¿Qué tal te va sin mí?
Parte II – Doce años después.
Es de noche. Es otoño. Es lluvioso. Camino por inercia, aburrido; hasta cierto punto, desorientado. Sé que voy camino a un restaurante, uno en el que me gusta mucho comer, porque la barra de ensaladas es buena, pero hoy, particularmente hoy, hay un hastío abominable que comprime mi pecho, amenazando con detener mi corazón y hacer estallar mis pulmones… la calle se ve descolorida, la música se escucha monótona, y no parece haber estímulo que despierte mis sentidos. Es detestable…
—Sí, ¿por qué no?— Respondo a las palabras que me son dichas en algún lugar distante, pero que en realidad vienen de la mujer que camina a mi lado.
—¿Escuchaste lo que dije? Porque parece que me diste una respuesta pregrabada—. Me dice mi acompañante con ese sutil matiz de política ironía que suele utilizar cuando estoy disperso.
—Eh… no, lo siento… estoy algo distraído hoy… ¿podrías repetirme tu pregunta?
—Pregunto si crees que deberíamos tener hijos. Eventualmente he considerado la posibilidad, principalmente porque no tenemos problemas económicos y ambos tenemos un buen nivel académico, creo que nuestra descendencia podría ser muy benéfica para la sociedad en algún momento.
¿Por qué decirlo de esa forma, Sasaki…? ¿No bastaría simplemente decir "porque sería lindo"? Pero ese era un tópico recurrente en mis argumentos contra ella que con facilidad desechaba. Sin embargo, estoy siendo injusto. Estoy con ella porque era lo mejor, porque es verdad: es una mujer culta, inteligente y bella, porque cuando llegas al punto de tu vida en el cual te ves sin muchas posibilidades, tu mejor amiga puede convertirse en una muy buena opción para evitar la soledad en tu madurez, porque albergaba la esperanza de que su trato y su amplio conocimiento sobre mi persona pudiera arrancarme la culpa de haberme negado a otro destino.
—¿Esos serían tus únicos parámetros para decidir tener hijos? ¿No te asalta la idea de poder darle vida a otro ser? Que tenga tus ojos y mi cabello…
—Sí, desde luego, en especial porque la genética fue generosa con ambos, serían niños muy bien parecidos.
Maldita sea, me rindo… ¿es que todo sentimiento debe ser desdeñado por ti?, me resisto, prefiero morir sin descendencia.
—Quizás deberíamos charlarlo con mayor tranquilidad después, ¿no crees?— Atajo yo mientras la hostess nos conduce a la mesa que reservamos esa noche.
—Esa respuesta es una evasión. ¿Por qué te resistes a hablar conmigo? Creo que es un tema importante.
¿Por qué me resisto a hablar contigo, Sasaki? Porque me rehúso a pensar que todo debe representar un beneficio en algún nivel, porque creo que algunas cosas deben hacerse con una venda en los ojos, porque tener un hijo no sólo debe ser sobre su educación y la importancia social o material que dará a su entorno, porque un hijo es sobre amor, sobre confianza, sobre aprendizaje, sobre ternura… tristemente creo que esos términos están más allá de tu entender… y aunque a veces quisiera atacarla con esas palabras, sé que ella en el fondo es una buena persona, que si bien no me ama, me quiere lo suficiente para estar al pendiente de mí. Yo elegí esta vida, así que debo responsabilizarme por ella. No debo mirar atrás.
La camarera llegó y tomó la orden de Sasaki.
—Voy a la barra de ensaladas…— Dije un tanto ausente mientras ella me sonreía con condescendencia, sacó de su bolso uno de los libros de la universidad donde da clases y se puso a leer mientras esperaba a que su orden llegara.
Supongo entonces que en eso consistirá mi vida. En tratar de evitar la soledad aún a pesar de que me mate cada día por dentro.
Lechuga. Daikon. Zanahoria. Cebolla. Un daikon más. Sí, esta noche se antoja para un daikon más…
—¡Ah…! Perdóneme, fue mi culpa…— Digo apresurado al chocar involuntariamente con una joven regresando de la barra, haciendo que tirara la cartera que llevaba, y de inmediato me agaché a recogerla.
—¿Kyon?— Me pregunta la voz… esa voz… una añoranza de más de una década…
Levanté mis ojos sin poder dar crédito, encontré los suyos de frente… con la misma expresión desorbitada que seguramente tienen los míos… brillantes y hermosos como los recuerdo, en ese tono marrón con tintes miel que dan como resultado un ámbar poco común…
—Haruhi…
No hubo palabras por algunos segundos, pero de haber podido, hubiera gritado. Tampoco hubo acciones, aunque saber cuáles llevar a cabo resultaba imposible. Una parte de mí me pedía a gritos que huyera de ahí, que corriera hasta que mis pies no pudieran hacerlo más. Otra parte me impulsaba a abrazarla hasta dejarla sin aliento, a llorar a sus pies por lo solo y perdido que había estado todos estos años sin ella. Y una tercera voz me dijo que me quedara quieto, esa voz fue la que ganó.
