Declarativa: SMeyer es dueña de los personajes, DH78 escribió la historia y yo sólo traduzco.
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Para cuando Edward pasa por mí esa tarde, mi mente ha procesado la palabra A y cómo ésta sonaría si la dijera en voz alta. Incluso miro mi reflejo en el espejo mientras aplico algo de brillo en mis labios, reuniendo el coraje para decirla. Me quedé ahí de pie durante unos buenos diez minutos.
Nada salió de mí.
No es que yo no lo sintiera. No sé cuando pasó, pero ahora pudo admitir libremente mis sentimientos…
Por lo menos a mí misma.
Admitírselo a Edward es una historia completamente diferente.
Miro su perfil mientras él conduce expertamente por las calles. Me envió un mensaje de texto justo antes de salir del trabajo, diciéndome que había cambiado de parecer y que me recogería en su auto. Así que aquí estamos, sus habituales ojos verdes oscuros con el paso ocasional de los faroles de las calles se tornan cristalinos como esmeraldas. Su mandíbula es segura y fuerte. La tinta en su antebrazo y muñeca me hacen retorcerme en mi asiento. Estoy segura que tomarlo en mi boca sería mal visto de momento. Suena bien en teoría, pero estoy segura que ninguno de los dos desea morir.
¿Cómo me conseguí a este chico? Aún no lo sé. No me llegó el memo.
Cuando se gira ligeramente y me atrapa mirándolo antes de regresar sus ojos al camino, sus labios forman una sonrisa astuta mientras su mano busca la mía sobre mi regazo, llevándola a su boca donde siento la gentileza de su beso. Me hace derretirme cada vez que lo hace.
"Aún no vas a decirme a dónde vamos, ¿no es así?" Finjo estar molesta.
Deja descansar nuestras manos entrelazadas en el centro de la consola, con una sonrisa pícara.
"Ni de broma," responde, negando con la cabeza, aún sonriendo.
Maldición.
Diez minutos después paramos enfrente de un edificio abandonado en una parte de la ciudad que se está transformando de punto de reunión para los traficantes de drogas a un cielo para la juventud y lo artístico. Estoy verdaderamente confundida.
Edward sale del auto y abre mi puerta, extendiendo su mano. La miro y después a él.
"¿Dónde estamos? ¿Por qué aquí?" Cautelosamente tomo su mano antes de que me guie fuera del auto y hacia su brazos. Se ríe ante mi confusión.
"Tan sólo confía en mí, ¿quieres?" Dice mientras me besa ligeramente y me hala para permanecer de pie frente a la fachada del edificio.
"Este bien. Una vez más, ¿por qué estamos aquí? ¿Acaso hay algún restaurante clandestino de moda en el sótano? ¿Vamos a comer erizos y pirañas ligeramente crocantes?"
Edward se posa detrás de mí, envolviendo sus brazos alrededor de mí y besando ese pequeño punto entre mi cuello y mi hombro, que me hace desear desnudarme y hacer cosas sucias justo aquí.
"Quería tu opinión."
"¿Acerca de qué?"
"De este edificio."
"¿Qué hay con él?"
"Lo compré."
"¿Tú qué? ¿Po- por qué?"
"Tengo planes. Oficinas arriba, pequeñas tiendas abajo. Tal vez una galería, o-"
"¿O qué?" Le interrumpo. Lo siento dar un profundo respiro sobre mi piel, casi como si estuviese acumulando fuerza de ello.
"Hay espacio para algunas cosas, pero estaba pensando, si tú querías… es decir, si alguna vez lo necesitas…"
Me giro entre sus brazos y lo encaro, cuestionándolo. Su rostro muestra incertidumbre, esperanza oculta.
Y entonces lo entiendo.
"Muéstrame," le pido y lo veo exhalar aliviado. Sonríe de nuevo y me lleva hacia la entrada de un pequeño escaparate. Camino hacia el oscuro espacio abierto, columnas industriales dividiéndolo sin cerrarlo. Abierto, marcos desde el piso hasta el techo donde alguna vez estuvieron ventanas indicando que entraba bastante luz natural cuando el lugar estaba vivo.
Sus manos aprietan las mías mientras nos adentramos más y casi puedo sentir la energía de lo que esto puede llegar a ser. Las voces de personas y el familiar murmullo de actividad, música y sonidos resonantes.
