Y aparezco luego de siglos con esta historia. Admito que le había perdido completamente el interes, además que este capítulo lo tenía hecho desde hacía un mes pero me daba flojera subirlo. Es el punto que hasta olvide que canción use para inspirarme. Pero bueno, me apiade, y vuelvo con este hermoso fic que a decir verdad me vio nacer en .

Oh si, gracias a los favorites que recibi de esta historia, que a pesar de estar abandonada aun la siguieron leyendo.

Bueno, espero que lo disfruten.

Advertencia: Este cap no fue beteado, así que si ven algún errorcito, no duden en decirmelo, más que enojarme, se los agradeceré.


Capitulo Nueve: Todo se descubre tarde o temprano.

Entró corriendo a la casa, como si lo estuviera persiguiendo. Ni siquiera cerró la puerta con delicadeza, sino que simplemente dio un portazo, asustando a la persona que se encontraba en la morada. El mayor le miro con desaprobación, ese niño ya se estaba aprendiendo las malas manías de su pareja.

– ¿Qué manera es esa de entrar? –le reprendió, provocando que el menor diera un salto del puro susto. Le miro extrañado ante esa reacción, Hikaru tenía cara de haber matado a alguien. – ¿Qué pasa? –preguntó con un tono de voz evidentemente preocupado.

Kageyama le miró durante unos segundos antes de lanzarse a sus brazos, lloriqueando cual niño pequeño. Kidou no pudo hacer otra cosa más que abrazarlo e intentar que se calmara. Luego de un momento lleno de sollozos y algunos balbuceos, Hikaru decidió hablar.

–Hice algo malo. –lloriqueó. Kidou frunció el entrecejo con confusión, el menor era incapaz de matar si quiera una mosca. Hikaru pudo observar las dudas del mayor solo con mirar a sus ojos. –Creo que… le dije a Masaki algo que no debía.

Yuuto abrió la boca un par de veces. Sabía los problemas de Kariya gracias a su pareja, y por lo tanto sabía que con ese chico se debía tener cuidado al decir las cosas o el resultado podría ser fatal. Necesitaba saber que era lo que Hikaru había hecho.

– ¿Qué le dijiste? –acarició el cabello de Hikaru y espero a que él se calmara otro poco. Él pareció pensar que decir exactamente, mientras limpiaba algunas lágrimas que corrían por sus mejillas. –Necesito saberlo Hika.

–Pues… Le estaba reclamando que ya no salía conmigo por culpa de su novio. –la culpa se hizo nuevamente presente al recordar. –Y bueno…yo me encontré con Shindou en la calle, y estaba con Kyousuke; pero él le había dicho a Kariya que ni iba a poder verlo porque iba a estar ocupado. –tragó con algo de fuerza antes de continuar. –Y yo…yo le tome una fotografía y se la mande a Kariya por mensaje. Ahora Masaki no me contesta ni quiere salir de su cuarto. –su voz comenzó a quebrarse, mientras se abrazaba a Kidou. –Hice mal Kidou-san, hice mal.

Kidou comenzó a maquinar la probabilidad que el pequeño hijo de los Kira hubiera reaccionado de mala manera ante la información recientemente dada. Podría haber cometido cualquier idiotez en menos de cinco minutos.

–Hikaru. –Le habló de forma calmada, intentando no sonar molesto o preocupado. Estaba consciente que Kageyama no conocía el padecimiento de su mejor amigo. –Tú no has hecho nada malo.

–Decirle mentiras a los niños es algo bastante cruel, ¿no crees Kidou? –El de orbes rojizos volteo encontrándose con su pareja que parecía haber estado escuchando toda la conversación entre el niño y él. –Lo que has hecho, mi querido Hikaru, está bastante mal. –El pequeño se estremeció ante las palabras del otro.

–Fudou, cierra la boca.