—Qué gusto de verte…— Comenzó ella con voz serena, recuperándose primero que yo.
—Lo mismo digo… vaya… ¿cuánto tiempo ha pasado…?
—Doce años, desde que terminamos la preparatoria.
—Luces maravillosa…
Sonrió un poco avergonzada ante mi aseveración… aunque había un matiz de amargura en su sonrisa, seguramente sintiendo en la garganta el sabor a hiel que yo experimentaba en ese momento.
—Fue bueno encontrarnos… ojalá lo volvamos a hacer alguna vez.
—Sí… ojalá…
¡No! ¡De ninguna manera! ¡Acabas de reaparecer, no puedes irte otra vez! ¡No puedes dejarme de vuelta! Involuntariamente la tomé de la mano, evitando que intentara irse… era una causa perdida, pero estaba listo para morir en el intento.
—Ya debo irme… están esperándome…— Me dice sin verme a los ojos.
Sé a lo que te refieres, ignoro quién te espera, pero Sasaki está en una mesa a unos metros de aquí, aguardando a que regrese con ella. Ese día hace tantos años no tuve el valor. No tuve las agallas para decirte que te amaba, para decirte que iba a estar contigo siempre, que tendríamos una familia… ¡pero hoy si tengo el valor! ¡Dejémoslo todo y a todos! ¡Escapemos juntos! ¡Recuperemos el tiempo perdido!
Algo en la expresión en su rostro me decía que ella sentía lo mismo… pero al igual que yo, pudo más la convención y pasó por alto esos sentimientos. Levantó la mano y la plantó sobre mi mejilla, haciendo que tocara el cielo con el sólo favor de su tacto.
—¿Qué tal te va sin mí?— Preguntó en un susurro.
—Muriendo un poco más a diario.
—Idiota… no digas eso… trata de ser feliz, o si no, no habrá valido la pena.
—P-pero aún hoy… aún podríamos intentarlo…
Me detuvo poniendo una mano sobre su abdomen, que sólo entonces noté que estaba ligeramente abultado.
—Este es mi segundo bebé… yo lucho cada día por vivir feliz a pesar de que tú no estás… por favor, te lo suplico… has lo mismo por mí—. Se acercó y besó mi mejilla. —Si no… si no lo haces, serás penalizado…— Dijo con la voz temblorosa. Reaccioné mucho después, cuando se había marchado ya.
—Debió haber una fila terrible en la barra—. Me reprocha Sasaki al regresar a la mesa, notando que había terminado su segundo tiempo.
—No tienes idea.
Comí mis vegetales ensimismado, sin poner mucha atención en qué me llevaba a la boca.
Ese era el fin entonces. Nunca me atreví a decirle a Haruhi que la amaba, ella tampoco preguntó… cuando terminamos el bachillerato realmente deseaba seguir junto a ella… pero ninguno tuvo el valor de reconocerlo. Pensé que el tiempo se encargaría de hacerme olvidar, que conocería nueva gente, que pasarían muchas cosas nuevas… y en parte así fue… pero nunca la olvidé.
Hoy acabo de entender que ella tampoco lo superó por completo. Que ella también carga con mi fantasma como yo cargo con el suyo… no es justo para ninguno, ambos tuvimos nuestra oportunidad y la desaprovechamos, y aunque es maravilloso pensar sobre lo que pudo ser, es sólo una forma lenta y triste de masturbar la mente, de matar el espíritu, de desvalorizar por completo la vida que elegimos… ella, en las pocas palabras que cruzó conmigo hoy, me enseñó que debemos seguir adelante a pesar de no tenernos, que el amor también se manifiesta a través de la renuncia… y voy a honrar ese sentimiento tan sublime que habita en mí… voy a buscar mi felicidad…
—¿Sabes, Sasaki…? Tal vez… tal vez sí deberíamos tener hijos… al menos uno.
Mi acompañante dejó incluso de masticar el bocado, y en un evento sin precedentes sonrió como nunca lo había hecho.
—Sería muy lindo…
Todo en esta vida obedece a un propósito. Finalmente, si el amor es verdadero, será manifestado de una forma u otra… quizás no del modo en que nos gustaría… pero será… tal vez en otra vida o en otro universo si fue, y le mando mi bendición a esa Haruhi y a ese Kyon que si se atrevieron a lanzarse juntos a la aventura de la vida.
Parte II.
¿Qué tal te va sin mí?
FIN.
Hace unos días tuve un sueño. Inspirado por la sensación desesperante que me dejó dicho sueño, nació esta pequeña historia. desde mi punto de vista es muy triste, pero mi opinión no importa.
Ojalá la hayan disfrutado, fue muy corta, lo sé, pero creo que lo valió. ¡Gracias por comentar y actualizaré en breve con otra pequeña historia!
