—Me gustaría beber algo más que una copa cuando terminemos este caso.
—¿Para que nos pase lo de aquella Navidad con Tsuruya?
—Hipócrita, lo dices como si no lo hubieras disfrutado. Ven a dormir, es tarde y mañana tenemos que estar listos a primera hora.
Ese es un pequeño diálogo extraído de "Divinidad Condenada", es una experiencia curiosa acaecida a nuestros personajes la cual me parece digna de ser contada, así que he aquí la primera parte de la intrincada aventura que pasaron en dicha Navidad… espero la disfruten.
X-Mas Party - Parte I.
Beber es un verdadero problema con nosotros dos. Sólo lo hemos hecho un par de veces desde que nos casamos, y si bien los resultados no han sido funestos, si han sido estrambóticos. La vez que más recordamos, pero de la que más cautelosamente hablamos es aquella fiesta de Navidad al año de que Ryoko naciera. Fue una muy agradable reunión en casa de una de nuestras mejores amigas: Tsuruya.
La reunión fue en realidad bastante alegre, con mucha comida y muchos juegos, para ese entonces, el problema de Koizumi con la bebida no era tan grave, y no nos parecía malo en absoluto que su consumo de alcohol lo noqueara, tal como sucedió ese día.
¿Exactamente qué pasaba? Bueno: era veinticinco de diciembre de madrugada (la reunión comenzó el veinticuatro), Ryoko, de poco menos de un año era cuidada por mi madre (ambas familias compitieron por quedársela esa Nochebuena), y nosotros disfrutábamos de nuestra primera fiesta luego de su nacimiento. Tsuruya fue la que organizó tan pintoresca reunión, invitó a cuanto ex compañero encontró y los metió a todos en su enorme casa. Muchos rostros conocidos, pero en realidad nadie de mucho interés. Taniguchi comenzó la jornada haciendo alarde de su gran resistencia al alcohol, pero como podrán imaginar fue el primero en vomitar y terminar tendido en la alfombra, completamente inconsciente. Nagato bebió, más no me dio la impresión de que estuviera ebria, algún tiempo después de comenzada la celebración se había escurrido a la biblioteca de la enorme casa y se quedó ahí, sólo leyendo. A Asahina le bastaron un par de tragos para terminar dormida plácidamente en la misma habitación donde filmáramos la película de la preparatoria y no volveríamos a saber de ella sino hasta la mañana siguiente.
Pasada la medianoche me sentía ya bastante mareado. Haruhi parecía también bastante fuera de sí, al final de cada oración dicha en un balbuceo reía incontrolablemente, pero al igual que en casi todo lo que hacía, era la última en pié.
—¿Sabes en que estoy pensando ahora mismo?— Me pregunta Haruhi luego de unos momentos de risas y comentarios sin sentido.
—¿En qué deberíamos irnos a casa? Porque esa sería una gran idea… aunque con franqueza no creo poder conducir hasta allá—. Respondí sintiendo que arrastraba las palabras.
—No, tonto. Pensaba en algo más… inmediato.
Volvió a reír tontamente sin retirar sus preciosos ojos ámbar de los míos. Con toda la destreza que su estado le permitió, acercó su rostro al mío, depositando en mis labios un beso suave y breve, aderezado con el buqué de un buen vino.
—Estás absolutamente loca si crees que vamos a…— me interrumpió besándome una vez más. Medio hipnotizado traté de seguir argumentando. —Estamos en calidad de invitados… no creo que a Tsuruya le agrade mucho la idea de que tú y yo…
—Sólo que alguien se lo diga… al menos yo no pienso decirle nada.
Buscar un contraargumento en estado de ebriedad es particularmente difícil, así que aprovechando mi confusión me tomó de la mano, con demasiado aplomo para alguien que ha consumido suficiente alcohol para dejar tendidas a dos personas, y me arrastró hacia el pasillo que daba al cuidado jardín interior de la enorme mansión.
—Debe haber una habitación vacía por aquí—. Decía mientras abría cuidadosamente las puertas del pasillo, en las cuales hallábamos algún inquilino dormido.
—¿Sabes que esta podría ser la mayor estupidez que hayamos hecho?— Pregunté al verla abrir una de las últimas habitaciones.
—Una de las mayores… hasta hoy, ¿No es emocionante?
Dio un vistazo fugaz al interior del recinto, para luego volverse hacia mí más sonriente aún. Quizás nunca entenderé la forma en que la química corporal de Haruhi actúa sobre mí, dejando de lado el hecho de que es hermosa y sensual, es capaz de embrujarme sólo con esa sonrisa tan luminosa, y aunque deteste admitirlo, creo que accedería a lanzarme a un precipicio si me sonriera lo suficiente. Así que dejándome llevar por fin por su espíritu aventurero, la tomé por la cintura y la levanté, llevándola a la cama que se alcanzaba ver a través de las penumbras. Rió suavemente cuando la arrojé a dicho mueble y me lancé sobre ella. Dado mi inconveniente estado, no me preocupe demasiado en quitarle la ropa, y a ella tampoco le importó mucho… ya estando inmersos en el momento, realmente el acto mismo no es relevante, importa que estábamos haciéndolo juntos. Así que en ese tenor únicamente deslicé mis manos a los costados de sus caderas y por debajo de su falda para deshacerme de su ropa interior con toda la delicadeza y torpeza que mi estado me procuraba, y a cada tropiezo ambos reíamos. Ella me ayudó tanto como pudo moviendo su cintura para facilitarme el camino mientras se deshacía de mi cinturón y abría mis pantalones.
