Me pidió que me quedara esa noche, y yo acepté…

Después de comer salimos a dar un paseo por los alrededores de la aldea. Había estado muy silencioso a pesar que fue él quien dijo que quería hablar conmigo.

– Sabes… encontré un libro que habla de ti.

– ¿Sólo uno? –dijo con arrogancia – Al parecer tengo que hacer muchas más cosas para aparecer en todos ellos.

– Ya has hecho muchas cosas buenas¿no es así?

– No es gran cosa – respondió cortante.

El silencio se prolongó mientras seguíamos nuestro paseo. Yo trataba de recordarle las cosas que habían pasado en cada parte de esa aldea pero él sólo asentía y continuaba caminando.

Quizá él ya no recordaba esa época con tanta alegría como yo, tal vez para él el pasado no era importante y yo, que había hecho del pasado el centro de mi vida, sólo lo hacía sufrir por aquello que él ya había dejado atrás.

Me escuchaba, asentía y seguía caminando.

¿Por qué me había pedido que me quedara si no le gustaba mi compañía? Maldije el momento que encontré ese libro y volví al pozo. Hubiera sido mejor no haber regresado. La historia había seguido su curso sin él y yo me negaba a aceptar cual era la verdadera razón que me había hecho volver a este lugar donde la felicidad y la pena parecían perder sus límites.

Caminamos al menos por dos horas más entre la aldea mientras él saludaba a cuanta persona se encontraba y yo tenía que escuchar historias sobre lo maravilloso y amable que había sido con ellos. Tras muchas historias y muestras de gratitud pudimos dejarla atrás sólo para que él me guiara directo al lugar donde el Goshinboku se encontraba de pie.

– Aún recuerdo el día en que te vi aquí. Yo estaba tan confundida, pero por alguna razón sabía que eras alguien muy bueno –quería que alguna emoción se reflejara en su rostro, pero él parecía no estar prestándome atención y observaba a todos lados menos a donde yo me encontraba. En mi interior se acumuló la ira, el enfado que hacía diez años me hubiera hecho gritarle Osuwari pero aquel ímpetu que tenía en la adolescencia me había abandonado y esa rabia que me causaba fue rápidamente suplantada por la tristeza y la desilusión.

– Debería regresar a mi casa –dije volteando con dirección al pozo y di un paso, me detuve con el anhelo de obtener una reacción de él, pero sólo tuve más silencio.

– Mi madre debe estar muy preocupada por mí –intenté excusarme.

– Si, es probable –dijo con tono frío, como si se tratara de una respuesta automática.

– Me voy – anuncié iniciando mi camino – fue un placer volver a verte.

– Espera, quiero hablar contigo. Sé que deben estar preocupados por ti pero yo…

Un nudo en su voz se hizo notorio. Yo volteé a verlo pero él no estaba viendo en dirección a mí.

– Necesito…

Sin verme intentaba completar la frase y yo sentía a mi paciencia marcharse sin mí. No podía siquiera imaginar qué quería decirme y cuando más me devanaba en intentar vislumbrarlo, él completó la frase de un solo golpe.

– Quiero que vayas conmigo de viaje… No es muy lejos de aquí, estoy seguro que no demoraremos más de una semana.

¿Qué había dicho? Yo no podía creerlo. ¿Por qué así de repente quería volver a emprender un viaje¿Por qué? Tantas preguntas en mi cabeza y no tenía respuesta para ninguna de ellas.

– Necesito que vengas conmigo –suplicó.

Podían haber pasado diez años, pero yo sabía que un viaje así tenía motivos muy especiales y si él lo pedía con ese interés era porque se trataba de algo muy importante. No pude evitar sonreír y al hacerlo sentí mis dudas quedarse atrás. Por supuesto, no podía acompañarlo en esta aventura que me proponía pero el viejo Inuyasha parecía estar de vuelta y eso era lo que me alegraba.

– No puedo ir contigo. No vine preparada así que no tengo ropa ni víveres, tampoco le dije a mi familia que vendría aquí.

– Pero… no es necesario que lleves nada para el viaje y si es la ropa lo que te preocupa, estoy seguro que Sango podría prestarte algo.

Algo estaba mal, no era posible que Inuyasha estuviera suplicando de esa manera tan insistente. Sus ojos delataban sus ansias y el temor a que yo me fuera. Entonces recordé las palabras de la pequeña Emiko y me hicieron temer.

