El Manifiesto.

Parte III.

—Esta es la peor idea que has tenido—. Dije con cansancio luego del vergonzoso registro en este pequeño hotel de paso, aunque debo admitir que parece bastante cómodo.

—No seas aguafiestas—, me recrimina Haruhi mientras coloca un vaso contra la pared, tratando de escuchar cualquier cosa, lo que me parece hasta cierto punto innecesario, los muros no parecen muy gruesos.

Se las arregló no sólo para pedir seis habitaciones y poner a Asakura como vigía, preguntó en dónde se habían "hospedado" nuestras contrapartes y consiguió que mi habitación quedara junto a la de los susodichos, haciéndome más infeliz si es que eso era posible. Nagato se sentó en una de las únicas dos sillas de la estancia, quedándose en su usual modo stand-by, mientras que Asahina hacía lo propio en la mullida cama mientras cruzaba las piernas, mirándome maliciosamente y obligándome a ver por la ventana.

—¡Esto será perfecto!— Dijo Haruhi exaltada, aunque en voz baja. —Lo único que tenemos que hacer es guardar silencio para escucharlo todo y no llamar su atención…

No terminaría de expresar esa idea, el televisor de la habitación se encendió a todo volumen en la más escandalosa y explícita escena de cine para adultos que hubiese visto hasta ese día. Unos segundos después el aparato volvió a apagarse y todos nos volvimos hacia el único que pudo ser el responsable de semejante incidente.

—Lo lamento—. Dijo Koizumi terminando su frase con una risa baja y estúpida.

—¿Cómo logras hacer tantas idioteces en un solo día?— Preguntó Asahina mirando al ésper con auténtico desdén.

—Me levanto temprano.

—Bien, si quieren espiar a este par, por mí perfecto, pero yo no voy a participar—. Dije con irritación.

—No puedes dejar de participar, tú menos que nadie—. Espetó Haruhi tan bajo como pudo.

—¿Y por qué yo menos que nadie?

—¡Porque eres el miembro de menor rango y debes hacer lo que te ordeno, te guste o no!

—Esto es ridículo. Hagan lo que quieran.

Esas últimas palabras las dije muy calmado, de tal suerte que mi interlocutora no pudo rebatirme, así que sintiéndome dueño momentáneo de la situación me recosté sobre la cama mientras el resto de los chicos guardaba silencio, en parte por orden de nuestra líder de brigada, en otra por la escena que recién habían presenciado, que había dejado a Haruhi con esa extraña mueca que está entre la decepción y el enojo.

La ausencia de ruido en la habitación pronto se volvió muy molesta por los primeros minutos, hasta que fingí un ronquido, pretendiendo con ello que dormía. Apenas lo hice, un suspiro triste abandonó sus pulmones y siguió dando indicaciones al resto, hasta que los hizo callar con vehemencia.

—¡Puedo escucharlos!— Dijo recobrando parte de los bríos.

Y tristemente, yo también podía escucharlos. En primera instancia escuché muchos ruidos que no hubiese querido oír, los propios de un par de amantes, y que debo admitir que el simple hecho de escucharlos a hurtadillas movió algo dentro de mí… sin embargo, traté de ignorar la sensación tanto como me era posible. Apenas terminó el encuentro (cosa de una media hora), siguió un periodo sin ruido que me hizo dudar acerca de lo que pasaría a continuación. Haruhi habló por fin: —Parece que aquí no será un gran problema mantener a esos dos juntos…— Iba a argumentar algún otro comentario favorable en cuanto a la situación de los espiados cuando todos fuimos capaces de escuchar claramente una conversación que comenzó en ese momento. Kyonko era quien hablaba, su voz se escuchaba más apagada y seria de lo normal:

—Y bien… ¿Ya sabes qué respuesta darme?

—No quisiera hablar de eso en este momento… dame espació.

—Espacio… ¿sabes algo? Esa actitud tuya comienza a exasperarme, ¿no crees que estás siendo un poco egoísta acerca de todo esto?

—No.

—¡Pero sí lo estás siendo, idiota! ¡Tú fuiste el primero que dijo que podríamos hacer esto sin involucrar ningún tipo de sentimiento!

—Y estamos bien, ¿o no?

