~Extensión: 1,699 palabras.
~Notas: Oh, me he tardado tanto esta vez. Espero que aún sigan interesadas en la historia, realmente éste es un capítulo necesario aunque no tan emocionante. Pero ya se viene lo interesante, quizá estén a punto de matarme (cosa que no me sorprendería) por todo lo que me he tardado y digamos que sigo manteniendo la intriga pero no se desesperen que ya estamos llegando a las 'situaciones'. Muchísimas gracias por su apoyo y por leer la historia, al menos quiero que sepan que no la abandonaré y que ya se acercan las vacaciones (en las pasadas me fue tan mal que ni tiempo de entrar a internet para leer algo tuve, entre lo de mi abuelita y los parciales). Después vino el Hiatus inspiracional y blah, blah, no podía pensar en nada. Hoy me he sentado con el objetivo de hacer mínimo un capítulo de Spiral y lo he logrado; finalmente. Muchas, pero muchas gracias por sus reviews, básicamente ustedes han sido mi inspiración =) y ahora a leer.
~Disclaimer: Digimon es propiedad de Akiyoshi Hongo. Nunca me ha pertenecido, ni lo hará. No tengo, y nunca he tenido ánimo de lucrar con esto.
Nadie sabe lo que va a pasar puede que hoy te vayas puede que mañana regreses, y puede que de ambas maneras lo eches en falta. La vida gira y gira en espiral, te marearás, caerás, soñarás, detendrás y volverás a girar sin detenerte.
Ni con 10 litros de cafeína.
"Todavía te mueras por estar conmigo.
Y falte el aire cuando yo te miro..."
(Cuando regreses -Santiago Cruz.)
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Mimi volvió la cabeza con brusquedad, casi se pudo escuchar su cuello tronar. Había sido tan repentino, no conocía esos acordes… eran suaves, cálidos y hermosos muy diferentes a como solían escucharse, menos fuertes pero mucho más claros. Aunque no era eso lo que había hecho que casi se rompiese el cuello por mirar la pantalla del edificio sino la voz.
Conocía esa voz, demasiado.
Es por esa razón que le sorprendía escuchar esas palabras, ese tipo de tonada con esa voz. Puede que sí lo hubiera escuchado cantar así pero nunca en público simplemente cuando estaban solos, nunca había escuchado al ídolo del rock Yamato Ishida interpretando una balada romántica, jamás. Esos momentos eran privados, eran únicos; sólo Matt y Mimi. Cerró los ojos con dolor cuando el presentador pronuncio el nombre de la canción junto con su ranking y el hecho de que era el nuevo sencillo de los Teenage Wolves y mencionaron que probablemente la había compuesto Yamato.
No sé qué va a pasar cuando regreses, cuando te vuelva a ver…
Vaya.
No creía que pudiera seguir digiriendo la cafeína especialmente luego de escuchar eso. Dejó su helado de café a un lado medio recostándose en el asiento con los ojos cerrados. El mesero se acercó inmediatamente, Mimi se quitó las gafas oscuras cuando le habló.
— ¿Señorita se encuentra bien? —Su voz eran tan amable pero su mundo aún daba vueltas no quiso abrir los ojos.
Asintió con un escalofrío. El mesero palideció un poco.
—Permítame le traigo un vaso con agua.
Respiró profundamente un par de veces. Trataba de concentrarse en sus ejercicios de respiración para no ir al baño, si osaba levantarse vomitaría, a estas alturas no tenía la más mínima duda. Recuerda las lecciones de meditación se dijo en voz muy baja, a su lado unas chicas gritaban cuando volvió a sonar la canción. Resopló pasándose la servilleta por la frente.
—Escucha, escucha —dijo una de las chicas de la mesa de al lado.
El viento frío le hacía sentir levemente mejor, pero en ese momento maldijo elegir una de las mesas de afuera. Bien podía haberle gustado la atmósfera de tranquilidad e intimidad del interior del local. Lo miró con duda, una pareja se besaba en la mesa de al lado de la puerta; Mimi arrugó la nariz, ya recordaba porque no había entrado.
