RPG – Parte III.
La luz del sol entró entre las persianas, y como si fuera un pequeño geco permití que su luz cargara mis baterías mientras me mantenía inmóvil bajo su delicado toque, era lo único que me quedaba dado que de unos días para acá no tenía a mi joven esposa levantándome con eventuales placeres tanto culinarios como carnales. Si, Haruhi puede ser demandante, mandona y muy irritante, pero tiene ataques de sensibilidad por las mañanas, que bien dirigidos pueden convertirse en eventos maravillosos… demonios, la extraño como loco… es de mañana, domingo y estoy… dispuesto… quizás deba calmar mis impulsos con algo de atención hacia mí mismo…
—Mejor no lo hagas, creo que en cualquier civilización del universo podría ser considerado como algo vergonzoso.
Levanté la cabeza de la almohada al mismo tiempo que sacaba las manos de las frazadas para ver quién me hablaba. Ahí estaba nuevamente el tipo, sentado en la silla del escritorio y mirando igualmente por la ventana. A diferencia de la noche anterior que llegó a salvarme de la muerte en los terrenos de la universidad, no iba vestido con la larga túnica y el extraño traje, en lugar de eso traía unos jeans raidos y una camiseta blanca debajo de una chaqueta de cuero. Parecía un motociclista sin la peste y los malos modales. Luego de un raro silencio en medio del cual no hicimos más que vernos el uno al otro, fue él quien decidió romper el hielo, poniéndose de pie y tomando uno objeto que capturó su atención entre la masa de pertenencias mías sin acomodo en el diminuto cuarto.
—¿Sabes usar la espada?— Preguntó mientras examinaba el bokken que se supone me ayudaría a hacer mis formas en casa.
—Estoy en eso… obviamente no tan bien como tú…
—Eso tiene arreglo… pero no es de eso de lo que me gustaría hablar contigo. Supongo que te das una idea de porque estoy aquí.
—Más o menos… estamos en medio de un pequeño juego de rol que gracias a los celestiales poderes dados a una mujer algo desequilibrada devino en realidad, y ahora los siete jugadores con sus respectivos guardianes debemos competir hasta matarnos para obtener "El Santo Grial" y con ello cumplir nuestro deseo.
—Vaya…— Dijo él arqueando las cejas. —Lo único que sabía era que tenía que ayudarte e cumplir tu misión, sea cual fuere, y si teníamos éxito, podría volver y arreglar… los asuntos que dejé pendientes en casa con la garantía de que todo se resolvería.
—Por tu expresión pareciera que dejaste un problema verdaderamente gordo por allá.
—No tienes idea.
—¿Me das un segundo?
—Por supuesto.
Fui directo al baño en el corredor (ya que como saben, es compartido) y lavé mi cara. Tenía prohibido ir al departamento de Haruhi para darme una ducha, así que los domingos iba a casa de Nagato exclusivamente a eso, ya que con honestidad me daba algo de inquietud bañarme en ese lugar todos los días. Aprovecharía para hacerle algunas preguntas sobre nuestra actual situación con el asunto del juego. Pensaba en cómo hacer para salir sin que mis compañeros de piso vieran a mi acompañante cuando reparé en mi mano izquierda. Regresé a toda prisa hasta mi cuarto y mostré mi dorso a mi extraño acompañante.
—¿Qué pasó anoche? ¿Me tatuaste mientras dormía?— Pregunté acalorado mientras veía la figura circular y estilizada que parecía lejanamente una ave en vuelo. —¿Qué harás luego? ¿Me robarás un riñón?
—Ese es un símbolo importante para mí, buen amigo, pero no te lo dibujé yo. Son tus reiju… te explicaré luego para qué sirven.
—Bien, ahora mismo necesito ir a un lugar, pero no sé cómo llevarte sin que nos vean salir de aquí juntos… así que primero saldré yo y tú me seguirás cinco minutos después, ¿entendido? Te esperaré en la estación de trenes más cercana.
