A ORILLAS DEL POZO DEVORAHUESOS

Tercer día…

Es difícil deshacerse de un fantasma si dejas que te persiga y a veces puede distorsionar tu concepto de la realidad.

– ¿Segura que no quieres que te lleve en mi espalda? –dijo después de un rato de estar caminando.

– No – le dije amablemente – no creo que esta ropa me deje hacerlo.

Anduvimos por el camino que salía de la aldea. El sol matutino me pegaba en los ojos y me recordaba los excesos de la noche anterior. Extrañaba algunas de las maravillas de mi era, en especial la aspirina y los lentes para sol, pero no podía hacer nada, quizá intentar no volver a beber tanto. La ropa que había traído la tenía en un bulto para lavarla en el primer lugar que encontrara, mientras usaba un atuendo que debía vérseme extraño, sobre todo, combinado con mis zapatos deportivos.

– Debo verme muy graciosa con este atuendo –dije para intentar iniciar una conversación que me dejara ahuyentar a los fantasmas que comenzaban a perseguirme.

– No lo sé, sólo me importa que estés aquí.

No se había vuelto a tocar el tema del amor desde la noche anterior, pero él parecía muy tranquilo y sonreía como hacía diez años. Caminaba a mi lado, con la vista fija en el camino.

– ¿Qué es lo que tienes que hacer allá?

– Tengo una tarea muy importante –respondió con seriedad.

– Eso lo sé, pero aún quiero saber qué iremos a hacer.

– Oh, vamos Kagome ¿dónde quedó tu sentido de aventura? –dijo con un tono bromista, pero yo supe que era para evitar la respuesta.

– Si piensas que lo he olvidado, no es así, aún me gusta aventurarme.

«Mentirosa» fue la palabra que me atacó en ese momento, pero no importó, tenía que aprovechar el tiempo. «Mentirosa, le mientes a él y te mientes a ti. Ya no distingues lo que es realidad" volvió a atacar una voz dentro de mí.

No era cierto, yo tenía tan clara la realidad en ese momento.

– Ahora todo es más tranquilo.

Observé a mí alrededor, la gente parecía tan confiada de que nada sucedería… muy distinto a lo que había visto diez años atrás.

– La gente ahora sabe defenderse, los youkais peligrosos han sido eliminados.

– Has estado ocupado todos estos años –dije con un poco de melancolía.

– No he sido sólo yo. Todos han colaborado para que esto sea así.

Lo imaginaba, por lo que Sango me había contado.

– ¿Hacia dónde vamos? No conozco mucho este camino.

– Vamos a un lugar que no conoces, pero eso no importa, disfruta el paseo. No es algo que antes hubieses podido hacer.

Guardó silencio un instante, parecía estar reuniendo el valor de decir algo ya que entreabría los labios de vez en cuando, pero demoró un buen tiempo en decir lo siguiente.

– ¿Llevas contigo el pañuelo?

– Sí, con el resto de mi ropa –respondí y comencé a correr pues no quería tocar de nuevo el tema y amargar el resto del día.

––––0––––

A lo lejos, vemos una pequeña aldea y, en la lejanía, un modesto templo que nunca antes había visto.

– ¡Vamos allá! Quizá podamos descansar y comer algo –ya era hora de comer algo.

Él observa el templo un instante pero parece ignorarme.

– ¿No te parece la idea? –le pregunto. Él me mira con sus hermosos ojos dorados y sonríe.

– Está bien –cede finalmente y la caminata se reanuda en esa nueva dirección.

«Culpa al tiempo –pienso, cuando en realidad quiero decírselo – a mí me hizo olvidar y a ti…»

De seguro quería que volviésemos a tocar el tema, pero ya debía imaginar mi negativa y dudaba en escuchar la respuesta.

Si me amaba de verdad o sólo era un fantasma en su corazón, no era mi problema, yo ya había olvidado ese sentimiento y peleaba por no dejar volver al fantasma que me atormentó los primeros años de separación.

«No te atormentes, recuerda que estás aquí para protegerlo, no para hablar de amor. Pronto te irás y volverás a olvidar y él te olvidará también»

––––0––––

Habíamos caminado ya un buen rato cuando llegamos a la capilla. Un viejo monje estaba sentado en la puerta, bebiendo de un extraño envase.

– Buenos días –saluda el monje.