—¡Por supuesto que no, grandísimo estúpido! ¡Tú lo arruinaste!

—¿Sólo por decir lo que dije ese día? Vamos, no es para tanto, fue sólo el momento…

—¡Eres un absoluto imbécil!

—No te pongas así, no es tan grave…

—Claro que no… ¿qué tan grave puede ser decirle a una chica que la amas para luego decirle que no fue nada…?— En ese punto, su voz se descompuso un poco. —Me equivoqué contigo desde el principio, un chico tan infantil como tú no podría sostener esta o cualquier otro tipo de relación.

—Estás exagerando, Kyonko.

—Sí… y tú teniendo sexo gratis, pero ya no más.

—¿Y entonces por qué accediste en primer lugar?

—¡Por todos los cielos! ¿Cómo puedes ser tan ciego? ¡Porque tú sí me gustas! Y todo estaba bien en tanto tú no sintieras nada por mí, pero tenías que decir que sí ese día… ahora, Haruki, esto es importante, así que por una vez sé sincero conmigo: ¿Sientes algo por mí?

Hubo un prolongado silencio en el que nadie, ni siquiera nosotros, respiró. Al término que se antojó de varios minutos él finalmente respondió:

—No.

Incluso yo estaba en shock. Luego de unos segundos, Kyonko tomó aire profundamente y escuché claramente el ruido propio de alguien que se levanta de una cama.

—Entonces es todo. Si no tienes el valor de aceptarlo, no será más mi problema. No volveremos a hacer esto… y no voy a volver a tu club, estoy harta.

—No puedes abandonar la brigada…

—¿Ah, no? Sólo obsérvame…

Retumbaron pasos demasiado firmes para una chica tan menuda y la puerta se abrió para cerrarse con fuerza sólo un instante después. Esperamos que hubiera cualquier tipo de reacción.

—¡Síguela…!— Ordenó Haruhi en un susurro mientras esperábamos.

Sin embargo, tuve que levantarme mientras el resto de la brigada se echaba hacia atrás, despegándose del muro. ¿La razón? Un objeto, tal vez una silla, se había estrellado del otro lado del muro por el cual escuchábamos, seguramente presa de la ira de Haruki, e inmediatamente después, algo que definitivamente no me esperaba: sollozos.

Sí, así era. La varonil voz de Haruki resonaba del otro lado del muro lastimeramente en medio de un llanto que le dificultaba respirar. ¿Cuál es el gran problema con Haruhi y sus alter-egos? ¿Todos están acaso discapacitados para aceptar algo como el gusto o el aprecio por otras personas? Estaba en esas reflexiones cuando Asakura abrió la puerta, más seria de lo normal.

—Vi a Kyonko irse hace un momento, parecía muy triste.

Haruhi no respondió, también lucía desamparada, aunque no perdió el aplomo.

—Es todo por hoy, chicos, será mejor que vayan a dormir, mañana pensaremos en algo—. Ordenó al fin, saliendo todos y dejándome solo en la habitación.

Tuvo que pasar un largo rato en el cual tuve que soportar los lamentos silenciosos del sujeto del otro lado de la pared. Él era Haruhi… ¿son esos los sentimientos que ella tiene en su corazón, pero que no deja salir nunca? ¿De verdad estamos destinados a estar juntos? Y si es así… ¿por qué no permite que simplemente suceda? ¿Por qué esa renuencia a aceptar lo que siente de verdad aún a pesar del daño que le hace? Una media hora después, cuando comenzaba a sentir sueño pude escuchar los pasos del chico, saliendo finalmente de la habitación, seguramente yéndose a casa.

Una vez que quedé completamente solo, pensé… creo que fui demasiado fuerte con Haruhi, quizás debí tener algo más de tacto, se lo haré saber cuanto antes… sí, esa actitud siempre altiva que tiene es un problema, pero ella es así, no creo poder cambiarla… estoy seguro que charlando con ella podría hacerla cambiar aunque sea un poco. Inmerso en esos pensamientos poco a poco el sueño fue ganando terreno hasta que sucumbí a su poder.


