~Extensión: 4,606 palabras.

Notas: Ufff, que les puedo decir a parte de lo obvio... Hace más de un año que he tratado de escribir este final y simplemente he estado bloqueada, ocupada y llena de cosas que hacer. Cuando empecé este fic no había entrado a estudiar Veterinaria y es increíble pensar que ya estoy en séptimo semestre, con rotaciones, prácticas, cirugías y exámenes por doquier. Life is a bitch, y yo sé que técnicamente yo también por detener esto tanto tiempo.

Si me sincero con ustedes, nunca pensé que Spiral fuera a tener tanta acogida, simplemente quería escribir algo de Yamato y Mimi, unas cuantas historias que honraran a aquella ship con la que fangirleaba de pequeña cuando aún ni sabía lo que era una 'ship' o una 'fangirl'. He luchado por sacar este capítulo hoy, y me enorgullece decir que éste capítulo es el final de Spiral y también el más largo. Sinceramente espero que cumpla sus espectativas, que no hayan quedado muy OOC y que no se empalaguen de tanto fluff y por supuesto que no mueran de depresión por sobredosis de angst.

Sí, habrá epílogo (no será muy largo) y estará colgado exactamente dentro de 7 días, el lunes 17 de marzo; lamento que no pude terminar este fic antes de que se acabara febrero pero me fue imposible aunque sí le adelante muchísimo a este capítulo.

A leer mis bellas lectoras y espero algún día ganarme su perdón.

Recuerden que un comentario suyo, así sea un reclamo y saber que lo leyeron hace el cielo para mí.

Saludos y nos vemos en 7 días.

Disclaimer: Digimon es propiedad de Akiyoshi Hongo. Nunca me ha pertenecido ni lo hará y no tengo ánimo de luchar contra eso.


Bombones rellenos de sentimientos


"Los dos inventamos, la aventura del amor.

Llenaste mi vida y después te vi partir.

Sin decirme adiós, yo te vi partir."

(Hoy tengo ganas de ti - Alejandro Fernández & Cristina Aguilera)

.

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—Luces como si hubieras sido condenada.

Mimi levantó la mirada del suelo; Matt tenía la mano en el picaporte de la puerta, deteniéndose justo unos minutos antes de abrirla ampliamente para darle una inspección lenta y dolorosa; el nudo en la garganta de Mimi parecía aumentar de tamaño conforme sus ojos la recorrían completa.

'Quizá lo esté' no pudo evitar pensar ella.

Él estaba de pie a un costado de la puerta observándola con fijeza con intensos ojos azules de ojeras muy marcadas. Ella no estaba segura si le estaba dando el paso o simplemente estaban compartiendo un momento, así que se dedicó a mirarlo. Tenía el cabello bastante más largo que la última vez que lo vio, el corte era un tanto excéntrico, siempre manteniendo esa imagen de rebelde sin causa; casi podía asegurar que las puntas de su desordenado cabello rubio tocaban sus clavículas. Su piel lucía pálida y sus ojeras eran tan profundas que daba la impresión de que los últimos diez años los hubiera pasado sin conocer la luz del sol, aunque ella se imaginaba con el mismo semblante. En honor a la verdad, tenía varios meses que había dejado de ser la fan no. 1 del espejo; pero Matt lucía dolorosamente guapo así, como uno de esos vampiros de moda.

Con su mala actitud y todo.

Yamato suspiró, provocándole un pequeño susto.

—Entra Mimi —pronunció más suavemente de lo que pretendía.

Casi se golpea a sí mismo cuando ella le miró con temor, se suponía que el enojado era él, el que tenía el derecho de enfurecerse o molestarse pero en lugar de eso no podía evitar sentirse aliviado. Y era algo egoísta, porque significaba que ella no estaba bien sin él, que le había falta de alguna manera y quizá tanto como ella a él. Se lo decía su frágil silueta, el temblor de su cuerpo (que no podía asegurar si era por el miedo, la anticipación o la lluvia), su palidez y el vacío que había visto en la miel de sus ojos en ese bendito restaurante.

