HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA !

Muy buenos días, Tardes, Noches de Madrugada y lo que sea...!

Les traigo el siguiente Capitulo, eh estado MUY INSPIRADA estos últimos días así que he aquí la Actualización, Ay, cómo me gustaría adelantarles tantas cosas ¡PERO NO PUEDO! pero bueno, en este Capitulo aparecera un "Nuevo personaje" bueno... no es mío pero su aparición es muy importante... Por cierto... EL CAPITULO 6 CONTIENE LEMMON así que vayanse preparando esas menores de edad o esas personas no aptas para ese tipo de Lectura... Saludos y muchas Gracias...

P.D. - La muerte se acerca... el Fic no será Muy largo, si a caso 10 Cápitulos o poco más... XD


Susan-Black7 Ja ja ja ja ja Bueno Linda, aquí te dejo el Cápitulo para que Sigas leyendo, es un gusto enorme que te guste... Saludos.

Orora97 Dejame decirte que "MIONE" es el lado amoroso de Hermione, es lo que la Domina Mortis busca asesinar con desespere, Por otro Lado, ya sé que el Hombre Lobo es aterradoramente Feo... pero yo haré que te paresca lo contrario XD Saludos ja ja ja ja espero leer tus comentarios eh... :)

Mareliz Luna Si, en realidad poco a poco iré revelando que fue lo que volvió a Ginevra Weasley una Traidora y él por qué lo hizo, la razón está al principio del Fic, pero dudo mucho que alguien tenga una ligera idea, aunque con lo dicho supongo que las haré pensar... Saludos y Gracias por tu Review.


DOMINAMORTIS

5

"Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes"

(Khalil Gibran)

La noche y su frío aroma cubrieron el cuerpo inconsciente de Hermione, la joven de rizos castaños se encontraba sobre la enorme cama, con sus cabellos regados por la blanca almohada, oculta bajo el cuidado del mundo de los sueños, Hermione Granger comenzó a soñar…

"…Estaba encadenada, con sus piernas colgando, rodeada de pura oscuridad con aroma a humedad, temblaba, mucho, y sentía su cuerpo convulsionándose y sentía mucho miedo, Hermione levantó la mirada y lo primero que logró vislumbrar fueron las rendijas de la puerta lo cual era el único medio por el cual se colaba la Luz, sintió aún más temor al ver una sombra detenerse frente a la puerta, podía verlo a través del espacio de los barrotes de la rendija, y la llave giro, chirriando el metal, y empuñó las manos al ver como la puerta se abría lentamente, dejando entrar a un hombre alto, de oscuro cabello largo, su rostro cubierto por una espesa barba oscura, pero lo que más impactó a Hermione fueron sus ojos, aquellos preciosos ojos a los que tanto temía…

- Sangre sucia…- saludó el hombre mientras sonreía abiertamente.

- No… no… ¡NOOOOOOOOOOOOOOO! – gritó Hermione mientras le veía acercarse, se sacudió y pataleó para defenderse, para detener su avance e impedir que continuara acercándose a ella tan rápidamente, pero sus movimientos se vieron detenidos, Hermione abrió los ojos de par en par, el rostro de su captor estaba a escasos centímetros de ella.

- Sangre sucia… jamás saldrás de aquí con vida…- le susurró al costado mientras pasaba su áspera lengua por su mejilla.

- ¡DETENTEEEE! – gritó la joven mientras seguía luchando, la carcajada burlesca de Tom Riddle fue lo último que escuchó antes de ser despertada por unas sacudidas…"

- ¡Granger, maldita sea, despierta, es un sueño joder, solo un sueño! – le gritaba Draco mientras la tomaba de los hombros e intentaba sentarla, la sacudió varias veces para que despertara, la joven estaba con el rostro bañado en lágrimas, cuando por fin hubo abierto los ojos, se percató de lo que sucedía.

- Draco…- susurró su nombre como si hubiera esperado a que llegara a salvarla, la castaña se echó encima del rubio para abrazarle y continuó llorando.

- Sólo fue un sueño, un sueño…- le decía él intentando consolarla, el joven rodeo su espalda con la mano y comenzó a acariciarle la espalda, arriba hacia abajo con movimientos perezosos, la joven se tranquilizó casi de inmediato.

- Una pesadilla Malfoy… una pesadilla de algo que realmente sucedió.- dijo ella casi en un susurro, el rubio cerró los ojos.

- Lo sé… lo sé.- fue lo único que dijo el joven mientras ella se separaba.

- ¿Qué haces aquí además de callar mis gritos, Malfoy? Deberías estar durmiendo.- dijo ella mientras se apartaba el cabello de la cara, Draco sonrío de medio lado.

- Acabábamos de llegar, pero Potter y Weasley se encuentran hablando con… sus yo de este presente.- contestó el joven, Hermione levantó la mirada hacia el muchacho.

- Ya han llegado…- susurró ella mientras se ponía de pie, iba a ir a verles, quería conocer a Ron y a Harry del futuro, pero no hubo dado ni un paso cuando la puerta ya abierta a causa de las prisas de Draco, se vio de nuevo golpeada por la mano de Ronald Weasley, Hermione le vio perpleja, mientras que los azules ojos de aquel pelirrojo la veían de pies a cabeza.

- Hermione… Hermione… ¡HARRY, ES NUESTRA HERMIONE! – gritó un sorprendido Ronald que se había lanzado contra la castaña, envolviéndola con sus fuerte brazos, Hermione no podía ver absolutamente nada, pero escuchó pasos veloces que se acercaban, ese debía ser Harry; las luces se encendieron y fue en ese momento cuando la castaña, apartándose de Ron, pudo verle claramente.

Hermione abrió los ojos realmente sorprendida, levantó la mano para acariciar el rostro del pelirrojo, se estremeció al sentir la apenas notable barba rojiza que comenzaba a cubrir la barbilla del muchacho, tenía el cabello más largo de lo que normalmente Molly Weasley le hubiera permitido tener y estaba enorme, más alto de lo que ella… bueno, era extraño, pero el Ron que ella conocía era por lo menos quince centímetros más bajo que ese pelirrojo que tenía en frente.

- En realidad… eres tú.- dijo la castaña mientras sonreía.

