Bien, aquí la historia contada por nuestra apreciada Kyonko. ¡Disfrútenla!
El Manifiesto.
Parte V.
Estaba resultando demasiado apasionado para mi gusto… de acuerdo, me gustaría que aquel que llame "mi novio" tenga carácter, pero si hablamos de alguien como Haruki Suzumiya, cualquier característica es llevada al extremo. Tengo que admitir que me resulta hasta cierto punto estimulante la idea de que lleve las riendas de lo que esté pasando, pero una voz muy en el fondo de mi cabeza me dice que si no reduzco la velocidad ahora, no podré hacerlo más adelante. Aunque… ¿qué importaría después de todo…? No, no, debo detenerlo ahora o podría arrepentirme luego.
—H-haruki, detente…— Le dijo mientras lo separo un poco de mí, manoseando intencionadamente sus hombros…
No me responde, sólo deja de atacar mi cuello y me mira con intensidad, haciéndome palidecer… no… no, no, no, ¡alto!
Haciendo tanto caso a mis palabras como un sordo, vuelve a su rutina, con más violencia aún, casi aplastándome contra el muro y teniéndome sobre la punta de mis pies… basta ya, estoy dejando de disfrutarlo…
—¡No, Haruki! ¡Debes parar…!— Doy un respingo al sentir sus manos subir por la fuerza por mis piernas, por debajo de la falda… buscando… —¡No, Haruki…!
—¡ASÍ NO…!
Ese grito salió desde el fondo de mi alma. Vaya pesadilla. Cuando abrí los ojos seguía en la sala de estar de Haruki en donde me había instalado algunas horas atrás. El sueño me había vencido por un tiempo considerable y las cigarras hacían el ruido que suena cerca del ocaso, a pesar de que no parecía ser muy tarde aún. La temperatura era algo elevada, tanto que mi sueño (tanto el físico como el onírico) me tenía con la piel algo húmeda. Me levanté del cómodo sofá tirando una cantidad considerable de migajas de mi regazo y fui a refrescarme un poco al baño, nada que un buen lavado de rostro con agua fría no corrija… aunque si hubiera querido corregir todo lo que me aquejaba en ese momento debería haber tomado una baño en un lago congelado.
Casi por inercia hice algunos quehaceres que Haruki había dejado pendientes por toda su casa, y no es porque sea una gran amante de las labores domésticas, sino porque eso mantenía mi mente ocupada. Había sido besada… no, eso es mentira… ¡se me había robado un beso! Sintiéndome como el cuervo que seducido por la zorra dejó caer su queso, me sentí atraída hacia esta casa por motivos ajenos a mi interés y estaba inmersa en una situación muy incómoda.
En el mejor de los panoramas, Haruki lo olvidaría, incluso podría ser que no fuera registrado por su memoria al estar casi inconsciente cuando pasó, pero no tenía constancia de ello. Quizás debería escapar ahora sin hacer ruido en absoluto, le he dado de comer y apaciguado su fiebre, seguramente estará bien si me marcho… sin embargo, es una decisión difícil, ¿qué pasa si su salud empeora por irme…? Aunque por otro lado, ¿qué pasa si me quedo…? ¿Qué hago si pasa algo que no pueda controlar…? No me malentiendan, no creo que él sea una suerte de abusador violento o nada parecido, en realidad no tengo miedo de que intente algo, o que no pueda detenerlo… mi miedo es que yo misma no quiera detenerlo…
—¡MADRE SANTA!— Segundo grito de la tarde, y este se escapó al sentir vibrar mi teléfono. Revisé el identificador y me imaginé la molesta sonrisa de Koizumi hablándome lo suficientemente cerca para que mis pulmones se contaminen de su loción dulzona. —¿Qué quieres?
—Hola, Kyonko-Chan, ¿todo está bien?— ¿Cuándo demonios te permití usar el apelativo chan en mí?
—Sí, todo está muy bien—. Dije algo cortante.
—¿Qué tal la salud de Suzumiya?
—Mejorando… al menos eso creo, no lo he visto desde hace unas horas, y sigue durmiendo profundamente… pero eso ya lo sabes, ¿no es así…?, ¿qué es lo que realmente quieres saber, Koizumi?
—Quisiera saber qué pasó hace un par de horas. Hubo cambios significativos en el humor de Suzumiya.
—¿Sólo eso?