—Parece que me habla —gritó una de ellas.
Mimi boqueó cuando las adolescentes gritaron nuevamente 'parece que me habla, esa canción me encanta' casi a coro. El mesero apareció con el agua que la Tachikawa se bebió de golpe y esbozó una sonrisa, las náuseas parecían haberle remitido, se levantó dejando el dinero suficiente para pagar más una considerable propina.
Le agradeció y pese a la insistencia de éste, que quería que Mimi se quedara escuchando la canción y los gritos de las chicas por lo menos hasta que su semblante dejara de estar pálido, se marchó. Fue una pésima idea haberse quitado las gafas él seguramente se asustó de ver sus horribles ojeras. Pero ahora no tendría que escuchar a las adolescentes empezaran a hablar de quien sería la persona a la que estaba dedicada; antes de escuchar su nombre enlazado con el de Matt. No es algo que pudiera soportar en estos momentos, porque ella tampoco sabía lo que sucedería.
Arrg. Odiaba a Yamato en este instante, cómo se atrevía a escribir semejante canción y presentarla. Ella podía leer el mensaje entre líneas: quiero que regreses y sé que quieres regresar, ambos sabemos que el 'no habrá culpables no evites mirarme' no queda porque seguimos sintiendo lo mismo. Vuelve, te estoy esperando y sé que me estás esperando. Es un movimiento muy sucio de parte de él decirle que sabe lo que siente, aunque sea la verdad es cruel echárselo en cara.
Se llevó las manos a la cabeza y se jaló el cabello, con mucho cuidado porque sino su peluca morena corría riesgos. Estaba desesperada, le había costado muchísimo tomar la decisión de marcharse y ahora se sentía una traidora. Dejándolo sin información cuando estaba en su derecho de saberlo, de permitirle tomar una decisión pero era demasiado triste exponerse a sabiendas de su posible (al menos le daría el beneficio de la duda, quizá se conmoviera) rechazo.
'Qué patética, Mimi', se dijo, 'cuántas madres no enfrentan a los padres aún cuando las circunstancias son peores y se van en la cabeza en alto pese a que les dijeron: vete sola. Eres una cobarde, no hay duda'. Pero tampoco es que pueda alegar que sea fácil, ella no sabe cuáles eran los sentimientos de las otras madres, aunque si puede comprender su esperanza de tener una familia completa. Aunque el aceptar por compromiso no estaba hecho para ella, no quería que la persona que ama se sintiera obligada a tomar responsabilidad por su descuido. No quería una triste puesta en escena, una mímica de familia que no iba a llegar a ningún lado ella quería que él estuviese bien, física y mentalmente, solo o con ellos; eso ya era decisión de él.
Ese también era el punto, porque no deseaba enfrentarse a él. No quería escuchar su rechazo, era suficientemente doloroso con sólo imaginarlo. Yamato podía ser cruel en ocasiones, bastante cruel, como cuando le dijo a Takeru que no le importaba si amaba a Kari o no, o si se peleaban, que sólo quería que dejara de tocar la puerta de su apartamento a las cuatro de la madrugada. Y aquella vez fue cierto, Takeru desesperado era peor que Yolei embarazada y de compras (Mimi se estremeció de sólo recordarlo) pero se lo dijo tan furioso que T.K. no volvió en un mes a verlo.
Cansada se sentó en el banco de un parque, se sacó las gafas de sol y miró al cielo. Estaba a punto de quedarse dormida cuando escucho los murmullos de unas cuantas personas que pasaron a su lado.
—De verdad lo crees —dijo la voz de un chico— pero no parece.
—Te digo que sí es —le respondió la chica—, ven volvamos a pasar.
