Nota: la serie y personajes de Naruto no son de mi propiedad
Título: Verdades
Autor: ari wills
Acto 2. El verdadero motivo de una mujer
Era el final. Ella lo había visto venir desde hacía tiempo, lo sorprendente fue cuanto tardo en hacerlo…
Sí, había sido ya bastante tiempo desde el día en que conoció al que se habría de convertir en su esposo. Aún podía recordar como le costaba hablar… al menos hasta que estuviera decidido, y como, aún cuando no se habían hablado antes, él llegó inesperadamente un día a su salón de clases en la Academia -ya que iban en distintos grados- y de la nada le pidió que considerara la opción de salir con él.
En ese momento, Mikoto no pudo dejar de notar la forma tan educada y formal en que él se expresaba. Tal fue la impresión con el discurso que dio, que ella realmente se vio ante la actual situación de considerar su demanda. Tampoco podía negar que era atractivo y que había algunas cuantas personas que estaban interesadas en él, más sin embargo él se lo había pedido a ella. Mikoto se sorprendió a si misma con la idea de querer aceptar su demanda, tomando en cuenta la personalidad tan estoica que lo caracterizaba.
Fue una semana después de haber aceptado su propuesta… y unas cuantas conversaciones casuales, que Mikoto se vio involucrada en algo de lo que no tenía ni la más remota idea. Al parecer Fugaku estaba más empeñado con ella de lo que dejaba ver, porque no fue mucho después cuando salió el planteamiento de si quería ser su novia. Extraño como funcionan las cosas, porque tiempo después era su esposa.
Las cosas eran… bueno, comparadas con la demás gente, ellos y su relación no eran ni remotamente normal. Muchos decían que él era demasiado serio y no la valoraría como debía, otros decían que ella sólo estaba interesada porque él habría de convertirse en el próximo Jefe del Clan Uchiha, pero la verdad era que, con el pasar de los años, ella había llegado a conocer a Fugaku realmente. Él no era ni mínimamente parecido al ideal de Mikoto cuando era joven, pero en cambio había sido atraída a él como una abeja a la flor… no hablaban mucho –o más bien, él raramente pronunciaba algo que no fuera de utilidad-, no se divertían saliendo de vez en cuando a algún lugar o festival –ya que Fugaku rara vez tenía tiempo-, no se daban obsequios o felicitaciones en días especiales –no había porque según él-, Fugaku no estaba muy de acuerdo que ella se convirtiera en ninja –aún cuando Mikoto tenía gran potencial- y por sobre todo, Fugaku rara vez pedía su opinión. Pero entonces ¿porqué?, le habían preguntado innumerables veces en el pasado a Mikoto, ya fueran sus padres, sus amigos, incluso una vez el padre del propio Fugaku. La razón era simple y no tan pretenciosa como medio mundo imaginaba: era simplemente porque él estaba ahí. Su forma de ser, su forma de llevar su vida, sus simples palabras y aún más simples –pero no tan frecuentes- sonrisas… Fugaku era el tipo de persona que veía a todos y a la vez a nadie –y Mikoto era de las pocas personas que él veía realmente-, era el tipo de persona que quería cumplir sus propios sueños sin dejar de cumplir los de los demás. Fugaku mismo era más humilde y complaciente de lo que él creía y ella estaba encantada por haber descubierto algo tan importante.
Su vida de casada no tenía muchas variantes a su vida de cuando eran novios, excepto por el hecho de que ella rara vez realizaba misiones. El día en que se embarazo, eso también termino. Fugaku lo había decidido y Mikoto lo había aceptado –aún cuando era algo que ella había pensado cuidadosamente sin decírselo a nadie- sin mayor problema, pero estaba segura de que si ella hubiera expresado la idea de seguir siendo ninja, Fugaku habría aceptado sin mas ni mas. Pero ese no fue el caso.
Fue entonces cuando todo empezó a cambiar. El cargo como Jefe del Clan resulto ser bastante estresante. Si antes Fugaku era orgulloso de su clan –y debía de serlo ya que se convertiría en el nuevo jefe tarde o temprano-, ahora era más evidente que antes. Sus obligaciones en la Estación de policía de Konoha no habían ayudado mucho… cada vez pasaba menos tiempo en la casa. Tampoco era para compadecerla, Mikoto era una mujer ninja y sabía que la vida no era -ni sería- nunca perfecta, situaciones como esa la tenían sin cuidado.
El nacimiento de su primer hijo le trajo algo de alegría a su solitario hogar. Mikoto estaba feliz, no sólo porque había tenido un hijo saludable y fuerte, sino que, era un hijo de ella y de Fugaku, además de que pudo ponerle nombre sin ninguna protesta. ¡Ah!, el nombre. Aún podía recodar con exactitud la cara que había puesto su esposo cuando se lo dijo, y más aún cuando él trato de dar una sugerencia –con respecto al nombre- pero no se atrevió. Fue como ver a un pez tratando de respirar –abriendo y cerrando la boca sin parar- inútilmente.
