¡Hola a todos! :D
Espero no haber tardado muchito en actualizar jejeje aquí les traje el tercer capítulo del fic que lo escribí con lágrimas de sangre y a base de maltratos (ok.. olviden eso último).
Muchísimas gracias a los que dejaron reviews el capítulo anterior, me animaron mucho ^^ y de antemano les agradezco que se tomen la molestia de leer :)
Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son obra del único, grandioso e inigualable Masashi Kishimoto-sama. De ser míos hubiera realizado una infinidad de cambios a la historias -.- (ya saben... SasuSaku, Naruhina, una Karin muerta, Itachi, Asuma y Jiraya no hubiesen muerto, etc, etc, etc,)
Advertencias: muerte, lenguaje un poquitín fuerte y violación implícita.
Sin más distracciones... ¡A leer!
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Soledad
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Capítulo 3: Soledad
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Todo a su alrededor era únicamente inmensa oscuridad, no podía distinguir absolutamente nada, sólo más y más oscuridad; se percibía también como la soledad ocupaba el trono y se autoproclamaba reina del sitio. Como odiaba todo aquello, realmente lo odiaba. Pero ya estaba acostumbrada a estar sola, porque así lo quiso ella misma.
Desde que era muy niña la soledad se ha convertido en su eterna compañera, una no grata compañera. La conoció el día en que sus padres fallecieron, aquella monstruosa noche ¿Quién pensaría que lo que comenzó siendo un día cualquiera se convertiría en el inicio de lo que sería su infelicidad? A partir de ese día cambió drásticamente su actitud, sus "amigos" paulatinamente comenzaron a distanciarse de ella hasta tacharla y acusarla de bicho raro, se convirtió en una incomprendida. La única que permaneció a su lado fue Ino, ella fue la única amiga de verdad que hizo en aquellos días. Y claro que también Naruto, pero él llegó un par de años más tarde.
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Un punzante dolor en la cabeza retuvo sus pensamientos. Empezó a escuchar unos leves murmullos, no lograba identificarlos. Quiso abrir los ojos, pero éstos le pesaban enormemente.
Pasaron unos cuantos segundos en los cuales podía escuchar como el volumen de las voces crecía y hacían el más sencillo identificarlos, pero seguía sin dar con ellos. No sabe de dónde, pero saco fuerzas para finalmente abrir los ojos; en un inicio sin distinguir nada, ya no había oscuridad pero ahora todo era borroso.
Cuando por fin pudo enfocar su vista en algo concreto, vislumbró a una Ino a su lado que la miraba con preocupación e inquietud.
-¿Qu- qué… pasó? –preguntó la ojijade con voz dificultosa y rasposa.
-No lo sé. Cuando salí a la sala estabas inconsciente. –respondió maternalmente.
Se quedó un momento procesando la información dada por su amiga intentando recordar lo ocurrido, hasta que a su mente acudió…
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/ FLASHBACK /
Lentamente dio un par de pasos tratando de calmarse, pero su intento se fue por el drenaje cuando vio una sombra que salía desde el pasillo que daban hacia las habitaciones dirigiéndose hacia donde ella se encontraba.
Su corazón se aceleró dolorosamente. Quería huir pero en ese preciso instante su cuerpo no respondía, se hallaba presa del miedo.
Lo último que alcanzó a ver fue una cabellera azabache y un par de inescrutables ojos oscuros antes de que todo a su alrededor se nublara y cayera de estrépito contra el frío suelo.
/ FIN FLASHBACK /
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Estaba aun más confundida.
-Yo… -habló atropelladamente.
-Qué bueno que al fin despiertas, feíta. –giró su rostro hacia donde provenía esa voz conocida – estaba a punto de echar agua en tu feo rostro para ver si despertabas –terminó enseñándole el vaso y sonriendo con su acostumbrada falsa sonrisa.
-¡Sai! –retó la rubia – ignóralo, está bromeando. El vaso era para mí –dijo regresando su azulina mirada a la ojijade.
-¿Qué haces aun aquí? -preguntó Sakura desorientada.
-Gracias por preocuparte por mí, Ino-sama -imitando la voz de la pelirrosa – De nada frentona. Tú sabes que para eso están las amigas –se contestó sarcásticamente.
