LOS PERSONAJES SON MÍOS, LA TRAMA ES MÍA, NO PERMITO LA COPIA DE NINGUNO, RESPETEN LA CREATIVIDAD, Y SIN MÁS, A LEER!
Capítulo 4: Fue en vano
"Andrea"
"Andrea"
"Andrea"
Ya no quiero oír su voz, por favor no más, no más de esa voz. Años intentando bloquearla en mi mente, saber que TODO fue en vano, años escondiéndome, sufriendo por el recuerdo, rogando por el olvido, ahogándome en la soledad, rezando para que ÉL no me encontrara, fueron en vano.
"Andrea"
Siento como alguien me sostiene, me carga y me envuelve entre sus brazos, no son los brazos de aquel a quien tanto temo, estos me hacen sentir segura, solo se escuchan los pasos de aquel quien me sostiene y su agitada respiración, desearía poder agradecerle, pero no puedo moverme, no puedo abrir los ojos, no puedo abrir la boca, mi mente no quiere responder.
"Tranquila, todo está bien, estas a salvo"
La voz que me consuela me suena conocida, por alguna extraña razón, la de EL no se escucha más.
En verdad quisiera creerle, creer con certeza que todo está bien, que estoy a salvo.
Me dediqué a disfrutar de la calma y la paz que este desconocido producía en mí, es una sensación agradable el saber que, por un momento, alguien me protege y no soy susceptible al dolor, el miedo y la perdida.
Deseo con cada fibra de mí ser quedarme suspendida en este momento, con esta sensación de fuerza y seguridad, con esta voz que me acompaña, con el sentimiento y la certeza de un futuro mejor.
Si este fuera mi final, mi muerte, la abrazaría gustosa, sería feliz y la agradecería eternamente, porque aunque sea por un efímero instante, no siento miedo, ni soledad, los recuerdos no me invaden, me siento a salvo.
"Resiste, ya casi llegamos, tranquila, estoy aquí"
¿Llegar? ¿A dónde?
Debí suponerlo, no estoy muerta, como pude ser tan ingenua al creer que por una vez aquel quien decide que sucede conmigo podría ser gentil y concederme un último deseo, mi vida no es un cuento de hadas, nadie concede nada y nadie me toma en cuenta, ni siquiera yo lo hago.
Los pasos del que empezaba a considerar como mi salvador, disminuyeron de velocidad.
Su voz se escuchaba a lo lejos y al fin deduje que era la voz de un chico.
Yo no quería separarme de él.
Levanté mi mano y tome un puño de su camisa, acerqué mi rostro a su pecho, podía escuchar su agitado palpitar, inhalé su esencia, quería recordar el único momento en el que me sentí segura, protegida, feliz.
Guardé aquel recuerdo en mi alma, en aquella caja fuerte en la que se había convertido, aunque sinceramente, no creo tener una, ya no, me la quitaron hace mucho tiempo.
Mi salvador me recostó en una mesa. No quería olvidarlo, quería saber quién era, así que con mi último aliento abrí los ojos.
La luz de una lámpara me cegó por un momento, no tenía mis lentes puestos, así que todo estaba borroso.
No alcancé a distinguir mucho, solo pude concentrarme en una cosa antes de entrar de nuevo en la inconciencia, la única importante:
Sus ojos.
Dicen que los ojos son las puertas del alma, que es el punto donde alma y cuerpo colisionan y conviven en paz.
Si en algo creía firmemente era en eso. Los ojos son el reflejo del alma, por ejemplo: los de mi hermana, son de un color ámbar brillante, llenos de pasión y excentricidad, pero con una chispa de ternura e inocencia, que los hacían misteriosos y deslumbrantes. Los de Dave, café oscuro, me dicen que está lleno de amor, protección hacia los demás, inocencia y bondad, inmadurez y diversión, es el alma de un niño.
Los míos, solían ser cafés, no un café convencional, eran de un café chocolate. A veces, si me miraba en el espejo por mucho tiempo, veía una estrella fugaz recorriéndolos, me veía a mí misma, me sentía orgullosa de lo que veía. Ya no veo absolutamente nada, su brillo se fue. Mis ojos eran uno de mis tesoros, ya no lo son, mi alma se secó y con ella las puertas que la resguardaban endurecieron, convirtiéndose en dos rocas, duras, frías e impenetrables.
Los de ÉL son de un negro oscuro, penetrantes como la noche y… el miedo, su alma es un hoyo negro, todo lo que entra ahí no sale con vida, como yo.
