Y aquí otra historia corta. El episodio "Algún día bajo la lluvia" del animé fue lindo, así que me aventuraré a hacer un complemento de la misma, así que esta historia es previa a las otras, cuando aún era sólo un inocente club para perder el tiempo. No será una historia alterna, sino la versión alterna, narrada por Haruhi. ¡Ojalá lo disfruten!


Día lluvioso.

Esto comienza a ponerse aburrido… no le digo nada a Mikuru, sé que en el fondo de su corazón también está disfrutando la sesión de fotos y videos, pero la verdad es que no me gustaría que pescara un resfriado por el frío que hace hoy. El DVD de la cámara casi se había acabado, así que supuse que no habría mucho más por hacer. Ordené a los chicos de la brigada que volviéramos al cuarto del club, donde Yuki y el tarado seguramente nos esperaban aún… más les vale que sea así. Sin embargo, para mi sorpresa, no es así, la verdad es que no esperaba otra cosa que la seriedad de Yuki y la cara de aburrimiento y molestia de Kyon al llegar, pero la primera se había marchado ya y Kyon dormía en su silla, con la espalda pegada al respaldo y con los brazos desmayados a sus costados, la cara hacia el cielo y la boca entreabierta.

Pude ver que Mikuru sonreía ante su imagen y una sensación muy irritante subió desde el fondo de mi estómago… era como si sintiera dentro de mí que ella no debía verlo, y sé que el muy retrasado estaría encantado de ver como lo mira con esa cara de boba…

—Koizumi, ya puedes irte, seguramente tienes trabajo, ¿no es así?

—Ya que lo mencionas, sí, así que si no les molesta me despido ahora.

—Mikuru, tú también puedes cambiarte e irte—. Le digo sin tratar de sonar demasiado altanera. Da un respingo sin dejar de mirar a Kyon y luego me pone su carita suplicante. —¡Oh, hazlo rápido! ¡Él no despertará!

Aún algo temblorosa comienza a deshacerse del disfraz de mesera y lanza constantes miradas de precaución al bello durmiente… más le vale no estar fingiendo que duerme, o realmente lo va a lamentar. Por fin, luego de interminables minutos gracias a la habitual torpeza de nuestra mascota, recupera su uniforme y se pone encima su grueso abrigo, aunque no se pone el cárdigan, lo conserva en las manos, dudosa, avergonzada, aunque no sé por qué…

—Este… Suzumiya… yo… ¿se quedarán aquí…?

—Sí, no puedo irme sin cerrar el salón y el tonto sigue dormido. Descuida, esperaré hasta que despierte, y entonces nos iremos.

—Eh… de-de acuerdo, sólo espero que no llueva…

¿Lluvia…? No estaría tan mal, los días lluviosos son lindos… no son mis favoritos, pero son días agradables. Aún pensaba en eso cuando vi a Mikuru rodear la mesa y acomodar el cárdigan que no se puso sobre los hombros de Kyon. Creo que involuntariamente dejé salir un gesto, porque ella abrió sus ojos de más y prácticamente se escabulló a la puerta, susurrando un "adiós" temeroso y cerrando tras ella.

¿Por qué me siento así? ¿Celosa? ¿De un simplón sin gracia como Kyon? ¡De ninguna forma! ¡Ni siquiera me importa! ¿Por qué de entre todos los muchachos apuestos, especiales o raros cabría en el universo la posibilidad de que él me gustara aunque fuera un poco…?

Estuve a punto de darme una bofetada cuando noté que mientras pensaba en eso, mis pies me había llevado involuntariamente hasta él, dejándome de pie a su lado, viéndolo dormir, agotado… tuvo que ir hasta otro barrio por la estufa eléctrica para calentar el salón, así que no me sorprende que esté rendido. Por lo general lo trato mal, y sin embargo, no sé si es demasiado noble o demasiado estúpido como para no irse, veo su tórax hincharse con cada respiración, y mueve su cuello ligeramente, sólo ligeramente, apuntando sus ojos cerrados hacia mí… no está fingiendo, sus pupilas se mueven bajo sus párpados, así que definitivamente está soñando… me pregunto qué será lo que ve en esos sueños… porque yo he tenido sueños sobre él… pesadillas más bien, con monstruos de luz gigantes, la escuela cayéndose a pedazos y coronando la cima de las desgracias, con él… besándome…

La posición en la que estoy es algo incómoda, eso es raro, por lo general estar erguida no hace que te duela la espalda, veo mi reflejo en la ventana y entonces caigo en cuenta que no estoy erguida… una de mis manos está sobre la mesa, encima de las cartas con las que Koizumi y Kyon jugaban hace unas horas, mi cuerpo está ligeramente inclinado… no, no, esto está mal, está muy mal…mi otro brazo cae carente de voluntad a mi costado, y lo verdaderamente alarmante de todo el cuadro es que mi cabeza, más específicamente mi rostro estaba demasiado cerca de la de él… ¿qué tan cerca…? Lo suficiente para sentir su aliento sobre mi barbilla…

De ninguna manera, ¡resistiré el impulso! ¡Este parásito no ha hecho nada verdaderamente meritorio para siquiera soñar con recibir la magnífica recompensa de ser besado por su líder de brigada! Mejor aún, quizás debería salir por algo de agua a los lavabos y despertarlo con ella, ¡sí, esa es una mejor idea…!

Oh…

Maldita sea…

Ya es muy tarde…

¿Por qué es que los besos emocionan tanto a los chicos de nuestra edad? ¡Es espantoso! ¡Me tiemblan las piernas, mi corazón late tan de prisa que creo que moriré de un infarto, no puedo pensar con claridad! Y con todo y esa sintomatología encima, no soy capaz de separar sus mis labios de los suyos, ¿Cómo demonios se juntaron en primer lugar? Traté de separarme, pero justo en el instante en que hice el primer esfuerzo, hubo una apenas perceptible señal de correspondencia… ¿correspondencia…? Un momento… ¡MALDITA SEA! ¡ESTÁ DESPERTANDO! ¡ESTÁ DESPERTANDO! ¿QUÉ HARÉ…? ¡LO TENGO! ¡HUIRÉ AHORA…! ¡SÍ, HUIRÉ AHORA Y TOMARÉ EL PRIMER VUELO HACIA CANADÁ…!

Aují…— Murmura con los ojos cerrados… sigue dormido… ¿qué demonios fue lo que dijo…?

—Duerme—. Le ordeno murmurando también… que viva creyendo que fue un sueño solamente… ¡mejor aún, que no lo recuerde en absoluto!

Sí…

Dicho eso, se mueve torpemente, aún dormido, hasta acomodar sus brazos sobre la mesa y usarlos como almohada… tonto… es un idiota, el mayor de por aquí… mira que recibir sin trabajar un premio como el que le he dado y sin siquiera notarlo… pongo mi propio cárdigan sobre su espalda ahora y… ¡mierda!

Me quedo como de piedra. Nada más de quitar mis manos de su espalda, despierta y me mira.

—Ah… sólo eres tú, Haruhi…

—¿Qué…? ¿A-algún problema con eso?

—Para nada.

Es hora de ir a casa ya… está lloviendo… y sólo tomé una sombrilla del aula magna de la escuela… qué poco previsora fui… no es como si quisiera que la lluvia nos obligara a caminar muy juntos... ¿verdad…?

Día lluvioso.

FIN.