-Ino…
-Sai estaba esperando que recogiera un par de cosas para irnos. Cuando estaba por terminar oímos la puerta, supusimos que eras tú y Sai salió para joderte o algo así le alcancé a escuchar. De repente escuché como si alguien hubiese caído, salí para ver que había pasado y tú ya estabas desmayada.
-Cuando salí y me viste simplemente caíste desmayada –dijo Sai encogiéndose de hombros.
Todo había sido simplemente producto de sus nervios -pensó la ojijade tranquilizándose.
-Frentona, ¿Te encuentras bien?
-Ehh…sí.
La verdad era que seguía con el punzante dolor de cabeza en aumento, se sentía mareada con unas terribles ganas de vomitar y sus músculos de los brazos y piernas se encontraban adoloridos y ligeramente entumecidos. Pero no deseaba ni tenía la más mínima intención de arruinarles la noche preocupándolos en vano.
-¿Segura? –insistió la rubia.
-Sí. Solamente necesito descansar un poco y quedaré como nueva.
-Si tú lo dices…
-Por cierto Ino, ¿Pagaste la renta? Lo último que necesito es que venga el señor a querer botarnos del departamento. –preguntó desviando el tema mientras dificultosamente se ponía en pie.
La Yamanaka titubeó un poco antes de contestar.
-Sí. Lo pagué después de que saliste al trabajo.
-Más te valía o si no te aniquilaba y Sai quedaría solterito, Yamanaka Ino. –amenazó con un atisbo de burla- ahora sólo me queda advertirles que no se madruguen. –dirgiéndose al pasillo.
-Sí, mi generala. –contestó su rubia amiga soltando una carcajada.
Cuando entró a su habitación soltó un gran y sonoro suspiro. Se llevó las manos a la cabeza, el dolor se le hacía insoportable. Se acercó a la mesita de noche junto a su cama y sacó un par de pastillas para alivianar el dolor de cabeza e inmediatamente se las llevó a la boca sin siquiera tomar una gota de agua.
Volvió a suspirar sonoramente y se echó encima de la cama posando su no muy larga melena rosácea sobre el filo de la almohada a esperar que le mermara un poco el dolor. Pasó un largo rato en el que se dedicó exclusivamente a inspeccionar el techo blanquecino, que debido a la noche a penas se conseguía distinguir; escuchaba como afuera llovía con algo de vigor. A su mente acudió el recuerdo de aquella pesadilla haciendo que su cuerpo reaccionara mediante un escalofrío. Automáticamente se sentó y decidió que era tiempo de comer algo. El dolor había disminuido considerablemente.
Abandonó su habitación parsimoniosamente y cuando llegó a la sala se fijó que ya no había absolutamente nadie en el lugar, de seguro Ino y Sai debieron ya de marcharse. Le restó importancia y fue rumbo a la cocina a prepararse algo; una vez hubo hecho algo que calmase su estómago, un par de tostadas y jugo del día anterior, se dirigió de nuevo a la sala a comer disfrutando de la televisión en el proceso. Así se quedó por unas dos horas hasta que finalizó la película que estaba mirando dejándole un sabor amargo, puesto que la protagonista no lograba quedarse con el chico que amaba y moría de soledad.
La pelirrosa se levantó del sofá y fue a dejar los trastes a la cocina. Luego, se marchó a su habitación nuevamente a tratar de conciliar el sueño. Estaba cansada, pero no tenía absolutamente nada de sueño.
Nuevamente se echó en su suave cama y volvió a observar el blanquecino techo, intentó cerrar los ojos y entregarse a Morfeo sin conseguir éxito alguno. Volteó su rostro a la mesita de noche junto a su cama y observó la hora, eran cuarto para las doce. Suspiró inaudible y deprimida de su imposibilidad para dormir, encaminó su verdosa mirada en las fotografías a un lado del reloj buscando un distractor.
En la primera, estaban Ino, Hinata y ella en el día de su graduación, las tres estaban deslumbrantes vestidas para ese día especial y con sus diplomas en las manos que era el premio de tantos años de esfuerzos y malas noches. Aquel fue verdaderamente uno de los mejores días de toda su existencia, a pesar de lo mal que la había pasado gracias a los maltratos que recibía por parte de la mayoría de sus ex compañeros consiguió salir por fin de esa prisión graduándose con honores y con un brillante futuro por delante como le decía su tía.
