Este fanfic está protegido por Safecreative. No apoyes el plagio.

Los personajes le pertenecen a S.M. La historia es mía.

Epilogo.

Canciones del capítulo;

Arms - Christina Perri.

Que me quedes tu - Shakira.

Abro mis ojos cuando siento los primeros rayos de sol impactar contra mi rostro. Fruncí el ceño recordando, vagamente, que la noche anterior le dije Edward que cerrara las cortinas, estaba tan exhausta que no esperé a que lo hiciera, simplemente me rendí ante la almohada y, claramente, Edward había olvidado por completo cerrarlas.

Bostecé y traté de salirme de la cama, pero Edward estaba completamente aferrado a mí, con su pierna desnuda entre las mías, su brazo izquierdo sobre mi estomago, y su rostro escondido en mi pecho, como un pequeño bebe. No pude evitar derretirme al ver parte de su rostro completamente en paz, sus largas pestañas, podría contarlas una a una y me ocuparía, probablemente, toda la mañana. «¿Todos los hombres se verán así de hermosos mientras duermen?» Alcé mi mano libre y comencé acariciar su cabello cobrizo, en todos estos años se me pasó por la cabeza verlo con el cabello corto y aquello me daba una sensación algo amarga, solo había un gemelo que llevaba el cabello corto y ese era mi ángel, asi que agradecía profundamente que mi marido aun llevara su cabello largo, tal y como cuando lo conocí, además así me gusta más.

—Buenos días señora Masen. — musita sobre mi pecho y luego me siento apenada por despertarlo.

—Lo siento, no quería despertarte. — digo apenada. Sé que trabaja demasiado y anoche estábamos completamente agotados.

—Descuida es tiempo de alimentarme.

Sonreí por qué no cambiaba con el pasar de los años.

—Olvidaste cerrar las cortinas. — le regaño a la vez que tiro un poco de su cabello con mis dedos. Edward alza la vista hacia la ventana que está prácticamente a mi lado y me mira avergonzado.

—Lo olvidé — una sonrisa ladina florece en sus labios y no tardo en besarlo.

Sus labios se mueven en sincronía con los míos, su lengua sedosa explora mi boca con ímpetu provocando que mis extremidades se agarrotaran. Mis manos viajaron hacia su cabello, mientras sentía la pierna de Edward abriendo paso entre las mías quedando, finalmente, arriba de mí.

Mis manos acariciaron desde su espalda hasta su glorioso y redondo trasero, el cual apreté con mis uñas provocando que él gruñera en mi boca.

—Está ansiosa señora Masen. — musita sosteniendo su peso con sus brazos para no aplastarme.

—Ansiosa por usted, mi marido — Edward sonrió cuando le seguí el juego.

—¿Quieres estar arriba?

Negué rápidamente, quería que él tuviese el control está vez. Sabía que se preocupaba por nuestras pequeñitas de apenas cinco meses de gestación, pero extrañaba su cuerpo sobre el mío. Además sé que jamás podría dañar a nuestras dos pequeñas.

Edward comienza un exquisito camino de húmedos besos que van desde mi boca hasta el inicio de mis pechos, su cadera comienza a restregarse sobre mí, pidiendo a gritos más contacto intimo entre ambos.

Una de sus manos viaja por mi pierna y sube mi camisa de dormir, su mano asciende hacia mi cadera y gruñe nuevamente al notar que no llevo ropa interior. Sus dedos se van directamente a mi intimidad y la masajea lenta y tortuosamente, alcé mi cadera hacia él y con un movimiento rápido me quita la camisa de dormir dejándome completamente desnuda.

—Está usted hermosa, señora Masen.

Gemí cuando sus labios tomaron uno de mis pezones y tiró de él lentamente, enviando una electricidad directamente hacia mi intimidad, que necesitaba de él.

Era una completa tortura los movimientos de Edward sobre mi carne más sensible. Sus dedos se mueven de manera experta provocándome grititos de excitación. Su lengua juega con mi carne sensible y se me dificulta la respiración.

—Oh..., Por favor Edward.