No lo dejé responder, aunque parecía querer decirme algo, lo ignoré y caminé con paso veloz escaleras abajo y anduve trotando los cerca de quinientos metros que separaban mi modesta vivienda de la estación. Sin embargo, grande fue mi sorpresa al ver que mi acompañante ya estaba ahí, con las manos en los bolsillos y aparentando haber llegado mucho tiempo antes que yo.
—Yo puedo ser invisible si así lo deseas, era cosa de pedirlo. La próxima vez procura que tu adversario diga todo lo que tenga que decir, eventualmente encontrarás una vulnerabilidad sólo de escuchar adecuadamente.
"Adversario". Esa es una palabra curiosa, y aunque admito que hemos pasado algunas aventuras extravagantes (como esta) en la que ciertamente debí poner el título de "adversario" a alguien, me sigue resultando raro hacerlo.
Caminamos sin hablar por una calle poco transitada hacia el bloque de apartamentos de lujo donde encontraría a nuestra siempre acomedida extraterrestre. Nunca se me adelanto, tampoco se rezagaba, todo el tiempo caminó hombro con hombro conmigo. Fue la sorpresa de como se estaban desarrollando los hechos la que me hizo dejar mis modales de lado, después de todo, él había salvado mi vida, le debía al menos la cortesía, así que cuando se hizo visible el edificio donde residía Nagato, detuve la marcha y él me imitó, mirándome sin quitar su curiosa sonrisa. Hice una reverencia:
—Perdona por no haberme presentado, mi nombre es Suzumiya…— Pronuncié mi nombre de pila al mismo tiempo que un automovilista loco tocaba la bocina mientras pasaba a nuestro lado a toda velocidad. —… pero tú puedes llamarme Kyon…
Él me miró confundido por algunos segundos sin saber cómo responder a la presentación, supongo que como pasa en países occidentales, no está acostumbrado a las reverencias, aún así, hizo una de casi noventa grados.
—Mi nombre es Saber, que La Fuerza esté contigo.
—Creo que ese es tu título… ¿cuál es tu verdadero nombre?
—Lo lamento, Maestro, pero eso deberás averiguarlo, o podrías gastar un renju ordenándome decírtelo, pero eso podría ponernos a ambos en desventaja, considerando que hay otro Sirviente muy cerca de aquí.
Miró hacia el séptimo piso del lujoso edificio de diez plantas, y yo lo imité…
Toqué el intercomunicador del departamento 708 en la recepción y esperé unos segundos a que se escuchara la bocina levantarse del otro lado. El común silencio de nuestra compañera de club fue mi único recibimiento como siempre.
—…
—Eh… buenas, Nagato… ¿recuerdas que me dijiste que podía venir los domingos aquí a tomar un baño…? Pues venía a eso y también necesitaba charlar sobre…
La puerta automática a mi lado se abrió repentinamente, interrumpiéndome y granjeándonos el paso adentro. Iba ansioso mientras subíamos por el ascensor, aunque eso no impidió que notara que el edificio era perturbadoramente parecido a aquel que Nagato habitaba en Nishinomiya. Finalmente nos apostamos ambos frente a la puerta de la segunda persona más confiable en mi mundo y toqué un par de veces.
Nagato abrió la puerta, mirándome con esa cara blanca, carente de expresión y con forma de póker, para inmediatamente después escrutar a mi acompañante, el cual sonrió para ella tal como había hecho para mí e hizo una apenas perceptible reverencia. Sin responder al saludo, se dio la media vuelta en silencio dejando la puerta abierta para que la siguiéramos al interior del enorme y vacío departamento.
—Veo que tu invocación fue exitosa—. Dijo al fin mientras servía tres tazas de té y nos invitaba a sentarnos a la mesa de centro, único menaje visible en toda la estancia.
—Apenas… y creo que no fui el único que lo logró. Sasaki apareció ayer con su propio Sirviente… e intentó…
—Atentó contra tu vida—. Terminó ella la frase por mí.
—¿Tú sabes qué fue lo que pasó?
—Beban.
Hicimos como indicó y esperamos a que terminara de dar el sorbo a su propia taza para seguir escuchando. Luego de un interminable par de minutos, continuó:
—Era el Sirviente actuando a través de ella.