- ¡por supuesto que soy yo Mione! ¡¿a quién más esperabas?! – gritó el muchacho mientras volvía a abrazarla y la levantaba en brazos.

- ¡Ron, bájame ya! – gritó la joven mientras sentía como le daban vueltas.

- Ya para Ron, le vas a marear.- se escuchó la ronca voz, Hermione fue bajada al suelo y mientras giraba, se encontró con un par de ojos verdes.

- ¡Merlín Bendito! ¡¿Harry?! – preguntó la joven sorprendiéndose aún más al ver a Harry Potter con medio rostro cubierto por barba, su cabello castaño seguía estando corto y ya no llevaba gafas.

- Hermione… el sorprendido soy yo, no tú…- dijo el muchacho mientras se acercaba y posaba sus manos en sus hombros, Draco les miraba, se sintió fuera de lugar pero sonrío al ver a cara rajada acariciar el rostro de Hermione.

- Y acabas de despertar de una pesadilla Granger… me alegro que estés bien.- comentó el rubio interrumpiendo.

- ¿Pesadillas…y quien eres…? ¡Oh, él Hurón! ¡Mira Harry, ES Malfoy con veinte Kilos menos de cabello blanco! – gritó Ronald tras soltar una escandalosa carcajada.

- ¡Eh Malfoy, cuando no parecías muñeca de…! – pero Harry Potter se interrumpió al sentir la punta de una varita en su nuca.

- No me causa gracia que se metan con mi cabello ¿lo saben, verdad, comadreja…cara rajada? – la ruda voz de Malfoy les sacó un buen susto a aquel par, Draco soltó un suspiro, la verdad es que odiaba verse así mismo con el cabello tan largo, se veía tan… tan… Lucius.

- Ya basta chicos… Por dios… ¿Dónde están mi Harry y mi Ron? – preguntó la castaña.

- Cara rajadita y la comadrejita están asaltando la cocina, Granger.- contestó Malfoy, Hermione levantó la ceja.

- Malfoy no te pases…- amenazó Ron.

- Ya basta ¡Pero parece que nunca van a cambiar ustedes tres! – exclamó la muchacha mientras se llevaba las manos a la cadera.

- Vamos Hermione… extrañaba yo esas peleas, después de…tanto tiempo sin encontrarnos los cuatro en una misma habitación.- comentó Harry mientras la veía, Hermione descubrió desde que el niño que vivió había aparecido, de lo triste que eran sus ojos.

- Harry…

- Tuvimos que separarnos Herms… después de que la Domina Mortis apareciera de la nada, las Hermanas se marcharon para enfrentarse a la Bruja mientras que nosotros intentábamos erradicar a su ejército de enloquecidas mujeres…- informó Ronald mientras se sentaba en la orilla de la cómoda cama, Draco ya estaba de pie, de brazos cruzados al igual que su yo del futuro.

- Ya veo… pero aun no entiendo… en que me diferencia a mí de las demás si somos completamente idénticas.

- Tú y las demás definitivamente se ven hasta diferentes… Hermione, ya deberías saber que la actitud que cada una de ustedes tienen son distintas, es más que suficiente para diferenciarlas… no podemos comparar tus regañinas con las de Mary Jane, ella es más suave, más comprensiva, tú… bueno tú eres tú y punto.

- ¡Oye! – exclamó una divertida castaña.

- Bien Hermione, creo que Jane y Malfoy quieren que hables con Luna ¿cierto?

- Tengo una duda que ha surgido durante la corta batalla que mantuve con… Domina Mortis…- contestó la joven mientras se abrazaba.

- Granger… ¿Aún te duele… la muñeca? – preguntó Malfoy, Hermione negó con un movimiento de cabeza.

- No, pero a un tengo la sensación de entumecimiento en ella.- fue su respuesta mientras Ron y Harry se apartaban.

- Bueno, creo saber por qué fue lo que pasó aquel fenómeno.- dijo el rubio mientras se acercaba, Draco prestó atención, aquello no podía ser nada bueno.

- Malfoy… ¿a qué se debe eso, tú lo sabes, por qué no me lo dijiste esta mañana?

- No estoy muy seguro de lo que voy a decirte… pero pregúntale a Jane y a René… sobre la octava…- las palabras de Malfoy sorprendieron a Hermione y a los demás.

- ¿La Octava…octava que…? – preguntó Draco quien se acercó y detuvo a lado de Hermione, los platinos ojos del Malfoy se posaron en su yo del pasado, luego volvieron a los marrones de la muchacha.

- Mary Jane, Isabelle, Hermione, René, Phoebe, Alice y Mione… Siete Brujas que deberían ser una sola, cada una con diferentes personalidades que te caracterizan a ti, la Domina prima, la primera… la única- las palabras de Malfoy causaron dudas en la castaña.

- Siete… son siete… ¡Jane dijo que fueron ocho al principio! – gritó Hermione recordando aquella parte de la información.

- ¿Qué es lo que estás queriendo decir, Malfoy? – preguntó el pelirrojo.

- Pregúntale a Luna que fue lo que vio aquella noche bajo las mazmorras…- y dicho aquello por el rubio, este pasó a retirarse.

- ¿Mazmorras? – preguntó Draco.

- Si Huroncito…- dijo Ron en tono de burla, si ellos eran cara rajadita y la comadrejita entonces ese rubio sería el huroncito.- hace ocho meses, cuando Luna y Nott viajaron al norte de Londres en búsqueda de aliados, ambos fueron capturados tras una redada, Theodore Nott y Luna Lovegood fueron encontrados en pésimas condiciones, en especial ella, pero será mejor que lo veas por ti mismo Hermione, estoy segura de que a Luna le encantará volver a verte…- tras aquellas extrañas palabras, Hermione acompañó a Harry al primer piso.

Ron y Harry se vieron así mismos acompañar a una recién levantada Hermione, algo bastante extraño y escalofriante, el pelirrojo aún no se acostumbraba a verse así mismo con la apariencia de su hermano Bill.

Jane se encontraba frente a la puerta de aquella alejada habitación cuando Potter y Weasley se acercaron con Hermione en medio de los dos, la castaña sonrío, esos dos siempre eran tan sobreprotectores que dolía.