La castaña entró con pasos dudosos, pensó que Matt la abordaría apenas cerrara la puerta tras de sí, por lo que se sorprendió profundamente cuando él siguió de largo rumbo a la cocina después de echar el pestillo y poner las llaves en el llavero que Mimi había puesto a un costado de su puerta para evitar que se volviera loco buscando las llaves cada vez que iba a salir.

Mimi miró la figura de madera con nostalgia, había sido la primera compra que ella había realizado para el apartamento del cantante; si bien recordaba a él no le había parecido muy agradable al principio, y todavía recuerda la cara de sorpresa que puso el rubio cuando notó que no era una simple figurita de guitarra eléctrica, sino la guitarra que él usaba en Teenage Wolf con el logo de la banda y todo.

Ella se hizo la tonta aquella vez cuando Matt le preguntó dónde lo había conseguido, se inventó un lugar en el centro que hacía ese tipo de artesanías; lo cierto es que por el costado izquierdo estaba grabado un pequeñísimo 'Meems' que daba constancia de todas las clases de manualidades a las que había asistido con Sora.

Pero era un secreto que se llevaría a la tumba, y francamente dudaba que Matt lo supiera porque nunca lo había movido del sitio en que ella lo colocó.

De repente una chaqueta de cuero negro se cruzó en su camino, sacándola de todas sus ensoñaciones. Él la miró con el ceño fruncido, quizá estaba molesto porque no se había movido ni un milímetro del lugar en el que quedó de pie exactamente después de entrar. Matt la tomó del brazo y prácticamente la arrastró por el pasillo hasta la última puerta a la derecha, en la que estaba su habitación; a Mimi se le contrajeron todos los músculos pero el rubio la guió a su espacioso baño personal.

La chica estaba estupefacta admirando la tina burbujeante de agua caliente que al parecer le esperaba por lo que casi no notó las frías manos de él desabrochando los primeros botones de su abrigo. Reaccionó hasta que sus manos rozaron el primero de los botones del abdomen y sin pensarlo mucho las apartó de un débil manotazo.

Mimi se llevó las manos al cuello completamente aterrada mientras que Yamato se quedó en silencio, sin mirarla a los ojos retrocedió hasta la puerta con los puños cerrados a sus costados.

—Te deje ropa en la repisa —dijo fríamente, ella boqueó un 'sí' en respuesta. Cuando ya estaba a punto de salir se detuvo unos momentos para hablarle sin mirarla—, tómate tu tiempo.

—Gracias —respondió la voz de una autómata.

Porque no había forma que esa voz tan decaída y descorazonada fuera de Mimi.

Yamato se llevó las manos al cabello al salir del baño y cerrar la puerta tras él, en su habitación camino hasta la ventana y de regreso a la puerta del baño cinco veces antes de levantar una mano empuñada y decidida a golpear la puerta pero cuando estaba a punto de hacer contacto la madera se detuvo; la posó suavemente para dejar salir un gruñido de fastidio. No tenía idea qué demonios estaba haciendo; ella le había hecho claro que necesitaba espacio y lo que quería saber era exactamente porqué, acosarla para que le contestase mientras se bañaba no iba a resolver sus dudas, más bien podía asustar a la castaña y lograr que se fuese. No podía cometer estupideces, no en ese momento se dijo. Mimi estaba en sus dominios y definitivamente no la dejaría cruzar el umbral de su puerta sin conocer los motivos tras sus acciones; se permitió una sonrisa sarcástica… Si la princesa rosa había desertado del reino, este 'villano' iba a estar seguro de que ella suplicase volver a su lado; no la dejaría marchar sin más, jugaría sus mejores cartas incluso si tenía que seducirla.

Se alejó de la puerta con lentitud, nuevamente a punto de mandar al carajo su plan anterior, la desesperación de extrañarla carcomiéndole las entrañas… y es que aún se le hacía difícil creer que ella estuviese allí, en su bañera, era ciertamente increíble… si se pudiera asomar a comprobarlo, escuchar su voz...

Nuevamente se llevó las manos al cabello despeinándose con furia, aunque esta vez sí se percató de que estaba empapado. Recordando la amenaza de su manager de que no podía perder tiempo enfermándose debido a que perjudicaría la gira (hasta él sabía que esas palabras eran una patética excusa para que cuidase más de sí mismo, y podía entender que los había preocupado con su actitud ausente, pero sí que le habían calado fueron las únicas que lograron hacerlo despertar del embotamiento); se cambió la ropa por una seca y encendió la calefacción de su frío departamento.