Siempre creí – o me obligué a creer – que él nunca olvidaría a Kikyo. Fuimos compañeros de aventuras y lucha mientras recuperábamos los fragmentos de la perla. Lo amaba… lo amé, pero después de diez años me había obligado a olvidarlo y una vez que ese sentimiento muere, no puedes revivirlo. Ahora era demasiado tarde, todo aquello había quedado muy enterrado en lo más recóndito de mi corazón.

– No será mucho tiempo – volvió a insistir – necesito hacer algo, pero en verdad necesito que estés a mi lado.

El héroe arrogante y seguro de hace horas había desaparecido y frente a mí había un Inuyasha completamente distinto, con su lado vulnerable completamente al descubierto.

Caminé hacia el árbol y toqué su corteza. No quería pensar e intentaba convencerme que él sólo añoraba los viejos tiempos como yo o que el volver a verme le había causado esa confusión. Quizá era sólo mi imaginación jugándome bromas.

Él también caminó hacia el árbol y se apoyó contra este.

– Vamos, por los viejos tiempos. Tu madre seguro descubrirá a dónde fuiste.

En eso tenía razón, al ver las maderas rotas del pozo deduciría que lo había vuelto a cruzar. Con esas palabras también me aseguró que sólo se trataba de mi imaginación haciéndome bromas y que él sólo anhelaba el pasado tanto como yo.

Podía quedarme, en eso también tenía razón. Sin obligación alguna en mi época no tenía algo que forzara a volver pronto. Además yo misma me había contradicho, mi motivo para regresar era protegerlo o ayudarle siquiera en los peligros que se enfrentase. Procuraría hacerme de un arco y unas flechas en caso que las necesitara pero hacía tiempo que no las usaba y ese podría ser un problema, sin embargo no iba a dejar que eso me detuviera. En cuanto a mamá… luego le explicaría.

– Pero espero que puedas conseguir un lugar decente donde quedarnos –dije bromeando –no voy a dormir en la intemperie.

––––0––––

Estaba ayudando a Sango con la comida cuando él volvió a llamarme a solas.

– Hay algo que tengo que devolverte.

– ¿Devolverme¿Qué podrá ser?

Extendió la mano y en ella tenía uno de mis pañuelos. Lo recordaba por el bordado en la orilla que mi madre solía hacerle para que no los perdiera.

– Lo creíste perdido y te rendiste al buscarlo, pero la verdad era que yo lo robé. Quería tener una excusa para volver a verte en el momento que la perla se desvaneciera pero… no pude hacerlo. Entonces me prometí que en cuanto volviera a verte te lo devolvería y te diría aquello que siempre quise decirte.

Se volteó hacia mí tomándome por sorpresa y me abrazó. Yo… permití el abrazo más tiempo que el que la razón me dictaba, pero mi voluntad no me permitía separarlo. Después de unos minutos habló.

– Ya no puedo callar más tiempo –dijo – Te amo.

––––0–––––

La comida fue casi silenciosa si no hubiera sido por la conversación tan graciosa de Emiko que relataba cómo sus amigos de la aldea no podían ganarle cuando jugaban o cómo lograba evitar que su padre se detuviera a cortejar –por decirlo en palabras aptas para la pequeña –a cada muchachita que veía.

De pronto, Sango comenzó a dar un discurso del cual no recuerdo cómo salió en el tema de conversación.

– Hay cosas que dejamos pasar y siempre nos lamentamos porque no podemos volver a ese momento que creímos ideal. Perdimos todo aquello que teníamos años atrás, pero eso no es del todo cierto, todavía está en nuestro interior, sólo tenemos que recordar lo que nos motivaba en ese momento.

Miré a Inuyasha, tenía la vista fija en la puerta. Había algo oculto en las palabras de Sango que no alcancé a descifrar. Por un instante me parecía estar escuchando a mi propia madre o a la anciana Kaede. Sango había madurado mucho.

Yo empezaba a sentirme algo mareada por el sake que estábamos bebiendo para celebrar. Me sentía libre de temores –o de los temores de siempre– y sentía que podía hacerlo todo, que nada era imposible para mí.

No tenía planeado llegar al Sengoku y ahora me estaba preparando para emprender un nuevo viaje. Yo, en la casa de mis queridos amigos, con los que ahora volvía a conversar como si nunca nos hubiéramos separado y con aquel mismo interés que 10 años atrás.