- Es hora… - dijo la joven mientras daba tres golpecitos a la puerta, un minuto después la puerta se abrió, Hermione abrió los ojos, al parecer ese día no iba a parar de sorprenderse, ese hombre que acababa de abrir la puerta era Theodore Nott, un antiguo Mortífago, uno de los dos que la habían ayudado a escapar de las manos del Lord Tenebroso.

- Potter…Weasley y Gran….- pero el hombre se detuvo al ver más detenidamente a la castaña, luego se giró para mirar a Jane.

- Es ella… la Domina Prima y quiere hablar con Luna.- informó Jane mientras se cruzaba de brazos.

- No estoy seguro de…

- Ella ha venido a ayudarnos… a impedir que tantas atrocidades sigan cometiéndose… ha obligado al innombrable a ayudarnos, se ha enfrentado esta mañana a la Domina Mortis cara a cara…. Salió herida por algún tipo de fenómeno ocurrido durante la batalla que tuvo con la Bruja oscura… no me vengas a decir que es imposible que Luna y ella hablen… apártate antes de que patee tu trasero…- la amenaza de Jane provocó una sonrisa en el hombre, los azules ojos de Theo eran casi de la misma tonalidad que los de Riddle, pero los de este último no eran tan oscuros ni tan opacos.

- Así que… has traído a Lord Voldemort a esta pocilga de futuro… además que le has obligado a ayudarnos ¿Cómo ha sido eso, Domina prima? – preguntó Theodore mientras daba un paso al frente, la castaña le miró fijamente.

- Con un Juramento inquebrantable, yo le ayudaría a escapar de cualquier problema y él iba a ayudarme a acabar con todo esto.- contestó la muchacha mientras veía aquellos ojos llenos de dolor.

- Luna no se encuentra bien desde que regresamos de aquel castillo, habrá preguntas que no va a contestarte… puedes pasar.- y el alto hombre se apartó para dejarle pasar, pero levantó la mano al ver a Ronald y a Harry dar un paso al frente.

- Ustedes amigos míos, no están invitados, ahora lárguense… Jean, puedes quedarte tras la puerta.- dicho aquello, Theo desapareció junto con Hermione.

Hermione entró a la habitación, sobresaltándose al escuchar a la puerta cerrándose tras ella, la habitación no era ni pequeña ni muy grande, era espaciosa y perfecta para dos personas, la castaña entró más profundamente dentro de la recamara, había una enorme cama matrimonial acompañada por una mesita de noche, más allá había una puerta, seguro que aquello daba al baño.

La habitación no estaba adornada, no había espejos ni cuadros, ni alguna otra cosa, Hermione se estremeció al ver a una rubia muchacha saliendo del baño, los azules ojos de Luna se abrieron de par en par al mirarle.

- Luna…- llamó Hermione al ver el corto cabello de la muchacha, la cual dio un paso hacia atrás, pegando su espalda a la recién cerrada puerta.

- Luna… tranquila, no va a hacernos daño.- intervino Theodore mientras se acercaba a la muchacha, Luna estaba que temblaba Hermione se había dado cuenta del miedo que le tenía.

- Es ella, Luna… es Hermione, la Hermione que te arrebataron de las manos… es la Domina Prima…- le susurró Theo Nott al oído, tras aquello, Hermione se sorprendió al ver a la rubia de cabellos cortos cruzar por la cama y saltar hacia ella.

- ¡HERMIONE! ¡Eres tú, eres tú! – gritó la joven mientras golpeaba contra la castaña, se envolvieron una a la otra en un fuerte abrazo, Luna comenzó a sollozar contra el cuello de la castaña, Hermione sintió las suaves caricias de Luna le daba a su cabello enmarañado.

- Luna… - llamó Hermione.

- Merlín… tú, has vuelto a nosotros…- dijo la muchacha mientras se apartaba, enmarcaba con sus pequeñas manos el rostro de la leona, quien seguía sin poder creer lo que veía.

- Luna… Hermione quiere hacerte unas preguntas… sobre Domina Mortis.- la ronca voz de Theodore provocó un escalofrío en Hermione, Luna, aún con su tierna sonrisa en sus labios, no dijo nada, pero Hermione notó la tristeza en sus ojos, aquel opaco brillo que comenzaba a morir dentro de sus ojos, esa misma mirada la poseía ella, por eso era capaz de reconocerla, antes de que Luna se diera la media vuelta, Hermione la tomó del rostro y la obligó a que la mirara.

- Escúchame Luna, yo también estuve bajo las mazmorras, fui torturada, manipulada, humillada, golpeada, entre otras vejaciones… ahora estoy trabajando mano a mano con el hombre que me provoca pesadillas…- las palabras de Hermione sorprendieron a Luna, quien volteo a ver a su marido, él simplemente asintió con un movimiento de cabeza.

- Hermione…

- Luna… háblame sobre la octava… ¿Quién es la octava, Luna? – preguntó Hermione, la rubia se pasó la mano sobre su corta cabellera.

- La Octava…- comenzó a decir una triste muchacha de grandes ojos, Luna se sentó a la orilla de la cama y levantó la mirada hacia la castaña.

- La Domina Mortis me hizo esto, Hermione, nos torturó a mí y a Theo durante semanas, es su pasatiempo favorito, ver el sufrimiento de los demás, torturar es su mayor don, asesinar simplemente es un trabajo que se ha tomado personalmente, ella es malvada, es oscura… ni siquiera el innombrable se compara con ella, Voldemort por lo menos tenía un objetivo, tenía planes…ella no los tiene, solo quiere hacer sufrir a los inocentes, se divierte con la desgracia ajena como nadie lo hace… sus ojos brillan como dos monedas de oro bajo el sol, su maldad es la que provoca ese efecto… es extraño, Tom Riddle y Domina Mortis demuestran tanto odio y repulsión, pero son hermosos, con miradas irreales… ¿por qué Hermione? ¿qué la maldad tiene una cara bonita? - la pregunta que Luna le hizo al final hizo estremecer a Hermione.

- Por qué son cazadores Luna, como tales, tienen que poseer algo que llame tanto la atención, que haga que sus presas se arrastren hacia ellos… pero dime una cosa Luna, ¿sabes dónde puedo encontrar a la octava?