No habrían pasado más de dos minutos de que el sueño me dejó fuera de combate cuando sentí algo subir a mi cama. Se estaba repitiendo un evento por el que había pasado ya varios cientos de veces… Haruhi se metía a hurtadillas a mi habitación en busca de la atención y la dulzura que constantemente me negaba durante el día. Ambos conocíamos el protocolo, así que ninguno se molestó en hablar siquiera, se deslizó entre mis brazos con movimientos serpentinos mientras yo tocaba su espalda y hundía mi rostro en su cabello.

Por lo general, estos encuentros tienen ingredientes agradables: inventiva, pasión, algún chiste… sin embargo, hoy hay un sentimiento distinto en los movimientos de esta chica. Está ansiosa, melancólica, algo triste… no está concentrada en el acto, sino que lo usa como pretexto para escapar de sus propios pensamientos, para tratar de pagar una culpa por algo que aún no ha hecho. Sin darme cuenta, yo también actúo así, de tal suerte que nuestro acto era más una pantomima que un resultado del deseo de estar juntos que ella disimula tan bien.

Al final de estos encuentros furtivos y aparentemente secretos (aunque estoy convencido de que toda la brigada es ya consciente de ellos) hay al menos un beso, algunos abrazos, aunque no hay palabras que impliquen la existencia de algún sentimiento más profundo. Ella es muy bella y es una gran amante, pero tanto ella como yo sabemos que hay algo más que eso entre nosotros, no sé que piense ella, pero a mí no me asusta admitir que la amo… sólo que no se lo digo, porque podría echar a perder todo… ella tampoco lo expresa, supongo que en un afán por evitar sentirse débil. Esta vez, sin embargo, el ocultar esa pequeña cantidad de información parece imposible. Esas palabras oprimen mi pecho y amenazan con escapar a través de mi garganta, y no como un accidente, sino como una necesidad real y tangible.

—Creo que deberíamos irnos de aquí—. Lanzo al aire mientras la veo sentarse en la orilla de la cama y mirar a la alfombra.

—No. Aún no hemos terminado.

—No hay nada que hacer aquí, Haruhi, sin importar lo que haya pasado, ellos decidieron por sí mismos que tipo de vida llevar.

—Pero no está bien… se supone que no debería ser así.

—¿Y cómo se supone que debería ser, Haruhi?— Me acerqué a ella hasta quedar hincado a sus espaldas mientras miraba el reflejo de ambos en el espejo del tocador. —Dime… ¿Cómo se supone que deberían ser las cosas entre nosotros?

Sin poder evitarlo, puse mis manos sobre sus hombros y sentí un ligero temblor en su cuerpo. Creo que la causa es más que evidente: ¿qué afán podría tener el tratar de unir a nuestras versiones alternas? Porque según su lógica, así debería ser con nosotros. Y aunque sé que en la actualidad tenemos una conexión muy especial, nada está grabado en la roca, no hay nada que nos diga con certeza lo que pensamos y sentimos uno por el otro, porque ni siquiera hemos sido capaces de expresarlo con palabras.

Ella parecía estar pensando lo mismo mientras mira con aprehensión mis manos sobre sus hombros en el reflejo frente a ella, debatiéndose sobre si debe anclarse a mí, si debe reconocer que lo que hay entre nosotros es importante. Debería hacerlo, a mi no me importa que sea débil, no me molestaría en absoluto cargar con lo que sea que la lastime.

—No estamos hablando sobre nosotros—. Concluyó luego de reflexionarlo un buen rato.

—Haruhi, eso es exactamente lo que está mal con ellos, que Haruki se niega a admitir lo que siente, nosotros…

—Debemos concentrarnos en ellos, eso es lo importante ahora, Kyon… hazte a la idea, no hay nosotros hasta que todos los "nosotros" estén como deben estar: juntos. Y lo van a estar de un modo u otro, no voy a detenerme hasta lograr eso.

Era la misión más estúpida de cualquier historia en cualquier universo, y las ganas de hacerle saber cuan mala me parecía su percepción acerca de ello estaba amenazando con asfixiarme si no lo ponía en palabras.

—Haruhi, de verdad creo que…

—Tú tienes que ayudarme, ¡No sería lo mismo sin ti!

¿Qué más podía hacer? Es como una niña pequeña y no tengo el valor para detenerla… sólo espero que no llegue demasiado lejos en su afán.

Parte III.

Fin.