murmuré no muy convencida.
Edward sigue bajando sus labios hasta llegar a mis pechos, su mano lo masajea sutilmente y aquella caricia me roba la poca consciencia que me queda. Me rindo ante él, ante su cuerpo, ante su amor..., Edward me lleva al cielo con sus caricias y con sus palabras de amor ¡Lo amo tanto! y sé que él me ama de la misma manera.
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Bueno ¿Qué les pareció la despedida? Como saben ahora, Bella era el asunto pendiente de Anthony, no podía irse sin dejarla acompañada por alguien que realmente la amara :') por eso tantos rodeos al comienzo del fic, cuando él no quiere decir mucho de su vida y al verla rodeada de gente que la ama y él sabiendo que Edward volvería, fue su momento para encontrar el camino al cielo.
¡Edward despertó! Sé que muchas querían matarme, incluso algunas pensaron que lo mataría, pero yo me pregunto ¿Cómo matar a Edward? ¡No! eso jamás. Ahora está bien junto a su princesita *—*
El epilogo trataré de terminarlo antes de que termine Enero, ya que prácticamente en Febrero ni tocaré mi ciudad ni el netbook. Bueno hoy estoy en la playa de vacaciones y me tomé unos minutos para subir esto y espero que haya valido la pena.
¡Sus comentarios son mi pago, me hacen la escritora más feliz de la tierra!
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PD; Gracias a las personitas que me ayudaron por lo de los PLAGIOS ¬¬ Oh sí, Lecciones para enamorar fue convertido tres veces en todo lo que NO imaginaba, gracias a las lectoras que me apoyaron, ya sea denunciando, comentando o simplemente dándome animo. Realmente me sentí horrible y dejé de escribir por cuatro días. Lamento el retraso.
Atte; Las quiere mucho su amiga Anie.