–No Kidou, el niño tiene que saber que lo que ha hecho puede traer graves consecuencias. –Caminó hacia donde se encontraban los otros dos, poniendo una sonrisa maligna. Hikaru no era de su agrado y hacerlo sufrir era su pasatiempo preferido. –Kageyama, ¿sabes que a causa de lo que le has dicho a Kariya …puede matar a alguien? –Hikaru palideció, abriendo los ojos completamente, su cerebro apenas y estaba procesando las palabras.

–Eso…eso no es verd…–Akio dejo salir una risa que asusto al menor presente.

– ¡Deja de ser tan ingenuo Kageyama! –le tomó por los hombros, empujando a Kidou para tener un mejor espacio. El de rastas miró sorprendido al otro, sin poder creerse que Fudou estuviera a punto de decirle aquello a Hikaru. Kariya había pedido que guardaran aquel secreto, que no se lo contaran a nadie. –Demasiado ingenuo. ¿No te has dado cuenta aun? – Hikaru le observó sin entender ninguno de los gestos o palabras que Fudou articulaba. El castaño dejo salir un suspiro, le desesperaba que la gente fuera tan idiota, a su parecer. –Pongamos todas las cartas en la mesa, a ver si esa cabecita de imbécil que tienes logra entender porque ha sido una estupidez lo que hiciste.

"Primero, lo primero. ¿Has notado el extraño comportamiento de tu amigo a lo largo de su amistad ¿no? Cualquier psicólogo barato diría que tu amigo solo es…un poco violento –.Volvió a reír de esa forma tan característica que tenía–. Pero eso no es verdad. Todo es tan simple de notar.

–Akio, por lo que más quieras…Cierra tu maldita boca. –Kidou tomó al pequeño por los hombros, alejándolo de su pareja. Le lanzo una mirada asesina, advirtiéndole que era mejor ser prudente. –Recuerda que tú no puedes hablar de los problemas de tus pacientes con terceras personas.

Akio chasqueo la lengua, sentándose en el sillón sin ningún tipo de clase, de esa manera que tanto le desesperaba a Yuuto.

–Pero que aguafiestas eres, he, cariño. –Deletreó la última palabra con cinismo, mordiendo sus labios de manera provocativa. Hikaru les miro aun más confundido. –Pienso que es necesario que nuestro pequeño Hika-chan –nuevamente ese dejo de burla fue utilizado. –este consiente con que psicópata se está juntando.

– ¡Ya basta! –gritó el de rastas visiblemente alterado. Tanto el de ojos verdes como Hikaru le miraron sorprendidos, el segundo más que el primero, pues no era normal que Yuuto se alterara de aquella forma. Kidou pareció notarlo, apenándose un poco y respirando varias veces para lograr recobrar su habitual calma. –No hables más Akio. –Fudou enarcó una ceja de forma juguetona y alzo los hombros. –Hikaru, ¿por qué no vas a ver a Kariya? –el menor asintió, caminando hacia la salida.

–Ten cuidado Hikaru, no querrás hacerlo enojar, y que "Ellos" le digan que te mate. –Kageyama quedo inerte durante unos segundos antes de continuar moviéndose.

"Ellos" era un término que Kariya usaba a cada momento. Un término que Akio le había explicado un día cuando le entro un ataque de "bondad" a con su persona.

–Kariya…


"No puedes escapar, ellos no te van a dejar. Ellos son tu tormento, esa cruz que debes cargar. Nunca los dejaras de escuchar."

Había perdido el control. Nuevamente lo había perdido y esta vez había causado una muerte, había acabado con la vida de un pequeño e indefenso ser.

–No…no…no lo hice apropósito. –Se repetía una y otra vez mientras observaba el pequeño bulto en su cama. Ese animalito que unas horas antes había estado maullando feliz a su amo. Ese amo que había acabado con su existir solo por una locura.

Claro que lo has hecho apropósito Kariya. Ahora encima de todo eres un maldito asesino.

–No… ¡No! Fue su culpa. –Se puso de pie, señalando hacia algunas grotescas formas que se encontraban en la oscuridad de su cuarto.