'Maldición Mimi' apresuradamente se puso los lentes oscuros y disimuló sacando un celular del bolso, ellos pasaron un par de veces hasta resolver un: 'se parece bastante' que ella alcanzó a escuchar. '¿Qué haces? Estás siendo muy descuidada.' Se reclamó a sí misma, lo único que faltaba era que se encontrara a alguien, ni siquiera sabía porque había vuelto a Tokio. Estúpidos arrebatos de locura y ansias por decir la verdad.
La culpa la carcomía y la pregunta que se había instalado cómodamente en su cabeza permanecía sin respuesta. Guardó el libro cuando sintió las primeras gotas de lluvia en su rostro. Soltó una maldición en voz baja al darse cuenta de que estaba al otro lado de la ciudad en un parque, sin auto, sin sombrilla y que seguramente se soltaría un aguacero milenario. Podía pedir un taxi… pero no tenía celular, convenientemente se le había roto (en una curiosa caída desde un quinto piso) cuando decidió irse. Otra de sus opciones era tomar el tren, debía caminar un par de manzanas para llegar a la estación y era eso o caminar medio Tokio.
Emprendió el paso resignándose a empaparse, y llegar al apartamento en donde se quedaba calada hasta los huesos. Tendría que darse un baño y abrigarse bien en la noche para evitar resfriarse, no le convenía enfermar. Al menos el largo trayecto le serviría para meditar y su ropa era bastante gruesa, le duraría un rato antes de mojarse completamente.
Tres meses.
Aún no se notaba tanto, uno tenía que poner mucha atención y Mimi tenía que ponerse ropa más pegadita. La época de invierno en Tokio ayudaba mucho a que la gente no le cediese el puesto de madres embarazadas en el tren. Aunque a ella no le importaba, generalmente encontraba puestos vacios. Adoraba viajar en tren, era tranquilo y pacífico. Sentía como la tranquilizaba ver la ciudad empequeñecerse y convertirse en unos cuantos borrones luminosos, para ella hacía desaparecer sus problemas hasta que se bajaba del vagón.
Tres meses debían haber sido suficiente tiempo. Tenía que tomar una decisión ya o enfrentarlo o irse para Estados Unidos y nunca regresar, no podía seguir viajando todos los días desde la costa hasta Tokio con el fin de decidir en el camino, una lluvia precisamente como esa podría poner en riesgo la salud de su hijo.
Reconocía perfectamente donde estaba; las calles, los edificios le eran familiares. Todos esos días se la había pasado demasiado cerca de su antiguo… bueno de ese lugar. Quizá esperando encontrárselo y tener una iluminación divina, que le inspirase a decidir algo en el instante en que viera sus ojos azules. La lluvia arreció por lo que Mimi se resguardó en un local que reconoció como el sencillo restaurant que a ella tanto le gustaba (estaba tan distraída que sólo se había dado cuenta que era ese restaurant cuando sonaron las campanillas de la puerta).
Aquel al que solían ir juntos las noches que no querían cenar en algún lugar lujoso o que ella cocinase (lo había aprendido de su madre) o en las que pedían pizza (a Matt le encantaba). Sintió una pizca de nostalgia que la obligó a recorrer el local con la mirada hasta que sus ojos se detuvieron en una cabeza rubia cerca de la barra. Contuvo la respiración, fue tan notorio su repentino mareo que nuevamente se acercó el mesero a preguntarle si estaba bien o quizá se debiera a que permanecía empapada en el tapete de bienvenida con la mirada fija en un punto lejano y cara de espanto.
Él le ofreció una mesa cercana a la calefacción, al otro extremo de su mesa de siempre. Ella no replicó simplemente le siguió con el corazón saltándole dentro del pecho y notando que la respuesta que quería nunca aparecería por concesión divina, ni siquiera 10 litros de su amada combinación gloriosa helado más cafeína se la daría; ella tenía que sufrirla. Se quedó con los ojos cerrados un momento, había hecho su pedido en automático y a la vez había tomado la decisión aunque todavía esperaría a ver como se desarrollaban los eventos.