– Buenos días –respondió él. Hay algo en el interior que llama mi atención y trato de entrar.

– No puede pasar –dice el monje de manera desagradable.

– ¿Por qué no? Las puertas están abiertas.

– Tiene que pagar su tributo al templo para pasar.

¿Tributo? No había escuchado hasta ese momento cosa tan extraña en aquella época. Miro a Inuyasha que parece molesto pero no presta atención a lo que el monje me ha dicho.

– ¿Qué hay allí dentro? –Pregunto al monje –percibo algo, pero no sé qué es…

– ¿Percibe algo¿Acaso usted…

– Aunque no lo parezca, es una sacerdotisa muy poderosa –le dice él con ligera arrogancia.

– Si es así, puedo permitirle pasar –dice el viejo y me abre el paso, pero vuelve a interponerse al paso de Inuyasha. – Usted no puede pasar.

Él se molesta y da media vuelta. Miro al interior pero ya no llamaba mi atención, así que decidí desistir.

– Está bien, no es importante –dije comenzando a salir.

– ¿Tan pronto te rindes? –dijo y pude notar su molestia. Quizá había descubierto al fantasma, que yo ya no era la misma a la que quería antes, me había vuelto una cobarde, una caprichosa; había perdido mi sentido de lucha, me daba por vencida con facilidad… ya no era la misma Kagome.

– No es eso, sólo cambié de opinión –digo al sentir mi orgullo herido.

El monje se aparta del medio de los dos.

– Entra de una vez –ordena.

– No quiero.

– Entra –repite tomándome del brazo y arrastrándome al interior donde se levanta el altar.

– ¡Deténgase¡No ha pagado su tributo! –grita el monje.

Pero luego no escuchamos nada.

– Me lastimas –le digo y él me suelta el brazo. Veo en su mirada arrepentimiento, pero aún hay enfado en ella.

– ¿Querías ver que hay adentro? Esto es todo.

Lo único que veo es un altar bastante rústico y un cofre del que salía una energía muy familiar.

Algo me pone muy nerviosa, estoy atenta al sonido de afuera por si el monje fue a llamar a los aldeanos para sacarnos. Parecían no conocer a Inuyasha. Sabía lo exigentes que podían ser con los "asuntos sagrados"

– Hay algo en esa caja –dijo para intentar distraerme – Debe ser una reliquia.

– Así es. La gente siempre está buscando algo en qué creer, y si este algo es "mágico", es muy fácil que lo interpreten como algo sagrado.

Me dio la impresión que él sabía más de esa capilla que lo que quería decir, pero yo sigo intranquila, observando eventualmente la entrada.

– No tienes porqué estar nerviosa, ese monje nos quiso tomar por incautos.

– ¿Por qué lo dices?

– Gente como él se aprovecha de la necesidad de la gente de creer en algo.

– Lo sé –digo recordando el templo familiar – gente así llega a mi templo todo el tiempo.

– Y son tan incautos que creen con tanta fuerza que defienden aquello con todo lo que tienen y así contagian a otros de esa fe sin fundamentos.

Se voltea hacia mí y fija sus ojos en los míos.

– No hay que dejarse llevar por lo que otros digan, debemos comprobar las cosas por nuestra cuenta.

– ¿Por qué me dices esas cosas?

– Te lo explicaré cuando sea el tiempo –responde y se da la vuelta comenzando a dejar el lugar. En la puerta voltea hacia mí y me hace señal de salir.

Lo obedezco con rapidez y cuando alcanzamos el exterior, el monje aún está allí pero está dormido en la escalera de la entrada, completamente ebrio.

– Busquemos algo de comer –dice él –se hace tarde.

–––––0–––––

Hemos encontrado albergue en una pequeña casita. Los dueños, una pareja de ancianos, nos han dado comida y de nuevo nos ofrecen sake. Nunca antes había tomado tanto sake como en aquellos dos días. Si seguía así, pronto no podría dejarlo.

La señora comienza a contarnos sobre su hija que tenía mi edad cuando un youkai atacó su antigua aldea y se la llevó. Nunca volvieron a saber de ella, debía estar muerta.

Aún me siento molesta, molesta porque él crea que no tengo la voluntad de luchar por lo que quiero. Pero ¿qué me importa que él piense eso? Debería estar feliz si así él dejaba de creer que me amaba, pero me estaba afectando.