Se había dado cuenta de lo que había hecho una hora después de que Hikaru le enviara la fotografía, prácticamente había estado delirando durante todo ese tiempo hasta que sus tutores le llamaron para preguntar qué tal se encontraba. No pudo evitar gritar con terror al ver el pequeño animalito entre sus manos, sin vida. Cortó la llamada, excusándose con tener demasiadas cosas que hacer y había cerrado todas las ventanas de su cuarto, intentando convencerse a sí mismo que todo era una alucinación, que todo estaba siendo causado por las voces de su cabeza.

Todo es verdad. Mira lo que hiciste. –Una de las sombras señaló hacia el gato, causando que Masaki retrocediera. Se dejó caer al suelo, tomando su cabeza en un signo de desesperación.

–Eso…no, no puede ser. Yo no quería hacer eso, no quería. ¡No quería! –gritó con fuerza, tirando de su cabello. El terror se apodero de su persona, conforme a las sombras a su alrededor se movían, atormentándolo sin descanso. – ¡Paren ya!

Sabes que nosotros no pararemos nunca Kariya. Nosotros somos tú. –las voces rieron con burla, haciendo que las sombras se movieran rápidamente, causando un dolor de cabeza en el menor.

Nada ni nadie te librara de esto. Es lo que merece un pequeño bastardo como tú.

–No soy un bastardo. –sollozó.

¿Cómo no? Pobre e ingenuo niño, no quiere aceptar su realidad. –Una de las sombras se sentó a su lado, estirando su grotesca mano hacia el hombro de Kariya. –Si no fueras un bastardo ¿crees que tus padres te habrían abandonado? ¿O Kirino? –El llanto de Masaki aumento con solo escuchar aquello, verdades que él negaba, pero que su subconsciente se encargaba de recordarle día a día.

–No es verdad. Ellos se fueron porque quisieron. –Repitió, abrazándose a sí mismo. –Todo lo que ellos dicen es mentira. Mentira. –rió con amargura, intentando aguantar el llanto que amenazaba con salir. Intentaba con desesperación evadir la falsa realidad que su mente creaba.


–Hiroto. –le llamaron dulcemente. El de cabello rojo dejó a un lado su el trabajo para atender a su secretario y pareja.

– ¿Qué sucede Ryuuji? –La mirada preocupada de Midorikawa le advertía que era lo que atormentaba la mente de su pareja, más quería escucharlo salir de su boca. Le sonrió con ternura, señalando al sillón que se encontraba en su oficina.

–Me quede preocupado por Masaki. –Admitió mientras se acercaba al lugar indicado, sentándose. Hiroto imitó su gesto unos segundos después. –Digo…se escuchaba algo histérico, y me da miedo que le…–respiro un par de veces, intentado que su voz se calmara un tanto. –Que le de otro ataque. –Mordió su labio con preocupación, imaginando lo peor. –No podemos dejarlo tanto tiempo solo Hiroto. Kariya requiere de nuestra atención al cien por ciento, y nosotros casi nunca estamos en casa.

Kira meditó lo mencionado, retirando sus gafas mientras masajeaba el puente de su nariz. Midorikawa tenía razón. El trabajo los absorbía demasiado, casi no se la pasaban en casa; apenas y lograban pasar un día entero con Kariya sin que el trabajo interviniera.

–Lo que dices es verdad Ryuuji. Desde que conseguimos la custodia de Kariya, nos advirtieron que debíamos vigilar de él, cuidar que no tuviera ningún tipo de paranoia o ataque. –Volvió a colocar sus gafas, mirando directamente a los orbes oscuras de su pareja. –Se que nuestro trabajo lo impide un poco… Podríamos contratar a alguien…

– ¡No! –Le interrumpió el otro, sorprendiendo un poco a Hiroto. –No quiero que nadie cuide de Kariya… Yo quiero cuidar de él. –Le informo con voz decidida, esperando que Kira captara el significado de aquellas palabras.