Su lengua se detiene, al igual que sus dedos. Sus ojos me miran sin reparo y lo siento cada vez más excitado. Se queda ahí solo mirándome fijamente, mientras sostiene su peso con sus codos que están al lado de mi cabeza. Mis manos viajan desde su cabello hasta su trasero, donde colé mis manos dentro de bóxer, el cual comienzo a bajar lentamente y él me ayuda. Siento el calor de su cuerpo sobre el mío y es lo más maravilloso que he podido sentir, sentir que él está aquí conmigo, que me ama y que me desea.

Sin más, se introduce rápidamente en mí, siento cada centímetro de él en mi interior.

—¡Mierda! — dice y yo sonrió, es una sonrisa algo estúpida, mezclada con una mueca de placer.

Pensé que sus movimientos serían lentos y pausados, pero me equivoqué, sus movimientos son rápidos, casi urgente, pero sin provocarme daño. Esconde su rostro en el hueco de mi cuello y chupa el lóbulo de mi oreja y es en aquel momento donde comienzo a perder mis cinco sentidos, estoy tan excitada que siento que no duraré mucho más.

—Más..., Edward.

Ahora junta nuestras frentes y puedo ver claramente aquella vena en su frente que se hace notar, puedo saber que está al borde del clímax, con sus labios enrojecidos y mojados, con sus mejillas sonrojadas y frunciendo la nariz.

Sus estocadas son profundas y largas, y al cabo de unos segundos más tocamos el cielo juntos, tratando de no gritar demasiado. Nos quedamos ahí, él tumbado sobre mí tratando de regular su respiración. Edward sale de mí y me abraza fuertemente.

—¿No te hice daño princesa? — seguía llamándome de aquella manera y a mí me encantaba.

—No..., al contrario — dije picara inhalando el exquisito perfume de su cuello.

Edward se puso a la altura de mi vientre que comenzaba a crecer rápidamente, con dos pequeñas en mi interior.

—Hola mis bebes hermosas. — musita hablándole a mi estomago, justo donde se encuentra mi ombligo. Acaricié su cabello broncíneo y él me sonrió dulcemente antes de dejar un beso sobre mi vientre.

—Tenemos que levantarnos— digo estirando mis extremidades.

Edward hace un pucherito adorable y yo beso sus labios.

—Vamos, señor perezoso.

Nos levantamos y yo me pongo un albornoz de seda para bajar a la cocina a preparar el desayuno, y mi marido se pierde en los pasillos de nuestra casa.

Hice unos huevos revueltos, tostadas, un poco de jugo natural para mí y Edward, también una pequeña tacita de leche para mi bebe.

—¡Mami! — David viene en brazos de Edward, se remueve inquieto hasta que Edward lo deja en el suelo y mi bebe corre hacia mí con sus bracitos abiertos para abrazarme las caderas.

—Hola bebe. — me pongo a su altura y abrazo fuertemente.

—Mami, papá me despertó. — talló sus ojitos y su ceño se frunció adorablemente.

«Digno hijo de Edward», pensé.

Edward ríe detrás de él y toma a nuestro hijo en brazos para hacerle cosquillas en la pancita, lo que provoca risitas en David, lo sienta a nuestro lado y comienza a tomar su tacita de leche.

—Con cuidado bebe.

David había llegado a nuestra vida hace ya cuatro años. Fue una sorpresa enorme, ya que no lo esperábamos por nada del mundo. Tuve miedo..., demasiado miedo de no ser una buena madre, pero cuando lo tuve en mis bracitos, sintiendo su calor en mi pecho, fue todo lo que necesité para saber que por él daría hasta mi vida si fuese necesario.

David tomó su leche en su tacita rápidamente, la dejó en la mesa y comenzó a comer huevo.

—Come más lento bebe— dije tratando de controlar su energía. Él asintió y al cabo de unos minutos todos habíamos terminado con nuestro desayuno. David se bajó de la silla con algo de dificultad.

—¿A dónde vas? — Le preguntó Edward sonriendo, ya que sabía perfectamente lo que hacía David luego de comer.

