Aquí el desenlace de este perverso cuento de navidad, ojalá logre despertar algo en ustedes, y si es así, háganmelo saber. ¡Felices fiestas!


Fiesta de navidad

Parte II

Mi embriaguez terminó casi de inmediato, y me quedé sentado junto a Haruhi, ambos debimos lucir bastante asustados para ese momento, es por demás preguntarnos a qué hora llegó, seguramente estuvo ahí antes que nosotros, y desde luego, sería tonto preguntarnos qué tanto habrá alcanzado a ver… ninguno de los tres se movió o emitió sonido alguno por un interminable par de minutos. Quizás lo que más me inquietaba de tan extraña situación era la actitud de Tsuruya, que nos miraba con seriedad alternadamente mientras meneaba su bebida.

Por fin, nuestra anfitriona se puso de pie, haciéndonos contener el aliento, y nos dio la espalda por unos instantes, encarando la puerta, lo que ambos interpretamos como una intención de abandonar la habitación y nuestra oportunidad para acomodar nuestra vestimenta. Ya para ese momento estaba pensando en un buen discurso culpabilizando al alcohol de nuestra poco apropiada conducta cuando un sonido hizo que mi corazón casi se detuviera. Sí, ese sonido era la puerta. Sí, lo había hecho Tsuruya… no, no estaba abriendo para irse… estaba poniendo el cerrojo, encerrándonos a los tres adentro.

—Me gustas… desde hace mucho me has gustado—. Haruhi y yo escuchamos aquella confesión con incredulidad. —Y haberlos visto aquí me provoca muchos sentimientos encontrados… aunque todos muy agradables… de verdad, chicos, creo que son el uno para el otro, y por eso mismo…— se dio la vuelta, sonriente… espeluznantemente sonriente… —tal vez deberían compartir parte de esa felicidad con otros ¿No creen?

Comenzó a caminar hacia nosotros con esa torpeza que causa el alcohol, arrancándonos un respingo… ¿exactamente qué pasaba por la mente de nuestra superior para ese momento…? Lo descubriríamos muy pronto.

—Voy a besarte ahora…— Amenazó Tsuruya acercándose peligrosamente a nosotros y rió.

—Un momento, Tsu-Chan… una cosa es que te guste Kyon, pero eso de besarlo…

Haruhi no pudo terminar su frase, Tsuruya nos había alcanzado ya.

—Sí… él también me gusta, pero no tanto como tú…

Y rompiendo varios paradigmas que tenía sobre ella o sobre mí mismo, puso sus labios sobre los de mi esposa, que no pudo hacer absolutamente nada mientras la joven del larguísimo cabello verde oscuro pasaba torpemente sus brazos alrededor de su cintura. Miré sin creer la escena mientras Haruhi me regresaba la mirada con los ojos abiertos cual platos sin comprender en lo más mínimo como habíamos llegado a ese punto. Pasaron algunos segundos, los ojos de mi esposa seguían fijos en los míos, pero cada vez más serenos. Sentí que mi corazón comenzó a ir más de prisa cuando vi a Haruhi ceder al fin y dejar caer sus párpados mientras comenzaba a corresponder tan repentina muestra de afecto. No me terminaba de quedar claro, pero mi sentido de lógica comenzó a apagarse poco a poco en tanto observo un espectáculo que muchos morirán sin haber visto jamás: ante mí, dos mujeres bellísimas se besan con cada vez mayor ansia y sensualidad, logrando que yo contenga el aliento mientras siento como el interior de mi cráneo está por colapsar.

—¿Kyon…?— lanza nuestra ex compañera mientras acaricia con su rostro el cuello de mi cada vez más excitada y cooperativa esposa. Yo hice un ruidito como respuesta, no me salían las palabras. —Déjame estar con ella un poco… sólo por hoy… buscaré la forma de recompensarte.

Y sin esperar una respuesta que nunca llegaría, sus manos comenzaron a acariciar los senos de Haruhi y rápidamente se abrieron paso por debajo de su blusa.

—Detente, Tsu-Chan… Kyon está viéndonos…— Susurró Haruhi, de pronto congestionada y al mismo tiempo un poco culpable, pero dejándose hacer.

Así, si bien la ropa de mi esposa no desapareció por completo, si quedó en una desnudez que no ocultaba casi nada. Tsuruya, pensando quizás que tenía el control, no se imaginó que yo sería el próximo en moverme dada mi pasividad previa.