«No te dejes –dice mi consciencia – es sólo un fantasma, el corazón intenta dominarte y si lo dejas, no tendrás salida»

Es cierto, si me dejo dominar por mis sentimientos, todo lo que he hecho en este tiempo habrá sido en vano… no puedo enfrentar eso otra vez. Mi vida tiene una normalidad que ya perturbé lo suficiente, no la perturbaré más, debo mantener enfocada mi mente, acompañarlo en este viaje, pasar un tiempo y volver a mi vida, retomarla donde la dejé.

– ¿Qué te pasa? –dice aprovechando una pausa de la anciana.

– No, no es nada –miento –sólo me pregunto si el monje del templo no va a armar todo un escándalo por lo que hicimos. Todo por un capricho mío y…

– Ya deja de preocuparte –me interrumpe echándose ligeramente hacia atrás, apoyando su peso sobre sus manos –eso no va a ocurrir, ya te dije que sólo era un embaucador.

«Y te creo… pero no puedo decirte lo que tengo en mente»

– Hay algo más que te preocupa –dice en tono serio.

– No, no es cierto.

– ¿Dónde quedó tu sentido de aventura?

– Donde dejaste la cordura –digo bebiendo de golpe el resto del sake que tenía en mi vaso.

– Deja de beber así, no te hace bien.

En ese instante sentí que algo de mi yo más joven volvía a mí.

– ¡Quién demonios crees que eres tú para decirme lo que debo hacer o no¡SI TANTO TE MOLESTA LO QUE HAGO NO ME HUBIERAS PEDIDO QUE TE ACOMPAÑARA EN PRIMER LUGAR!

Su mirada llena de pánico me hizo reaccionar, seguramente estaba esperando a que yo dijera el conjuro que tanto lo molestaba pero logré controlarme a tiempo y recupero la compostura.

Después de verme con desconfianza unos minutos, finalmente habla.

– Cielos, por un segundo creí que… bueno, no importa. Me alegra verte como antes, pero un poco más controlada.

– No lo creas, no soy igual que antes. Ya nada puede volver a ser lo mismo.

– ¿Estás segura de eso? –dice con tono melancólico.

– Sé que quieres creer eso, pero no es posible.

– Quiero comprobarlo por mí mismo, no dejaré que nadie me diga qué puede o no ser, ni siquiera tú. Sé que en el fondo sigues siendo la misma, pero tú te empeñas en lo contrario.

Sus palabras se contradecían, más temprano me renegaba por rendirme y ahora por ser obstinada. Finjo seguir enojada, pero el debate entre mi corazón y mi cabeza se reanuda.

«No quiero, no debo dejarme… es sólo un fantasma»

– Sólo espero que no te afecte mucho el desengaño –le digo.

Él ríe jactándose de su certeza, se levanta, le da las gracias a los ancianos y se marcha. Yo lo imito con velocidad y lo alcanzo segundos después.

––––0––––

Ha estado extraño todo el día, y su actitud me hace sentir muy nerviosa. El sake otra vez hace sus efectos y distorsiona mis pensamientos… no, no es el sake, no he bebido tanto como para que me afecte a ese punto.

Puede ser este salto de mi vida. Estaba cómoda con mi rutina y esto no lo tenía planeado en ningún sentido. Un juego del destino que me tomó por sorpresa en el peor momento.

Trato de no pensar y observar el panorama pero ya sólo veo campos vacíos, el camino me es menos familiar.

– ¿Quién era la mujer de ayer? –pregunté al sentirme libre de reservas.

– Sólo una sacerdotisa –responde –¿por qué tardaste tanto en preguntarlo?

– Por tu respuesta, sabía que no me explicarías.

– Lo sabrás en su momento –trata de excusar.

– Si, ya dijiste algo así –digo con poco enfado.

Ella sabía algo que yo no y me daba la impresión que mis amigos e incluso la pequeña Emiko estaban al tanto de lo que ocurría.

No era justo, se supone que debería confiar en mí y comienzo a sentirme engañada. Me lleva a un lugar desconocido, con motivos desconocidos y este mal presentimiento que comienza a crecer en mi interior.

Todo el mundo parece saber lo que ocurre, todos menos yo.