—A lavarme los dientes papi. — puso los ojos en blanco y quise reír al verlo tan impaciente. —¿Podemos ver caricaturas? — sus ojitos marrones nos miraron expectantes e impacientes.

—Claro. Papi te acompaña a lavarte los dientes, mientras mamá lava todo este desastre.

David saltó y corrió hacia el baño seguido por Edward.

La mañana pasó rápidamente, nos sentamos con David para ver sus famosas caricaturas y reí al ver a Edward entonando las fastidiosas canciones de la doctora juguete. Cuando llegó la hora, bañé a David y le puse su ropita mientras Edward se bañaba y así poder hacerse cargo de él cuando yo me fuese a bañar.

Me miré en el espejo de cuerpo completo del cuarto de baño, a mi mente llegaron los recuerdos de la primera noche que dormí aquí, en casa de Edward, ahora nuestra casa. Mis piernas flacuchas habían desaparecido, para dar paso a piernas algo más formadas. Mi barriga es evidente y sonrío al saber que dos pequeñas se encuentran en mi interior. Mi cabello marrón me llega hasta la altura de mi espalda.

Me meto a la ducha y a los quince minutos estoy lista. Hoy me visto con un vestido color gris que se ajusta perfectamente a mi pancita, tiene un pequeño escote en V en el busto y me queda hasta la altura de las rodillas.

Cuando todos estuvimos listos, Edward puso a David en su sillita en el Volvo y todos salimos rumbo a la casa de Elizabeth.

—No puedo creer que mis niñas cumplan catorce años. — digo y estoy al borde de las lágrimas. Sí..., demasiado sensible.

—Las conociste tan pequeñas — Edward acaricia mi muslo y lo miro de soslayo, está sonriendo, porque sabe que las embarazadas sentimos todo a flor de piel.

—No me extrañaría que ambas tuvieran novio. — dije sonriendo. Edward frunció el ceño y negó rápidamente con la cabeza.

—¿Qué es novio, mami? — preguntó mi pequeño poniendo atención a nuestra conversación. Pensé que iba jugando con su dinosaurio de goma.

—Novio es..., cuando dos personas se quieren mucho, se toman de la mano y...,

—¿Y se besan? — pregunta. Me volteo un poco para mirarlo y él solo sonríe abiertamente mostrando sus dientecitos blancos. Tiene la misma sonrisa de Edward—, Asi como tú y papi. —afirma.

—Sí, algo así.

Aquella respuesta le satisface por el momento. Nos quedamos unos minutos en silencio cuando David vuelve abrir la boca.

—Yo tengo novia. —Afirma convencido.

Abrí mis ojos y creo que sentí como el alma se me fue del cuerpo ¿Novia? ¡Pero si es un bebe, mi bebe! y tiene cuatro años. Fruncí el ceño y sé que esto es demasiado infantil, ya que mi marido esta sonriendo a mi lado, disfrutando de lo lindo. Ya quería verlo yo cuando nuestras nenas tuviesen la edad para tener novio, estoy segura que sufrirá demasiado.

—¿Enserio? ¿Cómo se llama? — pregunta mi marido. Yo estoy demasiado impresionada para decir algo. Sabía que este día llegaría, pero no esperaba que fuese tan pronto ¿Quién se puede resistir a un rostro de bebe? Con ojos marrones y cabello broncíneo, y completamente rebelde.

—Sophie — Responde seguro—. Va al jardín conmigo.

Lo supuse. Sabía que dejarlo entrar al jardín a los cuatro años era una completa locura, pero Edward insistió que nada malo pasaría, al contrario, él tendría amiguitos, pero en ningún momento mencionó una novia.

Creo que hasta mis nenas se molestaron por aquella personita intrusa que robó el corazón de mi bebe, ya que se removieron en mi vientre inquietas.

—¿Vamos donde abue? — Siempre he admirado a los niños por cambiar rápidamente de tema.

—Sí, las nenas están de cumpleaños.

—¿Habrá pastel? — puse los ojos en blanco y Edward volvió a reír.

«Oh sí. Una copia exacta de Edward»

—Sí, exquisito pastel de chocolate hijo.