—En realidad, también aumentó la temperatura de la estrella Rigel de 11, 500 a 12, 000º Kelvin, y tanto la EID como La Agencia creen que está íntimamente vinculado a lo que sea que pase entre ustedes, existe incluso la posibilidad de que la estrella se convierta en supernova de un momento a otro. En fin, también quería saber cómo estabas tú.
—Yo estoy bien, gracias… y ten calma, cuidaré de él por un par de horas más, luego me iré a casa. Sólo hazme un favor.
—El que sea.
—No vuelvas a usar la palabra "íntimamente" ni ninguna de sus derivadas mientras hablas de Haruki y de mí.
—Entendido.
Decidida a no recibir más sorpresas ese día, lancé el teléfono al sofá y me dispuse a preparar la cena: eso es lo que haría, le daría de cenar y luego me iría a casa a pensar en todas las estupideces que podrían pasar si seguían las cosas como estaban.
Mientras hacía esa segunda tanda de alimentos, mi imaginación volaba… es decir, podría acostumbrarme a una rutina así… ¡oh, vamos, sólo soy una chica! Es lógico que momentáneamente tenga sueños rosas imaginando a un príncipe azul, y más aún si es apuesto como Haruki, aunque cualquiera de los chicos de la brigada podría fácilmente nominarse para el puesto.
Cuando finalmente terminé, comencé a preocuparme por la poca actividad hecha por el convaleciente, en especial porque estoy acostumbrada a escucharlo gritando todo el tiempo. Antes de subirle de comer, pensé que lo mejor sería darle una checada rápida, posiblemente despertarlo y comprobar que se sintiera mejor… una vez más, yo y mis planes.
—¿Haruki?— Pregunté luego de no recibir respuesta al tocar un par de veces en la puerta de su habitación.
Al entrar noté que la temperatura había bajado, tanto así que los cálidos rayos de sol que aún entraban por la ventana parecían incongruentes con el resto de la habitación, y busqué sobre la cama al enfermo. Haruki seguía tendido ahí, y parecía más enfermo aún que como lo dejé.
—T-tengo frío…— Me dijo sin abrir los ojos y cubierto por el cobertor que le puse un rato atrás, dejando salir un vaho espeso por la boca… vaya, estaba empeorando, pero su enfermedad no lucía en absoluto como ninguna gripe que hubiese visto antes. Me acerqué y toqué su frente, fría como un cristal y comenzaba a preocuparme en serio, tanto como para llamar a Nagato o a quien fuera que pudiera remediar la salud de mi líder de brigada. Un teléfono, y el mío estaba en el sofá, debía hacer algo rápido. —No…— Dijo cuando me di la vuelta mientras tomaba mi mano. —No te vayas…
Era difícil resistirse a ese Haruki tan fuera de sí. Sus ojos estaban repletos de vulnerabilidad y despertaba cierto instinto maternal y protector en mí, uno aún más poderoso que el que me despertaba Asahina, más misterioso que la fría mirada de Nagato y más perturbador que las charlas cuasi lésbicas de Koizumi.
Me senté junto a él aún capturada de la mano e instintivamente comencé a acariciar su cabello, lo que pareció calmarlo, aunque aún lucía bastante enfermo y su hipotermia no mejoraba. Repetía constantemente que tenía frío y cada que intentaba bajar para llamar a alguien, comenzaba suplicando que no lo dejara para después exigirme y ordenarme como mi líder de brigada que no me atreviera a escapar.
No entiendo cómo es que se las arregló para ir tirando de mí sin que me diera cuenta, de tal suerte que en pocos segundos ya estaba tendida a su lado. Con un muy natural recelo le di la espalda sin levantarme, lo que el aprovechó para pegarse a mí y sumergir su rostro en mi cuello, mientras que su mano alborotaba aún más a las mariposas en mi estómago mientras acariciaba mi abdomen. ¿Qué debía hacer? La siempre sabia razón me decía que debía detenerlo todo en ese mismo momento, sin embargo, los estímulos que recibía eran tan desconocidos e inquietantes como incitantes y agradables. Mi única esperanza era que la enfermedad lo volviera a dejar fuera de combate, pero más allá de eso, estaba completamente a su merced.