A lado derecho de esa fotografía se encontraba otra que fue tomada dos años antes años antes de aquel gran suceso. Había sido tomada en un día de campo que realizó el hospital donde trabajaba como doctora su tía Tsunade, en ese entonces ella era su tutora… y su madre. En la foto estaban su Tía Tsunade sonriendo mientras abrazaba cariñosamente a su esposo, Jiraya, y junto a ellos estaban ella con una expresión levemente animada y a su lado con una contagiosa sonrisa que derrochaba alegría Naruto, ahijado de Jiraya, se hizo cargo de él cuando Naruto apenas era un bebé puesto que sus padres habían perdido la vida en un accidente automovilístico, a pesar de ese desafortunado incidente en su vida él siempre demostró ser muy feliz por el mero hecho de existir… a diferencia de ella.
Por último posó su vista en la última fotografía que había en la mesita. En ésta aparecían sus padres. Eran de sus padres y ella, cuando todavía todo era felicidad y amor; recordaba perfectamente ese día, fue tomada el día de su cumpleaños número ocho. No habían organizado una gran fiesta, sólo habían invitado a la Tía Tsunade y a otros cuantos más allegados a la familia. Su papá y mamá estaban a cada uno de sus lados abrazándola y sonriendole tiernamente mientras que ella se hallaba con una gigantesca sonrisa dibujada en sus pequeños labios observando el pastel con las ocho velitas encendidas.
La nostalgia invadió su ser haciéndole revivir otros momentos alegres y marcados de su niñez hasta detenerse en el de la muerte de sus padres…
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/ FLASHBACK /
Estaba una pequeña pelirrosa de nueve años de edad con sus sonrojadas mejillas encharcadas abrazada fuertemente a su madre observando como su padre se enfrentaba contra uno de los sujetos que esa noche habían invadido la residencia Haruno. Eran dos, uno que era con el que luchaba su progenitor y el otro, no muy lejos, registrando todo a su paso.
-¡Salgan de aquí! –gritó su padre al tiempo en el que el primer sujeto sacaba un arma.
-Papi… -murmuró siendo arrastrada por su madre a una de los dormitorios.
-Ve por ellas. –el segundo hombre dejó lo que estaba haciendo para ir tras ellas con una mirada extraña.
Lo siguiente que se escuchó fue el sonido hueco de un disparo impactando contra el cuerpo de alguien. Lo último que Sakura alcanzó a ver antes de que su madre cerrara con brusquedad la puerta de la habitación fue como su papá se doblaba de rodillas cayendo en el suelo y como en cámara lenta de su boca empezaba a descender un fino hilillo carmesí.
De repente se sentía asfixiada con la respiración entrecortada, sus sollozos se incrementaron notoriamente y no podía parar de temblar. Escuchaba los pasos del segundo hombre acercándose hasta detenerse al pie de la puerta y como comenzaba a forzarla. Los nervios de ambas mujeres se pusieron de puntas.
-Sakura, escóndete –le ordenó su madre oponiendo resistencia a abrir.
Sakura corrió a esconderse debajo de la cama justo en el momento en el que el ladrón abría de sopetón la puerta que mandó un par de metros a su mamá.
-Miren que agradable sorpresa. –exclamó con sorna – una bella damisela en apuros.
-Aléjese de aquí. –gritó la mujer cogiendo una lámpara como arma.
-O sino qué… ¿Me lastimarás? –continuó mofándose y se acercó dos pasos – si cooperas y haces lo que te ordeno hasta nos podríamos divertir juntos –recorrió lujuriosamente el cuerpo de su madre.
La Haruno mayor arrojó el objeto como única defensa contra el hombre mandándolo estrepitosamente al piso.
-¡Vámonos! –automáticamente Sakura salió de su escondite.
Su madre no había dado más de tres pasos cuando el malhechor se levantó y arremetió contra ella.
-¡Maldita perra! –profirió echando chispas – yo que pensaba divertirme contigo aunque siempre podría hacerlo con tu pequeña hijita.
-A mi hija no la tocas, degenerado –chilló forcejeando desfavorablemente.
-Sí, capaz y ella no me sale tan fierecilla.