Hiroto tardo unos segundos en procesar lo anteriormente dicho, abriendo y cerrando su boca en varias ocasiones. Sabía el significado de aquellas palabras, pero muy en el fondo deseaba que no fuera eso que imaginaba. Tomó entre sus manos la delicada mano de su pareja, jugueteando con ella.

–Ryuuji….tu me estás diciendo... –Carraspeó un par de veces tratando de aclarar su voz. – ¿Qué quieres renunciar? –Midorikawa asintió, mientras una sonrisa se formaba en su rostro.

–Se que será difícil, pero debo sacrificar mi trabajo por el bien de Masaki… No quiero que le pase nada malo. –Admitió, contagiando la sonrisa a su pareja. –Se que sueno como una madre psicótica, pero deseo estar con Kariya. –Hiroto colocó un dedo en sus labios, callándolo para plantarle un pequeño beso.

–Si así lo deseas, hazlo. A mí no me molesta. –Acarició la mejilla del moreno. –Tienes razón, es preferible que uno de nosotros este para cuidar de nuestro pequeño. –Ryuuji colocó su mano sobre la que se encontraba en su mejilla, entrelazando sus dedos. –Si quieres puedes irte en un rato. Yo también me quede preocupado por Kariya.

–Gracias.


Miraba la entrada de la mansión con nerviosismo, sin estar seguro si debía tocar o dar media vuelta y regresar a su casa. Su conciencia gano, haciendo que tocara la puerta un par de veces. Necesitaba saber si su mejor amigo se encontraba en perfecto estado. Pasaron cinco minutos en los que nadie abrió.

–Kariya. –le llamó, tocando nuevamente la puerta. –Abre por favor. Soy yo. –Otros cinco minutos sin recibir alguna respuesta. –Kariya. ¿Estás allí? –la preocupación comenzó a apoderarse de su persona, haciendo que tocara con más insistencia. Observo hacía a todos lados, y sin dudar dos veces corrió al patio trasero de la mansión Kira, saltando la cerca; un truco que el mismo Masaki le había enseñado. Corrió hacia la entrada, abriendo la puerta corrediza de madera y entrando a la sala. – ¿Masaki? –preguntó al aire, caminando con cuidado de no hacer algún ruido para asustar a su amigo.

Escucho pequeños murmullos al fondo del lugar. Como un sollozo. Su corazón dio un vuelco y la preocupación volvió a hacerse presente en su interior, alterando todos sus sentidos y haciendo que comenzara a imaginar cosas que de seguro nunca habían ocurrido. "¿Y si alguien entro a la casa y le está haciendo algo a Kariya?" Con aquel pensamiento tan fatalista, apresuro su paso, corriendo hacia el cuarto de Masaki, abriendo la puerta de un golpe. Lo que encontró no era exactamente lo que esperaba.

El cuarto, estaba completamente a oscuras, las cortinas cerradas, bloqueando cualquier rayo de luz que intentara adentrarse al lugar. Algunas cosas tiradas en el suelo, y al fondo, en la cama se encontraba un bulto oculto entre las sábanas, murmurando cosas sin sentido.

– "No fue mi culpa, no fue mi culpa, no fue mi culpa. Ustedes lo hicieron. Ustedes me provocaron, yo no quería hacerlo."

– Kariya, ¿eres tú? –Le llamó nuevamente. La respuesta tardo en llegar algunos minutos, preocupando aun más al pequeño de cabellos morados. Se acercó a la cama, sentándose con delicadeza en la orilla.

–Hika…diles que se callen. –Le rogó su amigo, sacando el rostro de entre las sábanas. Tenía los ojos ligeramente rojos, demostrando que había estado llorando. –Diles que se callen, no lo soporto más. –gateó hasta donde se encontraba Kageyama, aferrándose a su camisa. –No lo puedo soportar más.

– ¿De…de qué estás hablando? –Abrazó de manera protectora a Masaki, mirando hacia todos lados con confusión. – ¿A quién tengo que callar?

