RPG – Parte IV.
Hay muchas construcciones nuevas en la ciudad, sin embargo, al ser domingo, los trabajos de construcción se detienen o en su defecto no comienzan tan temprano. El armazón de un nuevo complejo de estacionamientos en medio de una plaza comercial aún por ser abierta parece el lugar perfecto para comenzar una confrontación sin fisgones. Saber y yo estaríamos a unos doscientos metros del lugar y el ruido del acero golpeándose ya podía escucharse claramente. Todo mi camino hacia el lugar me la había pasado tratando de llamar a Haruhi, pero la grabación de su móvil cada vez que no me contestaba comenzaba a ponerme nervioso… por favor, que no sea ella quien esté peleando en este lugar…
El primero de los problemas saltó a la vista apenas llegamos a la entrada al enorme terreno de construcción: los guardias de seguridad. Había dos de ellos, y aunque nuestra presencia ya era de por sí rara en el lugar, parecían un tanto más distraídos por el ruido que venía desde dentro de las vallas y las aparatosas nubes de polvo que escapaban al cielo.
—Tal vez debamos llamar a la policía, iré a revisar—. Dijo uno de ellos, luego reparó en nosotros. —Ustedes no deberían estar aquí, puede ser un derrumbe lo que escuchamos, es peligroso y…
—No es peligroso—. Dijo Saber, dibujando un arco con la derecha frente a su pecho, mirando al guardia.
—No es peligroso…— Repitió él.
—Van a dejarnos pasar e ignorar lo que pasa allá atrás.
—Vamos a dejarlos pasar e ignorar lo que pasa allá atrás.
En una especie de trance, el vigilante tomó su juego de llaves y abrió los candados que aseguraban la malla ciclónica, permitiéndonos ir adentro, luego cerró a nuestras espaldas y caminó hasta la diminuta caseta de resguardo, ignorando completamente los ruidos y temblores propios del choque.
Por un momento llegué a pensar que el enfrentamiento había terminado, pues el silencio había caído a pesar de que el polvo aún no se asentaba, busqué con la mirada cualquier indicio, lo único que encontré fue a Nagato y a Caster, observando con la misma pasividad desde lo alto de una grúa de construcción a varias decenas de metros, expectantes, como si no hubiera terminado aún la contienda. Miré hacia el punto que ellos veían y finalmente lo encontré.
De los amplios ventanales del edificio aún en obra negra salió volando una silueta, aunque no en una caída, sino más bien en un salto, con ambas manos sobre la cabeza, empuñado una katana. Sólo hasta que llegó a su objetivo pude ver donde se encontraba, pues quedó debajo de un enorme escudo circular y apenas interceptado el mandoble, se levantó cuan alto era arrojando a su atacante varios metros lejos, quedaron frente a frente, respirando dificultosamente mientras se daban un momento de tregua para recobrar el aliento.
Quien había saltado era una mujer joven, delgada (quizás más de lo que debiera), caucásica, de cabello rubio como el trigo y ojos color mar, su atuendo era un mono de combate amarillo de una sola pieza con cenefas negras, y a pesar de lo rudo de su gesto y lo anguloso de su rostro, era de facciones agraciadas. Quizás la mayor peculiaridad de ella era el arma que llevaba, que como mencioné, era una katana, a pesar de su ascendente más que evidentemente occidental.
El otro por su parte, era un varón. Era un sujeto alto, que sin el menor reparo presumía su piel bronceada y una musculatura que haría morir de envidia a cualquier superhéroe, llevando por único atuendo unos pantalones cortos y capa rojos, brazaletes y sandalias de cuero que enredaban sus brazos y pantorrillas; como equipo estaba el inmenso escudo circular de bronce, una espada colgaba en su vaina a su costado y un yelmo griego protegía su rostro barbado, en la derecha cargaba una lanza, que supuse sería lo que le daría la heráldica.
Estaban tan concentrados en su propia pelea que no notaron que estábamos ahí. Aprovechando esa circunstancia optamos por ponernos en resguardo mientras ellos arreglaban sus diferencias, así que ambos anduvimos hasta una vieja revolvedora y nos ocultamos detrás de ella. El hombre lanzó un grito de guerra y saltó lanzando un poderoso ataque hacia la joven, que lo esquivó apenas, dejando que la punta de la lanza se sepultara varios centímetros en el suelo. Viendo una posible ventaja, la chica corrió tratando de asestar un nuevo mandoble sobre el costado del guerrero, aunque encontrando nuevamente como obstáculo el escudo.
Durante varios minutos fuimos testigos de un combate épico entre dos talentosos guerreros que no daban un momento de cuartel, hasta que por fin se escuchó una voz entre el golpeteo de los aceros… una voz conocida que hizo que palideciera.