—¿Q-qué están haciendo?— Preguntó un momento después, dubitativa al sentir mis manos alrededor de su cintura mientras que Haruhi comenzaba a desabotonar su blusa.

—Kyon y yo somos una familia, Tsu-Chan… y somos un equipo…

Nuestra ex compañera no respondió, aunque le costó unos segundos más salir de su estupefacción, y una vez que lo hizo, lo primero que salió de sus labios fue una sonora y nerviosa carcajada, que se detuvo en el momento mismo que tomé su cabello con delicadeza y lo aparté de su espalda para hundir mis labios en su cuello mientras mi esposa hacía lo mismo, pero debajo de su barbilla. Apenas Haruhi desprendió el último botón, yo retiré con suavidad la fina blusa de satín de sus delicados hombros.

So riesgo de sonar cursi, puedo decir que Haruhi es lo más bonito que he visto en mi vida… pero mentiría si dijera que nuestra ruidosa superior no es bellísima también. Su piel es nívea, y muy suave, lo sé ahora porque mis manos recorren sus brazos desnudos y mis labios ya han hecho camino por su nuca y la parte alta de su espalda, su cabello largo y sedoso cae con naturalidad soltando el dejo de una loción costosa que combinada con su química corporal expulsan una exquisita fragancia difícil de resistir.

Escucho la respiración entrecortada de Haruhi, que se sienta en la cama mientras pasa su boca y seguramente su lengua por el abdomen descubierto de nuestra víctima mientras que yo ataco con fuerza su oreja derecha y acaricio sus senos… son pequeños, mucho más que los de mi esposa, pero también muy bonitos y suaves… Tsuruya ya no reía, su sonrisa había sido sepultada por un gesto que combinaba sus ojos cerrados con una seriedad muy poco común en ella… lanzaba sonoros suspiros al aire mientras se aferraba al cabello de Haruhi, que acariciaba sus piernas y con su lengua jugaba sin reparos con su ombligo.

—¿Ha-Haru-Nyan…?— Dijo… pero no se volvió a verla y por supuesto, no intentó detenerla.

Haruhi levantó el rostro buscando mis ojos… los suyos lanzaban ese fulgor deslumbrante y su gesto era diabólico… sonreía mientras estiraba los tirantes de las coquetas pantaletas de Tsuruya, mostrándomelos y poco a poco comenzó a bajarlas por sus largas piernas mientras retomaba la rutina de besos, ahora haciendo sus caricias bucales más íntimas y produciéndole escalofríos.

Mi abrigo y mi camisa cayeron de mis hombros y al igual que Haruhi comencé a hacer mi propio camino de besos por la delicada y juvenil espalda de nuestra superior, que no parecía saber a ciencia cierta qué hacer, así que se mantenía inmóvil mientras dejaba que mi esposa y yo hiciéramos.

Tal como decía hace un momento, es una joven bellísima, a diferencia de Haruhi, no ha tenido le suerte de ser madre aún, así que su cuerpo sigue siendo delicado y muy esbelto, dando esa sensación de fragilidad e inocencia que resulta muy estimulante. Haruhi por su parte, tiene ahora una figura tanto más elaborada sin llegar a ser voluptuosa, y que a mí en particular me despierta bajas pasiones en segundos.

Unos segundos después, confusa y sorprendida, Tsuruya lanza preguntas inconclusas al aire al sentir los labios y lenguas de los dos sobre su vulva, uno por cada lado de su cuerpo, y se sacude sin saber cómo hacer para asimilar lo que siente. Así tiene su primer orgasmo de la noche y siento sus piernas flaquear. La tomo con delicadeza por la cintura y la deposito con suavidad en la cama. Apenas habíamos comenzado y ella lo sabía, lo que la hizo sonreír aún más.

Haruhi me dejó a cargo de la nueva tanda de caricias orales sobre el desbordado sexo de nuestra ex compañera mientras ella se montaba sobre la chica, haciendo un artístico intercambio de besos que me tenía babeando, y es que si hay algo increíble y maravilloso que ver, es a dos mujeres bellísimas besarse con toda esa pasión y ternura. Levanté las piernas de la jovencita para que mi lengua llegara más profundo en ella, y la escuché suspirar interrumpiendo momentáneamente su actividad con Haruhi.

—Es bueno, ¿verdad?