– ¡No quiero que hablen más! –gritó el más bajo con terror, mirando a algún punto en la pared. Hikaru dirigió su vista a aquel lugar, sin encontrar a lo que provocaba los gritos en Masaki. – ¡Dejen de hablar ya! –Se alejó de un empujón, desconcertando aun más a Hikaru.

– ¿Qué pasa Kariya? –Le preguntó con cierto temor en su voz. Aquel comportamiento no era normal en su compañero. Le siguió con la mirada, su conciencia le gritaba que algo andaba mal con Masaki, era verdad que solía actuar de manera extraña, pero eso era demasiado extraño hasta para él. El de cabellos cian caminaba en círculos por su cuarto, tirando de su cabello, mientras repetía una y otra vez que cesaran todo aquel ruido que Hikaru no lograba escuchar. –Quédate quieto Kariya, deja de hacerte daño. –le pidió, caminando hacía él y tomándole por los hombros. –Mírame. ¿Qué es lo que te pasa?

– ¿Tú también me odias? –Preguntó su amigo con voz sombría. Kageyama balbuceó, sin entender el porqué de esa pregunta. – ¿También vas a alejarte de mí? ¡¿Tanto me odian?! –gritó con desesperación, empujando con fuerza a Hikaru. –No fue mi intención. Yo no quiero ser así ¿Qué nadie lo ve?

–Kariya, ¿De qué estás hablando? Yo… yo no pienso alejarme de ti. –La sinceridad en sus palabras hizo que el otro retrocediera ligeramente, sollozando nuevamente. – ¿Qué te hace pensar en eso? –Se puso de pie con lentitud, acercándose nuevamente hacia Masaki.

–Ellos lo dicen.

Nuevamente esa palabra, una que no lograba comprender. Trago con fuerza, dispuesto a preguntar a que era lo que se refería su amigo, quienes eran esos que lo atormentaban, que lo hacían actuar de aquella manera tan extraña y violenta.

– ¿Quiénes son…ellos? –Miró a Masaki directamente a los ojos, pero este le rehuyó a la mirada. –Masaki, ¿Quiénes son ellos…de los que tanto hablas? –el aludido retrocedió algunos pasos, abrazándose a sí mismo, sollozando con más insistencia.

–Son Ellos…diles que paren ya… Yo no quiero escucharlos. –El de cabellos cian comenzó a caminar nuevamente en círculos, golpeando una y otra vez su cabeza. La preocupación en Hikaru aumento, haciendo que caminara algunos pasos, tropezando con algo pequeño que se encontraba tirado en el suelo.

Sacudió un tanto su cabeza, sentándose para recoger el objeto que había provocado su caída, encontrando algo pequeño y peludo. Lo tomo entre sus manos, tratando de reconocer que era aquello, tocando unas orejas y unos bigotes, entrecerró los ojos para poder ver mejor; arrepintiéndose al instante. Sus ojos se abrieron de golpe y no pudo evitar soltar un chillido; lanzando lo que había recogido.

–Ma…Masaki. –Le llamó con voz algo temerosa. Sus manos comenzaban a temblar, poco a poco las palabras de Fudou comenzaban a cobrar sentido.

El aludido no respondió, simplemente comenzó a reír de una forma un tanto escalofriante.

–Ya lo encontraste… –Murmuró. –Yo no quería hacerlo Hikaru… Ellos tienen la culpa. Ellos me hicieron hacerlo. –Se apoyo sobre una de las paredes, recostando su cabeza sobre ella. –No me di cuenta cuando paso…Yo solo…lo mate. –Kageyama quedo congelado, sin estar muy seguro de cómo reaccionar o actuar. El miedo le paralizo completamente, provocando que su silencio desesperara de sobremanera a Kariya. –También te doy miedo. –Afirmó más que preguntar, riendo de esa manera tan escalofriante nuevamente.

–No Masaki…tu… –Su mejor amigo golpeo con fuerza la pared, produciendo que Hikaru pegará un pequeño salto.