—¡Está allá!— Gritó Haruhi emocionada desde un montículo de arena y señalando algún lugar cerca de nosotros. —¡Ve por el Maestro, Berserker!
La rubia (que respondió ante la heráldica mencionada por Haruhi) hizo un hábil movimiento de sable con la zurda, dejando momentáneamente a descubierto el pecho de su contrincante, y colocó su derecha a sólo un palmo de su musculoso abdomen. En un único movimiento y sólo a ese palmo de distancia cerró el puño, impactándolo con tal brutalidad que el guerrero fue arrastrado varios metros atrás, distracción aprovechada por la chica para correr a sólo unos pasos de donde nosotros estábamos.
Al volverme a mi derecha comprendí la urgencia de Berserker por llegar a dicho lugar: el ex presidente del club de cómputo estaba ahí, y miró desafiante al guardián que iba por él, no lo pensé ni por un momento:
—¡Saber! ¡Protégelo!— Y aunque di esa orden tan rápido como llegó a mi cabeza, Saber ya se me había adelantado y corría para interponerse entre el Maestro y su ejecutora. Justo a tiempo para evitar una tragedia, la hoja de luz azulosa detuvo la inexorable marcha de la katana, mientras tanto, el guerrero tomó iniciativa propia al ver revelada la ubicación del Maestro adversario y corrió hacia mi esposa dispuesto a terminar el duelo de una forma y otra. Al estar Saber ocupado tratando de proteger al incipiente ingeniero, fui yo quien trató de evitar que el hombre llegara hasta ella, pero no fue necesario.
Un chorro de luz rojiza cayó desde lo alto directamente entre el guerrero y Haruhi, volviendo cristal la arena entre ellos al instante, y cuando la energía se disipó, Caster yacía de pie entre ambos, apuntando con la pequeña pieza de madera al atacante.
—¿Qué demonios están haciendo?— Exclamó mi esposa exasperada al ver interrumpida la contienda.
—¡Esto es muy peligroso, Haruhi! ¿Cómo se te ocurre ordenarle a tu sirviente que ataque al otro maestro?
—¡Déjame en paz! ¡Esto es la guerra! ¡Debe ganarse a como dé lugar!
—¡Esto no es un juego…! ¡Bien, sí es un juego, pero es muy peligroso! ¡Estás poniendo en riesgo la vida del bebé! ¡Más importante aún, estás poniendo en riesgo tu vida!
—Es tarde para decir eso, nada justifica interrumpir de esta forma un encuentro—. Afirmó la rubia, con la flamante hoja de su katana aún trabada con el luminoso material incandescente del sable de mi guardián. —Ya que tanto te interesa que no nos metamos con los maestros… ¡será sólo entre sirvientes!
En un movimiento contundente deshizo el nudo en que estaban los dos espadachines, casi alcanzando la barbilla de Saber de un puntapié. Él, apenas consiguiéndolo, escapó de los certeros y feroces mandobles propinados por Berserker con aparente facilidad mientras sacudía su propio estoque, pero evitando en la medida de lo posible responder a sus ataques.
Y mientras trataba de detener a los esgrimistas, el sujeto del escudo comenzó a intentar de alcanzar a Caster con su lanza en tanto que esquivaba las ensordecedoras ráfagas de luz que el anciano disparaba con su varita. Lo que había comenzado con dos sirvientes peleando y dos tratando de proteger a sus respectivos maestros, había degenerado en una contienda cuádruple que era difícil de seguir.
Berserker hizo una larga secuencia de estocadas y mandobles certeros que a pesar de su pericia eran fácilmente evitados por Saber, que seguía sin contraatacar, sólo que esta vez ambos sonreían mientras chocaban las hojas de sus armas.
—Con todo y esa espada de luz, ¿de verdad es todo lo que puedes hacer?— Preguntó la chica.
—En realidad no…
Dichas esas palabras y apenas teniendo el primer instante de libertad, estiró su mano libre a su contrincante, la cual saltó instintivamente. Lo verdaderamente sorprendente de ese "empujón" fue que un camión de volteo que estaba en línea recta a Saber voló dando vueltas.
El viejo y el bruto musculoso pasaban por una escena semejante. Los chorros de luz eran detenidos por el escudo y la lanza del guerrero que se acercaba lo suficiente al anciano como para alcanzarlo con cualquiera de sus armas. Viendo un pequeño agujero en sus defensas, Caster apuntó hacia el pecho de Lancer, diciendo por primera vez un conjuro audible.
—¡Stupefy!