-¡Bastardo! –exclamó propinándole un gancho que le hizo sangrar la nariz.
-Desgraciada. Tú te lo buscaste…
Del bolsillo trasero de su pantalón sacó una navaja y rápidamente se lo enterró de manera mortal en el estómago a su madre haciendo que escupiera una cantidad considerable de sangre y diera de lleno contra el piso.
-Mamiiiii… -bramó con la voz quebrada a más no poder.
La pequeña de ojos verdes sentía en carne propia el dolor que se hallaba experimentando su madre en esos momentos con infinita impotencia al ver como un charco de aquel líquido espeso rojo carmesí se formaba alrededor del cuerpo casi inerte de su progenitora.
-Saku… ra… te… amo… -estirando el brazo hacia su preciada hija en un vano intento por alcanzarla hasta que su corazón dejó de palpitar y sus ojos perdieron todo rastro de vida.
-Mami… mami… mami… -pronunciaba incesantemente derramando gruesas lágrimas.
En la puerta apareció el primer sujeto.
-Mierda. –murmuró al ver el cuerpo sin vida – se suponía que sólo robaríamos no que cometeríamos homicidio.
-Las cosas se pusieron densas y no tuvimos más opción.
-Tomemos las cosas y larguémonos de aquí de una vez antes de que se le ocurra a la policía venir porque lo más seguro es que por el bullicio de hace un rato los cotillas de los vecinos ya los debieron haber llamado.
-Anda saliendo tú. –avisó mientras observaba impúdicamente a la ojijade – yo tengo un asunto que resolver con esta princesita que no puede esperar.
El asesino de tu madre se acercó a ti con la navaja ensangrentada y con las manos igualmente teñidas de ese oscuro líquido.
-No me quiero atrapen por culpa de una calentura tuya.
-No es sólo una calentura sino también una pequeña venganza hacia la zorra de su madre por golpearme.
-Tsk, pero no te demores, o si no me largo con todo. –pronunció el primer sujeto antes de abandonar el sitio.
Quería y debía huir de ahí pero se hallaba presa del miedo, dolor y rabia. No pudo reaccionar hasta cuando sintió que era bruscamente tirada sobre la cama.
-¡Ah! –gimió presa del pánico.
-No te preocupes pequeña. –se colocó encima de ella cargando todo su peso sobre el frágil cuerpecito.
-No, por favor no me haga daño. –suplicó agitando sus brazos inútilmente.
-Shh… no hagas tanto escándalo. Lo que va a suceder es algo muy normal.
-Por favor, por favor, suélteme, no me haga daño.
-Tranquila, cariño… -susurró con voz ronca y mirada lasciva – dolor es lo último que sentirás. –río – bueno, tal vez un poco…
/ FIN FLASHBACK /
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Unas cuantas horas más tarde aun era de noche, una noche muy tranquila al contraste de lo que había sucedido hace no mucho dentro de su hogar, llegó la policía al rescate. Llegaron tarde, el daño estaba ya hecho; todo claramente era la imagen de lo que en principio iba a ser únicamente un robo, la casa había sido vaciada casi en su totalidad pero mucho más importante que eso encontraron dos cuerpos sin vida, el de su padre que se hallaba tirado en el suelo de la sala y el de su madre que se encontraba en una de las habitaciones. Y claro; a ella, completamente desnuda abrazándose las rodillas junto al cadáver rodeado en sangre de la que en vida fue su madre. Todo su cuerpo estaba maltratado y lleno de moretones, su labio inferior roto y en su parte inferior se lograba apreciar la sangre derramada, su sangre.
Aquel día le arrebataron muchas cosas. Le arrebataron a sus padres frente a sus ojos, arrebataron su preciada inocencia, arrebataron su sonrisa, le arrebataron toda gana de seguir viviendo en este mundo.
Deseaba con vehemencia morir, desaparecer de la faz de la tierra, alejarse de todo ser viviente que le pudiese hacer daño, abandonar para siempre su sucio cuerpo, porque se sentía sucia, sucia por fuera y en especial por dentro. Había perdido la confianza en todos incluyéndose a si misma. Los hombres ya no se veían igual ante sus opacados ojos, le producían asco, el mero contacto físico se convirtió en algo repugnante. Nunca más pudo volver a ser la misma que un día fue.