«No seas tonta» me reprendo. Primero creo que me volveré adicta a sale, luego que todo el mundo tiene un complot en mi contra. Él tiene ese efecto sobre mí.

"En el fondo sigues siendo la misma" me había dicho antes, pero estaba muy equivocado. Si fuera la misma de antes hubiera dejado todo y me hubiera rendido a sus brazos. No voy a volver a enamorarme de alguien a quien tendré que dejar atrás.

No volveré a sufrir por eso, no lo haré.

– Cuéntame algo –digo mientras continuamos el camino.

– ¿Qué cosa?

– Lo que sea, cuéntame tus aventuras.

Empieza a contarme algo sobre batallas contra un demonio serpiente y luego una nueva creencia entre los aldeanos.

Trato de prestarle atención para distraerme y poco a poco voy calmándome. El fantasma deja de perseguirme, sé bien cómo desaparecerlo.

––––0––––

Debe ser ya de noche pero no puedo distinguirlo porque una densa neblina cubre todo y casi no distingo el camino. Él me guía tomándome de la mano.

– Estamos cerca –dice, sin mucha emoción.

Eso me confunde.

– Aquí estaremos hasta mañana.

No entendía, pero al mismo tiempo sentía algo extraño.

– ¿Qué estamos buscando?

– Aventura –dice él intentando bromear – y también una pequeña aldea protegida por la niebla donde pasaremos la noche.

– ¿Una aldea¿Aquí?

– No muy lejos.

Seguimos caminando así, tomados de la mano.

– Es un lugar muy especial.

«Y tú también lo eres» se le escapa a la voz dentro de mí.

– Comprenderás algunas cosas en ese lugar.

– Finalmente –fue lo único que pude decir.

No entendía cómo, pero confiaba ciegamente.

– Hay un lugar en las afueras de la aldea donde podemos pasar la noche… fue en ese lugar donde pude entender que tú eras todo lo que yo quería.

Guardé silencio, no fuera que mis palabras fueran malinterpretadas.

– Es una especie de templo –continúa – Allí me conocen bien, y a ti te conocen por lo que yo les he contado.

– Tienen ventaja – le reclamé en broma.

– No te preocupes, las conocerás rápidamente.

«¿Las?»

Un cosquilleo dentro de mí me hizo perder la calma que me había costado mantener, pero recordé las tonterías que venía pensando.

Mis amigas con frecuencia no dejaban de hablar de sus "amores imposibles". Ellas no habían tenido una historia como la mía.

«¡Basta! –me reprendí – Cuidado con los fantasmas, el pasado quedó en el pasado, no vale la pena revivirlo si no tiene futuro»

– ¿Kagome?

– ¿Qué pasa?

– Te preguntaba si estabas muy cansada, tu paso se hizo más lento.

– Lo siento, es que hemos caminado mucho.

– Vamos. No te rindas. Mejor cuéntame cómo ha sido tu vida. Me dijiste que te enamoraste –dijo tratando de fingir su molestia, pero nunca había sido muy buen actor.

– Me enamoré varias veces –le confesé – y sólo uno me correspondió en su momento. Mi vida está llena de arrepentimientos y no es un tema que quiera tratar.

– A veces sólo se necesita tiempo.

Yo reí sin querer, pero él seguía serio.

– Se hace tarde –dice deteniéndose y me toma en sus brazos para comenzar a correr.

Estaba entre sus brazos, hacía tiempo que no me sentía así, tan segura; y no era por ir en brazos de alguien tan fuerte como él, era algo más… interior.

– Ya casi estamos allí –dijo cuando la neblina se disipó y una pequeña luz se divisaba en la lejanía –Aquí se aprende a escuchar el corazón y dejar atrás los disfraces.

«¿De que habla¿Por qué disfraces?»

Llegamos al templo que él me había contado y salieron a nuestro encuentro varias mujeres aprendices de sacerdotisas y la sacerdotisa líder.

– Es un gusto tenerlos aquí –saludó.

– Gracias, hemos venido…

– Si, Sayuri nos puso al tanto –dijo interrumpiendo –ella llegó un poco más temprano. Hemos arreglado una habitación para acomodar a su excelencia –y se inclinó un poco ante mí, lo que me puso nerviosa.