- La octava es la Domina Mortis, Hermione… - interrumpió Luna para la perplejidad de Theodore y Hermione, la castaña supuso que ni el mismo hombre sabía aquello.

- Luna… repite lo que dijiste…- pidió Theo con desesperación.

- La octava Hermana es la Domina Mortis… el lado oscuro de Hermione.- la muchacha se puso de pie y se acercó a la castaña, la joven levantó su mano y con su dedo índice presionó el lugar justo donde guardaba su corazón. – aquí Hermione, dentro de ti, muy profundamente en el centro de tú corazón, está la Domina Mortis, creciendo poco a poco… Hermione ¿continúas teniendo pesadillas?

- Si, Luna… tengo pesadillas aun…- contestó la castaña involuntariamente, las fuerzas abandonaron las piernas de la leona, fue un rápido Theo quien la sujetó entre sus brazos y la sentó en la cama.

- Hermione… lo siento.- se disculpó Luna.

- ¿Por qué Luna, por qué te disculpas? Soy yo la que destruirá el mundo mágico, soy yo la que traerá oscuridad con mis tormentos, traeré muerte y dolor, me odiarán, asesinaré y torturaré…

- ¡No! – gritó una desesperada muchacha de grandes ojos azules, Hermione tenía la mirada perdida.- ¡Tú no eres ella, tu eres una bruja fuerte y poderosa, eres noble, inteligente, harías cualquier cosa por las personas a las que amas y por las que no, eres una justiciera Mione! – gritó la rubia mientras las lágrimas caían por sus mejillas pálidas, los ojos de la castaña se levantaron para mirarle.

- Tengo que matarle y acabar con esto… pero no estoy segura de cómo si no puedo dañarla… ahora entiendo, ahora comprendo por qué no fui capaz de desmayarla ni empujarla con mis poderes… no pudo hacerme daño ni yo a ella a causa de que…. Nuestras varitas, por qué supongo que son las mismas, nos han reconocido como dueña… ¡Maldita sea! Luna… era yo ¿verdad? Ella…

- Ella usó mi leal amistad hacia ti para torturarme Hermione.- dijo de repente la rubia mientras se arrodillaba frente a la castaña y desde el suelo le miraba.- se quitó la máscara por primera vez desde que nuestra lucha contra ella comenzó… y le miré Hermione, te miré… entre todas las Hermanas… esa mujer es la que más se parece a ti a pesar de sus ojos…- Luna se cubrió la mano tras sentir las lágrimas caer sobre sus ojos, Hermione se inclinó hacia ella y envolvió a la delgada muchacha con sus brazos.

- Lo siento Luna… perdóname por tus heridas…

- ¡No, tú no tienes la culpa Hermione! – gritó la muchacha al separarse, Hermione le observó.

- Tú y ella no son la misma…

- Pero yo permití que naciera… que ellas se separaran… fui yo la que me sumergí en mi tristeza y mi dolor… me olvidé de mis amigos, de mi familia…y mírate ahora Luna… ¿ella cortó tu cabello, verdad? Sin oportunidad de que crezca de nuevo…

- Hermione…

- Duele Luna… duele saber que no lo superé a pesar de mis intentos, duele recordar cada noche todo lo que me hizo… pero duele aún más ver a mis amigos con tristeza en sus ojos… sufrir por mí, duele saber que soy la causante de tanto sufrimiento.

- Podemos detenerle Hermione… ¡Si podemos! ¡es su debilidad, pero también es la tuya! – gritó la joven mientras se ponía de pie.

Theodore solamente escuchaba los gritos y las palabras de su mujer y la de Hermione, era cierto, la Domina prima estaba ahí para ayudarles, pero era una mujer dañada, profundamente dañada, entrecerró los ojos, una macabra idea cruzó sus pensamientos.

- Luna, ya basta, no puedes meter ideas a la Domina, no sabemos si esto va a funcionar…- intervino el hombre mientras se acercaba.

- Theo…- llamó la muchacha mientras volteaba a ver a una confundida Hermione.

- ¿Qué es de lo que hablan, que es lo que no va a funcionar Luna? – preguntó la castaña mientras se ponía de pie.

- Hermione… tenemos a un poderoso Aliado… pero él está en prisión, es la mascota personal de la Domina Mortis… - comentó la rubia.

- ¿Quién es? – preguntó Hermione mientras miraba a Theo y luego a Luna y así sucesivamente.

- Bueno Yo… déjame verificar algunas cosas y te lo contaré más tarde, Domina prima ¿Quién más la acompaña en este infernal viaje?…- preguntó el muchacho mientras abrazaba a Luna.

- ¿Además de Ron y Harry? Draco y también Tom Riddle nos acompaña… me alié con él cuando llegamos aquí, bajo un inquebrantable…- contó la joven para la sorpresa de la pareja.

- Hermione…- nombró una feliz Luna.

- No…no puedo creerlo - intervino Theo tras pensarla unos momentos al escuchar el nombre del Mago oscuro.

- ¿Qué pasa Theo? – preguntó la rubia mientras le miraba curiosa.

- No pasa nada, por favor chicas, las dejaré a solas mientras voy y busco a Malfoy a Potter y Weasley…- y dicho aquello, Nott le dio un beso en la frente a su esposa y salió de la habitación, Hermione y Luna se sonrieron, abrazándose una vez más.

Jean vio a ambas muchachas sonrientes y abrazadas antes de que Theodore cerrara la puerta.

- Lo ha dicho… ha confirmado nuestras sospechas…- informó Theodore con su rostro ensombrecido, Jean iba a decir algo pero simplemente no pudo hablar. – No cabe duda ahora, Jean, la Octava…. Es la Domina Mortis.- dijo en un susurro antes de seguir con su camino, ni siquiera dirigió una mirada a una perpleja Jean, las lágrimas comenzaron a caer, y mientras las risas de Hermione Jean Granger y Luna Lovegood resonaban dentro de aquella habitación, el alma dividida de Jean, se estrujaba dentro de su cuerpo.