Su hijo Itachi. No podía negar que era algo especial. Su educación y la forma tan rápida en que asimilaba las cosas la alegraba sobremanera, pero al mismo tiempo la entristecía. Mikoto sabía en que tipo de lugar vivían, y con que tipo de gente convivían, así como la forma de vida que tenían, y las personas como su hijo siempre sufrían más. Ser un genio era lo más parecido a ser maldito a excepción de que tuvieras una gran fortaleza o un buen ambiente, por desgracia lo segundo no lo tendría su hijo, el tiempo le diría si también poseía la fortaleza necesaria.
El repentino interés de su esposo por Itachi sólo le confirmo aquello que ya sabía: su hijo era un genio… e iba a padecer por eso. Los entrenamientos con Fugaku, el carácter tan seco de su hijo, las miradas de la gente, el tiempo –cada vez más corto- que pasaba con su hijo… era innegable para sus ojos –los ojos de una madre- que su hijo se estaba perdiendo a sí mismo, y que con el tiempo, terminaría perdiendo el camino –al menos aquel que la sociedad consideraba correcto-, pero ella era una mujer ninja –al menos en el pasado- y sabía que algunas veces los sacrificios debían hacerse... porque hay momentos en la vida en que, aún cuando uno tenga la razón y pida –exija- el cambio, jamás sería escuchado no importa cuan fuerte gritase. Si ella detenía a Fugaku, nadie le aseguraría de que el Clan, su hijo, el mundo e incluso ella misma también serían detenidos. Su hijo estaba condenado y ella lo sabía, así que lo único que pudo hacer por él, era crear felicidad en todos los días que le fueran permitidos, antes de ser condenada a observar en las sombras la destrucción de su pequeño. No había porque deprimirse; Mikoto esperaba que su hijo le comprendiese –siendo un ninja también-, pero si no lo hacía, tampoco se sentía con derecho de decirle que ella jamás tuvo el poder para evitarlo… no cuando existía la posible respuesta de que pudo haberlo intentado.
Antes de darse cuenta, Mikoto se encontró en la misma situación, o casi la misma situación, que al principio. Su esposo casi no estaba y ahora su hijo Itachi, hacía lo mismo. A ninguno podía recriminarle. Pero con todo eso, decidió no regresar a ser ninja… si su hijo mayor iba a sufrir, al menos ella debería estar ahí para verlo y no escapar con misiones inútiles que la dejarían mas vacía y culpable cuando regresara a casa. La sorpresa que recibió al enterarse de que estaba embarazada por segunda vez fue lo suficientemente grande como para hacer su carga más ligera.
Sasuke. El nombre había llegado a su mente apenas lo había visto, y no pudo evitar la alegría que la invadía. Su segundo hijo era afortunado como no tenía idea. Para empezar era el segundo hijo, fuera de las responsabilidades que conllevaba convertirse en Jefe de Clan; había demostrado no ser un genio como su hermano mayor, cosa que le aseguraba un futuro sin mayor sufrimiento y expectaciones innecesarias; por último su padre había decidido no llevárselo y entrenarlo personalmente, decisión que le aseguraba una infancia normal y… feliz.
Por desgracia, todo aquello que Mikoto había encontrado como fortuna en su hijo menor, Sasuke lo veía como una maldición. Su pequeño hijo adoraba al Clan, quería que su padre le prestara atención y deseaba tener las habilidades innatas de su hijo mayor para lograr tales cosas. Mikoto hizo lo que pudo para asegurar que tuviera una infancia feliz, pero Sasuke parecía empeñado en conseguir lo contrario: se frustraba por nada, y quería algo que Mikoto sabía que con el tiempo desearía no tener; con todo, había logrado que no se reprimiera tanto como Itachi y eso ya era algo.
Extrañamente la relación que tenían sus dos hijos era buena. Eso fue algo que jamás hubiera esperado, pero estaba feliz por ello. Itachi aceptaba su hermano menor e incluso lograba que su padre le prestara atención a Sasuke, con lo que había ganado el respeto, la admiración y el cariño del menor incondicionalmente –el que fuera todo lo que Sasuke quería ser ayudaba un poco-… Itachi, su primer hijo había cambiado tanto que podría decir que se había vuelto irreconocible, de no ser porque lo había estado vigilando en silencio durante todo ese tiempo.
El tiempo pasaba y Mikoto no podía negar la sensación de que algo estaba mal cada vez que veía a sus hijos, a su esposo, al Clan, a sí misma. Pero lo hecho, hecho estaba. Las cosas con su hijo mayor iban de mal en peor, la atención de su esposo centrada en Sasuke le decía que eso se estaba volviendo un círculo vicioso, y su falta de participación le recordaba que ella tampoco estaba ayudando.