Y había llegado allí porque finalmente la historia me había dado su futuro. Yo no sentía miedo, en ese momento ya sólo sentía una inmensa alegría. Él casi no hablaba, su silencio me intrigaba pero cuando hablaba era para recordar viejas aventuras y me recordaba constantemente las palabras de Sango.

"Me paso el tiempo contemplando la historia en lugar de vivirla. Me enfoqué en buscarlo en los libros sin saber que podía seguir viéndolo con sólo cruzar el pozo, me aferré a lo que creía seguro y me dedicaría luego… ¿a qué¿Continuaría enterrándome en libros? No lo sabía, pero definitivamente no era lo que quería. No quiero toda la vida ser una espectadora. Quiero vivir mi propia historia"

Ya debía dejar de tomar sake, comenzaba a contradecirme. Mi vida ya estaba casi planeada y no podía echarla abajo por algo que sería pasajero.

"Tarde o temprano tendré que volver a esa vida, no pertenezco aquí, no puedo vivir aquí"

Pero intentaría quedarme todo lo que pudiera, lo acompañaría en este viaje y si era necesario en el siguiente, hasta saber que él estaba sano y salvo. No tenía algo que me forzara a regresar pronto, así que podía quedarme. Intentaría regresar a mi época en algún momento sólo para no preocupar a mi madre.

– ¿Cuánto tiempo hace que conoces a Inu–chan? –me preguntó la pequeña.

– Nos conocimos hace diez años –respondí.

– ¿Y desde entonces tenía ese juguete que no me deja usar?

Sango y Miroku se vieron de forma extraña pero Inuyasha no pareció inmutarse.

– Sí –dije yo – pero si no le deja usarlo es porque podría ser peligroso.

– ¿Qué podría haber de peligroso en…?

Sango la sujetó y le cubrió la boca. Miroku hizo un comentario sobre el viaje y de inmediato la conversación volvió a cambiar.

Me encantaba volver a estar allí, entre mis queridos amigos, volviendo a vivir aventuras y no sólo leerlas o verlas desde lejos. Al llegar a mi casa podría contarle a Sota y a mi madre todo lo que había vivido estos días y no aburrirlos con las historias sobre el emperador quien sabe quien y que a nadie le importa.

"No me extrañaba que ignorara mis intentos de devolverle los recuerdos de nuestras aventuras" pensé. Ahora sí sentía pena de mi aburrida vida.

– Toma un poco más –dijo Miroku sirviéndome un poco más de Sake. Lo hice. No tendría muchas oportunidades de beber en compañía de mis amigos y no me importaba.

– Sabes que cuento contigo –me dijo en secreto – Quédate más tiempo.

Tenía algo que decir antes de responder su pregunta.

– Hay algo que debe quedar claro.

– ¿Qué cosa?

– Sobre lo que dijiste esta tarde…

– ¿El pañuelo? Te dije que pensaba devolvértelo…

– No es eso –dije tratando de mantener la postura, pero seguro que él podía notar lo embriagada que estaba sólo con examinar mi aliento –lo otro que me dijiste.

– Lo entiendo, pero hablaremos en otro momento… ya tendremos tiempo.

La verdad no había tenido tiempo de contestarle, no pude decirle nada en ese momento. Pero tenía que dejar en claro que todo había cambiado para mí.

– Tendrás que escucharme o no iré contigo.

– No es el momento –insistió.

– Han pasado diez años. Me he enamorado muchas veces en este tiempo y mis sentimientos por ti ya no son los mismos.

Él escuchó y lo noté desilusionado pero Emiko reclamó su atención y no pude continuar.

"Al menos le dije lo que debía" me felicité. El amor sí muere, no existe tal cosa como amor eterno.

Si así fuera, yo no habría amado a alguien más, él no habría olvidado a Kikyo… el amor eterno era algo de las novelas rosa y canciones de amor, pero sólo podemos rogar que la persona a nuestro lado sea alguien que no nos deje olvidar el amor que le tenemos.

El amor puede olvidarse.

Pero él habló de repente y me asusté por la casualidad de sus palabras.

– Por los recuerdos – brindó él, y allí pude notar que el sake también comenzaba a hacer efecto en él.

– Porque sólo son eso, recuerdos muy gratos –añadí.

– Hay cosas que no pueden olvidarse.

Sango intentó cambiar la conversación hablando del entrenamiento de Emiko como cazadora pero él parecía muy molesto.

– Inu–chan¿estás molesto con Kagome?

– ¿Por qué lo dices, pequeña? –dijo pareciendo haberse calmado.