De paso también encendió el equipo de sonido y lo puso en una de las cursis estaciones románticas que le gustaban a ella, antes de dirigirse a la cocina para hacer café, seguramente ambos lo necesitarían. Su mente comenzaba a visualizar miles de formas de coaccionar a la castaña… pero la mayoría de ellas incluían tirársele al cuello (después de todo las soluciones a besos y caricias eran su especialidad), se imaginó besando esa pálida piel y casi se golpeó por idiota, se supone que estaba enfadado, mucho a decir verdad, ella lo había botado por varios meses y no fue una de sus tontas peleas de media mañana; los besos tendrían que esperar a una excelente explicación; el ardor de su corazón le dijo que no esperaría menos. Frunció el ceño, definitivamente su amistad con Tai lo estaba perjudicando, hablaría con Sora para que inscribiera al Kamiya a unas clases de ajedrez o quizá un taller de matemáticas básicas (no podría con algo tan complicado como el álgebra); pero necesitaba algo que lo pusiera mínimamente a pensar.

Suspiró y se permitió sonreír levemente imaginando a su amigo.

No notó su reflejo en la cafetera, sus dientes asomándose por las comisuras de su boca y sus ojos de un azul intenso, más vivos y ligeros de lo que habían estado en mucho tiempo.

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Ella no entendía nada en ese preciso momento pero su cabeza iba a mil.

No estaba segura si era por el dolor de cabeza que tenía o simplemente era por todos los pensamientos abarrotados luchando una revolución ahí dentro. Tanto tiempo que tuviste para hablarlo Mimi, tanto tiempo que tuviste para confrontarlo se reprochó mentalmente deseando nunca haber escuchado esa canción, cuya letra se repetía sin tregua en uno de los espacios libres de sus bélicos pensamientos cuando de pronto el sonido de otra canción la acaparó, fuerte y alto como un estallido, como una aparición, resonando fuertemente y ahogando los versos de la anterior canción, y Mimi recordó, recordó cómo le gustaba esa melodía, cómo adoraba fastidiar al rubio cantándole al oído con voz espantosamente chillona (a propósito claro, porque no había forma de que cantara tan mal si a los gekomon les gustaba tanto) 'quiero apagar en tus labios la sed de mi alma y descubrir el amor juntos cada mañana' antes de besarlo y besarlo y besarlo hasta que Yamato perdía la paciencia y le hacía el amor. Aquel recuerdo le nubló la vista o no supo si fue eso o el vapor del agua caliente, pero no pudo evitar que unas lágrimas corrieran por sus pálidas mejillas inconscientemente llevó una mano a su vientre y lo acarició cuidadosamente.

Justo cuando le pareció que pasaban unos segundos un golpe seco la hizo saltar.

—Seguro que el agua ya está fría —dijo la voz de Matt tras la puerta—. Sal de una buena vez.

Ella asintió rápidamente sin notar que él no podía verla.

—Mimi… —añadió amenazadoramente la voz del rubio.

—Te escuché Matt —respondió ella mecánicamente, se tomó el tiempo necesario para vestirse y salir a enfrentar a su destino, definitivamente se sentía como un condenado a muerte.

Cuando la modelo salió del baño se dio cuenta que no había nadie en la habitación, ella observó cuidadosamente los rincones de la habitación antes de subir el cierre de la chaqueta que se había puesto encima de la cálida pijama de Yamato, se tomó unos minutos para aspirar el aroma familiar de aquellas ropas. Mimi expandió su pecho todo lo que pudo, como si quisiese retenerlo en su nariz por toda la eternidad; al haber creado ese pensamiento tan cursi ella simplemente sonrió suavemente sintiendo sus mejillas arder, se sentía como una chica enamorada.

Captó su reflejo en el panel de la lámpara de mesa y se permitió fruncir el ceño al notarse tan contenta.

No es el momento para bobadas se dijo a sí misma, tienes un dragón que enfrentar Mimi y definitivamente no te lo pondrá fácil.

