A ORILLAS DEL POZO DEVORAHUESOS
Cuarto día, medianoche…
No pude dormirme en seguida, pensando en el camino, en el estanque de afuera, en el pueblo refugiado en la neblina y en nuestra conversación. Los años hacían que él adquiriera un aire de sabiduría… o quizá era sabiduría verdadera.
Intenté dormir, pero no podía más que pensar en ese momento junto al estanque en que nuestros corazones estuvieron en contacto.
No dijimos nada, pero no fue necesario, porque en ese lugar no sólo puede escucharse el propio corazón, también el de los demás.
Esa noche, en la orilla del estanque, nuestros corazones entablaron su propia conversación y por primera vez en esos días, mi corazón fue feliz.
Y pensé en lo que él había dicho sobre los disfraces.
«¿Qué disfraz llevo en este momento¿Qué persona estaba obligada a ser? Mi vida se volvió una monotonía encerrada entre libros, aburrida, segura, sin arriesgar nada pero sin obtener nada a cambio».
Y comencé a recordar cómo fue mi vida antes de atravesar aquella última vez el pozo para volver a mi era. Libre… llena de riesgos pero libre y yo fui valiente al enfrentarme a cualquier problema u obstáculo.
Si temor de amar y ser amada.
Quiero volver a ser esa mujer, segura de sí misma, valiente. Me libraría del disfraz que los años habían dibujado en mí, porque no era yo misma, nunca lo fui, nunca estuve contenta con la persona en la que me había convertido.
Podría volver a comenzar, ser una nueva Kagome, libre de ataduras, de temores, de amargura.
Tenía nuevas creencias, nuevas revelaciones.
Y es que el verdadero amor nunca se olvida, aunque nosotros creamos que es así, la memoria puede fallar pero el corazón nunca deja que ese sentimiento desaparezca y lo guarda en un rincón especial, por si un día se presenta la esperanza de volver a él y que el amor siga creciendo. No podemos negar la existencia del amor, vivimos para amar y sin amor no vivimos. El amor siempre nos llega, aunque demore siglos en llegar.
Pues todos tenemos la oportunidad de amar, sin importar el tiempo que tengamos.
Y el amor nos cambia, nos salva, nos devuelve la vida.
Sentí romperse el disfraz que tenía y pude escuchar claramente cómo mi corazón me decía que los fantasmas no existían, que sólo eran esos temores que debíamos dejar atrás. También me decía que se alegraba que volviera a escucharlo.
Me decía cuanto amaba todavía a Inuyasha.
Con esa alegría, me dormí con una sonrisa en mi rostro.
————0————
Al despertar, noté que la puerta estaba abierta, debía ser ya tarde porque el sol entraba desde un punto alto frente a mí. En el pórtico estaba él, sentado observando el exterior, vigilando mi sueño. Lo miré como solía hacerlo, tratando de adivinar los pensamientos que cruzaban en ese momento por su mente.
Quizá notó el cambio de mi respiración, porque inmediatamente volteó y su mirada se cruzó con la mía.
—Al fin despiertas. ¿Dormiste bien?.
—Buenos días —repliqué molesta—. No estoy acostumbrada a desvelarme tanto.
De nuevo era la mujer aburrida, con horarios, tratando de aferrarme a lo que conocía y, que creía en fantasmas.
—Debo cambiarme de ropa —dije.
—Te esperaré afuera —respondió él cerrando la puerta—. Te trajeron tu ropa seca —dijo desde fuera y se marchó.
Me levanté y me quité la túnica con la que había dormido y al mismo tiempo volví a deshacerme del tonto disfraz que seguía allí.
Estuve unos momentos desnuda, sintiendo el suave calor que se acumulaba en la habitación por la acción del sol; escuché el suave viento que causaba un gentil murmullo en los árboles y, el agua del estanque con su ligero oleaje.
Me sentía llena de un calor intenso que me consumía desde dentro, me sentía viva, sentía que no era tarde y que sí podía.