—S-sí… ¿Cómo hacen para salir de casa todos los días? Si yo fuera tú, no saldría de la alcoba más que para comer.

—Y este payaso no te ha mostrado todo lo que puede hacer…— Me volvió a mirar con ese gesto aterrador que hizo que me detuviera. —Vamos a prepararlo.

En un momento desapareció la poca ropa que me quedaba y era yo el que yacía boca arriba sobre la cama, los dos portentos de mujer estaba sentadas juntas a la altura de mi cintura, mirándome con curiosidad, ignoro qué tipo de expresión tendría en el rostro, pero por sus caras, debía ser una muy divertida.

—Esto requerirá un pequeño ajuste de vestimenta—. Dijo mi esposa obteniendo un mohín de Tsuruya, supongo que porque hablaba de ropa cuando los tres estábamos desnudos.

Sin embargo, lo entendimos sólo un instante después. Para evitar incomodidades, comenzó a anudar su cabello en una cola de caballo, haciéndome aún más feliz si es eso era posible… ah, sí fue posible, y eso fue justo cuando Tsuruya hizo lo mismo con el suyo… encantadoras.

Tomando la iniciativa y sin prevenirme siquiera, la mitad de mi masculinidad terminó dentro de su boca, y comenzó a jugar con sus manos sobre la parte que quedaba fuera. Escuché una expresión de asombro por parte de Tsuruya que hizo que mi esposa se hinchara de orgullo, siguió por un poco más y se separó de mí.

—¿Quieres intentarlo?

La ronin no lo dudó siquiera, se prendió de mí tratando de imitar a Haruhi, y parcialmente lográndolo, aunque con la torpeza propia de alguien que no lo hace a menudo, pero aún así, haciéndolo delicioso. Luego de un par de minutos se separó también, mirando con un cierto matiz desafiante a Haruhi… eh… chicas… esto no es una competencia…

E ignorando ese razonamiento (aunque no podrían en realidad ignorar algo que nunca dije), Haruhi volvió a felarme, esta vez haciendo algo diferente y respondiendo al desafío… lenta, pero voluntariosamente empezó a desaparecer en su boca la totalidad de mi miembro, haciéndome preguntarme cómo… podía sentir el interior de su garganta, era una locura, y habiéndose acostumbrado a tan profunda invasión, comenzó a subir y bajar, haciéndome aferrarme de las sábanas… simplemente era alucinante. Como si eso no hubiera sido suficiente, unos minutos después ambas chicas hacían un esfuerzo compartido, a esas alturas no sabía a ciencia cierta quién hacía qué, porque no podía abrir los ojos, sin embargo, era nítida la sensación de una lengua recorriendo todo el cuerpo de mi virilidad, y unos labios jugando con las joyas… perdón por el eufemismo, pero no se me ocurre otro mejor.

—Suficiente, ¿crees que esto se trata sólo de ti?— Me reprende Haruhi interrumpiendo el juego. —Creo que nosotras también merecemos algo de cuidado.

—Pero yo…

—¡Oh, guarda silencio! ¡Cumple como el hombre que eres!

—Vaya… entonces de verdad eres un sometido… quién lo hubiera dicho—. Tsuruya corona su frase con una carcajada. La dejé reír, tendríamos tiempo para aclarar ese malentendido.

—Quédate así—. Me ordena mi esposa, y yo no muevo un músculo. Se acomoda por encima de mí y con una de sus manos toma el objeto de su deseo y lo encamina para penetrarla. —Ah… vaya… se siente algo diferente hoy…— Qué perspicaz… no sé, Haruhi, quizás tenga que ver con que has hecho posible una fantasía muy recurrente entre los hombres… es decir, compartir el lecho con dos mujeres hermosas es algo que simplemente no esperaba, es obvio que esté un tanto más excitado que otras veces. —S-se siente más duro y… ¡Nhh…! Más grande… eres un pervertido…— Me recrimina mientras me mira a los ojos… su vientre, por algún motivo que no me explico, se siente también más estrecho. Baja poco a poco, disfrutando cada milímetro de intrusión, sigue hablando… —Te excita que Tsu-Chan nos este viendo, ¿verdad…?

—¿Eso lo dices para mí o para ti misma?