—¡Qué rico! — David aplaudió con sus manitas y luego volvió a jugar con su dinosaurio.

La entrada a la casa de Elizabeth estaba decorada de globos de distintos colores, se escuchaba buena música desde aquí. David cogió la manito mía y de Edward, y comenzó a saltar hasta llegar a la puerta, donde tocó el timbre impacientemente.

Hace más de un año Elizabeth se vino a vivir a Nueva York, las niñas entrarían a la secundaria este año y ambas estaban muy nerviosas. Compraron una casita no muy lejos de la nuestra, asi que nos visitábamos constantemente.

Elizabeth nos recibió, tomó entre sus brazos a su nieto y nos abrazó fuertemente a mí y a Edward invitándonos a entrar.

—Veo mucho adolescente por aquí. — Frunce el ceño como un padre sobreprotector. Se ve adorable y enfurruñado.

Caminamos hacia el jardín, donde varios jóvenes se bañaban en la piscina, pero no vi a ninguna de las gemelas.

David fue a saludar a Eric y a Edward padre..., porque sí. El accidente de Edward unió a su madre y a su padre, y ahora, junto a Eric mantenían una linda amistad.

Saludé a todos los invitados y quedé agotada.

—¿Hija, deseas algo? — Elizabeth acarició mi pancita y negué.

—Estoy bien.

—¿Dónde están Alicia y Katie? — pregunté

Elizabeth negó con la cabeza viéndose impaciente.

—Adentro eligiendo un Bikini, llevan ahí como veinte minutos.

Sonreí al imaginarlas, seguramente, discutiendo.

—Iré a verlas.

Caminé hacia el interior de la casa y subí las escaleras. Escuché reclamos desde el pasillo y puse mis ojos en blanco al escuchar a las dos hermanas discutiendo. Golpee la puerta que daba hacia su habitación y Alicia la abrió con un mueca de disgusto, que se borró cuando me vio.

—¡Bella!

Me abrazó fuertemente y yo la envolví en los míos, acariciando su largo cabello anaranjado. Sentí que otros bracitos me envolvían y Kate me sonrió ampliamente mientras yo, como pude, las abrazaba a ambas.

—¡Feliz cumpleaños preciosas!

Ellas me agradecieron y ambas posaron sus manos en mi estomago, donde mis niñas descansaban.

—Las están esperando abajo ¿Qué discusión tenían aquí?

Alicia puso sus ojos azules en blanco y cogió un bikini azul que estaba tirado en el piso. La habitación era un desastre.

—Alicia esta jodiendo sobre un bikini azul. No encuentra la parte de abajo y cree que yo se lo tomé.

—Sé que lo hiciste Kate, siempre ocupas mis cosas.

Me senté en el borde de la cama y miré el desastre que tenía en mis pies.

—Alicia tienes muchos más ¿Por qué ese?

Alicia se sonrojó furiosamente y yo me quedé aun más confundida, pero Kate se encargó de decirme el porqué.

—Viene un chico y dice que adora verla vestida de azul, por que combina con sus ojos. Demasiado cursi.

Reí.

Alicia cogió un cojín del suelo y se lo lanzó a su hermana, pero una sonrisa algo boba la delataba.

—¡Oye! Bella es de confianza, sabemos que no le dirá a Thomas ni a papá. — comentó Kate poniéndose un vestido de color blanco. Ella estaba en un bikini floreado, bastante bonito.

—Yo no diré nada.

Buscamos por toda la habitación la parte inferior del famoso bikini azul, y lo encontramos en un cajón al final de toda la ropa interior.

—Lo siento hermanita.

Se disculpó con Katie y entró al baño para terminar de vestirse. Una vez que estuvieron listas, bajamos hacia el primer piso y caminamos hacia el jardín, donde se encontraban todos los invitados junto con la familia. Me encontré a Edward sentado en una banca, con David en sus piernas, ambos tomando bebida y comiendo alguna porquería. Caminé hacia ellos y me senté al lado de mis hombres.

—Mami ¿La abuelita Renée cuando vuelve? — preguntó pasándome su vaso vacio.

—Creo que esta semana ¿Porqué?