Los vellos de mi nuca se erizaron aún cuando estaba a varios metros de distancia del encuentro, un poderoso haz de luz roja levantó todo el polvo suelto del suelo mientras nos obligaba a cubrirnos el rostro por la onda expansiva, impactándose de lleno en los exagerados pectorales de Lancer.
Pensé por un momento que encontraría al tipo inconsciente, pero una vez que el polvo bajó, me topé con la sorpresa de que Lancer seguía en pie mientras su cuerpo humeaba.
—¡Impresionante!— Dijo Caster con admiración auténtica.
—No creó mucho en la magia, así que no es precisamente mi debilidad.
—¡Ya fue suficiente!— Gritó el único que no había hablado, deteniendo a todos los contendientes. —Si vamos a llevar este juego a cabo, no será así, ¡Peleas únicamente uno a uno!
Los sirvientes se miraron entre ellos y luego a sus respectivos maestros, todos dimos el consentimiento y los cuatro relajaron posturas.
—De acuerdo, pero esa será sólo una de las reglas de conducta que deberemos seguir—. Completé yo. —Debemos reunirnos con los otros jugadores y evitar que los sirvientes ataquen a los maestros oponentes…
—¿Qué estás diciendo?— Refutó Haruhi con voz en grito mientras hacía aspavientos con las manos y daba pisotones. —¡Eso es ridículo! ¡Se supone que la meta del juego es ganar a como dé lugar!
—No, Haruhi, la meta de este y cualquier otro juego es divertirnos, así que hagamos justo eso, ¿de acuerdo? Nada de ataques a deshoras, a traición y especialmente contra los otros maestros…— pude ver un destello de inquietud en los ojos de la rubia. —Entonces, ¿Quieren terminar su duelo ahora?— Pregunté sintiendo que quizás deberían aplazar la pelea para otro momento.
—Y con otro oponente—. Respondió Lancer echando una mirada despectiva a Berserker. —No soy aficionado a golpear mujeres, no son buenas tolerando el dolor.
—Esta mujer dio a luz con una bala atravesada en la sien, simio. ¿Por qué no vienes a aprender algo sobre el auténtico dolor?
—Hagámoslo entonces, el día es joven… quieren una guerra honorable, una guerra honorable será.
Los no involucrados, incluyendo a los maestros contendientes, salimos del campo de pelea.
La rubia fue la primera en recuperar la guardia, poniendo su espada en paralelo con su mirada a la altura de su rostro. Soy nuevo en materia de espadas, pero tanto la forja como el acabado eran exquisitos, además de que aún cuando la espada había sido utilizada, la hoja no mostraba siquiera un rayón sobre su superficie cristalina, digna hechura de un artesano eximio.
De igual forma reparé en la lanza del guerrero. Lucía bastante normal a primera vista, hecha de alguna madera rígida y recubierta con hierro y cuero, e incluso la punta no parecía de acero, se veía oxidada y maltratada por el uso constante, y entonces caí en cuenta de que una de esas manchas, la más grande y oscura, no era de óxido.
—Es la sangre del más despiadado e impío conquistador de mi era—. Dijo en voz baja al verme.
Berserker fue la primera en atacar, se lanzó intentando conectar un mandoble horizontal directamente al cuello de Lancer, que lo detuvo con su escudo (girándose al ser atacado por la derecha) y buscó el cuello o el rostro de la doncella furiosa con la punta de su lanza moviendo únicamente la muñeca por encima de su cabeza. Habiendo encontrado un punto vulnerable en su defensa, hizo un movimiento de intimidación estirando el brazo y la lanza tan largos como eran, consiguiendo que Berserker reculara, aunque su superioridad duró poco. La mujer retomó la delantera aprovechando las décimas de segundo que le tomó a Lancer recuperar la guardia dando un pequeño salto que le permitió tirar un poderoso corte vertical que cobró milímetros del yelmo de bronce y una pequeña cantidad de piel de la frente y la mejilla, casi alcanzando el ojo del guerrero.
Sorprendentemente Lancer apenas si resintió el dolor, sin siquiera cambiar su expresión abrió de par en par los brazos e hizo una patada frontal que he visto ser utilizada en las artes marciales mixtas y en el pancration, hundiendo la planta entera de su pie en el pecho y diafragma de su oponente, y por primera vez haciéndola caer de espaldas luego de un vuelo de un par de metros.
Mientras Berserker caía, Lancer saltaba hacia ella, arma en la derecha, listo para dar la estocada final apenas la espalda de la chica conociera el tacto de la tierra suelta.
—¡Acábala de una vez, Lancer!— Gritó excitado el ex presiente del club de cómputo sintiendo que la pelea terminaría con él como vencedor.
Lo logró y no.
