Esta historia me estaba quemando las manos desde hace mucho, incluso pensé originalmente en hacerla una historia separada por sí misma, pero creo que será perfecta para nutrir Días Del Futuro Pasado, no sé cuán larga será, pero algo me dice que les gustará. Así que sin más, los dejo con El Manifiesto, espero sus comentarios.


El Manifiesto.

Introducción.

—Esto es aburrido—. Dice Haruhi mientras sube de la mano de Ryoko al ático de la casa. Es un lugar luminoso, pero está muy, muy empolvado.

—En efecto, lo es, pero si no lo ordenamos antes de irnos, nadie lo hará.

—Podríamos decirle a Mikuru y…

—¡Oh, por supuesto que no, señorita!— La prevengo. —Esta es nuestra casa, y por tanto es nuestra responsabilidad, no vamos a poner a ningún otro miembro de la brigada a que separe nuestra basura, podrían tirar algo importante por accidente. ¿Quieres enseñarle a Ryoko a relegar sus responsabilidades a otros?

—¿Qué significa "relegar"?— Pregunta Ryoko, que tiene cuatro recién cumplidos.

—Dejar que alguien se haga cargo de lo que te toca hacer a ti—. Responde Haruhi de inmediato, dando una respuesta muy complicada para una pequeñita de cuatro, pero ambos sabemos que mientras yo reflexionaba eso, ella simplemente lo había memorizado ya.

Se preguntarán, por supuesto, de qué hablamos: en unas semanas dejaremos esta casa por unos meses. Haruhi recién fue aceptada en Interpol y será enviada a Lyon, Francia para comenzar con un riguroso entrenamiento, y luego devuelta a Japón para terminar de capacitarse antes de entrar en servicio… apenas puedo creerlo… en fin, sabía desde que salimos de la preparatoria que lo lograría, así que no me molesté siquiera en pelear por mi apellido cuando llegó el momento al casarnos. Por cierto, gracias a una recomendación de Langdon logré entrar a la École Normale Supérieure de Lyon para la maestría, así que toda mi familia se moverá a Francia por medio año. Sólo espero que sea un lindo lugar donde vivir.

Y con eso en mente, los tres comenzamos a curiosear entre el montón de cachivaches que habíamos acumulado con los años, en lo que sería aparentemente un día sin mucha acción fuera de lo común… y Ryoko fue la que encontraría uno de los más grandes y bien guardados tesoros de la Brigada SOS.

—¿Qué es esto?— Preguntó trayendo con esfuerzos un tubo de cartón muy semejante al empaque de ciertas patatas fritas norteamericanas. Un portaplanos pequeño, diseñado para guardar folios A4 o menores… aunque en mi vida había visto ese paquete.

Lo tomé de las manos de mi hija mientras lo examinaba con curiosidad. Era, como ya dije, de cartón, aunque tenía tapas de aluminio en sus extremos, y estaba sellado.

—¿Esto es tuyo, Haruhi?— Pregunté mientras se lo mostraba, se acercó mirándolo con las manos en la cintura.

—Parece más bien que es tuyo—. Me dijo y señaló una parte escrita en hiragana. —Tiene tu nombre escrito.

Observé el detalle que Haruhi encontró… en efecto, no sólo tenía mi nombre escrito… estaba escrito con mi letra.

—¿Estás seguro que no lo dejaste tú aquí?— Me preguntó Haruhi al ver mi confusión.

—Pues si es así, no lo recuerdo…

—No es la letra de papá—. Intervino Ryoko. —Miren la forma en la que hace la curva de aquí…— Dijo señalando uno de los caracteres—. Y hay un montón de rayas que no son como las que hace papá, aunque si se parece…

Ambos vimos a nuestra hija y luego nos miramos entre nosotros… Ryoko no se queda con los calcetines cuando duerme, no le gusta el pescado crudo… y nunca se equivoca.

—¿Qué estás esperando para abrirlo?— Apremia Haruhi… está tratando de contenerse, pero veo una creciente excitación en sus ojos.

Seguí su consejo y ayudado de su navaja suiza deshago uno de los sellos. Me senté en el suelo del ático y mi esposa y mi hija me imitan, mientras observan expectantes. Al retirar la tapa apareció un montón de hojas de papel bond blanco, aunque algo envejecido, estaban sueltas, pero pude notar mientras las extraía que estaban perfectamente foliadas, imagino que para evitar que se rompiera el orden de lectura de las mismas. Mis ojos estuvieron a punto de comenzar mi lectura cuando Haruhi llamó mi atención, deteniéndome en el acto.

—No te atrevas a leerlo tú solo… léelo en voz alta.

—De acuerdo—. Dije y volví a clavar mis ojos en el primero de los papeles, que parecía contener alguna especie de dedicatoria.

Y comencé mi lectura:

Hola.

Te extrañará encontrar este documento entre tus cosas, pero es una buena noticia que estés leyéndolo, porque significa que habrás sobrevivido a la calamidad que llevamos a tu mundo… aunque quizás sea triste, porque es probable que yo esté muerto cuando esta lectura sea hecha. Sé que tal vez merezco ser olvidado y quedar perdido en las turbias aguas del tiempo y el espacio, pero incluso sabiéndome merecedor de ese destino, tengo la esperanza de trascender en el recuerdo de alguien más cuando toda esta locura termine.

Es por eso que dejo detrás de mí este manifiesto para ti. Te contaré como llegamos al punto de la historia donde, aunque fuera fugazmente, nos conocimos, y el porqué de las cosas malas que pasamos, y espero que sepas valorar las palabras puestas en la historia que estoy a punto de contarte. Espero también que lo tomes como mi disculpa por todo lo que sucedió.

Así que presta atención, es una historia muy interesante aunque sea yo quien te lo diga, recuerda que quien no conoce su pasado, no puede, de ninguna manera, imaginar su futuro.

Deseo de verdad que logres leer esto, estoy apostándotelo todo a ti, porque algo me dice que no tendré una nueva oportunidad de contar esta aventura. Confío en ti para que procures su trascendencia.

Un saludo, una disculpa y un agradecimiento.

Kyon.

—¿Qué demonios es esto?— Preguntó Haruhi tratando de sonar escéptica, pero en realidad no cabía en sí misma de emoción. —¿Estás seguro que no lo escribiste tú?

—Lo recordaría… además, supongo que no querrás apostar a contradecir a Ryoko, sabemos que perderías esa apuesta.

—Entonces, ¿quién pudo escribir esto de esta forma tan parecida a la tuya…?

El conocimiento nos golpea de inmediato, haciendo que incluso yo me contagie con el interés y la agitación de Haruhi. Ambos lo supimos al instante y ambos dijimos el nombre del único que podía ser el autor de nuestro relato:

—¡Kyon-Ni!— Exclamamos al unísono, haciendo aparecer una mueca de confusión en el rostro de Ryoko.

Introducción.

Fin.