- "¡Maldita, maldita y mil veces maldita….tú eres, la Hermana que nos ha estado cazando y asesinando, alimentándote de nuestros poderes para engrandecerte…! ¡¿Pero qué rayos buscas de todo esto, maldita sea?! – gritaba la castaña mentalmente, no quería arruinar la felicidad que la domina prima había obtenido en su visita con Luna Nott, la joven apretujó sus manos, volviéndolas puños, ahora que se había confirmado que la Octava Hermana era la Domina Mortis, no cabía duda que esa Guerra iba a ser más dura de lo que se creía.

La hermosa mujer se colocó sobre su rostro, la brillante y plateada mascara, una extraña reliquia que había obtenido de las pertenencias de una afamada Bruja, sonrío al verse frente al espejo llevándola puesta, el plateado objeto destellando magníficamente, la Domina Mortis levantó su mano y trazó con sus dedos, las figuras dibujadas sobre ella.

- Magnifica.- susurró la mujer mientras levantaba la capucha oscura, ocultando su rizado cabello. - ¡Ginevra! – gritó la mujer mientras se dirigía a la gran silla de madera a la que era llamada el trono; después del grito, la pelirroja entró apresuradamente a la habitación.

- ¿Me ha llamado, mi señora? – preguntó la bruja mientras hacía una reverencia, Domina le miró simplemente.

- Tráelo ante mi… y no vuelvas a cometer el mismo error, Ginevra por qué te costara la vida, bien sabes el peligro en el que estaríamos si ese hombre fuera puesto en libertad, y no se te olvide traer a Bellatrix….- fue lo que dijo mientras indicaba que se fuera sacudiendo la mano, después de eso, la Bruja se quedó sola, sonriendo de oreja a oreja.

El molesto chillido metálico le sacudió los sentidos cuando la puerta cedió ante la presencia de una Bruja, por entre los largos mechones negros pudo vislumbrar la presencia femenina, quien son su varita le apuntaba, sonrío arrogante, sabía quién era la mujer a pesar de que no podía verle y era regocijante saber que aún le temían.

- Mujer, estoy encadenado… ¿Por qué me temes, a mí, un pobre desdichado andrajoso que sufre las torturas de tu ama? – por primera vez, después de tantos mese, Ginny escuchó su voz, era áspera, ronca, y le gustaba, había algo en ese tono de voz que le atraía que le hipnotizaba, pero no iba a volver a dejarse manipular por aquel hombre, sus rojizos labios sonrieron ante el pensamiento, la bruja bajó la varita con cuidado.

- Sabes por qué eh venido… ponte de pie, ahora…- ordenó la pelirroja mientras se acercaba a la pared de a lado, no iba a cometer la misma desfachatez de confiar en las cadenas que lo ataban y lo mantenían cautivo, Ginny dejó de sonreír cuando le vio ponerse de pie, y con los ojos celestes, la Bruja pelirroja le miró detenidamente de pies a cabeza.

Ese espécimen masculino era único entre todos los hombres, si no fuera por el enmarañado y húmedo cabello, podría ver claramente la razón por el cual dos meses antes casi lograba escapar de sus manos, frunció la cejas rojizas al recordar la manera en que recibió su castigo, de hecho, ambos sufrieron los cruciatus de la Domina Mortis; el hombre era alto, demasiado para ella, quien apenas media 1,67 de altura, Ginny levantó la varita, era imperdonable que ese prisionero se presentara ante la Bruja más poderosa con aquellos andrajosos trapos; él hombre sintió el cosquilleo del hechizo golpear el cuerpo, dándose cuenta de cómo sus rotas ropas comenzaban a repararse poco a poco hasta quedar decentemente vestido.

- Debería cortarte ese cabello tan largo, pero la Domina es muy impaciente… al parecer tiene muchas ganas de volver a verte después de tanto… vamos… camina.- ordenó la pelirroja mientras se daba la media vuelta y se dirigía hacia la salida.

La luz golpeo su rostro y aunque sus cabellos aún le protegían la cara, estos simplemente se infiltraron por los negro mechones, golpeando sus ojos con fuerza, parpadeó varias veces para acostumbrarse a la luz y después de varios metros andando, pudo ver claramente, la cadena que lo mantenían sin oportunidad de escape, flotaban de manera en que sus brazos se mantuvieran extendidos, observó a la pelirroja, la Bruja mano derecha de la tan llamada Domina Mortis, si tan solo los grilletes no estuvieran tan ajustados o las cadenas no ejercieran tanta fuerza contra sus brazos, tal vez pudiera lanzarse contra el blanco cuello de aquella Bruja y rodearlo, presionar un poco las cadenas en contra de este y quitarle la vida, Oh, pero no antes de arrebatarle la jodida varita y hacerla sufrir un rato, se mordió la lengua, guardando su furia por qué sabía, que algún día tendría que salir de ese asqueroso lugar.

Recorrieron los pasillos a pasos largos, fue cuando la pelirroja Bruja se detuvo frente a una enorme puerta.

- Ella se encuentra aquí, ¿sabes? Me das tanta pena, pronto podré escuchar la sonata de tus gritos llegar hasta mi habitación…- comentó mientras sonreía perversamente, mostrando los blancos dientes, Ginny empujó la puerta de madera, y extendió su mano. – Adelante, después de usted.- indicó la joven, pero él no se movió, simplemente le observó.

- Ten por seguro, maldita niña, que cuando salga de aquí, lo primero que haré es arrancarte esa cabellera rojiza…- amenazó mientras penetraba en los aposentos de la Domina.

- Eso jamás va a suceder, existen dos maneras para que logres salir de aquí, una, es siendo un cadáver, cosa que dudo, la Domina no permitirá que mueras ante nada, eres demasiado valioso y su odio hacia ti es eterno y perenne…- le dijo mientras levantaba una de sus cejas.

- ¿y la segunda… cuál es? – preguntó curioso.

- Con ayuda… ¡¿Pero quién va a querer ayudarte a salir de aquí?! – se burló la Ginny mientras soltaba una fuerte carcajada; el hombre simplemente se limitó a enviarle una de sus famosas miradas, Ginny sintió el escalofrío sacudirle y él, satisfecho por el miedo que le provocó, sonrío arrogante.

- Hijo de perra…- masculló Ginevra al darse cuenta de lo que había pasado.