Y quería hacerlo.
Entendí que en ese momento volvería a vivir y tomaría riesgos, perdería, sufriría mucho, gozaría de la vida, temería y lloraría, pasaría por cielos e infiernos y ya nada sería igual. Entendí que ya no podía negar que nunca olvidé; que en ese momento lo seguiría, movida por el amor, aunque el amor me hubiese motivado siempre, desde aquellos días de aventuras, desde que lo vi por primera vez en el Goshinboku. No, nunca lo había olvidado, aunque siempre lo creí imposible. Era un amor difícil, con fronteras que yo no quería cruzar.
Recordé el momento de la despedida en aquel pozo, cuando me di por vencida de la búsqueda de mi pañuelo. Sabía que él lo tenía, que era un truco para retenerme un poco más, pero no lo entendí… o no quise entenderlo porque nosotros no pertenecíamos a la misma era, al mismo lugar.
Fue mi primer amor y el único verdadero, pero yo era sólo una chiquilla incapaz de comprender. Yo creí haberlo olvidado pero la verdad es que siempre estuve buscando en mis libros, algo que me hiciera recordarlo.
Y un libro me había llevado a él.
Por cuatro días intenté ignorar a mi corazón, pero su voz se hizo más fuerte en aquel sitio y destrozó el capullo que se había formado a mí alrededor. En lo más profundo de mi corazón seguía existiendo yo, seguía siendo la muchacha soñadora y aventurera. Siguiendo ese impuso, acepté acompañarlo en este viaje.
Y gracias a eso –que mi yo interna me dominó un segundo- el amor volvió a mi vida, después de quedar abandonado tantos años. El amor que había estado esperando a ser liberado de su seguro rincón en los confines de mi alma.
Me vestí de nuevo y me vestí de mi misma, sin disfraces. Cubrí mi cuerpo y desnudé mi alma.
————0————
Me llevó a caminar, a dar un paseo por la aldea. Tomamos té por la mañana en aquel lugar que no conocí por nombre, pero que siempre la conoceré como la aldea protegida por la niebla.
Algo en él había cambiado, se veía más feliz, como si tuviera la certeza de lo que nuestros corazones habían conversado. Quizá había entendido a mi corazón y sabía ya que lo seguía amando como el primer día.
—Hoy estás de muy buen humor.
—Porque estás aquí conmigo, no sabes lo que soñé con este día.
—No es eso, he estado contigo todos estos días, pero algo más te puso así de contento.
—¿De verdad¿Qué crees que haya sido?
—Que te has dado cuenta que tenías razón.
Él rió.
—Te libraste de tu disfraz —dijo, así… sin tratarse de una pregunta, como una afirmación. Estaba tan seguro de lo que decía que me sorprendió.
—¿Cómo lo supiste?
—Porque tú también estás más contenta y este es el lugar ideal para que eso suceda.
Sonreí, pero mi corazón volvió a llenarse de temor. Quería regresar por momentos a ese lugar seguro que ya conocía, volver a ponerme el disfraz, pero ese lugar, esa coraza se sentía cada vez más incómoda.
Me parecía una mariposa que había abandonado su capullo y tenía que volar.
—Estás pensativa —dijo él.
—Pensaba en las mariposas, al principio son orugas, muy interesantes… pero están incompletas. Luego se meten en su capullo y cuando están listas, salen, convertidas en hermosas mariposas.
Hice una pause para ver si él me seguía la conversación…
—Creo que así somos los humanos, tarde o temprano dejamos atrás lo que éramos para ser alguien mejor.
—Sí, creo que tienes razón.
Yo había logrado pasar por esa metamorfosis y despertar de ese letargo para ser una versión mejorada de mi misma.
Sentía el deseo de tomarlo de la mano, pasar mi brazo por debajo del suyo, quería decirle cuanto lo amaba pero no sabía cómo comenzar.
Conversamos de mil cosas, del paisaje, de las nubes. Nos perdimos en el bosque contiguo, comimos frutillas. Cuando se hizo tarde, decidimos regresar al templo.