—De prisa, vamos… te quiero adentro…
—No deberías decir esas cosas.
—¡Mételo ya, con un demonio! ¿Debo suplicarte?
No le respondí. En su lugar, sólo puse mi masculinidad rozando la entrada de su sexo, pero sin entrar, haciéndola quejarse aún más y obteniendo la recompensa de sus primeros suspiros. Estiró un poco las manos hacia su entrepierna y con suavidad abrió los labios de su intimidad, ofreciéndome una vista simplemente maravillosa.
—¿De verdad no quieres esto…?— Me pregunta pensando que había ganado.
Una vez más, permito que mis acciones hablen. Me adelanto, pero en lugar de penetrarla, hago un suave masaje con mi virilidad sobre su vulva, estimulando con delicadeza el pequeño, pero sumamente sensible punto de placer que yace en esa zona de su cuerpo, arrancándole los primeros gemidos de la jornada. Hice eso por varios minutos, a sabiendas de que en poco tiempo la haría alcanzar el clímax, mientras ella mantenía los ojos cerrados y movía las caderas intentando concretar el acto, que seguía siendo sólo de roces.
—Tú ganas…— Dijo derrotada al tiempo que rodeaba mis caderas con sus piernas. —Por favor, te lo ruego… cójeme ya…
La verdad es que iba a hacerlo de todas formas, pero me alegra no haberlo hecho antes. Animado ante su impaciencia, coloqué mis brazos bajo su cintura para elevarla y di una estocada profunda que le arranco un gemido intenso y suplicante. Su interior había alcanzado un nuevo récord en calor y humedad y comprimía inmisericordemente al objeto de su deseo. Comenzamos a movernos, demasiado bien sincronizados para estar tan ebrios, con tanta intensidad que temí por un momento que romperíamos la cama en la que estábamos y de la que sólo ocupábamos la última parte dado nuestro frenesí.
—Termina junto conmigo…— Susurra con voz entrecortada.
Puedo sentir que está por llegar al punto culminante, así que aumenté el ritmo de mis movimientos y la tomé por las corvas, permitiéndome llegar más profundamente dentro de ella, dejándome llevar también por la alucinante sensación de su calor interior y las primeras contracciones que me indican que estamos en la recta final.
—Ha… Haruhi, voy a…
—Hazlo…
Ante su aprobación, hice como me indicó. Sin embargo, en lugar de permitirme rebosar su interior, tomó mi virilidad e hizo lo mismo que yo cuando comenzamos: la froto con delicadeza sobre la fina y caprichosamente depilada vellosidad de su monte de Venus. No pude ahogar un lamento mientras dejaba salir mi semilla con fuerza sobre su abdomen, cosa que ella notó, y tuvo que taparse la boca para ahogar los gritos que venían de su propio placer al llegar al cielo.
Hundí mi rostro en su cuello tratando de recuperar el aliento. Puedo escuchar su corazón, agitado, obligado a dar de más, su respiración dificultosa… ha sido un gran encuentro. Un momento después me separo un poco y observo el campo de batalla. Se ve sumamente sensual con esas medias negras a mitad de sus muslos. Su falda, desacomodada, no cubre su cuerpo, y las pequeñas pantaletas cuelgan de su pierna derecha. Su sexo se muestra arrogante ahora manchado de mi semilla, al igual que su bajo vientre y su ombligo.
De mi abrigo, aún sobre mis hombros y que explicaría el porqué de tanto sudor, extraje mi pañuelo y limpié con delicadeza a mi esposa, que parecía estar al borde del sueño. Luego de unos momentos de letargo, se sentó y pasó sus brazos alrededor de mi cuello para besarme con ternura.
—Eres un hombre formidable—. Me dice sin pretensiones.
—Eso espero, debo ponerme a la altura.
Esperé por unos momentos la respuesta al cumplido, y me volví a ella luego de unos segundos de silencio que no me parecieron normales. Al ver su rostro había algo semejante al terror en su mirada, que estaba fija en un punto justo detrás de mí. Estuve a punto de preguntar qué era lo que pasaba cuando un susurro de Haruhi me hizo compartir su repentino miedo:
—Tsu-Chan…
Me volví tan rápido como me fue posible mientras intentaba acomodar mis pantalones. Tal y como Haruhi había dicho, nuestra ex compañera estaba ahí, sentada en un sillón individual junto a la puerta, sujetando una copa de vino en la izquierda y mirándonos con los ojos muy abiertos…
Parte I.
Fin.