—Explícate… lo más entendiblemente posible…
—Como te decía ayer por la noche, hubo un cambio en los afluentes de información que alteró muchos patrones en este mundo, en particular en esta ciudad. Entre lo más notorio está el bloqueo de lotes de memoria dentro de la mente de los habitantes de Tokio y el área metropolitana, haciéndolos olvidar todo lo relacionado a la temática que obedecería el juego. El origen de dicho bloqueo es Suzumiya Haruhi.
—Eso supuse… y entiendo que esa parte haya sido olvidada, ¿pero qué me dices de Sasaki…? Nunca la había visto actuar así.
—Al momento que comenzamos a jugar, que fue el momento mismo en que hicimos la invocación, parte de la personalidad del Sirviente se amalgamó con la propia, así que llevamos en este momento adherida una parte de nuestro guardián en nosotros mismo.
—¿Y eso aplica a todos…? porque yo no me siento diferente.
Ante mis palabras, Nagato miró a mi compañero, que no dejaba de sonreír, era como una versión menos fastidiosa y más caucásica de Koizumi.
—Confiable, valiente, maduro y entregado. Todas son cualidades que te definían antes de que el juego comenzara, y son las que tiene tu Sirviente, no sientes el cambio porque él es muy parecido a ti.
—Otra pregunta—. Levanté mi mano izquierda, mostrándole el extraño tatuaje que recién había adquirido. —¿Qué es esto?
—Es un renju. Dicho en palabras sencillas, es el vínculo físico entre un Maestro y su Sirviente, como te darás cuenta, está dividido en tres secciones…— me mostró su mano izquierda, donde se dibujaba un simple diseño de tres figuras geométricas, un círculo dentro de un triángulo, divididos ambos a la mitad por una línea vertical —…su función principal es como herramienta de control, puedes dar una orden irrevocable a través del uso de una de las tres partes.
Quizás era mi imaginación, pero había algo ligeramente diferente en Nagato. No podría explicarlo con precisión, tal vez era que hablaba de cosas ajenas a ella, o que realmente se había esforzado por hacer entendible para mí su discurso explicativo, pero el punto era que no me había costado en absoluto seguir su explicación como regularmente pasa. Sin embargo, quedaba lugar para una última razón hipotética: había adquirido parte de las facultades de su Sirviente… y si ese era el caso…
—Nagato…— Me aventuré al no ver mayores intenciones de ella de seguir hablando. —Me preguntaba… ¿hiciste tu invocación?
—Sí.
—Y… ¿qué tal…?
—Exitosa—. Dijo con cautela.
—No me refiero a eso… ¿Dónde está?
Por primera vez desde que la conozco me miró con cierta desconfianza, gesto que yo correspondí arqueando las cejas, dándole a entender que nada debía temer. Después de todo, ella vio a Saber desde que llegamos aquí.
Convencida al fin, se levanto de la mesa con su típico paso carente de lenguaje corporal y caminó hasta la cocina, trayendo una cuarta taza donde vertió algo de té. Volvió a sentarse frente a nosotros.
—Caster—. Dijo en voz plana y tenue.
Pasos pesados se escucharon en el pasillo que daba a las amplias habitaciones del departamento, Saber y yo miramos expectantes a que la persona saldría a nuestro encuentro.
—Estos textos son fascinantes—. Dijo sonriente el anciano aquél mientras hojeaba una revista con reseñas de videojuegos a través de unas pequeñas gafas de media luna. Nos miró con ojos cálidos, como los de un abuelo, aunque noté que un trozo delgado de madera caprichosamente tallado bajaba de su manga derecha.
—No hay necesidad, Caster, no vienen a pelear—. Indicó Nagato, señalando con la mirada la taza de té que había destinado al viejo.
El anciano sonrió ampliamente y relajó la postura, y sólo entonces noté que Saber también soltaba la estafeta de metal que comenzaba a tomar cuando el otro Sirviente llegó.
En una convivencia tan increíble no podía hallar un buen tema de conversación, así que por algún tiempo esperamos a que nuestra anfitriona reabriera la charla, mientras tanto me distraje examinando al viejo que respondía al título de Caster.