Edward me miraba intensamente, sabiendo todo lo que yo estaba pensando en este momento.

La relación con mi madre era solamente de cordialidad. Creo que jamás podré perdonarla por todos los años de soledad, por todo lo que sucedió. Sé que han pasado años, pero soy un ser humano como cualquier otro, simplemente no puedo olvidar todo lo que viví. Cuando me casé con Edward la invité a la ceremonia, pero ella no apareció, una pequeña parte de mí quería que ella estuviera ahí, pero no estaba. Apareció años después cuando me enteré que estaba embarazada, fue a la clínica donde estuve internada y ella apareció ahí para conocer a su primer nieto.

«Tiene tus ojos.» Murmuró mirando al pequeño bultito entre mis brazos.

Desde aquel momento ella siempre visitaba a David, creo que en parte vive con él todo lo que no vivió conmigo. Jamás he pensado negarle la posibilidad a mi hijo de tener una abuela, es la única familia que tiene de mi parte y mientras ella sepa comportarse con mi bebe, todo estaría bien. Renée es una mujer de edad, donde solo le queda su marido y sus riquezas, estaba encantada con tener un niño en su vida, ya que Alice había conocido a un hombre varios años mayor que ella, se había casado y mudado hacia algún lugar del mundo.

—Extraño ir a su casa.

Mi niño frunció el ceño y suspiró profundamente, lo que nos hizo sonreír. Se bajó de las piernas de Edward y corrió hacia su abuela Elizabeth.

—¿Te meterás a la piscina? — preguntó Edward acomodando mi cabello hacia mi hombro derecho. Le miré como si estuviese completamente loco.

—Creo que hay solo niños de trece y catorce años. No quiero mostrar mis arrugas.

Edward sonrió con aquella sonrisa que derretía mi corazón. Besó mi piel expuesta de mi cuello y susurró cerca de mi oído provocándome un escalofrío.

—Eres la mujer más hermosa que pisa el planeta.

Le saqué la lengua y besé tiernamente su mejilla. Adoraba todo el amor que él me entregaba con pequeños gestos de amor. Su brazo me rodeó los hombros y me acercó a él. Besó suavemente mis labios, cuando sentimos una voz bastante familiar.

—¡Mami y papi son novios!

Y la audiencia soltó risitas por las palabras de nuestro hijo.

La tarde pasó sin mayores problemas. David corrió, prácticamente, toda la tarde, jugó y fue mimado por las gemelas, asi como también por Eric, Edward padre y Elizabeth. Yo estuve sentada mirando como los jóvenes se divertían, escuchaban música, bailaban y coqueteaban. Es increíble como yo a los catorce años, estuve sentenciada por un tipo de don, el cual no quería en lo absoluto. A los catorce años solía estar encerrada en mi habitación, quizás leía un poco, pero no mucho. Me dedicaba a estudiar, me dedicaba a tapar mis oídos para no escuchar a mis padres discutir. Sonreí al saber que todos aquellos recuerdos eran parte de mi pasado, gracias hacia un ángel que me cuida siempre, a mí y a mi familia.

A eso de las once de la noche algunos jóvenes comenzaron a irse. La familia estábamos en el interior de la casa comiendo un trozo de torta. David dormía profundamente en los brazos de Edward y supe que era la hora de irnos a descansar.

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—¡David detente! — grité cual madre histérica —. Sabes que no debes alejarte demasiado.

Le regañé, frunzo el ceño y camino hacia nosotros, alzó su manito y cogió la de Edward.

—Está comenzando hacer frío—La mano de Edward envolvió la mía, entrelazando nuestros dedos. Miré a Edward y sonreí— Deberíamos ir a una cafetería, podríamos ir a ver a Esme.

Esme, mi ex jefa, ahora mi amiga. Ella es como una madre para mí, aunque sé que en su momento fue bastante estricta. Una vez que la llegabas a conocer era un verdadero encanto.

—Podríamos pasar devuelta.

—Y comer pasteles — dijo mi marido una vez que nos adentramos al cementerio de mármol.