————0————
El pasto crujía con nuestros pasos. El templo era muy antiguo, con varios remiendos, refuerzos y reconstrucciones. Me recordaba un poco mi propia casa.
Los pasos de una de las aprendices rompieron nuestro silencio. Cuando ella desapareció en la distancia, él inició su plática.
—Vine aquí no mucho tiempo después que te marchaste, aunque a mi me costó mucho más tiempo escuchar mi corazón y dejar atrás disfraces ridículos. Siempre dije que al usar la perla me convertiría en un youkai completo. Aún cuando te marchaste… ambos estábamos seguros que ese sería mi deseo.
Recordé de inmediato cuando lo encontré en la aldea. La señora me había dicho que él era un youkai. No lo había llamado hanyou, lo había llamado youkai.
No creí que eso me importara tanto, no había vuelto a pensar en ello porque él no parecía haber cambiado.
Tenía miedo, quería huir de la realidad.
—Pero para pedir mi deseo había algo más que tenía que hacer —dijo sin prestar atención al miedo de mi rostro—. Regresé a este lugar muchas veces, también creí haberme olvidado de tu amor, creí amar muchas otras veces.
Sentí una punzada.
—Combatí una y otra vez creyendo que era un trabajo.
De nuevo escuchamos pasos y el silencio se hizo presente otra vez.
Era Sayuri, su presencia en cierta forma me parecía molesta, pero ella se dirigió directamente hacia mí y pidió hablar conmigo a solas.
Creí que él se opondría pero me equivoqué, se marchó con tranquilidad dejándome en compañía de ella.
Su mirada estaba llena de resentimiento, y por eso yo no me guardé mi molestia hacia ella.
—¿Qué quieres hablar conmigo? —dije con cortesía pero de forma cortante.
—¿Ya te habló él de su decisión?
—No, no lo ha hecho, no me ha dicho mas que debe tomar una decisión. ¿Qué es lo que tú sabes?
Ella me miró con tristeza.
—Él se molestaría si te digo algo, pero puedo contarte lo que ha pasado en estos diez años… quizá lo que nadie se ha atrevido a contarte.
Su mirada se suavizó y yo también me serené. Si ella me contaba, sería la única…
—Conocí a Inuyasha pocos meses después que tú te fueras, según me dijeron. Vino a este lugar buscando lo que le hacía falta para poder usar la perla de Shikon.
Al poco tiempo, se marchó y comenzó a eliminar aquellos youkai que atormentaban a los humanos. En aquel entonces yo tampoco sabía sobre su decisión pero seguí sus hazañas con mucho interés. He sido la encargada de documentar su historia.
«¿Documentar su historia¿Será posible que ella…?»
—Debiste haber visto cuánto lo admiraban en la aldea en la que viven tus amigos.
Asentí.
—Y la aldea que queda en el camino… lo creen un dios.
Recordé que me había dicho que no lo habían visto con esa apariencia. ¿Por qué en ese momento no me fijé en el detalle de su transformación en un youkai completo?
Estaba desvariando, el hecho que fuera un youkai o un hanyou no iba a cambiar lo que sentía yo por él, o lo que sentía él por mí, pero en cierta forma, el que su mitad humana se hubiera ido me causaba un poco de pena.
—Así es en todos lados —prosiguió ella—, lo veneran como el salvador de la humanidad.
—Algo escuché.
Me sentía extraña, la miraba como si se tratase de una rival, pero no eran celos lo que dominaba mi corazón, era otra cosa y no la entendía.
—Kagome, seré sincera contigo… este mundo depende mucho de Inuyasha. Quizá ya no tanto por el peligro en que vive, sino lo que él representa… el valor, la perseverancia, el coraje. Si él llega a cometer un error al tomar esa decisión…
—No entiendo qué es lo que quieres decirme.
—Tú tienes la responsabilidad de guiar sus pasos. Lo que sea que hagas no olvides que este mundo depende de él.