La lanza pasó por el costado de Berserker, debajo de sus costillas, atravesándola y hundiéndose unas pulgadas en el suelo, arrancándole un lamento gutural más producto de la ira que del dolor y cerró los ojos, dejando que sus brazos cayeran desmayados a sus costados. Todo bien para Lancer hasta ese momento… Su error fue no confirmar su victoria.
Dando por hecho que el ataque había sido definitivo, bajó la guardia. Berserker, sin siquiera volver a abrir los ojos hizo un rapidísimo movimiento con la espada, cortando profundamente el abdomen y el pecho de Lancer, que retrocedió estupefacto y dolorido, extrayendo su lanza del cuerpo de la rubia y obteniendo otro lamento de ella.
Berserker se levantó dificultosamente e intentó recuperar la guardia, aunque era más que evidente que estaba malherida. Lancer, por su parte, recuperó la postura de combate de inmediato y se colocó detrás de su escudo, asomando sólo los ojos y la punta de la lanza, aunque la sangre de su pecho y estómago escapaba escandalosamente, empapando sus piernas y volviéndose marrón al contacto con la arena bajo sus pies.
—No había visto un hombre soportar un ataque como ese, ni siquiera una bestia lo habría resistido… cuanto menos una mujer.
—Soy difícil de matar.
—Haruhi, detén la pelea—. Recomendé.
—Por supuesto que no, ¡Ese salvaje está a punto de caer!
—Al igual que tu sirviente. Si continúan, aún cuando tú ganes, quizás tu sirviente no salga con vida… permite que sobrevivan ambos por hoy.
Se quedó mirándome por unos segundos, sopesando mi propuesta.
—Detén el ataque, Berserker.
El ex presidente del club de informática hizo un gesto con la mano, dando la misma orden a Lancer, quien relajó la guardia de inmediato y sin preguntar comenzó a andar hacia su maestro tan rápido como sus lesiones se lo permitían, un instante después se hizo invisible.
—La balanza es equitativa ahora—. Dijo complacido nuestro antiguo compañero con cierto matiz soberbio ajeno a él. —Estoy ansioso por la siguiente pelea. Hasta entonces, Brigada SOS.
Sin más, se marchó.
Saber y yo corrimos instintivamente a asistir a Berserker, que había llevado la peor parte del encuentro, y la pasamos nuestras cabezas por debajo de sus brazos.
—¿Qué hacemos ahora? ¿Deberíamos llevarla a un hospital?
—No leíste el manual, ¿verdad?— Preguntó Haruhi exasperada. Negué con la cabeza poniendo cara de estúpido.
—Los sirvientes no necesitan atención médica, se curan con descanso, alimento y con la magia de su maestro—. Susurró Nagato con voz plana, de pie a mi lado, haciendo que casi escupiera el corazón de la sorpresa.
—¿Magia?— Pregunté. Sin dar respuesta mi pregunta, la alienígena y el mago desaparecieron tal como hicieran en su apartamento minutos atrás.
—Ah, olvídalo…— Dijo Haruhi más irritada aún.
Frente al Akamon unos minutos después, Haruhi y yo nos despedíamos.
—Por hoy lo mejor será no vernos, loa domingos serán para el juego únicamente y hasta que este termine.
—De acuerdo—. Respondí poco convencido.
Las cosas serían así hasta que hubiera un ganador, Nagato me explicaría en el transcurso de la semana que los domingos serían el principal periodo de actividad de nuestros guardianes, y también los días en que su influencia sería mayor sobre nosotros, aunque podríamos verlos siempre y sin resentir los efectos invasivos de su personalidad.
—Sólo hazme un favor, Haruhi… no busques pelea sin avisarme.
—No te necesito como niñera.
—Oh, claro que sí.
La abrace antes de que pudiera contestar y en lugar de decirme nada, correspondió al abrazo. Berserker se hizo visible al momento, al igual que Saber a mi lado, parecía ligeramente restablecida. Levantó su katana con más aplomo del que esperaría de una persona tan maltratada, apuntando directo al rostro de Saber, que la veía con su eterna sonrisa.
—A ver por cuánto tiempo más puedes sonreír… tú ya estás en mi lista negra…
Unos minutos después, Saber vestía nuevamente de mezclilla y cuero mientras caminábamos a casa.
—¿No te pone nervioso lo que esa mujer dijo?— Pregunté rompiendo el silencio en que andábamos de vuelta a mi fracción de apartamento.
—Teniendo un trabajo como el que yo tengo, te acostumbras a ese tipo de comentarios.
¿Qué tipo de trabajo podría ser…? Rayos, espero nunca tener un trabajo así.
RPG – Parte IV.
Fin.