El Clan tampoco era perfecto como gustaban anunciar –incluido su esposo-, ni tan fuerte como osaban presumir… el Clan era un grupo de personas tan perfeccionistas que no permitían los errores, razón primordial del porque vigilaban cuidadosamente cada paso que daba su esposo en busca de algún error, algún fallo que les ayudara a quitarle del puesto… porque todos se sentían con el derecho y el sentimiento de que eran mejor –cada uno- de lo que Fugaku era. Era en esos momentos en que me alegraba infinitamente de que Fugaku fuera el Jefe, que si bien había cambiado, se había perdido en el camino y estaba al borde del abismo, jamás había dado inicio a ninguna guerra inútil –que muchos del clan anhelaban-, ni tampoco había abandonado a su familia completamente –que había observado en muchos casos-, ni tampoco se había cerrado completamente –al menos con ella-. Todo eso lo hacía cien o más veces mejor que los demás del Clan, pero tampoco podía negar que el futuro era incierto y que Fugaku no caería en los mismos errores.
El incidente con Itachi que escuchó de los labios de Sasuke, solo confirmo aquello que alguna vez presintió muchos años atrás, pero esperaba estar equivocada. Y aún si no lo estuviera, no podía negar que lo tuviera merecido. Ya faltaba poco para dejar de fingir que todo estaba bien, en especial cuando estaba con su hijo menor quien esperaba pudiera verse fuera de todo esto.
Entonces llegó. El día estaba acabando…no estaba muy segura. Su hijo mayor Itachi había entrado con su silencio característico, vestido con sus ropas de ANBU y su Sharingan activado. Le sucedió un silencio incómodo, Fugaku parecía un poco nervioso… seguramente así era. Un pequeño intercambio de palabras, unas miradas fugaces y nuestro destino estaba sellado.Mikoto lo sabía claramente, que había desaparecido de la vida de Itachi desde hacía mucho tiempo atrás, primero cuando ella permitió que se lo llevaran de su lado, después cuando se sentaba en silencio al lado de su padre mientras éste le exigía más de lo que debía. Lo que le sorprendía era que, al final, todas sus suposiciones se habían vuelto tan ciertas. La suerte de Itachi, el Clan e incluso ellos mismos… que idóneo.
El final del camino había llegado más rápido de lo que ella creía. Arrodillada al lado de su esposo –aquel que nadie comprendió- pudo notar por el rabillo de su ojo, como tenía los ojos cerrados… al parecer había caído en cuenta de su error. No es que hubiera hecho gran diferencia –si no era él, alguien más lo hubiera hecho-, pero era bueno saber que había regresado a ser el mismo de antes. Su hijo menor Sasuke había tardado de la escuela… seguro que se había quedado entrenando más de la cuenta. Como le hubiera gustado decirle que no pasaba nada y que no se preocupara, que se contentara con ser normal… pero su hijo menor tenía la costumbre de hacer y querer justo lo contrario. Mikoto estaba segura de que Itachi tenía algo que ver con eso, siempre lo tenía… él y su padre.
Sin poder evitarlo lanzó una mirada fugar al rostro de su hijo mayor y en sus ojos pudo leer una pregunta que no se atrevió a formular, que jamás se atrevería a formular… ¿Por qué¿por qué nunca hiciste nada? Leía claramente en sus ojos, y los suyos le respondieron con igual intensidad… porque si yo no apoyaba a tu padre, nadie más lo haría. Era una lástima que Itachi jamás aprendió a leer a su madre, como ella lo hizo con todos los miembros de su familia. Con una mirada de resignación en el rostro, Mikoto soltó un suspiro, bajó la vista –con perfecta conciencia de que su hijo mayor jamás recibió la respuesta- miró por última vez a su esposo y sonrió brevemente, la primera real desde hacia tanto tiempo. Sabía que sería la primera de la familia –era lo justo- en irse y no sintió nada más que tranquilidad absoluta. Ya era tiempo de que aprendieran a cuidarse solos, y que se dieran cuenta de sus errores… solo esperaba que no los reconocieran demasiado tarde… o que tuvieran la fortuna de poder cambiar. Su conciencia desaparecía, junto a la vida de la única persona que siempre observó, entendió y adivinó sin poder hacer nada al respecto.
p.d. bueno, igual que el anterior, me disculpo por la ortografía, los personajes y cualquier otra cosa en que haya metido la pata si es que lo hice.
p.d.2 Ojalá les haya gustado… pero como no hay mucha referencia, pues salió una Mikoto así. Sé que muchos la verán como una mujer sumisa –al menos en este fic-, pero aquí trate de darle la apariencia de una mujer, una de las mas fuertes, que aún sabiendo lo que iba a pasar, y consciente de que no podía hacer nada, decidió no escapar y evadir la realidad de lo que le estaba sucediendo a su familia. Creo que su papel fue la de observadora… porque aún si hubiera querido hablar, no la hubieran escuchado… los hombres de su familia eran un poco difíciles.
p.d.3Como les dije, subí otro capítulo y el próximo será la siguiente semana.
p.d.4 Cualquier comentario es siempre bienvenido!