—¡Sí! ¡Pasteles ricos! — David soltó nuevamente la mano de Edward y corrió por el lugar. Estaba un poco acostumbrada aquella reacción de su parte, siempre se soltaba de la mano al llegar aquí y corría hacia donde descansaba aquella personita que ocupa, hasta el día de hoy, parte de mi corazón.

Esta vez me tardé un poco en llegar, mis nenas estaban más grandes en mi interior, bordeando los ocho meses. Estábamos en otoño, y aunque el sol brillaba intensamente comenzaba hacer frío.

Al llegar sonreí al ver la foto de Anthony, apoyada en su tumba. Sé que no lo he visto hace ya seis años, pero ahora se ve más joven que Edward. Mordí mi labio inferior tratando de soltar mis lágrimas. Sabía que esta sería la última vez que viniera embarazada, pues luego vendría con mis niñas para que él las conociera al igual como lo hice con David.

—Hola tío Anthony. — murmuró mi pequeño saltando alrededor. Edward sonrió y tomó mi mano. Sabe que en algún momento, en algún lugar conocí a su hermano y que lo quise demasiado. Le ahorré detalles en las circunstancias en las cuales lo conocí, o de mi don, por llamarlo de alguna forma. Es curioso que a los pocos días que él se fue, justo en este lugar, yo jamás volví a sentir frío, jamás volví a sentir o ver espectros que no deseaba ver. Es como si él se hubiese llevado aquel don con él, para verme completamente feliz, al fin y al cabo eso era lo que él siempre quiso. No tenía por qué darse la molestia de desear aquello, yo era una desconocida por la cual no tenía que interesarse, pero lo hizo y siempre voy a estar en deuda con él por eso. Gracias a eso hoy tengo una maravillosa familia.

Cogí el pequeño ramito de rosas blancas y lo acomodé junto a su nombre. Acaricié la lapida y sonreí.

—Papi ¡Quiero ir al baño!

Sonreí al escuchar a mi bebe completamente desesperado. Edward lo cogió de su manito y ambos corrieron hacia los baños del cementerio. Solo espero que David llegué a tiempo.

—Está comenzando hacer frío. — musito a la lapida de mi ángel—. Espero que estés bien abrigado. Traje algo para ti.

De mi cartera cogí el pequeño Mickey que él solía acariciar mucho y tirarlo en algún lugar de mi antiguo departamento. Sabía que en este momento me estaría sonriendo, incluso tratando de no romper a carcajadas, pero dejó de ser mío hace mucho tiempo. David solía jugar con él y maltratarlo mucho, sabía que estaría mejor aquí, con él.

—Espero que no te rías, pero es tuyo. — dije ubicándolo atrás de su foto.

Mis nenas se movieron inquietas en mi interior y las calmé acariciando mi pancita.

—Traeré a las niñas cuando nazcan, pero habrá que esperar a que pasen un poquito los fríos— prometí.

En aquel momento Edward traía a David sobre sus hombros. Ambos sonreían y no pude más que devolverles la sonrisa a mis hombres.

—¡Mami queremos pastel! — gritó mi bebe. Sus piernecitas descansaban en cada hombro de mi marido y se afirmaba de su cabello.

—¿De chocolate? — pregunté frotándome la barriga.

—¡Sí!

—Queremos, también, un chocolate caliente — murmuró Edward acercándose a mí y besando mis labios suavemente.

Puaj — mi hijo hizo una mueca de asco.

—¿Y tu novia Sophie? Ustedes también se besan. — murmuré indignada.

—Ya no.

Miré a Edward y supe que tenía unas ganas enormes de reír, pero no lo hizo.

—Ya no somos novios — frunció el ceño.

—No importa bebe. Eres guapo y tendrás una novia hermosa cuando seas grande.

David se sonrojó levemente.

—¿Vamos, princesa?

Asentí a mi marido. Edward sonrió al ver a mi Mickey en la lapida de su hermano. Sabía que para él era diferente estar aquí. Los padres de ambos se habían divorciado en malos términos cuando tenían seis años, de ahí jamás volvieron a verse.

—Vamos por ese chocolate caliente. — Mi hijo aplaudió emocionado por la idea.