––––0––––

Pude darme un baño y lavar mis ropas. La que me había prestado Sango se había ensuciado por el camino. Las mujeres me llevaron un kimono tradicional rojo y blanco. Me sentía extraña con esa ropa pero el cambio me hizo relajarme.

«Esto si parece un disfraz» reí para mí.

Después de cenar salimos al pórtico. Cerca había un estanque al que caminé y me senté en una enorme piedra y él a mi lado.

– Me parece que vine aquí para disfrazarme.

– ¿Eso crees? Espera un poco, la voz de tu corazón se hace más fuerte en este lugar.

No podía seguir evadiéndolo.

– Sabes que tenemos que hablar de eso.

– ¿De eso?

– Sí, ya sabes… el amor.

– Parece que tienes algo que decir.

– Así es –respondí –Tú sabes cuánto te amé en aquel tiempo. Lo único que quería era estar contigo. Cada día que pasaba lo deseaba más y más, casi se convirtió en una obsesión, así que cuando tuvimos que separarnos, sufrí… sufrí mucho. Sentí cómo una parte de mi corazón moría. Muchas veces intenté ir a la cabaña del pozo y regresar, pero sabía que todo sería en vano. Tú perteneces a tu mundo y yo al mío. No podemos estar juntos. El amor muere, no se puede hacer nada.

– Que pensamiento más triste.

Si, sonaba triste, pero era verdad.

– No debemos amar a quien no puede estar a nuestro lado.

Él miraba al horizonte. Parecía estar resignado a que yo no podía corresponderle. Quizá fui dura, pero era necesario.

«Tema concluido. En este tiempo ya debe haberse dado cuenta de lo mucho que he cambiado en estos años. Ya debe haberlo comprendido»

De cierta forma, me sentí triste, pero estaba aliviada.

«¿Era esto lo que querías?» escuché dentro de mí. Quizá era el fantasma que volvía a aparecerse. Había comenzado a sentir su compañía muy presente.

Cambiamos de temas, hablando de las sacerdotisas. Sayuri era la mujer que lo llamó la noche anterior y había salido de este templo. Me estaba intentando contar cómo la había conocido y porqué le tenía tanta confianza, y yo no le prestaba atención realmente, me molestaba escucharlo hablar tan amistosamente de esa chica.

– No estás escuchando –reclamó él.

Sí, me estaba dejando dominar por el fantasma y con él habían llegado los celos. ¿Por qué¿Por qué no puedo estar así con alguien de quien no tenga que separarme? Podría ocuparme de otros asuntos que no importaban y no estaría tan confundida.

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Guardamos silencio por largo rato. No me había dado cuenta hasta que se levantó a buscar una botella de sake dulce y el crujir de sus pasos en el pasto me hizo notar el silencio.

No era el mismo silencio incómodo del camino, es sólo el silencio de estar disfrutando de la compañía del otro.

Me mira desde lejos con cierto embeleso, tenía un brillo especial en sus ojos.

Debía ser la luz de la luna que se reflejaba en el agua la que me hacía lucir como un escenario agradable.

La tranquilidad del Sengoku, un silencio pacífico.

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Nos hemos terminado el sake.

– Podría acostumbrarme a este sabor. No había bebido tanto en toda mi vida.

Sin advertencia, él acaricia mi mejilla y pasa sus dedos entre mi cabello. Yo no hago nada por evitarlo.

– ¿Qué es esa decisión de la que habló Sayuri?

– La vida está llena de decisiones.

– Deja de evadir la respuesta.

Entorcha una hebra de mi cabello con sus dedos.

– Es sólo que aún no la tomo, todo depende de mañana.

– Tarde o temprano me enteraré –digo sin estar muy segura de eso.

Él sigue en silencio. Pero el sake parece tener el efecto contrario en mí y no puedo dejar de hablar.

– Dices que aquí se escucha al corazón ¿qué te dice el tuyo?

– Aún debo saber algo. Por eso te necesitaba aquí.

– ¿Qué tengo que ver yo en esto¿Cómo sabías que yo…?

- Yo sabía que tendría que tomar esta decisión cuando volviera a verte y no podía ser de otra forma.

Estaba confundida, sus palabras me confundían, su actitud me confundía.

– ¿Cómo que lo sabías?