Su insistencia hacía que me sintiera mal, como si estuviera tomando algo que no era mío. En ese instante entendí que Sayuri sí era mi rival, pero no en la misma forma que lo fue Kikyo, sino por el hecho de que ella representaba la nueva vida de Inuyasha, una vida dedicada a los demás, a protegerlos… motivarlos… salvarlos.
Ella se marchó al notar mi confusión. Me sentía egoísta al pensar que lo quería sólo para mí; tonta por sentirme celosa del resto del mundo y temerosa de lo que fuera que se tratase esa decisión.
Di algunas vueltas por el jardín, me arrodillé frente al estanque, vi mi reflejo distorsionado en sus aguas.
Así me sentía por dentro, intranquila, incapaz de definir una imagen o hacer un bosquejo de mis sentimientos.
————0————
Escucho pasos, reconozco su peculiar sonido. Son sus pasos que se detienen detrás de mí y su reflejo se distorsiona junto al mío.
—¿Estás bien, Kagome?
—Continúa tu relato —pedí tratando de no pensar.
—¿Cuál relato?
—Me estabas contando qué hiciste después de volverte un youkai completo.
—Espera —dijo con tono de alarma—. Creo que no me has entendido.
¿Qué era lo que no había entendido? En ese momento ya me encontraba suficientemente confundida para que él siguiera con sus rodeos, necesitaba una respuesta capaz de aclarar todas mis dudas, pero su respuesta… la respuesta que me dio fue la que me causó la mayor confusión de los últimos cuatro días.
—Sigo siendo hanyou.
No pude reaccionar, había algo que no encajaba en toda la historia. Él, mientras tanto, se marchó al llamado de la sacerdotisa jefe.
Un hanyou…
Tiempo, sólo necesito tiempo. Él me prometió explicaciones y teníamos todo el tiempo para eso. No iba a dejar que algo así desmoronara la confianza que había recuperado en estos días. Ya lo había pensado antes, había llegado a mi conclusión y a esa conclusión tenía que aferrarme para sobrepasar el impacto de su respuesta. Si era un hanyou o un youkai, eso no cambia el hecho que fuera Inuyasha, el mismo hombre que amaba y que me amaba.
Oí a lo lejos el sonido de una flauta, la tocaba una de las aprendices. Su música sonaba tan relajante…
Conocía la melodía, la había estudiado en la clase de arte tradicional de Japón. En torno a esa melodía existía la creencia que era una melodía capaz de sanar las heridas del corazón, así que escuché, cerré los ojos con fuerza y escuché con toda atención, con todo el deseo de librarme de los tontos temores que me invadían.
Su flauta dejó de sonar y la luz se desvaneció. La noche se abrió paso y la oscuridad llegó; me percaté cuando abrí los ojos y encontré el jardín completamente a oscuras y vacío.
Los pasos volvieron, los mismos que ya conocía. Se acercaban a donde yo estaba.
La luna salió, iluminando mi rostro, revelando las traicioneras lágrimas que habían escapado de mis ojos.
Él me dedicó una cálida sonrisa y yo le correspondí al tiempo que nuestras manos se unieron. Estaba segura de estar escuchando a mi corazón en más de un sentido. Latía tan fuerte que parecía resonar en el silencio en el que estábamos una vez más.
Yo estaba tranquila, había hallado la paz.
Él se acercó un poco más y me abrazó… nos abrazamos, nuestras almas se unieron en el mismo abrazo que nuestros cuerpos. Allí, bajo la luz de la luna que comenzaba a alzarse en el cielo.
No quería preguntar nada. Caminamos tomados de la mano, no porque él me guiara o yo lo hiciera. Caminamos como lo hacen dos enamorados, uno al lado del otro. La cabeza me daba vueltas, su misterio, su decisión… su confesión.
Entonces entendí algo más. Tanto él como yo queríamos enlazar nuestros destinos, pero yo temía la barrera del tiempo y él… temía la barrera de las razas.
