Me hiciste esperar tanto….

Alice disfrutaba de su momento. Ella era la estrella y su brillo iluminaba a todo aquel que se topara a su persona. Una entrevista aquí, una foto por allá, pero incluso ella sabía cuando era bueno retirarse. Casi todas las personas importantes se habían aislado, y ella se moría de hambre, y si quería comer algo más que vodka y caviar tenía que salir de ahí.

Ese era el mayor inconveniente de trabajar en Vogue. Todos siempre están preocupados por su apariencia, y por lo tanto no hay nada de golosinas o comida real en sus cercanías. Alice afortunadamente tenía una complexión fabulosa, no importaba lo que comiera jamás engordaba, y lo único que tenía que admirarles a las modelos con las que trabaja día tras día, era su estatura, pues ella era más baja inclusive que el promedio. Pero eso no importaba, ya que lo que más amaba en su vida era diseñar, crear estilos, vestir a sus musas, más no ser una de ellas.

Discretamente Alice había adoptado una pequeña cafetería a unas cuantas cuadras de la Editorial, como su refugio personal. Amaba ese lugar. Charlie, el dueño, se había convertido en su confidente y en su más fuerte apoyo en la ciudad, y no había día en que ella no fuera a tomar el almuerzo.

Alice atravesó las puertas del pequeño local, y fue recibida por la luz de un flash, que la dejó un tanto ciega, pero contenta.

-¡Lo hiciste! ¡No lo olvidaste! – Gritó ella saltando directamente a un taburete de la barra.

-¿Cómo olvidarlo? Si desde la primera vez que cruzaste esas puertas me dijiste que tuviera una cámara lista, porque algún día no serías cualquier chica entrando, sino alguien famoso. Hoy es ese día.

-¡Gracias Charlie! – contestó ella abrazándolo a través de la barra.

-Dejémonos de cursilerías y dime ¿cómo te fue en tu día?

-Casi perfecto. Todo salió como supuse, el evento dará mucho de que hablar, y no se diga de mi primer número, marcará tendencias.

-Pero ¿por qué dices casi perfecto?

-Porque alguien de Whitlock Arms, mandó a bajar el sonido del cóctel. Al principio pensé que la orden venía del viejo, pero su nieta, quien estaba en la presentación salió gritando que mataría a su hermano. Lo que nos faltaba en la revista, otro loco Whitlock con quien batallar.

-¿Eso es todo? Te conozco bien para saber que no es todo. – Sentenció Charlie, a la vez que le daba una malteada de fresa.

-La verdad es que hay otra cosa que me tiene algo intrigada. Desde principios de mes en mis predicciones apareció que mi camino se cruzaría con el de alguien más, alguien especial, alguien a quien reconocería con una sola mirada…

-¡Alice! Sigo sin entender que creas semejantes cosas, y sobre todo que les des tanta importancia.- La interrumpió Charlie, dejándola a medio terminar, y haciéndola enojar.

-Para mí es importante, y ya lo sabes. No necesito darte más pruebas de las que ya conoces. Además tenía todas mis esperanzas puestas en que hoy sería el día, y nada.- Declaró ella un tanto desanimada y dándole un gran sorbo a su malteada.

-Aún no acaba el día pequeña. – Trató de consolarla Charlie, mientras fijaba la mirada en un viejo cliente, el cual tenía años de no ver, y estaba a punto de entrar al local.

Lo de escabullirse por la escalera de servicios le había servido a Jasper de maravillas. Pues nadie en la empresa se había percatado de su presencia, y de esa manera pudo apreciar a través de los vidrios de doble cara de la oficina del abuelo a sus empleados tal y como eran sin falsas poses. "Primer paso: Conocer al enemigo" – pensaba mientras realizaba variadas anotaciones sobre la estrategia a seguir, para que el cambio que planeaba resultara exitoso.

Hasta el momento todos parecían realmente comprometidos con su trabajo, bueno, eso era hasta que la fiesta montada en el piso de arriba llego hasta sus oficinas. Cortesía de la nueva subeditora de Vogue, "MAB", les enviaron charolas con bocadillos y cócteles, era un detalle extravagante, pero soportable. Lo que si ya no pudo soportar, fue cuando la música sonó tan fuerte que poco faltó para que parte de su personal se pusiera a bailar arriba de los escritorios. Fue entonces cuando sin pensarlo dos veces mandó su queja a Vogue. Pero éstas al parecer no surgieron mucho efecto, ya que su hermana quien se encontraba con su prometido en dicho evento, les ordenó hacer caso omiso.

-¡¿Qué te pasa?!- Gritó Rosalie, cerrando la puerta con un golpe- El que tú seas un amargado, no implica que tu humor tenga que afectar a los demás.

-Esto es una oficina, no un salón de fiestas- Respondió él a penas sin dirigirle la mirada, y continuando con su trabajo.

-¿Cuándo dejaras esas tonterías, y empezaras a vivir? – Lo reto ella, desesperada de ver a su hermano en tal estado desde hace ya casi un año.

-Respiro, me alimento, hago mi trabajo. No necesito nada más.

-¿Cuándo pondrás el pasado donde pertenece y empezarás a vivir el presente y a forjar tu futuro?

-Tal vez el mismo día que tu dejes de comportarte como una novia trofeo, y empieces a valorar algo más que el estatus social de las personas.- Estas últimas palabras la dejaron sin habla, y él aprovechó para salir de la oficina.

Le dolía que ella lo juzgara, pero más le lastimaba saber que era verdad. No podía lidiar más tiempo con la soledad, no podía seguir cargando por sí mismo tanto dolor, tantos remordimientos.

Sin darse cuenta camino sin rumbo por Central Park, en un vano intento de dejar todos sus problemas atrás, pero como si el destino se pusiera de acuerdo con su oscuro ánimo, una fuerte tormenta se dejo caer sin el menor aviso.

Primero pensó en mojarse, la verdad nada le importaba, pero antes de tomar esa decisión a su mente vino la imagen de una pequeña cafetería, a la cual había acudido años atrás, cuando la felicidad aún lo acompañaba.

El ruido de la puerta al abrir, atrajo la atención de Alice hacia el nuevo comensal, quien intuitivamente se secaba las gotas de lluvia de su cara, y sacudía su rubio cabello en un intento de despejar su mente antes de ordenar.

-Me has hecho esperar mucho tiempo- Las palabras salieron de su boca como si siempre hubieran estado ahí, y sólo estuvieran esperando al indicado.

Jasper se sorprendió, pero al mirar directo a los hermosos ojos miel de la chica, como por arte de magia toda su tensión se desvaneció y sólo pudo decir -Lo siento señorita-

Ella le sonrió, y le estiró su mano invitándolo a sentarse a un lado suyo. Todo esto frente a la mirada incauta de Charlie.


Mil gracias a todas por sus comentarios, fav, follows etc... me han hecho muy feliz!!!!! Espero este segundo cap tb haya sido de su agrado, espero sus comentarios.

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