Salió de la habitación con pasos cortos y temblorosos, puede que hubiera decidido ser valiente pero eso no le quitaba el embrollo a aquel asunto, mientras recorría las estancias del departamento del cantante se dio el lujo de admirar sus paredes ligeramente abolladas, sus muebles de equilibrio precario (mesas con patas chuecas que se sostenían de puro milagro) y sus adornos ordenadamente colocados a pesar de las piezas faltantes de porcelana, o algún trofeo roto por allí; era un aspecto desastroso. La modelo tragó saliva sonoramente preguntándose en qué situaciones Matt había dañado la mitad de la indumentaria de su hogar. Fue entonces cuando llegó a la cocina, él la esperaba sentado cómodamente en la mesa con una humeante taza de café en las manos y la mirada fija en las virutas que dibujaba el humo en el aire; Mimi también las miro unos momentos, recordaba aquel hipnotizante vicio del rubio, cuando calaba cigarrillos durante los recesos de la preparatoria tras el edificio nuevo de su escuela, aún recordaba como a ella y a las chicas les gustaba almorzar en el jardín que daba justo al frente, sobre una improvisada manta cosida por la propia Sora; fue ahí donde ella aprendió a observar a Yamato.

Fue más tarde, en ese mismo lugar cuando ella se dio cuenta de que se había enamorado de él.

Un carraspeo la sacó de sus ensoñaciones, ella simplemente lo miró confundida mientras él señalaba el asiento al frente suyo. La castaña bajó su rostro al suelo, por un segundo entró en pánico deteniéndose a notar su abdomen, se alegró de que no estuviese abultado ni nada, se regañó mentalmente recordándose que era más el peso que había perdido a causa del estrés que el que había ganado.

Mimi se sentó con delicadeza y procedió a abrir y cerrar la boca repetidas veces sin dejar salir una palabra.

Yamato simplemente alzó la ceja.

—Es más difícil de lo que tú crees —protestó la modelo cruzándose de brazos.

Él simplemente hizo un gesto de entendimiento y le señaló la taza de café; ella lo bebió en silencio; supo que había llegado el momento cuando éste se acabó.

—Matt, y-yo… yo… —comenzó la chica dudando y sonando tan nerviosa que el rubio no pudo evitar suspirar, ella se revolvió el cabello húmedo con una mano y apretó su taza vacía entre sus manos—. Yo te amo —finalizó ella.

Él asintió.

—Lo sé Meems —concedió él dulcemente—, yo también te amo… sólo no te entiendo.

Ella se estremeció cuando escuchó la amargura de sus últimas palabras.

—Lo sé.

Los ojos miel se encontraron con los azules, aquel color que siempre le ha parecido tan eléctrico, tan lleno de vida, tan profundo… hoy luce como la sombra de lo que fue alguna vez. Ella recorre lentamente sus facciones como si bebiera de él, se da cuenta que todo en él parece haber mutado, todo se ve más sombrío y triste; se parece más a aquel Yamato que conoció muchos años atrás cuando era un niño solitario que llevaba las riendas de su hogar, que no sabía dónde vivía su hermano ni podía recordar cómo era la risa de su madre. Ese niño melancólico y reservado, que no congeniaba con nadie hasta que Tai no le ofreció su amistad, que no sonrió verdaderamente al reconocer a Takeru entre los niños del campamento, a ese hombre que no soltó su máscara de hielo hasta que encontró verdaderos amigos a los que tendría que soportar hasta la muerte (y ella juraba que a veces él quería irse mucho antes de lo que le correspondía para no tener que soportar sus tonterías) y ese hombre que no le abrió su corazón hasta que ella no le entregó el suyo más de cien veces.

Oh sí, tormentoso había sido la definición de ellos dos; era el sinónimo que creaban sus nombres, uno junto al otro, Matt y Mimi. Pero así habían sido siempre, aun cuando sólo eran dos niños opuestos cuyas miradas se cruzaban cuando nadie prestaba atención preguntándose porqué el otro era tan diferente.

Y no era justo.

Ni para él, ni para ella.

