Epílogo

Habían transcurrido catorce años desde la batalla contra Gea en el monte Olimpo original. Ambos campamentos mantenían relaciones de paz mediante sus embajadores, elegidos con regularidad para su tarea. Hazel, Frank y Reyna vivían en Nueva Roma, haciendo visitas ocasionales a los griegos, sus amigos. Piper y Jason se habían mudado a California cuando se casaron. Leo, después de media década de transmitir los pergaminos de Arquímedes a sus hermanaos y hermanas, se había embarcado en búsqueda de Ogigia, y se rumoreaba que nunca volvería pues vivía felizmente con Calypso. Rachel dejó el oráculo en manos de otra joven, y se dedicó a viajar por el mundo. De vez en cuando recibían una postal desde África o Groelandia. Y Percy y Anabeth ayudaban a Quirón a liderar el Campamento Mestizo desde que el señor D. cumpliera su condena y regresara al Olimpo. Y los dos hijos de ellos, de once y nueve, entrenaban a fondo junto con los demás semidioses. La vida seguía su curso tranquilo y sin preocupaciones.

Aquella mañana se armó un revuelo porque Charles Jackson, el hijo mayor de Percy y Anabeth entró corriendo a la arena de práctica de espada, anunciando que se aproximaba un monstruo, persiguiendo a un mestizo. Percy, sin perder tiempo, cogió a Contracorriente y siguió a su hijo a la Colina Mestiza, donde, efectivamente, una quimera acorralaba a un niño de unos diez años, cabello negro y piel blanca. Con todos sus años de experiencia combatiendo monstruos, se deshizo de la quimera en un abrir y cerrar de ojos, antes incluso de darle una segunda mirada al niño.

-Gracias –oyó que murmuraba a sus espaldas. Giró, sonriente, e iba a contestarle, cuando sus ojos fueron por primera vez al rostro del mestizo.

Fue como retroceder dieciocho años en el tiempo. Vio a una mantícora delante de dos aterrorizados hermanos; vio a un hiperactivo niño corriendo a su alrededor, haciendo preguntas y jugando con tarjetas de Mitomagia. Estaba convencido de que lo que veía en ese momento era un delirio, algo creado por su mente. Imposible. Él había muerto durante la batalla, Percy lo había visto morir. ¿Podría ser que hubiera reencarnado en a persona que era antes, como en una segunda oportunidad? Charles se aproximó a él. En los ojos verdes de su hijo se reflejó la curiosidad, y por un segundo Percy creyó ver dos destellos de luz dorada que, aparecidos de la nada, rodeaban a los muchachos.

-Mi nombre es Charles Jackson, aunque puedes llamarme Charlie. Bienvenido al Campamento Mestizo.

Cuando ambos se dieron la mano, Percy estuvo seguro de ver aquellos destellos unirse y formar uno solo con forma de flecha. Y entendió lo que quería decir. El círculo había dado un nuevo giro, y este sí quedaría concluido. Cuando algo cambió en la sonrisa tímida de su hijo, no le quedó duda. Y el otro niño dijo las palabras que Percy estaba seguro que diría.

-Soy Nico di Angelo, hijo de Hades. Encantado de conocerlos.

Dije que tendría epílogo, ¿no? Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo disfruté escribirlo. Me saqué el aire con este fic, y cuando ya lo había terminado, me voy a dormir, y cuando despierto, tenía en la mente la palabra epílogo. Así fue como tuvo un final más o menos feliz. Creo. Algo así. En fin, si les gustó, por favor, por favor, comenten, y si no les gustó, también comenten. No sean malos. Recuerden que los quiero :3