Cuando miro a Edward una vez más, él me mira como si le fuese a gritar o herir, con la cola entre las patas si es que tuviera una. La idea de que él pudiera estar temeroso de mí me hace sonreír, lo que le hace preocuparse aún más cuando se da cuenta de ello.
"Mira, sé que no debí hacerlo, pero en verdad, el edificio es un muy buen inmobiliario, e incluso si decides no usar este espacio, es una buena inversión para mí. Proyecciones demuestran que la población en el área se duplicará en cinco años. Todos estos profesionistas jóvenes y solteros mezclándose con los artistas y músicos jóvenes. Si crees que no quieres el lugar, puedo rentarlo para una galería, o una boutique vintage o-"
Lo interrumpo con un beso mordaz, uno del cual me aseguro nunca olvidará.
"¿Compraste el edificio entero con la idea de que tal vez yo quisiera abrir mi estudio aquí?"
El rubor en sus mejillas es casi cómico considerando cuán alto, tatuado y musculoso es, pero ahí está él, sonrojándose cual colegiala. Lo amo.
"Te amo."
Ahí está. Lo dije. Sobre sus labios. Ardiente sobre su boca.
Deja salir exhalaciones fuertemente, sorprendido tal vez. Francamente, yo misma estoy sorprendida.
Se aleja ligeramente de mí para observarme, su mirada yendo de un ojo al otro. Está buscando una pizca de broma.
"No juegues conmigo, mujer," gruñe contra mis labios. El sonido de su voz afectándome abajo, más abajo.
"¿Pareciera que estoy jugando?" le pregunto retándolo, enredando mis manos en su cabello. Sus brazos se envuelven fuertemente alrededor de mí, levantándome unos centímetros sobre el suelo hasta que quedamos cara a cara. Su mirada es inquebrantable e innegablemente sexy.
"Bella Swan, te amo más de lo que jamás imaginé ser capaz de amar a alguien en mi vida." Me besa gentilmente pero es aparente que ambos deseamos más y él intensifica su conexión, buscando, urgiendo. Lo deseo. Verdaderamente. Siempre.
"Así que, ¿lo aceptarás? ¿El espacio?" Murmura contra la sensitiva piel debajo de mi oído y tiemblo por el contacto, las vibraciones de su voz, sus palabras. Sus palabras…
"No. No lo aceptaré," susurro y él se paraliza. Sonrío, agradecida de que él no pueda verme. Pero entonces él continua y estoy sorprendida de que no me este contradiciendo en esto. Todavía.
"Está bien. Esperaba que dijeras que no. Tenía la esperanza de que aceptaras, pero lo entiendo." Sus manos se extienden sobre mi espalda, moviéndose afectivamente de arriba abajo hasta descansar en mi nuca. Se aleja y sus ojos son desquiciantemente verdes y claros, haciendo eco a lo que está sintiendo. Una ventana a su alma y todo eso. Momentáneamente me distrae.
"No estoy diciendo que nunca lo aceptaré. Aún no estoy lista. Pero tan pronto como tenga un buen concepto en marcha, y un poco más de efectivo disponible, aceptaré totalmente tu oferta."
Edward sonríe tan brillantemente, como un niño en Navidad. Hace que mi corazón se acelere.
"Yo lo arreglaré. Readaptaré todo para ti. Cuando estés lista, házmelo saber."
Asiento porque no tengo palabras para expresar cuánto amo a este hombre, y cuánto él cree en mí.
Esa noche, hacemos el amor lentamente, sin despegar la mirada uno del otro hasta que uno y luego el otro no puede evitar cerrar los ojos debido al abrumador éxtasis que conlleva estar con alguien que te completa. Mis manos trazan cada línea de sus tatuajes, observando como los valores de color cambian cuando presiono mis dedos sobre éstos. Él hace lo mismo con el cisne blanco en mi torso, como si estuviese imprimiendo su marca con eso. Soy su cisne.
Nuestros colores mezclándose con los del otro hasta que nos convertimos en delineado de una imagen de amor y pasión.
Algo me dice que esto siempre será así.
Siempre.
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N/T Sólo falta traducir el epílogo y termino con esta historia. Nos leemos pronto.