– Me lo dijo ella, la sacerdotisa que dirige este templo –dice sin apartar su dorada mirada de mis ojos –vine aquí a encontrar una respuesta y la encontré. "Cuando ella vuelva a ti, tendrás que tomar la decisión más importante de tu vida"

– ¿Qué decisión? –volví a preguntar.

– Aún no puedes saberlo –dice levantándose de la piedra.

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Comenzamos a caminar y salimos del edificio hacia una colina donde puede verse la aldea contigua.

– ¿Recuerdas el templo en el que nos detuvimos en el camino?

«¿Cómo podría olvidarlo?» Asentí con la cabeza.

– Esa aldea se formó luego del ataque de un demonio que se comía las memorias de la gente. Todos ellos fueron exiliados de sus aldeas y agrupados en esa región para servir de alimento al demonio… tuve que usar todo mi poder para eliminar al demonio y una de mis garras quedó en el campo de batalla.

Hace una pausa para dar un par de pasos hacia un grueso árbol que se erguía al centro de la colina y se reclina contra él sin dejar de mirar hacia la aldea.

– Esa gente vive desconectada de la realidad, así que para el monje fue fácil apoderarse de la gente y engañarlos con lo del "dios perro"

– Es decir que tú… pero… ¿por qué nadie parecía conocerte?

– Porque nadie me vio con esta apariencia. Lo ves, es muy fácil caer ante cualquier engaño. Las cosas deben ser comprobadas por ti mismo.

Él se tira sobre el pasto y yo lo imito.

– No te dejes llevar por lo que la gente dice… tú debes tomar tus decisiones.

– Entonces¿por qué obedeciste a lo que ella dijo si te diste cuenta de tus sentimientos¿Por qué no fuiste a buscarme? –el reclamo escapó de mi boca sin yo quererlo, pero no importaba, me sentía mejor de haberlo dicho.

Él tenía una expresión melancólica.

– No lo hice, no la obedecí –confesó – Salté por el pozo incontables veces, pero siempre fue lo mismo… no pude cruzar.

– ¿Es decir que…?

– Te lo dije, a veces sólo se requiere tiempo. Si soñamos algo con la suficiente fuerza, el destino conspira a nuestro favor. Es por eso que el viaje debía hacerlo hoy, porque hoy estás conmigo.

Me sentí un poco tonta. Él intentó ir detrás de mí y yo me acobardé siempre a unos pasos del pozo. Casi vuelvo a hacerlo si no hubiera sido por una debilidad de la madera.

Él tiene los ojos cerrados, pero sonríe con cierta satisfacción.

Algo se siente distinto en mí, no sé porqué pero de pronto me siento más ligera… más libre.

­––––0––––

Caminamos de regreso. Lo primero que noté fue la botella y los vasos a orillas del estanque donde debieron estar dos enamorados disfrutando de su propia presencia mientras sus corazones se hacían uno.

– Quizá ya te hayas aburrido de todo esto –dice.

– Esto no puede aburrirme –le replico – mi vida es aburrida, siempre encerrada en libros. Me gusta este cambio, para variar.

Él sonríe.

– Estás comenzando a dejar atrás tu disfraz.

– No entiendo lo que dices. ¿Para ti que es ese disfraz del que tanto hablas? Porque para mí, estas ropas parecen un disfraz.

– No es algo que podamos ver –explica con seriedad. – La vida, por distintas razones, nos obliga a ser alguien que no somos. Creemos que el tiempo nos ha cambiado, pero en el fondo seguimos siendo las mismas personas, con los mismos sueños y sentimientos, sólo nos ocultamos detrás de la persona que creemos ser. Estamos tan acostumbrados a esa persona, que volver a cambiar nos aterra. Pero en este lugar es más fácil olvidarse de ese temor.

– Creo que lo entiendo.

Me acompaña hasta la puerta del dormitorio que me han preparado.

– Duerme, mañana nos esperan grandes aventuras.


N.A: Después de siglos... (algo exagerada) ... finalmente actualizo.

Gracias a Miya por las correcciones.

Gracias a los reviews que me dejaron, espero haberles respondido a todos.

A los lectores anónimos que no se han atrevido a dejar review... anímense que me animan, jaja.

Por cierto, sólo como aviso, a finales de este mes cambiaré mi nick, porque como me dijo una personita: "de Translater no tienes nada"... así que me podrán encontrar como Maia-chan.

Hasta el próximo capítulo, nos leemos.