Viñetas,

por Silence M.

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Y si amas

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Aún cuando no podía verla sabía que estaba allí. Sin oírla, estaba seguro de ello: jamás había faltado su presencia, no era aquel el momento que elegiría para flaquear y huir de la ansiedad y la espera. Shunrei se lo confirmó al darle la mano por debajo de la manga, frotándole los dedos encallecidos con sus propios dedos maltratados a causa del trabajo y la pena. Así le infundió calor y esperanza en un mundo de oscuridad y monotonía, y fue como si pudiese ver otra vez.

―Oigo el sonido de la cascada, Shunrei ―dijo él, a lo que ella respondió con voz apacible.

―Sigue ahí, Shiryu, como siempre.

Sí, como todos los días de su vida él la oía desde el árbol al que ella lo había guiado, esperando que el sol del atardecer ―Shiryu podía notar su calor, mas no su luminosidad― no los quemase con sus rayos. Se precipitaba por la alta pared del valle la cascada, como siempre, sin pausa, y casi podía oír la respiración abotagada de su maestro, dormitando y sin duda alerta, a pesar de todo.

El tacto de los dedos de Shunrei avanzó hasta su muñeca, y supo que sus dos manos se habían cerrado en torno a la de él, quien permanecía quieto y en silencio, intentando escuchar. Luego, el peso de una frente contra su bíceps, y el sonido de un llanto. También, las lágrimas calientes que comenzaron muy pronto a humedecer su camisa oscura.

No dijo nada, ella había esperado todo aquel tiempo para llorar. Debía darle el consuelo del silencio, del abrazo, y de la presencia. Jamás volvería a irse de los Cinco Picos. Shunrei ya había esperado bastante.