Y precisamente me concentraba en el delicado toque de sus manos sobre mi abdomen que me sorprendí mucho al percatarme de otra parte de su cuerpo que me estaba tocando… mucho más al sur, mucho menos elegantemente, pero con un efecto mayor y más confuso… me pareció inmenso en ese momento, y se revolvía suavemente contra mi trasero. Apenas caí en plena cuenta de qué se trataba, mi corazón se aceleró y mi estómago se puso de cabeza, dándome una curiosa sensación de vacío, me faltaba el aire y me abandonaban las fuerzas. No me explico cómo, pero claramente pude sentir el momento en que el nudo de la toalla atada a su cintura cedió, dejando en libertad algo más que mi imaginación. Serpenteo un poco las caderas, logrando levantar mi falda y alcanzando una posición más comprometedora aún, y en un solo movimiento acomodó aquella indiscreta parte de su anatomía entre mis muslos, rozando mi zona íntima, moviéndose suavemente… rayos, era la sensación más exquisita en medio de la situación más erótica por la que había pasado, tanto así que sólo bastaron unos cuantos segundos antes de que yo misma comenzara a cooperar en el juego de roces, de alguna manera que no puedo explicarme me resultaba sumamente excitante la idea de hacerlo sentir bien, lo que hizo que sintiera un agradable cosquilleo al sacarle el primer suspiro. Con aquella misma dulzura que seguía sorprendiéndome al estarla recibiendo de él, sus manos comenzaron a subir desde mi abdomen buscando mis senos, encontrándolos sólo un instante después y tomándolos con suavidad.
Su rostro buscó el mío recorriendo centímetro a centímetro con besos todo el camino, y cuando iba cerca de la mejilla, mis propios labios le ahorraron el resto del camino. ¿Esa sería mi primera vez, acaso? Debo admitir que no era como la imaginaba, pero para como estaban resultando las cosas, no hubiera podido quejarme.
—¿H-Haruki…?— Traté de musitar al sentir que finalmente estaba atreviéndose.
Con algo de torpeza, debo decir, intentó un par de veces hacer a un lado mi ropa interior, y cuando finalmente lo logró volvió a hacer un giro de caderas… aunque la sensación primera de bienestar prevalecía, estaba siendo ligeramente opacada por un miedo muy profundo… sentí claramente su masculinidad tocando piel contra piel la única parte de mi cuerpo que por naturaleza era compatible con él…
—¡Ah!— Se me escapó, aunque no fue propiamente un grito… rayos, era más grande de lo que esperaba… ¡Maldita sea, era un monstruo e iba a matarme en ese primer intento! —N-no, Haruki, aún no estoy lista… ¡AH— No sé si me ignoró en mala lid o si no podía escucharme, pero el hecho fáctico fue que varios centímetros de él entraron en mí, lenta, casi tiernamente, pero inevitablemente me estaba resultando doloroso.
Quería pelear y detenerlo, quería interrumpirlo todo en ese momento, pero esa sensación estaba siendo abatida por una mórbida curiosidad de saber qué pasaría a continuación, de tal suerte que me quedé engarrotada mientras él seguía avanzando inexorablemente hasta donde tuviera que llegar. Apareció el primer obstáculo entonces… vamos, no pongan esa cara de desentendidos, saben de lo que hablo. Él también lo notó y tomó un pequeño impulso… y lo hizo, concretó el acto en un solo movimiento, atravesó la última barrera que nos separaba. Su cuerpo ya no estaba frío, no temblaba más, y apenas nuestros cuerpos estuvieron completamente unidos, pareció dar cuenta de lo que estaba pasando. Pude ver su rostro, repentinamente confundido y culpable, viendo su obra…
—Yo… Kyonko, lo siento… ¿Te-te hice daño…?
La pregunta sonaba lógica puesto que ya para ese momento yo hipaba y caían lágrimas por mis mejillas y hacia las sábanas… vaya… el parecía realmente arrepentido y esa expresión de desamparada culpa lo hacía lucir angelicalmente atractivo.
—Bruto…— Le dije con voz quebrada, pero sonriente. —Sólo dame un minuto.
Con todo el cuidado que pude deshice la unión y me di la vuelta para yacer frente a frente, acomodando mis muslos alrededor de sus caderas y retirando los tirantes del vestido y el sostén. Él me miró incrédulo recorriendo milímetro a milímetro mi cuerpo con los ojos, haciéndome avergonzar.
—Kyonko… ¿P-puedo…?
—Sí, Haruki.