No me responde. En su lugar comienza a moverse y tiende una mano a nuestra invitada, que observa expectante y sin lugar a dudas obedecerá todas las instrucciones que le demos. La abraza nuevamente sobre la cintura y la besa más pasionalmente si es posible sin dejar de verme. Tsuruya menea su serpentino cuerpo sobre mi abdomen sin dejar de besar a mi mujer, hasta que rodea mi cabeza con sus muslos.

—Pues yo me quedé algo entusiasmada con lo que estabas haciendo hace rato, Kyon…— Me dice la chica sonrojada, más no tímida, —¿podrías continuar?

Hice caso y elevé mi rostro hasta alcanzarla y comenzar a besar y acariciar con mi boca su zona íntima… ¿mencioné ya que estaba completamente depilada…? Bueno, pues así era… y no me limité sólo a lo que mis labios pudieran hacer con ella, también comencé a utilizar mis manos, hasta que noté que estaba demasiado concentrada en lo que le hacía como para seguir charlando. Haruhi aumentó el ritmo, dado todo el preámbulo, era sólo cuestión de unos cuantos frotamientos para tenerme a su merced… así que comencé a cooperar yo también.

La primera en caer fue Tsuruya. Alcanzó un nuevo y escandaloso clímax casi asfixiándome en el proceso, para luego dejarse caer a nuestro lado, con los ojos apenas abiertos, observándonos. Con mayor libertad de movimiento, me senté para abrazar a mi esposa por la cintura con la derecha y atrapando sus senos alternadamente con la otra mientras saltábamos sobre el colchón. Presiono sus caderas para que nuestra unión sea absoluta, hasta que no se pueda diferenciar entre su cuerpo y el mío, muerdo esos maravillosos pechos, no tan fuerte como para lastimarla, pero sí para arrancarle alguna expresión en el camino, y así lo consigo. Ignorando completamente que no estamos solos, comienza a pedirme a gritos que la reviente.

El desenlace es tan intenso que resultó incluso doloroso. Me recuesto nuevamente mientras veo a Haruhi sonriente y con los ojos cerrados, acariciándose el bajo abdomen, encantada con la sensación de su vientre repleto de todo el fluido que me sacó… ignoro por qué, pero sé que esa sensación le gusta mucho.

Una vez más relajada, se separó de mí, tendiéndose exhausta al lado contrario de Tsuruya, que nos miraba sonriente y parcialmente recuperada… supuse entonces que ella era la próxima…

La atraje con suavidad hasta que quedó tendida frente a mí, mirándome con esos enormes e inquietos ojos radiantes. Miré a Haruhi por un momento, y dio su visto bueno… acerqué mis caderas a las de nuestra ex compañera y coloqué mis muslos franqueando sus caderas. Instintivamente abrió las piernas, dejándolas caer con suavidad sobre las mías.

—Sé delicado…— Me pide.

—¿Es tu primera vez?— Pregunto con algo de culpa.

—¡Claro que no, tonto! Pero si me lo haces como a Haru-Nyan, me voy a romper—. Ríe y extiende sus brazos hacia mí.

Y dando por buenas sus palabras tomé su cintura con suavidad y comencé a penetrar lentamente a la única mujer con la que tendía sexo además de mi esposa y bajo previo consentimiento. Como ya mencioné antes, era algo inexperta y no sabía exactamente qué hacer, fue Haruhi la que se acercó y acarició su cabello con dulzura mientras la besaba de vuelta.

—Tranquila… deja que él se encargue.

Y mientras las dos bellezas volvían a la rutina de los besos y las caricias, yo aumente no la velocidad, pero sí la intensidad de las embestidas. No pretendo jactarme, pero después de complacer a una mujer tan demandante como mi esposa, fue sencillo hacer llegar a Tsuruya al clímax, uno muy ruidoso y húmedo, por cierto, y no fue el único, dado el tipo de rutina sexual al que estoy acostumbrado, tardé algunos minutos más, que le arrancaron otro orgasmo a nuestra compañera en el camino. Dejándome llevar por la sensación, comienzo finalmente a aumentar la velocidad de mis movimientos, y siento llegar el final. Haruhi lo nota y se acerca a mí, besando mi abdomen, por debajo del ombligo.

—Ni se te ocurra—. Me advierte. —Eso es sólo mío…

Y eso fue suficiente para mí. Al momento de terminar, extraje mi virilidad de mi víctima y Haruhi presta la capturó con sus labios auxiliándose de sus manos. No dejó escapar una sola gota, y me ve con esa misma expresión perversa que ha tenido toda la noche.