- Diría que fue un placer, pero estaría mintiéndole, jamás es un gusto verte… Zorra…- fueron las últimas palabras que Ginny le escuchó decir la bruja iba a lanzarse hacia él hombre pero la puerta se cerró de un golpe, no pudo evitar darse de cara contra la madera.

- ¡Me las pagarás! – gritó la bruja desde el otro lado de la puerta.

Tom Riddle abrió los ojos lentamente, era extraño, algo muy inusual en él había sucedido en el transcurso de la noche, los diferentes sucesos del día anterior cruzaron por su mente, frunció el ceño al recordar lo que había pasado mientras dormía, sueño, un maldito sueño… ¿desde cuándo el señor tenebroso dormía para soñar? Nunca, pero había sucedido, el jodido sueño o pesadilla había envuelto su mente como una espesa neblina que le impedía dirigirse.

Se movió en la cama, sintiendo un pequeño bulto tras de él, lentamente se movió y giró la cabeza, se sobresaltó al ver una mata de cabello rizado.

- ¡Tú! ¡¿Qué haces aquí?! – gritó el hombre mientras se sentaba sobre la cama, tenía el torso denudo.

- Ah, buenos días, Tom…- decía la pequeña Mione mientras bostezaba y se estiraba en la cama, el hombre le veía con asombro.

- ¡Te hice una pregunta maldita mocosa! – exasperado, Tom no pudo evitar seguir gritando, esperando para que el miedo y el pánico se apoderaran de aquella niña, se vio desilusionado, pues para eso Mione se encontraba sonriéndole.

- Tuve un mal sueño y tenía miedo… no me gusta dormir sola en una cama tan grande.- confesó mientras se recostaba de lado y le miraba con sus ojitos brillosos, Tom seguía con el ceño fruncido.

- Miedo… tu… maldita niña…apártate…- ordenó el joven hombre mientras intentaba ponerse de pie.

- ¿tú no tienes sueños? – preguntó de repente Mione, los ojos azules de Tom le observaron detenidamente, algo le decía que aquella niña estúpida no era tan normal como parecía, algo ocultaba, lo sentía.

- Si…por primera vez soñé.- se sinceró mientras relajaba sus facciones faciales, Mione dejó de sonreír.

- Te torturaban ¿verdad? Azotaban tu espalda con un látigo mágico, y encadenado como estabas, sufrías por la impotencia de no poder hacer nada.- para la edad que Mione aparentaba tener, Tom sabía que aquella plática que estaba teniendo con esa mocosa no era para nada normal para una niña de esa edad.

- ¿Cómo demonios lo sabes? – preguntó agresivamente, Mione se sentó y comenzó a jugar con las orillas de la sabana.

- Veo cosas, a veces puedo leer la mente de las personas cuando están dormidas, hoy pude ver tus sueños, estabas encerrado en un calabozo, húmedo y muy oscuro, la Bruja Roja te maltrataba, te torturaba, pero tú lo soportabas, nunca gritaste de dolor, tú orgullo y tu soberbia son tan grandes, mucho más grandes que tu cuerpo y no ibas a permitir satisfacer a la bruja roja, pero había algo que no podías soportar, no podías evitar el dolor, aquel que la Domina Prima te infligía una y otra vez, tu cuerpo fue marcado de las diferentes maneras posibles… y la odias, la aborreces, quieres venganza, pero estas solo, abandonado y no hay nadie quien pueda sacarte de ahí, por qué la Domina Mortis se encargó de asesinar a tus fieles hombres… ella, lo mismo que tú, está vengándose…- Dicho aquellas palabras, Mione bajó de la cama, dejando atrás a un perplejo Tom Riddle.

- ¡Espera! ¿cómo lo sabes? – preguntó el hombre mientras se ponía de pie, Mione sonrío dulcemente.

- Te lo dije, veo cosas dentro de la mente de los demás mientras duermen.- contestó mientras abría la puerta y se marchaba, Tom pasó su mano por la cabellera negra, había algo en aquella niña que le estremecía, por primera vez había dado a parar frente a alguien que le provocaba escalofríos.

La Domina se pareaba alrededor del trono de madera mientras su prisionero caía de rodillas, agitado, con su pálida piel perlada de sudor, Domina sonreía, gustosa, henchida de felicidad si se le podía llamar de tal manera, y todo por ese hombre, su sufrimiento le llenaba de satisfacción, elevaba sus ganas de seguir torturándole todo el día tan solo con escuchar sus alaridos.

- Grita Tom… grita… ¡GRITA TAN ALTO QUE PUEDA SONREIR DE NUEVO! – gritaba la mujer mientras extendía las manos a los lados y giraba sobre sus pies, soltando una fuerte carcajada.

Tom Riddle, el Mago tenebroso que más daño causó, al menos antes de que ella apareciera, antes de ella había sido el terror del mundo mágico, el monstruo que utilizaban los padres para asustar a sus hijos y mandarlos a dormir, el Mago Oscuro que a punto estuvo de gobernar el mundo, respiraba entrecortadamente mientras veía a la encantada Bruja festejar el poder que tenía sobre él.

¿Quién era ella, quien era tras la maldita máscara? ¿Cómo eran sus ojos, su boca, su rostro en general? La curiosidad comenzaba a carcomerle, y eso era mucho peor que recibir los crucius que su cuerpo ya de por si maltratado, recibía cada tanto tiempo a manos de aquella Bruja; era poderosa, muy poderosa, ni siquiera él podía infligir tanto dolor como lo hacía ella, eso significaba que el odio que poseía dentro de su cuerpo no era más que una sombra tenue a lado de la de ella.

- Tom, mi querido Tom Marvolo Riddle.- comenzó a decir la Bruja mientras bajaba lentamente los escalones que daban a la silla de madera, su trono, el lugar donde observaba el sufrir de sus prisioneros, sus esclavos, y él le vio, sus largas y pálidas piernas bien formadas y siguió subiendo la azulada mirada, tenía que admitir, aquella Bruja se veía exquisita, siempre caminando como una felina enfurecida pero cautelosa, vestida siempre con aquellas ropas ligeras pero elegantes, se preguntó él por qué siempre andaba descalza.