A partir de ese momento las cosas comenzaron a ponerse bien. Con todo y lo extraño que el carácter de mi líder de brigada pueda ser, no se convirtió en ese ente violento e irracional que por un momento mi imaginación me mostró, sino que por el contrario se hizo atento y preocupado, tanto que aprovechando esa privilegiada memoria que posee se las arregló para aprender mis puntos débiles y compensar el dolor con cuidados en ellos. Soy una chica con hábitos modestos, quizás he intentado en más de una ocasión explorar en mi sexualidad por mi cuenta, he leído historias y consultado artículos al respecto, y lo que en ese momento me estaba quedando claro, era que ante mí tenía a un hombre capaz de velar por mis necesidades tanto como se preocupaba por las suyas. Como persona, compañero de escuela y líder de club podía ser extremadamente egoísta y convenenciero, pero como amante (aún siendo la primera vez para ambos) no podía tener una conducta más inversa, era el más empático, delicado y cuidadoso, y bajo su conducción llegué a un lugar donde no creí llegar en mi primera experiencia.
Llegando a ese punto ya me sentía un tanto en deuda con él, porque siendo yo la primera en proferir los primeros gemidos de placer legítimo, quería que él compartiera esa felicidad conmigo, y parecía estarse conteniendo por temor a lastimarme una vez más.
—Hazlo…— Le susurré acariciando su rostro.
—Pero… no quisiera…
—Estaré bien.
Como si hubiera soltado la cadena de un animal peligroso, cerró los ojos y me tomó de la cintura, embistiéndome con tanta fuerza que por un momento me asustó, aunque lo importante era que no me estaba lastimando, sino que por el contrario, logró contagiarme con su frenesí hasta que alcancé nuevamente una culminación. Él, notándolo, se separó de mí para evitar un accidente cuando sintió llegar la conclusión, y derramando el resultado sobre mi abdomen mientras daba un gemido y estrujaba mi cintura.
Cielos… al final sí lo hicimos…
Pasamos por lo menos media hora tumbados sobre esa cama sin hacer o decir nada, mirando al techo, tomados de la mano… creo que no sólo era increíble para mí, sino para él también.
—Parece que ya no estás enfermo…— Le dije rompiendo el silencio. —¿Siempre te curas por estos métodos…?
—Por supuesto que no, tonta… sin embargo… quizás necesite otra dosis… después.
—Y así fue como todo comenzó. Ten esto en mente, chico: la gripe es una enfermedad de transmisión sexual, casi morí la semana siguiente…— Concluyó la jovencita. —Desde ese momento acordamos que nadie debía saber sobre nosotros, y también que no involucraríamos sentimientos en nuestros encuentros, puesto que eso podría interferir en las actividades del club… ¿puedes creer semejante estupidez?
—Ya lo creo…— Respondí sabiéndolo de verdad, en parte estaba en un predicamento semejante con Haruhi. —¿Y por qué inició el problema entonces?
—Hace un par de días él… bueno, habíamos tenido una tarde maravillosa, hicimos muchas cosas, fuimos a muchos lugares y nos sentíamos muy cómodos… al menos yo sentí que estaba conectada con él… y al final del día, cuando por fin estábamos juntos y solos…
—¿Qué sucedió entonces…?— Pregunté al verla dudar y sentir como su voz se quebraba.
—Él me dijo que me amaba… él mismo parecía sorprendido de haberlo dicho, y de inmediato se arrepintió, me dijo que era una broma, que debíamos seguir como antes, y no pude convencerlo de lo contrario… y como seguramente debes saber, después de escuchar esas palabras, no hay vuelta atrás. Si él es Dios o lo que sea, no me importa, y si es su voluntad lo que se debe seguir para que este mundo siga caminando, me tiene completamente sin cuidado… merezco su honestidad, y hasta que no la obtenga, no voy a ceder a sus caprichos de niño odioso.
No dije o pregunté más y esperé sentado junto a mi "yo" femenino a que se calmara. Viendo su amargura, las ideas de Haruhi no me parecieron tan descabelladas… de verdad sentía ganas de ayudarla.
—Es tarde, y debo irme—. Dijo poniéndose de pie. —Gracias por escucharme, nunca había hecho un viaje introspectivo tan... literalmente… tal vez deberíamos vernos otra vez.
—Sí, quizás deberíamos.
Se alejó dejándome en aquella banca luego de escuchar su historia, preguntándome si ese complicado cuento de amor tenía que ver de alguna forma conmigo. Miré entonces al cielo... aún era de día y mis ojos apuntaron hacia donde está la constelación de Orión, pues el cielo de este lugar es igual al de mi mundo... el sol vespertino aún golpeaba a raudales, y a pesar de eso, fui capaz de ver una estrella solitaria... Rigel... convertida en supernova.
Parte V.
Fin.
Espero la hayan disfrutado, no olviden dejarme su impresión al respecto. ¡Hasta la próxima!
