Viñetas,

por Silence M.

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Desvelando el secreto

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Los dos se miraron sin pausa. Encontrarse así, de repente, había resultado chocante para ambos. Y sin embargo debían admitir que en secreto esperaban aquel encuentro. Sí, desde el mismo instante en el que sus labios invocaron la Exclamación de Atenea que hubo de destrozar el cuerpo físico y mortal de Shaka de Virgo, sacrificado como un toro ante el altar de algún Dios persa.

Shaka había sido una bandera. Mientras viviera, el santuario resistiría. Ahora que había muerto, Mu comprendía lentamente que en sí mismo estaba el poder de vengar y perdonar. Desgranaba aquella certeza como si leyese un libro en medio de la más absoluta de las somnolencias. Y por eso miraba a Saga, porque intentaba descubrir la verdad que necesitaba dentro de los ojos de aquel hombre corpóreo, sin encontrarla.

Géminis tenía pensamientos muy dispares, culpable como era.

Por respeto a la memoria del que fue, muchos años atrás su hermano de armas ―muchos años alejados del día de liberación en el que una flecha guiada por el divino Apolo hubo de atravesar el pecho de Atenea―, Saga levantó el brazo y dejó que el rosario que le había quitado el oído y la voz quedase entre ambos. Solo Mu sabría darle todo el valor que Shaka le había conferido.

Aries lo tomó, confiando en su buena voluntad sin saber por qué, pues-, ¿no era él acaso el cruel enemigo? ¿No habían matado Capricornio, Géminis y Acuario a Virgo?

Sin embargo, atrapó el collar de cuentas. Solo entonces sintió su inmenso dolor.