Pensamientos de una noche
Su grito resonó en toda la habitación.
Shiori se sentó en su cama sudando, respirando agitadamente y llorando. ¿Qué había sido aquello? Una pesadilla. Una horrible y cruel pesadilla. Se molestó consigo misma por haber soñado cosas que la lastimaron y que jamás pasarían; porque no lo harían ¿verdad?
Se removió inquieta en su cama, tratando de alejar las imágenes de su pesadilla de su mente. No se creía todavía el haber soñado algo así. Suga era su amigo y jamás la lastimaría, es más, hasta la había protegido durante toda su vida a costa de la suya. Entonces… ¿por qué se sentía tan inquieta?
Entonces lo recordó. El joven la había ignorado todo el día de ayer, momentos después de la derrota de la Kotori Obake. ¿Por qué lo había hecho? No lo sabía. Lo único que si sabía es que su amigo la comenzó a evitar sin razón aparente.
Cada vez que ella se acercaba para preguntarle el porqué de su manera de actuar (reuniendo valor de quien-sabe-donde), él se alejaba; cuando se topaban en algún pasillo y trataba de entablar alguna conversación, la esquivaba fácilmente y se daba a la fuga; incluso al momento de la cena, recogió y su plato y cenó solo en su habitación.
Ahora comprendía porque soñó lo que soñó. Y su corazón se estrujo, instalándose la duda en este, como una pequeña espina que se encaja cada vez más dolorosamente.
Se acostó bajo las sábanas y abrazo sus rodillas, permitiendo dar rienda suelta al llanto que se había atorado en su garganta al momento de despertar.
Se lo había prohibido; se había negado a llorar por tanto tiempo que aquel sueño fuel el detonante perfecto que la hizo estallar. ¿Cuánto tiempo llevaba sin llorar? ¿Semanas, meses o años? No recordaba con exactitud, todo el tiempo había ocultado su sufrimiento para evitar hacer sentir mal a las personas que la rodeaban. Pero ahora se encontraba sola resguardada bajo aquellas suaves y cálidas sábanas asique, ¿qué importaba?
Había caído en un dolor absoluto cuando el Suga de sus sueños la abandonó, rompiendo su corazón en miles de pedacitos. A pesar de no ser real, nuevamente había sido abandonada. Primero sus padres, y ahora él. Sin embargo, prefería que él la hubiese abandonado a que le pasase lo que a sus padres. ¿Qué pasaría si su mejor amigo en realidad se marchaba de su vida? No a otro lugar, no a otra ciudad. Sino del mundo de los vivos.
Sabía la respuesta. Era la primera vez que se planteaba esa pregunta pero conocía la respuesta de ante mano. Moriría. Moriría de dolor y sufrimiento; angustia y desesperación, tristeza y soledad. Lo acompañaría a cualquier lado que él fuera y que le permitiera, incluso al mundo de los muertos. ¿En qué momento había comenzado a sentirse tan apegada al joven? No llevaba ni dos meses en aquella mansión y sentía que lo había necesitado y amado por años.
Porque si. Shiori estaba enamorada de su amigo de la infancia.
Y entonces lo comprendió.
Dejo de llorar al momento y abrió sus ojos sorprendida. Había pasado por alto el hecho de que ahora recordaba que lo había conocido desde niños y algo hizo "click" en su cabeza.
Era por él, que su corazón había estado vacío por años. Era por él, que rechazaba a cada joven que se le declaraba. Era por él, que despertaba por las noches con una angustia creciendo en su pecho sin saber la razón, tal como esa noche. Era por él, que sentía que algo, o más bien alguien, faltaba en su vida.
Era él, a quien había anhelado encontrar cada segundo que habían estado separados.
Todo el tiempo fue Suga.
Su reciente descubrimiento la hizo sonreír un poco y frotar la palma de sus manos contra sus ojos, tratando de despejar su mente.
Tal vez en algún momento Suga se apartaría para, al fin, comenzar con su vida. Tal vez, no volvieran a verse nunca. Tal vez, él nunca se enteraría de sus sentimientos. Pero ella lo había encontrado. El motivo por el cual su corazón, aún ahora en su momento de angustia, seguía palpitando.
"Deja de pensar en cosas dolorosas tan solo un momento. Desde que despertaste estas así." Era imposible no hacerlo luego de lo que había pasado.
Se sentó en su cama con las piernas cruzadas e intento relajarse. Movió sus hombros, girándolos de atrás hacia delante, luego girando su cabeza en círculos y por último estirando sus brazos al techo para relajar los músculos.
"¡Diablos!" se reprochó mentalmente. "Esto no está funcionando".
Soltó un suspiro cargado de desesperación y cerró sus ojos, recostando la cabeza en su almohada dispuesta a disfrutar algunas horas de sueño. Luego de un día tan agitado y una noche con tantas lágrimas derramadas, grandes tristezas y descubrimientos que no planeaba realizar, su mente se encontraba cansada y ansiaba algo de paz.