– Parece que pelearon, pero si son como las peleas de mi mami y mi papi es porque se quieren mucho.

Él sonrió y yo pude sentir el sonrojo encenderse en mis mejillas.

Nuestros amigos intentaron contener su risa… sin mucho éxito.

Él se puso de pie, pensé que iba a lanzar algunas maldiciones como era su costumbre, al perder la paciencia pero de nuevo me equivoqué.

Lo único que hizo fue salir.

– Partiremos mañana temprano –dijo –descansa mucho.

––––0––––

Al menos algo continuaba igual, él estaba en la acostumbrada rama de árbol observando el espacio frente a él. Ya no parece molesto y parece incluso estar feliz.

Todavía me siento mareada, no estoy tan acostumbrada al licor pero necesito controlarme, será un largo viaje.

Pero no importa porque todo está claro y ya no soy la misma adolescente de hace 10 años. Tengo mis emociones bajo control.

"A veces me gustaría no tener todo tan controlado" pienso.

Si me dejara llevar por la situación, mi vida no sería tan aburrida y monótona. Si me dejara llevar por la situación habría cruzado ese pozo desde mucho tiempo antes y no habría dejado morir mi amor y en este momento yo lo estaría abrazando y quizá podría besarlo como tanto desee en mi juventud.

Pero ya era tarde. Yo no podía hacerlo.

No quería hacerlo.

Aún no le he dicho que sí me voy a quedar más tiempo del que este viaje necesite pero… aunque ya lo había considerado, no había tomado la decisión hasta que él lo pidió. Debía ser porque el sake me liberó de mis temores. Eso pasará en algún momento. Luego tendré que volver y enfrentarme a una tesis sin terminar, buscar un empleo, formar una familia con alguien que me recuerde cada día que lo amo.

Mi vida será tranquila, quizá dé clases en la escuela o me dedique a buscar civilizaciones perdidas. Tengo una vaga idea de lo que a él le sucederá en el futuro pero tengo muy claro lo que a mí me espera. No puedo olvidarme que no pertenezco a su mundo.

Claro que todavía lo quiero. Lo amé demasiado como para no seguir queriéndolo después de tanto tiempo pero ya no podría volver a amarlo y enfrentar de nuevo la separación.

Los recuerdos pueden convertirse en fantasmas si no sabemos diferenciarlos por lo que son. Y estos fantasmas nos pueden perseguir toda nuestra vida hasta el punto en que los creamos realidad.

Y cuando perdemos la claridad ya no distinguimos entre lo posible y lo imposible, ya no importa nada más que nuestra versión de lo que llamamos realidad.

No, no puedo dejarme dominar por fantasmas.

– Inuyasha –él bajó de un salto al escuchar su nombre.

– Vete a casa de Sango –dijo empujándome y volteando hacia donde la voz había venido.

– Señor Inuyasha, hay algo que tengo que hablar con usted.

Él insistió en que me marchara.

– Vete Kagome, vete a dormir.

¿Qué me estaba ocultando? De pronto sentí que el licor había perdido el efecto en mí y los temores habían vuelto, pero este miedo que sentía… no podía descifrarlo.

– ¡Vete de una vez, mujer! –me gritó.

Pero la mujer que había llamado a Inuyasha ya estaba allí y por su forma de vestir supe que se trataba de una sacerdotisa.

– Debe considerar bien lo que hará –dijo ella –Ya sabe lo importante que es…

Él hizo una señal para que guardara silencio y yo di un paso hacia ellos.

– Ella lo acompañará, tarde o temprano tendrá que enterarse.

La mirada de ambos era muy seria, casi desafiante, y yo no entendía de qué se trataba todo eso.

– ¿Sabe ella de su decisión?

Él exhaló con fuerza y emitió un corto gruñido.

Sostuvo el desafío de miradas con la sacerdotisa mientras el viento agitaba las ramas de los árboles y causaba un fuerte ruido.

– Vete a dormir, Kagome –ordenó de nuevo –Nos veremos al amanecer.

Y se marchó junto a ella.


N.A: Gracias a quienes me han dejado sus comentarios. Gracias a los que leen aunque no comenten (aunque sinceramente me gustaría más si comentaran, sin embargo, no puedo obligarlos a hacerlo, jeje)

Gracias a Miya por las correcciones, el corrector de Word me ganó una batalla.

No sé que comentar, porque si comento tal vez me haga spoiler de lo que en verdad sucede. Así que mejor nos leemos en otro capítulo.