- Mírame Tom… y dime que vez…- ordenó la mujer mientras se detenía frente a él, a escasos centímetros del cuerpo masculino, la mujer levantó la cara del hombre con la varita misma, sonrío bajo la máscara al ver su mirada sorprendida bajo la cortina de cabello.

- Oh, si… te has dado cuenta cómo pensé que lo harías…

- La máscara de…

- Bellatrix Lestrange, Tom… tú perra fiel, la sarnosa que tengo como sirvienta ahora, ella misma me es útil, debo añadir… la mejor asesina debo comentar, pero demasiado astuta, demasiado fiel a ti… ¿sabes? Ella te ama tanto que… ha habido ocasiones que ha ofrecido su cuerpo para su tortura y para mi deleite… en lugar de saber que es a ti al que estoy haciendo sufrir… jodida mujer… tan bajo ha caído por un hombre…- las palabras de la Domina Mortis no le sorprendieron a Tom, él más que nadie conocía la lealtad siempre fiel de Bellatrix Lestrange.

- Pero hoy no… Bella cometió un error imperdonable, hoy al dejar que me hirieran…- Domina ladeó el rostro y observó el indemne rostro de Tom Riddle. - ¡Ginny, deja pasar a nuestra querida Bella! – ordenó la mujer, Tom miró de soslayo la puerta, la cual se había abierto de un golpe, causando un estruendoso golpe contra la pared, la pelirroja llevaba a Bellatrix atada por las manos, la enloquecida Bruja le miró sorprendida.

- ¡Amo! – gritó Bellatrix mientras salía corriendo hacia Tom.

- ¡CRUCIO! – gritó Domina, Tom vio a la pobre bruja enloquecida de amor por él, caer al suelo tras un grito de miedo y dolor, sacudiéndose y convulsionando por el crucio, sobre el fino piso de mármol negro, Ginny sonrío encantada por el espectáculo.

- La única ama de ti… soy yo… ¡CRUCIO! – tras decir aquello, una cadena de hechizos de tortura se vieron involucrados en una pasarela de dolor, del cual, Ginevra y Tom eran simplemente espectadores.

- ¡Mi señora, por favor, ya basta, duele….no volverá a pasar, esas Brujas no volverán a tocarla nunca… pero por favor ama, no siga, pare…! – gritaba Bellatrix tras sentir nuevamente los efectos del cruciatus cruzar su cuerpo como miles de agujas clavándose en su carne y penetrando sus huesos.

- Ginevra… sal de aquí, ahora mismo.- ordenó la mujer.

- ¡Pero, mi señora yo…!

- ¡ ¿QUÉ TE LARGUES AHORA, HE DICHO?! – interrumpió en un grito mientras se acercaba a Bellatrix.- ¡Levicorpus! – Ginevra se vio momentáneamente ignorada, pero a pesar de eso, obedeció las ordenes de la Domina.

- Si, Domina… con su permiso.- susurró tras levantar la mirada y ver a un sonriente Riddle.

- Maldito…- se dijo así misma mientras cerraba la puerta.

Domina soltó un suspiro tras dejar caer el cuerpo de Lestrange frente al de Tom, el hombre bajó la mirada, Bella le observaba con el rostro lleno de lágrimas, su maquillaje se había chorreado por completo por las dolosas gotas.

- Mi señor… perdóneme…- susurró la mujer mientras soltaba un grito al verse por los aires.

- Yo, no perdono un error, Bella, ya lo sabes ¡Eh tolerado tus impertinencias por mucho tiempo, tu amor enfermizo por este hombre también…pero ya basta! ¡BASTA DE TANTA ESTUPIDEZ DE TU PARTE! – gritó la Bruja mientras sonreía enormemente.

- ¡NO, MI SEÑORA, POR FAVOR! – gritaba la mujer mientras se sacudía en el aire, Tom Riddle observaba la escena con lujo de detalle, él, sin varita y sin fuerza no podía hacer nada más que observar, sus azules ojos fijaron su vista en el rostro de la mujer, eran tan dorados, tan profundos y llenos de dolor, lo sabía, podía identificar aquella sensación o emoción dentro de la mirada de la Bruja Oscura, se estremeció al percatarse de que ella lo miraba.

- Te has quedado solo, Riddle…ya no hay nada en este maldito mundo quien quiera ayudarte a escapar de mis manos, querido… ya no hay nada que pueda aliviar el dolor que yo engendro en ti… - cada palabra que escuchó provenir de aquella mujer había sacudido un poco su cuerpo, no sabía cómo era, ni si quiera su nombre, no sabía a qué se debía todo aquel circo, sonrío al ver a Bellatrix alzándose sobre sus cabezas aún más alto, fue un segundo en que Domina la había dejado caer….

- ¡BOMBARDA MAXIMA! – gritó la mujer con gran fuerza, Tom Riddle abrió sus ojos de par en par, perplejo por la acción.

El estallido hizo eco por toda la elegante habitación, los cristales de las ventanas habían explotado, las puertas se sacudieron y el chorro de sangre caía sobre sus cabezas como lluvia ligera de verano; Tom observó con perplejidad a la bruja acercándose lentamente, tallando con su mano la sangre de la máscara.

- Ahora si Tom… ahora si te tengo completamente entre mis manos…- le dijo mientras enmarcaba el rostro del hombre con sus empapadas manos.

Y le vio levantándose la máscara, dejando ver sus rojizos labios sonrientes, sus blancos dientes perfectamente alineados, Tom Riddle levantó su mano y acarició aquellos labios con su pulgar, embarrando sus dedos con el labial, la bruja se acercó aún más a él, Tom estaba seguro de que podría aprovechar aquel momento, podría arrebatarle la varita a la mujer y asesinarla de un solo golpe; conocía perfectamente el efecto que causaba entre las féminas, ese atractivo tan encantador que debió haber heredado de su padre, pero de repente, sus sueños de ser libre se fueron por el drenaje, Domina se apartó bruscamente de él y se dio la media vuelta, alejándose de él a largos pasos, la mujer se sentó sobre su trono, con sus pies colgando.

- Tom… tu no aprendes…- dijo la Bruja mientras se llevaba el índice de su mano hacia su cien, dando golpecitos sobre el metal platinado de la máscara, Tom Riddle se sobresaltó al entender lo que la mujer había querido decir con aquello. Le había leído la mente.