Una paz que no logró conciliar ya que, a pesar del sueño que tenía, no pudo seguir descansando. Eran las 4 am y se había despertado (a causa de su pesadilla) hacía tan solo 5 minutos.
"Curioso" pensó, "cuantos pensamientos puedes tener en tan poco, cuando no eres consciente del tiempo a tu alrededor".
Luego de algunas vueltas sobre su cama, encontró una posición perfecta, recostada boca abajo, con las manos bajo la almohada, una pierna tapada y la otra no. Respiró suavemente un par de veces tratando de regular su respiración y al fin, luego de muchos intentos, se calmó.
Se sentía tan cansada, quería dormir hasta que la luna saliera al día siguiente, pero unos leves toques en su puerta la hicieron despabilarse.
Solo había otra persona en aquel museo, aparte de ella.
"Oh-Dios-no"
No ahora, no podía estar ahí ahora. Tan solo unos momentos antes había aceptado por fin que lo amaba con cada célula de su cuerpo, había llorado por él e incluso había soñado con él.
¿Por qué estaba ahí? Le había costado serenarse para encontrarse frente al joven en ese momento. Sus manos comenzaron a templar y sus ojos a lagrimear.
Nuevamente el miedo la invadió. Miedo a que su sueño se hiciera realidad y él se marchara, no sin antes de despedirse. Lágrimas brotaron de sus ojos cuando recordó todo lo que había soñado y pensado aquella noche.
Se había sentido sola todo el maldito día de ayer para que ahora viniera a buscarla. Sola y despreciada. Tanto había sufrido que esa misma noche su subconsciente le jugó una mala pasada.
Asique… ¿Por qué ahora estaba ahí, tras su puerta que esperaba ser abierta, cuando la había ignorado todo el día? Nuevamente se escuchó aquel golpeteo contra esta. Cerró sus ojos y mas lagrimas bajaron por ellos.
"¡Maldición! Fue solo un sueño, no es como si en realidad se fuera a marchar, ¡cálmate!" trato de convencerse mentalmente.
Titubeo un par de segundos y se decidió. Seco sus ojos, se puso de pie y camino hacia la entrada de su cuarto.
"Deja de ser una cobarde y enfréntale. Necesitas saber porque se comportó así contigo ayer, asique no pierdas la compostura y no te pongas a llorar como una bebé frente a él"
Claro, era fácil pensarlo. Hacerlo era otra cosa.
Sus manos temblaron ligeramente sobre el picaporte y se obligo a serenarse. Inhaló y exhaló suavemente, tratando de calmarse.
"No te vuelvas loca, ni siquiera sabes porque está aquí".
Buen punto. No tenía ni la más mínima idea de porque Suga-kun estaba golpeando la puerta de su habitación a horas tan altas de la madrugada.
Recordó como estaba vestida y se sonrojo. Suga no debía verla vestida de esa forma bajo ningún concepto.
Y es que, vestir un pantalón corto y una sudadera dos talles más grandes, no la hacía verse muy femenina ante sus ojos. Se sonrojo aún más al pensar en aquello.
¿Qué le importaba que la viera así? No estaba tratando de conquistarlo asique estaba bien que vistiera con aquello. Sin embargo, tomó una bata de color lila que se encontraba en la silla de su cuarto y se la colocó.
Finalmente, se encamino de nuevo hacia la puerta y esta vez, sin ponerse a pensar para no darle demasiadas vueltas, giró el picaporte y abrió al instante.
Un pequeño rubor se extendió por sus mejillas cuando posó la vista en el joven que se encontraba frente a ella.
Sus ojos brillaban suavemente y su cabello se encontraba alborotado, clara señal de que momentos atrás había estado durmiendo plácidamente. Sus labios fruncidos en una mueca de ¿preocupación? Y qué decir de su vestimenta. Tan solo unos pantalones largos de color negro y su torso al descubierto. Sí, todo Suga hacía a Shiori perderse entre sus pensamientos y sonrojarse de todas las maneras posibles.
Se pego una cachetada mentalmente y se obligó a prestar atención a lo que sucedía. Aún no entendía porque su amigo se encontraba allí.
-¿Sucede algo, Suga-kun?
••••
Espero que la línea de separación (o los circulitos, la misma cosa) de acá arriba ↑ aparezca D:
Acá la segunda parte de mi fic :D bien bien, se que tarde en subirlo, pero en mi defensa….!
No tengo nada ._.
No sabía que había tanta gente que le gustara tanto este juego como a mi :D soy feliz! n.n
Aprecio a la gente que me dejo sus rewies para seguir continuando la historia quiero aclarar que esto será un three shot, asi que espero que la última parte sea de su agrado n.n
No sé que en momento subiré la tercera parte, pero espero que pueda ser dentro de las próximas dos semanas para que mi hermana tampoco me mate jeeee
Porque si, se que estas leyendo esto maldita traidora ¬¬
Comentarios u opiniones sin ofensas de por medio son bien recibidos n.n
Hasta la última parte y espero que tengan una linda mañana/medio día/tarde/noche dependiendo el horario en que lo lean e.e
Besos y saludos: Sisath