En cambio, los de mi salvador, son completamente hermosos, no hay rastro de maldad o egoísmo en ellos, verdes esmeralda, brillantes, deslumbrantes, con destellos azulados. Su alma es lo más hermoso que mis ojos hayan contemplado jamás.
No se cuánto tiempo permanecí inconsciente, pero desperté con un dolor punzante en la cabeza, lentamente me incorpore de la cama-mesa en la que estaba recostada aun sin abrir los ojos, no estaba lista para contemplar a mi salvador.
Cuando al fin los abrí, encontré a una preocupada Iris mirándome con curiosidad, tome mis lentes de la mesita que estaba junto a la "cama" y me los puse lentamente, pestañee varias veces adaptando mis ojos a la luz de la habitación, mire por todos lados, buscando a ese par de esmeraldas, pero no hallé nada, solo a Iris quien tenía la cara hecha un poema.
-¿Qué pasó?- dije con la voz pesada
-No lo sé, eso te iba a preguntar a ti- respondió con la duda plasmada en su voz.
-¿Donde está?, ¿dónde está?- pregunté con desesperación, en verdad quería encontrar a mi salvador, trate de ponerme en pie, pero mis pies no respondieron a tiempo y estuve a punto de caer al suelo, cuando Iris me tomo de la cintura y me sentó de nuevo en la cama.
-Tranquila Dy- palmeo mis hombros y volvió a sentarse en la silla que estaba enfrente de mi- Donde esta ¿quién?
-El chico que me trajo aquí, ¿dónde está, Iris?- pregunte con la impaciencia marcada en cada sílaba
-¿De qué chico hablas? Solo yo estaba aquí, la enfermera Rose fue a mi salón, me dijo que te habías desmayado y vine corriendo
-Entonces, ¿cómo llegue aquí?- dije con un poco de miedo, miedo de que todo hubiera sido un sueño.
-No sé, tampoco Rose sabe, ella te encontró aquí recostada, no sabe quién te trajo, ni nada, para eso quería que despertaras, para que me dijeras qué fue lo que sucedió.
No le iba a decir la verdad a mi hermana, me lo guardaría todo para mí, mi salvador, esa sonrisa, el miedo, TODO, como siempre lo hacía.
-Recuerdo que iba muy apurada a mi salón y me tropecé, caí y golpeé mi cabeza, creo que me desmaye y alguien me trajo aquí, no recuerdo nada más.
-¿Y el chico al que recuerdas?
-No sé, seguro fue un sueño, ya sabes, locuras mías- respondí con indiferencia, permanecimos en silencio por unos minutos pero yo tenía que dejar a un lado el tema de mi desmayo para no preocupar a Iris- ¿Cuánto tiempo estuve aquí?
-Creo que unas 2 horas, tenemos que regresar a clases, ¿te sientes bien o te llevo a casa?- sonó preocupada
-No es necesario, estoy bien, vamos a clases- dije para quitarle la preocupación a mi hermana, aunque en realidad la cabeza me estaba matando y estaba muy mareada.
-Ok, te ayudo- me puse de pie y ella envolvió mi cintura con un brazo para apoyarme al caminar- ¿Cuál es tu siguiente clase?
-Creo que anatomía- dije pensativa- Iris mejor regresa a tu clase, estoy bien, puedo sola.
-Está bien, nos vemos a la salida, te quiero- beso mi mejilla y corrió por el pasillo hacia su salón.
Seguí mi camino hacia mi casillero lentamente, porque si no caería y daría otro paseo por la enfermería.
Enfermería.
¿Quién me había ayudado? ¿Por qué me sentí tan segura? ¿Fue todo un sueño?
¿Él había regresado, me había encontrado?
Me estremecí ante el pensamiento.
Llegue a mi casillero, saqué mis libros y me dirigí al aula.
Trate de no pensar en la sonrisa que provoco mi desmayo, preferí concentrarme en el estudio.
Cuando al fin la campana del descanso sonó, salí disparada hacia la cafetería, seguía estando débil y necesitaba comer algo.
Al entrar, divise a JJ en una mesa haciéndome señas así que fui hacia ellos.
-Hola- dije cuando llegue, con un poco de pesadez en mi voz
-¿Dónde te metiste loca?, no llegaste a la clase de Química, nos tenías muy preocupados- me reprochó John
-Me quede dormida.
-¿Fiesta salvaje?- pregunto con incredulidad
-No-dije ahogando una carcajada- Sabes que no soy así.
-Bueno, aparentaré que te creo. Te compré un sándwich, ten- me tendió el sándwich, lo tome y me senté.
-¿Dónde están Nicole y Oscar?