Ninguno de los dos merecía ser 'la sombra de vida' que eran en estos momentos. El mundo se merecía a Yamato Ishida entregado totalmente a su música con la mayor de las pasiones, con el mejor de los ánimos, con toda la salud de hierro que siempre tuvo y con el espíritu rocanrolero que había nacido cuando tocaba la armónica entre las complicadas estructuras del digimundo. En cuánto a ella, bueno sí merecía sufrir un poco por todo lo que le estaba causando al rubio… pero tampoco necesitaba esa carga en su corazón toda su vida recordándole lo mucho que le daño. Definitivamente tenía casi todo lo que quería en su vida, aunque siempre podría idear un plan B con ayuda de Yolei, en caso de que su carrera se terminase. Y aunque él no la quisiera más en su vida (lo que ella temía que pudiese suceder) pues hallaría una manera de enfrentarlo, y quizá en algún momento (uno, muy, muy lejano) cuando se reunieran nuevamente podría alegrarse al verlo y al saber que su vida fue como él quiso.

Ellos saldrían adelante y volverían a ser las personas llenas de vida que eran… Mimi Tachikawa se encargaría de eso.

Miró a Matt nuevamente, no sólo a sus ojos sino a todo él.

Tenía derecho a saber, tenía la obligación de saber; esa realización le cayó como un yunque a Mimi, nadie podía obligar a nadie a tomar una decisión aunque esa persona no estuviese enterada. Ella no podía hacerle eso a Yamato, nunca a él.

Se sintió avergonzada por todo el tiempo que dejó pasar, se llevó una mano al vientre mientras sus mejillas se teñían de rojo. Casi inmediatamente la mano del rubio que no sostenía su taza de café vacía se posó en su frente. La castaña sintió ganas de llorar en ese momento, pero luchó contra las lágrimas que abrillantaron sus ojos.

—Yamato lo que quiero decirte es algo de suma importancia —dijo con una voz apagada, muy controlada y baja— tienes que prometerme algo a cambio.

Él se puso en alerta de inmediato, mientras miles de escenarios pasaban por su mente.

Amenazas, cartas bombas, mafiosos, cualquier inverosímil cantidad de cosas malas cruzaron su mente en dos escasos segundos; pero él se controló apretando los labios un minuto antes de hablar con voz contenida y ojos furiosos.

— ¿Qué es?

Ella tomó su mano, que aún estaba en su frente tomando su temperatura y se la llevó a los labios depositando un suave beso en las huellas digitales antes de guiarla a la mesa donde deslizó su otra mano, atrapando la de él entre las suyas mientras la apretaba un poco.

—Sé que es lo más egoísta del mundo, es algo que no debería hacer y me hace sentirme como una hipócrita… y también una tonta y caprichosa —frunció el ceño—, siempre lo he sido, debes pensar mucho peor de mí. —'Es lo normal' se dijo a sí misma—. Es que venir a pedirte una promesa, cuando claramente no lo merezco, es un descaro. —Tomó aire después de haber dicho una sarta de palabras en menos de un minuto, Matt alzó la ceja—. Y-Yo quería pedirte que por favor —sonrió nerviosa—, y-yo, la prome…

—Meems —resopló exasperado el cantante. Ella simplemente asintió 'cómo dándole la razón a los locos', suspiró—. Sólo dilo.

—Matt…

Él dibujó un círculo en el dorso de la mano de la castaña, su mirada tan calmada como su gesto tranquilizador; aunque curiosamente no combinada nada con el tono de voz anterior, ni el siguiente.

—Dilo.

Su típico tono fastidiado (el que reservaba sólo para ella) hacía eco en su voz, sonrió al recordar una vez que Sora le contó que Taichi estaba celoso de que ella tuviese un tono 'fastidiado especial', casi se rió al recordar a su amigo reprochando que Matt solo se limitaba a gruñirle enfadado.

—No me sigas si no es lo que tú deseas —pronunció ella como si fuese un acto de fe, tan reverencia había en sus palabras; como si hubiera encontrado la solución a todos los cuestionamientos divinos—, sin importar lo que te diga Yamato.

Ella lo miró significativamente, esperando que él dijese que estaba dispuesto a cumplir.