—Adiós tío Anthony — se despidió mi bebe lanzando un beso. Edward sonrió y también se despidió, susurrando algo que no pude identificar.

—Adiós ángel, nos vemos pronto.

Sonreí y me voltee para ir con mis hombres. Edward abrazó mi cintura y David aun sentado sobre los hombros de mi marido. Comenzamos a caminar rumbo a la salida lentamente, gracias a mí y a mis nenas..., cada día me demoraba un poquito más.

Ahora, después de tanto tiempo puedo decir que me siento rodeada por gente que me ama. Como todo el mundo pasé por momentos felices y otros no tanto. El suicidio de mi padre, la separación de mi madre, su frialdad, su perfecta vida lejos de mí, Alice y su hipocresía, y yo..., yo con aquella sensación de vacío, de abandono que, pensé, jamás poder recuperarme.

Llegó un ángel a mi vida cuando más lo necesitaba, a sonreírme, a cuidarme. Aquel ángel que sé que hasta el día de hoy vela por mí, esté donde esté. Espero volver a verlo algún día, como él prometió, con aquella sonrisa tan hermosa, con su alegría contagiosa, con su cabello corto, esperándome. Él, sin duda, dejó lo más preciado para mí, jamás pensé que me sentiría así de dichosa, jamás pensé en formar una familia junto a un maravilloso hombre, mi Edward Thomas. Cada día que pasa estoy más convencida que sin él no podría vivir, junto con tres pedacitos de nosotros creciendo, llenándonos de vida cada día ¿Qué más puedo pedirle a la vida?

En aquel momento sentí una brisa envolverme, pero no era una brisa fría típica de otoño, era una brisa cálida que me abrazó fuertemente y supe inmediatamente que él estaba aquí, conmigo, con mi familia..., para siempre, mi ángel guardián.

FIN

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Hola, aquí estoy yo con lágrimas en los ojos jaja. Hace exactamente un año que vino esta idea a mi mente, cuando estaba de vacaciones en la playa. En aquel momento me pareció casi ridículo crear esta historia, pues jamás había escrito algo sobrenatural o una Bella demasiado solitaria. Fue un desafío y traté de hacerlo mejor lo posible.

Extrañaré tanto a nuestro ángel y a Edward, eran todo un caso. Espero de todo corazón que les haya gustado el fanfic.

Aww como estuve de cumpleaños hace varios días (25 Enero), que mejor regalo que los últimos comentarios de ustedes para nuestro ángel. Sus comentarios son mi único pago y me hacen feliz.

Bueno, no crean que aquí acabo mi era de fanfic, al contrario, pero necesito "descansar" mentalmente. He escrito por más de cuatro años y necesito descansar un poco, leer y distraerme. Además no quise subir mi próximo proyecto, ya que hoy me voy de vacaciones y andaré perdida hasta Marzo. Gracias por la comprensión y cuando me decida a subir de nuevo lo publicaré en mi grupo de facebook (Link en mi perfil de fanfiction), al cual las invito a unirse, es gratis jaja y no cuesta demasiado.

Gracias por haber esperado pacientemente cada capítulo. Sé que aveces demoré mas de lo necesario, pero no siempre se esta del todo bien de animo. Además de diciembre estoy de vacaciones y bueno, no siempre estuve en mi ciudad o con ganas de prender el netbook.

Gracias por cada comentario de ustedes, sé que a muchas les cree una confusión enorme al comienzo ajaj no sabían si amar a Edward o a Anthony jaja yo en lo personal amo a los dos *-* Entre ambos hicieron a nuestra Bella feliz.

Muchas gracias por el apoyo, como siempre, que ustedes me han dado a lo largo de los años.

Gracias infinitas.

Gracias también a Sol y a Vicko por betear algunos de mis capítulos. VickoteamEC GRACIAS infinitas por hacer las más lindas portadas para nuestro ángel. Son realmente hermosas y siempre te lo he dicho 3

Les mando un abrazo enorme a cada una de ustedes. Las quiero mucho y las veré pronto.

Atte; Ani de Talca-Chile.