Afuera llovía a cántaros, las gotas de lluvia golpeteaban rítmicamente la pequeña ventana y los relámpagos iluminaban fugazmente su dormitorio hasta hundirlo nuevamente en una profunda oscuridad. Su almohada y sábana debían de hallarse humedecidas; sí, empapadas debido a su inconsolable llanto. Sus ojos y nariz debían estar hinchados y rojizos. Sollozos cada cierto tiempo abandonaban involuntariamente sus labios aunque se vía opacado debido al sonido de la lluvia. El dolor de cabeza había desaparecido ya para ese entonces, pero en su cuerpo se había instalado uno mil veces peor y que poco a poco la absorbía. Le dolía el alma.
Y así se quedó, hasta que su cuerpo y mente no dieron más. Se echó a llora en la oscuridad de su fría habitación, infeliz y desdichada de su vida hasta que paulatinamente su llanto fue cesando hasta que finalmente desapareció y se entregó al sueño. Y como siempre se ha sentido… sola.
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El inacabable sonido del timbre la obligó a abrir los ojos arrepintiendo al instante al sentir la luz solar de golpe. Después del aguacero de anoche el nuevo día había aparecido realmente soleada y la luz se filtraba por la ventana iluminando totalmente la habitación.
Se levanto rápidamente encaminándose a la puerta de entrada antes de que el timbre se dañe de tanto tocarlo.
-Buenos días. –dijo sin mucho ánimo la pelirrosa cuando abrió la puerta.
Frente a ella estaba parado su casero. Un hombre que rondaba casi los cincuenta años, de mediana estatura, gordito y con una calvicie que no pasaba desapercibida. Ese señor le resultaba algo desagradable.
-Buenos días. –murmuró entre dientes mirándola con impaciencia – vine a cobrarle el alquiler que me debió de haber dado la semana pasada.
-Pero si mi compañera me dijo que ayer se lo había pagado.
-¿Compañera? –preguntó confuso – a mí no ha venido nadie el día anterior y no me interesa si usted o su amiguita me pagan pero quiero el dinero ahora.
- Discúlpenos señor, le prometo que le pagaré sin falta después. En estos momentos no cargo con el dinero suficiente y mi amiga no está en casa.
-Usted lo que está haciendo es evitar pagarme.
-No, en serio. Cuando llegue mi amiga le pediré el dinero del alquiler y personalmente se lo pagaré.
-Mas le vale que sea cierto porque sino desde ahora le aviso que haga sus maletas, señorita Haruno. –dio por finalizada la conversación y se marchó.
Emitió un molesto suspiro y cerró la puerta lanzándole una que otra maldición.
-Esa cerda mentirosa me las va a pagar muy caro. –escupió enojada con su amiga, a veces era tan irresponsable.
Un papelito blanco sobre la mesa logró captar su atención. Era una nota, se acercó a ella para poder leerla. Lo más seguro es que era de Ino –cerda mentirosa– que la había dejado ahí antes de marcharse y como ayer se encontraba bastante ida no la debió haber tomado en cuenta cuando salió de su habitación.
La tomo entre sus manos y se quedó helada al reconocer la letra.
Realmente eres molesta cuando lloras.
U.S.
Era de Sasuke.
Tal vez después de todo, la noche anterior no estuvo tan sola…
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Espero que les haya gustado :)
Sakura sí que tiene grandes conflictos :S cuando escribí la muerte de sus padres tuve que reducir muchos detalles porque cuando lo leí donde lo escribí primero -una hoja cualquiera- me di cuenta que me había quedado demasiado gore. Luego lo pasé en mi cuaderno escribiendo esa parte menos detallada (seguía estando gore jejej ) y por último cuando lo estaba tecleando en la compu dio como resultado lo que leyeron, que creo, ya no es gore... ¿No está gore, verdad? :S jejej es que la verdad me gusta mucho describir muertes y sufrimiento...
Estoy abierta a cualquier tipo de críticas, opiniones e insultos hacia mí, mas que sea para mandarme a freír esparragos a la perimetral. Y si consideran que la historia en proceso merece reviews, les estaría muy, muy, muy agradecida y feliz. Recuerden que los reviews nos animan a seguir escribiendo.
Nos leemos en el siguiente capítulo!
Bye! ;)