—Es una promesa Srita. Tachikawa —dijo tratando de quitarle seriedad al asunto pero Mimi sabía que podía contar con su palabra, después de todo no era propio de un Ishida romper una promesa. Ninguna clase se recordó cuando la gloriosa imagen de un furioso Matt al lado de un divertido Taichi y un avergonzado Takeru, los tres con falda escocesa, se le vino a la mente; quién diría que Davis les ganaría una apuesta algún día.

—Matt —suspiró ella alejándose del recuerdo—, yo…

Rompió el contacto visual mirando fijamente a la mesa y apretó su mano lo más fuerte que pudo.

—Me fui porque estoy embarazada.

Lo dijo. Lo dijo. Oh, dios, lo dijo. Simplemente así, sin más.

Contuvo el aliento y cerró los ojos.

Dentro y fuera de su mente espero lo peor y lo mejor al mismo tiempo, sentía como su corazón se encogía cada segundo que pasaba en ese momento una risa estruendosa se escuchó resonando en todo el lugar.

Mimi soltó su mano y se dedicó a mirarlo, Matt reía, tan alto y tan fuerte como nunca lo había escuchado. ¿Se estaba carcajeando? Deslizó su mano izquierda al antebrazo derecho para darse un sutil pellizco, oh, era real. Realmente se estaba riendo, hasta se había llevado las manos al estómago; ella ensanchó los ojos miel y se revolvió incómoda en su asiento ya no sabía que esperar.

La risa del cantante fue disminuyendo progresivamente hasta hacerse inexistente, en su rostro apareció un semblante impasible y sus ojos se veían brillantes. Se dedicó a observarla atentamente, nada parecía indicar que fuese a decir algo; Mimi pensó en repetirle aquella aterradora frase pero se contuvo cuando él se enderezó en su silla (la risa le había hecho resbalar ligeramente).

Ella pensó que él le diría algo, cualquier cosa pero él se limitó a mirarla inmóvil durante unos segundos. La modelo se animó a sí misma y fue cuando ella abrió la boca dispuesta a decir algo, cualquier cosa que él hizo un movimiento.

Matt esbozó una sonrisa sarcástica.

—No te seguiré —pronunció lentamente y tan convencido de sí mismo que a Mimi ni siquiera le dio tiempo para dejar caer el alma a los pies, simplemente escuchó sus palabras mirándolo fijamente—. Matt Ishida, el vocalista de los Teenage Wolves no sigue a nadie y menos Yamato Ishida.

—Mucho menos seguiría a Mimi Tachikawa la súper modelo.

La miró unos momentos antes de esbozar otra sonrisa, que esta vez fue irónica.

Era claro que ella estaba confundida, demonios, como si no creyera en la realidad, si tenía la misma cara cuando él le dio una caja de 'bombones rellenos de sus sentimientos' tal como ella le había pedido tras su primera pelea (aún recordaba su tono de voz chillón, que le gustaba hacer para irritarlo: 'Eres tan seco, desearía que me regalaras unos bombones rellenos de tus sentimientos') y la sorpresa de su rostro al entregarle la caja fue lo mejor que Matt había visto en mucho tiempo.

Dios, se llevó la mano al cabello desordenándoselo (más) sin cuidado alguno, por un momento se había dejado llevar por todo. Había sido pánico, pánico puro, del más vil y descorazonador, tan atroz que hasta Matt temió romperse pero habían sido sus pequeñas manos las que lo habían mantenido sin desmoronarse.

Y por unos segundos creyó que lo haría.

Que caería en pedazos, allí mismo y frente a ella.

Pero no.

Mimi se encargó de sostenerlo con aquel férreo agarre y él se sintió grande, poderoso con su mano entre las de ella. E inexplicablemente comenzó a reír cuando lo comprendió todo, cuando entendió toda aquella telenovela y se le antojó tan estúpido que no pudo evitar carcajearse, como nunca antes lo había hecho, se reía de corazón.

Y por todo porque no podía creerlo, porque quería creerlo, porque era muy difícil enfrentar las cosas que habían sucedido, porque en ese momento todo era tan risible que ni siquiera notó que la castaña le soltó la mano. Se sostuvo el estómago hasta que las lágrimas le llegaron a sus ojos, y no pudo evitar pensar que no necesitaba tomar ninguna decisión, se dio cuenta de que siempre supo lo que sucedería en esos momentos porque no importaba lo que pasara o como fueras las cosas Yamato estaba seguro que su opinión frente al tema siempre sería la misma. Se dijo que todo era tan idiota que él mismo no podía evitar sentirse como el hombre más estúpido del universo.