—Ha sido una noche intensa—. Me dice un poco después. Al mirarme se da cuenta de que tengo algo que decir al respecto. —¿Qué sucede?

—Aún no termina—. Le digo autoritario.

—P-pero…

—De espaldas—. Ordeno.

—¿Qué pasa contigo…?

—¡De espaldas, he dicho!

Su expresión cambia, sus facciones se suavizan, excitada se derrite ante mi aplomo.

—Sí, de inmediato…— se da la vuelta, quedando recostada sobre Tsuruya, que ve la escena sorprendida y divertida. —¿Así está bien?

—Levanta tus caderas—. Me obedece de vuelta. —Ahora dinos… ¿quién manda aquí?

—¿Qué?

Me inclino sobre ella, hasta que mis labios alcanzan su oreja y la muerdo con suavidad.

—¿Quién manda aquí?

—T-tú…— Dice por lo bajo en medio de un suspiro. Me reincorporo.

—Eso no sonó convincente… ¡Dilo! ¿Quién manda aquí, Haruhi?— di una palmada a su trasero, una muy ruidosa.

—¡Ah! ¡Tú! ¡Tú mandas!— Respondió ella en un repentino trance mientras cierra los ojos. —¡Tú mandas!

—Así me gusta.

Así, un poco después y sin proponérmelo me dedicaba a hacer el amor a ambas… simultáneamente… fue una verdadera locura, muy intensamente, muy ruidosamente… cuando intento recordarlo no puedo hacerlo con detalles, pero una gran sensación de felicidad se apodera de mí.


Desperté cuando la luz se colaba ya por las ventanas junto con el trino de las aves matinales, pero no hice nada. Entre los discretos sonidos que me rodeaban escuché una conversación… abrí apenas lo necesario uno de mis ojos y noté que yo estaba en una de las orillas de la cama, Haruhi estaba al centro, dándome la espalda y Tsuruya en el extremo contrario al mío. Eran ellas las que charlaban y reían discretamente.

Estaba sobrio, así que no pude evitar un sonrojo de notar la desnudez de Tsuruya, que se sentaba con naturalidad sobre las sábanas, ignoro de qué hablaban, pero no me importaba, la única idea que en ese momento daba cuenta mi cerebro era que no había sido un sueño.

Nuestra amiga se levantó finalmente y con naturalidad recogió su ropa del suelo, desanudó su largo cabello que cayó libre por su espalda y comenzó a vestirse. Esperé hasta que estuvo completamente vestida para fingir que recién despertaba.

—Eso fue… diferente—. Dijo alegre mientras peinaba su cabello con las manos. —Y supongo que nos ha convertido en lo que podríamos llamar "amigos íntimos"—. Río con fuerza.

—Tsu-Chan… fue muy lindo, pero…

—Descuida, lo sé… será nuestro secreto. Ahora debo salir de esta habitación sin que nadie lo note.

Y no es que fuera algo de qué avergonzarnos o algo que ocultar… sólo que es una memoria sumamente personal, una que quizás no le cuente a mi hija… al menos mientras no sea mayor de edad. Tsuruya se despidió feliz, dejándonos en la habitación.

—¿Cómo te sientes?— Me preguntó una vez solos.

—Agotado, con resaca, ordeñado cual vaca…

—Ahora vas a decir que no lo disfrutaste.

—No podría mentir de forma tan descarada—. Y entonces había una duda que me picaba las costillas desde anoche… debía preguntar… —Eh… ¿Haruhi…? ¿Acaso tú eres…?

—Tal como me conociste, perfectamente heterosexual—. Dijo mientras se levantaba de un salto y comenzaba a buscar nuestra ropa.

—Sí, bueno… entonces todo lo que pasó…

Lanzó mis pantalones contra mi rostro.

—Digamos que soy una chica a la que siempre le ha gustado el chocolate… pero no ve nada de malo en probar la vainilla… ¿recuerdas? Mientras sea alguien extraordinario, no importa si es chico o chica… bueno, no lo era antes de conocerte… ¡Ah, déjame tranquila!

Parte II.

Fiesta de navidad.

FIN.


Y bueno... ¿excitante? ¿pervertido? ¿algún otro calificativo? ¡Entérenme de qué piensan al respecto! Hasta la próxima actualización y una vez más: ¡Felices fiestas!