Como ya había mencionado, era un hombre de edad avanzada, pues toda su cabellera (larga, por cierto) era plateada, caía en ligeras ondulaciones sobre su espalda y hombros, conectándose en su rostro arrugado con una barba igual de larga y cana atada a la altura de su pecho por un pequeño broche dorado. Tenía unos profundos ojos azules que denotaban por su eterna expresión que era poseedor de una sabiduría y paciencia infinitas. Sí, era como Santa Claus, pero el atuendo, lejos de ser el estereotípico rojo con blanco, era de color azul añil, adornado con pequeñas estrellas plateadas.
—Y entonces… ¿Qué hacemos? ¿Desenvainamos y nos matamos aquí o sólo beberemos té?— Preguntó mi Sirviente con un sutil dejo de sarcasmo en la voz.
—Propongo que nos aliemos—. Respondió Nagato. —Aún cuando la tarea asignada es la competencia y la definición de un ganador en el juego, siento que deberíamos priorizar otro aspecto de la actual situación.
—¿Qué podría ser más importante que esto?— Lanzó nuevamente Saber.
—La seguridad de todos—. Fui yo quien le respondió.
El tema no estaba a discusión. Sería grandioso obtener un premio que te permita hacer cualquier cosa realidad, pero no iba a poner en riesgo la vida o la salud de ninguno de los participantes (en especial los de mi esposa embarazada), y supongo que mi compañera de brigada sentía la misma inquietud, así que me pareció una idea por demás conveniente, los Sirvientes podían competir entre ellos, ese era finalmente su propósito, sin embargo, Sasaki ya trató de atentar directamente contra mi integridad, definitivamente influenciada por su guardián… lo mejor para todos sería que los más centrados (y no es por ser jactancioso) hagamos lo conveniente para evitar que alguien resulte herido de verdad, al final, no tenemos idea de qué clase de Sirvientes fueron invocados. Sin embargo, no podía dejar de sentir cierta necesidad de volver a ver a Saber enfundar su arma, era un gran guerrero… quizás nunca en mi vida vuelva a tener la oportunidad de ver algo parecido, y mi conocimiento sobre esgrima difícilmente será utilizado en el futuro.
Y como ya era una costumbre, hubo un cambio en el ambiente que mientras pasaba completamente desapercibido para mí, hizo respingar a las otras tres personas con las que departía.
—Parece que esta podría ser una excelente oportunidad para pulir nuestras habilidades como mediadores—. Dijo el anciano poniéndose de pie.
—¿Sucede algo?— Pregunté confundido, imitándolo.
—Está comenzando una pelea justo ahora—. Dijo Saber, que de sólo levantarse hizo resplandecer su atuendo por unos segundos, quedando enfundado nuevamente en el traje color hueso, sólo que esta vez sin la túnica.
—Vamos allá—. Ordenó Nagato a su sirviente, el cual hizo un gesto de cortesía hacia nosotros y levantó el codo derecho, haciendo que la alienígena lo tomara del brazo.
Acompañado por un sonido seco y potente como el de un petardo, ambos desaparecieron.
—Vaya… ¿tú puedes hacer eso?— Cuestioné a mi propio guardián una vez solos en el departamento.
—No… Caster parece tener algunos trucos bajo la manga, sin embargo puedo sentir la pelea, no es muy lejos de aquí.
—¿Y qué estamos esperando para ir…?
Así, mientras corría hacia mi destino (Saber se hizo invisible para evitar suspicacias) podía sentir un muy agradable nivel de adrenalina en mi sangre… tal vez en verdad una parte de él se está impregnando en mí, no soy un tipo al que le gusten las peleas, pero en ese justo momento, me sentía muy, pero muy vivo.
RPG – Parte III.
Fin.
Saludos, internautas. Dejo para ustedes esta entrega de "Días del futuro pasado" y aprovecho para anunciar (y sondear sobre) los próximos trabajos en esta línea argumental. Tardará unas semanas en concretarse por completo, pero creo que les gustarán los resultados. Espero sus opiniones e impresiones, que son, como ustedes bien saben, el combustible para este perezoso autor.
¡Hasta la próxima!