- Eres… un completo estúpido ¡CRUCIO! – gritó la dama de la muerte ante un anonadado Riddle.

Los gritos llegaron a los oídos de Ginny, quien sonrío con gracia mientras se llevaba la taza de té a los labios, le dio un sorbo y soltó la carcajada al escuchar los gritos provenientes de la garganta de aquel al que alguna vez había temido tanto.

- La vida es tan… pero tan irónica.- decía mientras levantaba la mirada y veía el enorme cuadro que se encontraba sobre la chimenea de piedra, su mirada azul se volvió triste y opaca de un segundo a otro.

- Ginny, querida, ya deja esta vida, mi amor… arrepiéntete de todo lo que estás haciendo, estoy segura de que tu hermano…

- ¡Cierra la maldita boca! ¡Yo no tengo hermanos, ni padres, ni amigos! ¡No tengo nada! – gritó la pelirroja mientras arrojaba la taza hacia la pared de alado, los ojos azules de Molly Weasley miraban con pena a su hija más pequeña, su esposo, Arthur Weasley, seguía sin querer moverse, para él, aquella pequeña embustera, traidora y manipuladora ya no significaba nada para él, lo mismo pasaba con las imágenes a oleo hechizado de Bill y Percy y Charles, quien seguían inmovibles ante cualquier cosa, Ginny les miraba uno a uno, deteniéndose en los ojos llenos de dolor de su madre.

- Yo no quiero el perdón de nadie… ¿entiendes madre? No quiero nada, de nadie.- fue lo último que los Weasley ya fallecidos escuchaban mientras la pequeña Ginny salía de aquella habitación.

Theodore observaba a Malfoy, quien se encontraba sin poder creer lo que habían escuchado de los labios de aquel hombre, tanto Harry y Ron, como Draco, se encontraban en presencia de sus Yo, del futuro discutiendo sobre la identidad de la Domina Mortis.

- Siempre vimos a una Hermione inocente e insegura, otra ingenua, una valiente, otra indecisa, el amor y la rebeldía también, pero jamás nos detuvimos a pensar que podría haber una oscura y tenebrosa, olvidamos que Hermione había estado sumergida en la tristeza y el odio, el miedo y la penumbra…- Theo se detuvo mientras observaba a los presentes, incluso Tom Riddle se encontraba ahí, con media sonrisa, algo le decía a Theodore que ese hombre ya tenía una ligera idea de lo que la Domina Mortis era o más bien quien era.

- No puedo creerlo… ¡Hermione es la enemiga! – gritó Ron, poco después recibió un golpe en la nuca.- ¡Oye no hagas eso, duele! – le gritó a Draco.

- Granger no es nuestra enemiga… nuestra adversaria es la Domina Mortis, comadreja… solo que tiene el mismo rostro de Granger, es todo.- explicó el rubio.

- ¿Qué es lo que vamos hacer, Nott? No tenemos gente, poco a poco todos hemos ido cayendo, ella siempre está a un paso de nosotros hagamos, lo que hagamos…- decía un preocupado Potter.

- Hay alguien… que nos daría una enorme ventaja…- dijo de repente y para la sorpresa de los demás.

- ¿Quién, quién es? ¿él está dispuesto a ayudarnos? – preguntó Weasley.

- Ni idea… pero por cómo lo vi aquel día bajo las mazmorras… puedo convencerle, pero tenemos que sacarle de ahí.- contestó Theodore mientras se cruzaba de brazos.

- ¿De quién mierdas se trata? Por tu cara deduzco que es igual o más peligroso que la Domina Mortis…- intervino Malfoy.

- Más peligroso… No lo es… pero si más dañino que nosotros juntos, esa Bruja ha estado alimentándolo con odio y rencor, lo tortura por satisfacción propia, su cuerpo no termina por curarse cuando de nuevo está sobre él con varita en mano… si le ofrecemos un trato y oportunidad para vengarse… estoy seguro de que nos ayudará.- las palabras de Theo causaron una enorme curiosidad en Tom más aún cuando los oscuros ojos de aquel muchacho se posaron sobre él mismo.

- ¿Quién… quién es? ¿Quién es el que odia incluso más que nosotros a la Domina Mortis? – preguntó Potter.

- Lord Voldemort….- contestó Tom ante los ruidos de asombros que provocó a los demás con su confesión, todas las miradas ahora estaban fijas en Tom. Lord Voldemort. Pensó Tom en aquel título que ya no merecía, entrecerró los ojos mientras escuchaba y veía a aquel grupo haciendo planes para un asalto a cierto lugar.

- ¿Dónde se encuentra la prisión? – preguntó de repente el Mago tenebroso, las miradas se posaron sobre él como imanes.

- En el peor de los Lugares… en Nurmengard – contestó e muchacho ante varias miradas perplejas.

- ¿Cómo diablos llegó a ese lugar? – preguntó un Harry perplejo.

- Ni idea, la pregunta aquí es ¿cómo vamos a llegar sin que se den cuenta? - respondió Malfoy en lugar de Theo, el silencio se volvió de pronto insoportable, nadie supo que decir, pero si una cosa era lo que entendían a la perfección, es que tenían que tomar el control de Lord Voldemort y usarlo en contra de la Domina Prima costara, lo que les costara. CONTINUARA.


¿Y, Que tal, como quedó? ¡Santisimo Merlín, eh estado escribiendo alrededor de 20 hojas en Word! un record personal dejenme decirles... Ah pues tenemos la dicha de contar con la presencía del Predecesor Mago Tenebroso

¿Ayudara Lord Voldemort a derrotar a la Domina Mortis?

Están advertidas (os) del Lemmon eh, para la próxima semana estaré actualizando,las cosas ya se están poniendo buenas para nuestra pareja protagonista, pero... ¡Bah! se los diré, tengo pensado Jugar con dos papeles masculinos, el de Tom Riddle y el de Lord Voldemort... saquen sus conclusiones... les adelanto un trocito de algo que leeran por allá en el octavo o Noveno capitulo...

- " No puedo creer... que estés celoso de ti mismo..."

:) Saludos y muchas Gracias a todas (os) por Leer.

BlackAthena