Viñetas,
por Silence M.
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La Vestal
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Mu la admiraba, era su ideal de mujer, guerrero y madre. En silencio, el aprendiz de Aries lograba retener la furiosa desesperación con la observaba. A la hermosa representación de la Virgen, la ironía hecha mujer.
Se complacía con tan sólo observarla de lejos mientras entrenaba a su alumno. Podía ser cruel aquella Andrómeda, extenuarlo hasta el álgido punto de la capacidad motora de su cuerpo, y de pronto se convertía en la madre amorosa de un niño, contraviniendo todo el curso natural de la vida. ¿Qué madre desearía atravesar a su hijo en la tierra, en vez de darle un beso y una caricia?
Y a pesar de todo, Mu había deseado tantas veces estar en el lugar de Shaka, que en su enfermiza obsesión se había granjeado su más sincera amistad. Todo por aquella fuerza de brazos, por aquella cabellera rubia y larga, aquellos tatuajes celtas que invocaban el frenesí feérico.
Aún en aquellos momentos de angustia, cuando a través de la cara de Shaka resbalaba la sangre, Mu quiso intercambiar el cuerpo, poder tocar el de ella, hacer incesto con su madre, amarla y adorarla. Salithe de Virgo.