-Mi Nicky está en la fila ordenando algo para comer- me respondió, con una mirada deslumbrante.
-Y mi Oscar está en casa, hoy en la mañana no se sintió muy bien.- secundó Jenn.
Ahí deje la conversación y me dedique a comer y pensar. Ellos hablaban de tonterías y yo me limitaba a asentir o responder con monosílabos cuando se requería.
Solo pensaba en mi salvador, ¿Quién era?, ¿Existía?, ¿Por qué me ayudo?, ¿De dónde conocía esa voz?
-Hey, Tierra llamando a Dy- John pasaba su mano enfrente de mi rostro para captar mi atención.
-¡¿Qué?!- pregunte algo enfadada, era un poco irritante cuando John hacia bromas como esa cuando estaba concentrada.
-Nicole te preguntó algo, gruñonsita- pellizco mi mejilla como si yo fuera una niña.
-Amm, claro, ¿Qué sucede?
-Te pregunté sobre el festival de máscaras, ¿irás?- pregunto Nicky en un tono amable
-Supongo que sí, no es como si Jenn me diera la opción de faltar.
Mi enana amiga me mostró la lengua y asintió estando de acuerdo conmigo.
-¿Y de qué irás disfrazada?
-No lo sé, creo que Jenn siempre se encarga de eso, mejor pregúntale a ella- respondí con amabilidad, pero era obvio que no tenía mucho interés de seguir con la plática.
-¿Cantarás en el concurso?
- Pues, tal vez, todavía no acabó de escribir la canción que se supone que cantaría.
-Dy es una asombrosa cantante- me alabó Jonny
-Sí. Deberías escucharla, tiene pinta de ser profesional- estuvo de acuerdo Jenn
-No creo ser tan impresionante- agregue en desacuerdo.
El timbre del almuerzo sonó y me dirigí a clase igual que mis amigos. Siguiente clase:
Música
Todos los días me tocaba esta clase, es mi clase favorita así que solicité que así fuera. Siempre me entusiasmaba la idea de tener música todos los días, pero ahora dudo que me agrade, mi compañero de asiento arruinó ese entusiasmo.
¡MALDITO!
Con desgana me encaminé al aula.
Llegue en cinco minutos, la escuela era grande, pero los salones no estaban muy alejados de los casilleros así que por más que tratara de llegar lo más lento posible, no lo lograba.
Entre y me senté en mi lugar designado. El profesor llego casi detrás de mí y toda el aula se silenció.
-Buenos días chicos- dijo con irritante entusiasmo- hoy comenzaremos la clase con unos ejercicios vocales- muchos gruñeron, yo no tenía ganas ni siquiera de quejarme.
La puerta del aula se abrió y mi compañero de asiento entró, por un momento creí captar una esencia parecida a la de mi salvador, pero lo deje pasar.
Pasó junto a mí, -tratando de no tocarme, como si yo me tratara de algún bicho en vez de una persona- y se sentó a mi lado, junto a la ventana.
Yo me dispuse a solo ignorarlo.
Comenzamos con los ejercicios vocales, yo me limitaba a mover los labios sin emitir sonido alguno, estaba muy cansada hasta para cantar, y, sinceramente seguía asustada.
Trate de evitar la imagen mental de aquella sonrisa, o mueca, pero llegaba como si de un rayo se tratase, rápido, sin aviso, partiendo todo a su paso.
La imagen de esta mañana se detuvo, pero no fue para mejor, cientos y cientos de imágenes llegaron a mí en tan solo un parpadeo, me desequilibre y perdí el conocimiento de en donde me encontraba, sentía como si un agujero me absorbiera.
Su sonrisa.
Sus ojos.
Su cabello.
Mi madre.
Mis hermanos.
Su aliento.
Mi miedo.
Su furia.
Mi pánico.
Su despiadada alegría.
Mi agonía….
Todo regresó a mí, fue tan doloroso como el sentir un fierro ardiendo atravesar mi corazón.
Fue una visión, temía que mi mente fuera lo suficientemente audaz para mostrarme estas imágenes tan repentinamente como una advertencia de peligro…
Me estaban dando un ultimátum.
Me dio pánico.
En el momento en el que mi vista regreso y supe donde me encontraba, tome mis cosas y salí corriendo del aula.
Tenía que correr, o la oscuridad me alcanzaría, sabía que no podía luchar contra el destino, no lo hacía, solo lo aplazaba, porque aunque pasaran décadas, siglos y milenios, el instinto de supervivencia que me mantiene viva, surgía…
Porque aunque pasaran décadas, siglos y milenios, el miedo estaría conmigo.
Seguía asustada.