Se dedicó a mirarla tratando de no mostrar nada en su rostro, ella simplemente estaba sentada frente a él con un gesto ansioso y el rostro tan pálido que hasta él se sorprendió de que no se hubiese desmayado ya; justo en el momento en que la castaña despegó los labios para hablar que él sonrió para sí mismo y para ella.

Pero eran dos sonrisas diferentes y él lo sabía.

Y no le importaba porque estaba feliz.

Las palabras se deslizaron de su boca antes de que él se tomase el tiempo de componerlas.

—No te seguiré —pronunció lentamente muy seguro de sí, ella parecía en shock sin mover un solo músculo y con aquellos grandes ojos miel confundidos—. Matt Ishida, el vocalista de los Teenage Wolves no sigue a nadie y menos Yamato Ishida.

—Mucho menos seguiría a Mimi Tachikawa la súper modelo.

Esbozó una sonrisa que él mismo considero cruel, pero se permitió terminar su monólogo.

—Mimi, no te seguiré.

Se levantó de su asiento y se movió al lado de ella, tomando su mano la giró lo más suavemente que pudo hasta hacer que la modelo lo encarara, él dirigió su otra mano a un costado de su rostro peinando suavemente sus cabellos y llevándolos detrás de su oreja. Ella cerró los ojos levemente ante el contacto y cuando habló fue un susurro débil apenas audible.

— ¿No me seguirás?

Su voz dudó en la última sílaba, ella pareció aún más confundida por aquel gesto de dulzura. Matt simplemente se agachó a su altura y le besó la frente.

—No sigo a nadie —susurró con los labios pegados a la frente de Mimi.

— ¿A nadie? —suspiró ella con los ojos cerrados y los labios entreabiertos.

—No.

Matt se esforzó por suavizar su voz.

—Oh —murmuró ella ligeramente decepcionada pero sin hacer amago de apartarse de su lado.

Él sonrió ante este gesto.

—Sí —él definitivamente no quería ser duro con ella; simplemente quería que la castaña lo entendiera—, no es algo que me interese.

—Lo entiendo Matt —respondió ella totalmente calmada.

Ella levantó su rostro haciendo que los labios de Matt se deslizaran por el puente de su nariz, o quizá él lo hizo por cuenta propia, se encogió de hombros mentalmente resignada a nunca saberlo, sólo era consciente de que aún no quería alejarse de él; quería disfrutar este momento que habían creado juntos hasta el final.

— ¿Mimi? —preguntó él cuando sus labios estuvieron en la punta de la nariz de la castaña. Su aliento haciéndole cosquillas en el rostro.

Ella reprimió una risita para contestarle con voz suave.

— ¿Mmm…?

Matt deslizó sus labios más abajo justo hasta posarlos sobre su boca tocándola con la suya.

Él tomó una bocanada de aire.

—Yo quiero caminar a tu lado —el corazón de la castaña dio un revoloteo—, contigo y con él.

Y ella lo besó, le dio un beso intenso, húmedo y cargado de sentimientos en el que expresó todo su angustia, su miedo, su nerviosismo, su felicidad, sus disculpas, su dolor. Él correspondió con la misma fogosidad, contestándole en ese beso con todas aquellas emociones que casi lo habían llevado al borde de la locura en ese tiempo sin ella; enojo, frustración, soledad, miedo y finalmente ambos reconocieron en los labios del otro un sentimiento que sobresalía de los escombros, grande, fuerte, dominante y lleno de pureza.

Mimi terminó el beso en un instante sorprendiéndolo, miró a Matt con los labios y las mejillas enrojecidas y con una mueca pícara y fingidamente molesta.

— ¿Cuándo decidiste que sería él?

Matt alzó una ceja mientras colocaba sus manos en el cuello de ella atrayéndola a él nuevamente, después esbozó una sonrisa triunfadora.

— ¿Te gustaría apostar?

Ella rió subiendo sus manos hasta acunar su rostro.

—Creo que te dejaré ganar —respondió ella antes de que él la besara.