«Corazón mío, no dejes de hablarme. No ahora que necesito más de tu guía»
————0————
Él se quedó dormido como sólo lo hacía cuando teníamos paz. Yo seguí pensando ante la vista de la aldea en todo lo que había ocurrido esos cuatro días. Cuando despertó, regresamos para la cena.
—Vamos a salir —anunció.
—Necesitan estar a solas —dijo la dama principal—. Deben tener mucho de qué hablar.
————0————
—Inuyasha, contéstame algo —dije al estar segura que realmente estábamos a solas —no iba a preguntar nada pero…
—¿Por qué sigo siendo un hanyou? —dijo él adivinando mi pensamiento.
—Sí, eso.
«No debería darle tanta importancia».
—Sabes que cuando comencé a buscar la perla era para convertirme en un youkai completo.
Asentí.
—Luego conocí a Kikyo y por ella quise convertirme en un humano… sólo para poder estar con ella, pero fuimos engañados por Naraku.
—Conozco la historia —dije con molestia. No podía evitar que mis celos dominaran el tono de mi voz al escuchar su nombre pero a él no pareció molestarle.
—Sé que la conoces —dijo con tranquilidad—. Sin embargo, hay un lado que no conoces. Kagome… cuando me liberaste de aquel árbol, mi corazón estaba lleno de resentimiento porque todos aquellos en que había confiado me habían traicionado; mi corazón deseaba venganza. Quería convertirme en un youkai completo para vengarme de todos, arrasar con el mundo entero… pero entonces te conocí.
Su mirada se fijó en la mía una vez más.
—Durante todo el tiempo que buscamos los fragmentos de la perla, mientras luchábamos contra Naraku… estar contigo era lo único que me daba fuerzas. Por primera vez en mi vida no tuve que preocuparme por ser de una u otra raza, sólo tenía que preocuparme de ser yo mismo, de protegerte, de estar a tu lado… contigo nunca tuve que fingir hasta que llegó el momento de tu partida.
————0————
Silencio, ninguno de los dos dice nada, pero siento que él lee mis pensamientos reflejados en mis ojos.
—¿Hay más en esa historia? —murmuré temiendo romper aquel hermoso silencio.
—No tuve el valor, no te confesé mis sentimientos… para aquel entonces, el disfraz que me cubría, la coraza en que me refugiaba estaba demasiado presente y me negué a admitir que tú eras lo único que yo necesitaba.
—¿Cuál fue tu deseo¿Qué hiciste con la perla de Shikon?
Él guardó silencio mientras volteaba su mirada al cielo.
—Siento no poder explicártelo aún.
————0————
Caminamos por un largo rato antes de comenzar a regresar. Ambos estábamos en silencio pero, aunque yo había vuelto a recibir una evasiva de su parte, no estaba molesta, y él parecía comprenderlo porque sonreía.
Pero este presentimiento en mi corazón crecía cada vez más, causándome miedo y la certeza de que pronto tendría que sufrir.
«No importa —pensé—. Si tengo que sufrir un poco para alcanzar la felicidad, entonces que venga el sufrimiento. Si él tiene una decisión que tomar, que se apresure. Así sabré si esperarlo o olvidarlo… cualquiera de las dos opciones es mala, pero lo peor sería seguir en la duda»
N.A. Debería estar haciendo mejores notas de autor en este momento, aclarando algunas cosas pero no tengo el ánimo, me ha ocurrido algo molesto... por decirlo de forma suave. Han plagiado uno de mis originales, de los que tengo publicados en fictionpress... necesito su apoyo con un review de advertencia en los fics de la ladrona o que la reporten con la administración. Los vínculos están al inicio de mi profile y gracias a quienes atiendan a mi pedido.
Ahora sí, tengo una advertencia que darles con respecto a este fic, pero no es seguro todavía. En el proximo capítulo puede haber una escena lime, así que el fic puede pasar a categoría M.
Gracias a Miya por las correcciones... no me vuelvo a quejar de donde cortan los capítulos.