– ¡No me mientas joder! –Tironeó de su cabello con desesperación. –Vas a escapar igual que lo hicieron mis padres…Me vas a abandonar…–Caminó hacia el espejo que se encontraba detrás de su puerta, observándolo con atención, como si algo allí en su reflejo le dijera algo. Por su lado, Kageyama no tenía idea de cómo reaccionar, su mente estaba demasiado aturdida y asustada como para poder hacer algo, tan solo se limito a observar las acciones de su amigo. –No puedo confiar en nadie. –Murmuró, para luego estampar su puño con fuerza contra el cristal, justo como lo había hecho unas semanas atrás con la ventana.

Esto hizo reaccionar a Hikaru, que se movió instintivamente hacia las cortinas, abriéndolas con rapidez para ver qué había hecho su amigo, encontrándose con el espejo roto y con que la mano izquierda de Masaki sangraba sin control. Corrió hacia él, decidido a auxiliarlo, pero Kariya se movió, tomando uno de los cristales entre sus manos.

– ¡Masaki! –Gritó Hikaru con desesperación, corriendo hacia su amigo, intentando arrebatar el vidrio de sus manos. Ambos forcejearon por unos segundos, hasta caer al suelo, Kariya sobre Kageyama.

Hikaru logro arrebatar el cristal, cortándose un tanto la mano en el proceso, pero la sonrisa tétrica de Kariya pareció ensancharse, mientras una pequeña lagrima resbalaba por su mejilla.

–No quiero más Hikaru. –Susurró. Tomo con fuerza la muñeca de Kageyama, obligándole a colocar el cristal sobre su cuello, haciendo una pequeña presión. –Mátame. Por favor Hikaru, es la única forma que "Ellos" se callen–Las orbes oscuras del otro se abrieron completamente, mientras volvía a forcejear.

– ¡No Kariya! ¡Detente! –El aludido comenzó a mover su mano, realizando un pequeño corte en su cuello, que poco a poco intentaba enterrarse más entre su carne. Hikaru gritó espantado, esperando que alguien le fuera a ayudar. – ¡Ayuda! –Pudo sentir como una gota de sangre caía sobre su rostro, acrecentando el pánico que en ese instante se hacía presente en su cuerpo, temiendo que la petición de Masaki fuera cumplida en contra de su propia voluntad. – ¡Detente!

Cuando pensó que aquel vidrio lograría atravesar la piel de Kariya, cuando creyó que no iba a lograr detenerlo, alguien acudió a su auxilio; quitándole de encima de su amigo. Quedo unos segundos en estado de shock, sin soltar aquel pedazo de cristal.

– ¡Kariya! ¡Ya! –Ese grito le devolvió a la realidad, haciendo que se sentara con rapidez para ver el estado del de orbes ámbar. – ¡Cálmate por favor! –Se encontró con Midorikawa abrazando a Kariya contra su pecho, evitando que realizara algún tipo de movimiento. –Ya paso…yo estoy aquí.

Masaki gritaba con fuerza, llorando de manera un tanto descontrolada, pidiendo que todo parara. Hikaru se quedo en donde estaba. Mil y un preguntas rondaban por su alterada mente, dudas que deberían esperar a que su amigo se calmara para poder realizar.


Me quedo demasiado corto para todo el tiempo que pase sin escribir, pero eso fue todo lo que dio mi pequeña cabeza.

Ñe...hoy me negaba a sacar a Shindou (?) Necesitaba darle el protagonismo a alguien más y ese alguien resulto ser Hikaru.

Bueno, como dije arriba este capítulo no esta beteado, así que si ven faltas ya saben y me dicen. Gracias por leer y les agradecería si dejaran un review, con un alago o crítica, todo es bien recibido.

Prometo ponerle al corriente con mis fics, ya que veo que el fandom anda algo muerto y lleno de malas historias -sin intención de ofender, claro- También me tengo que poner al pendiente con todos los fics -buenos- que han publicado D:-

Bueno, besos y abrazos y nos vemos en dos semanas.