A ORILLAS DEL POZO DEVORAHUESOS

Quinto día…

Era más de media noche a juzgar por la posición de la luna. Nos entretuvimos bastante tiempo conversando y paseando.

Él era un mar de misterios y novedades, era todo lo contrario a lo que yo creí siempre que sería el hombre de mi vida, el amor de mi vida.

A cada minuto mi pensamiento me asombraba, cada minuto escuchaba más a mi corazón y menos a mis miedos. Sentí miedo de perderlo de nuevo, celos de la gente que compartió junto a él en esos diez años, de la gente que, como Sayuri, dependía de él.

No, no debía ser egoísta. Inuyasha era alguien muy importante para ellos y yo no me interpondría. Él pertenecía a ese mundo pero… ¿Cuánto tiempo podría yo permanecer a su lado sin extrañar a mi familia? ¿Podríamos atravesar las barreras del tiempo cada vez que quisiéramos?

La lluvia nos sorprendió obligándonos a refugiarnos en una cueva en el bosque.

—Estás toda mojada —dijo.

—Tú también —respondí.

Observó bien el interior de la cueva.

—Aquí me refugié las primeras noches que llegué a éste lugar… debe haber algo para cobijarnos.

Buscó entre la oscuridad y encontró algunas mantas.

—Esa Sayuri… nunca entendió que yo no las necesitaba pero ahora nos resultarán muy útiles.

—Prendamos una fogata —dije al notar algunos leños en el fuego— así la ropa se secará.

Él asintió.

Cuando estuvo encendida, él se dio la vuelta mientras yo me quitaba la ropa y la colocaba cerca al fuego pero lo descubrí intentado espiar por el rabillo del ojo. Me envolví con la frazada y me senté junto a él.

—Te amo —susurró.

«Y yo» quise responder pero las palabras no salían de mi boca.

Él se acercó a avivar la llama.

—Desearía que pudieras responder.

Me arrodillé a su lado, apoyé mi cabeza en su hombro y mi mano sobre su brazo. Él entrelazó sus dedos con los míos y así estuvimos largo rato.

—En el silencio también podemos encontrar respuestas —dije—. Eso lo aprendí de ti.

—Tienes razón pero… a veces lo olvido —sonrió.

—No te dejes olvidar. Recuerda siempre estos minutos de silencio en que mi corazón intenta hablarte y te grita que es tuyo.

Se giró ligeramente y comenzó a acariciar sugestivamente mis cabellos.

—Inuyasha, yo… ya he estado con otros hombres antes.

Me sentí con la urgencia de confesarme. Me avergonzaba de mi poca fe pero eso no volvería a pasar, no podía permitirme que la desesperanza volviera a ganarme.

Su mano tembló pero contestó con voz serena.

—Eso no importa.

Lentamente, acarició mis mejillas y sus hermosos ojos dorados me cautivaron una vez más. Sin embargo, sólo le di un leve beso en los labios y me retiré a dormir apartada de él.

Yo tenía muchas ganas de besarlo, ¿por qué desaprovechar la situación? No sabía qué estaba pensando, es posible que la decisión que tenía que tomar me hiciera pensar no querer influirlo o quizá era todo lo contrario.

Lo único que me parecía certero en ese momento era el cansancio que me invadía.

Dormí en paz hasta después del amanecer pero la cueva permanecía oscura a excepción de una tenue luz que lograba sortear su paso por la entrada.

Voltee hacia el interior en búsqueda de Inuyasha.

Pero él no estaba en la cueva.

Entré en desesperación, dejé que los fantasmas del miedo y la inseguridad llegaran a mi lado.

«Volvió a dejarte sola. Te abandonó otra vez. ¿Por qué habría de ser diferente con él? Al fin de cuentas es humano… aunque sea sólo una parte de él»

Envuelta por el pánico, me vestí aprisa y corrí afuera para intentar buscarlo.

«Lo que viste en él no era real, sólo era un fantasma que quisiste creer era amor verdadero».

Mi cerebro comenzó a hacer planes involuntarios.

«La aldea no está muy lejos, un día a pie; el pozo aún debe funcionar…»

«Quizá fue a buscar algo de comer» interpuso otra voz dentro de mí.

Si era así, debía haber ido a la aldea o al templo… no estaba segura pero debía ir allí primero.

Aún desesperada avancé por el camino en dirección contraria a la recorrida la noche anterior.

«¿Y si no está allí… qué harás?»

Seguía repasando planes "seguros".

Pero entonces, me tropecé con Sayuri.

—Él me envió a buscarte. Él tenía que ir a enfrentar su decisión.

Respiré aliviada. Sus palabras resonaron en mi cabeza.

"Te amo"

Yo lo amaba, cada segundo un poco más.

————0————

—Nos preocuparon mucho anoche —reclamó Sayuri.

—Nos atrapó la lluvia —respondí comiendo lo que ella había traído.

—Kagome… ¿en verdad lo amas?

—Si —respondí con seguridad.

—¿Y crees que él en verdad te ama?

—Si —volví a responder. Estaba más que segura ahora y el hecho que mi respuesta causara molestia en ella me hizo sentir aún más satisfecha.

Ella parecía estar molesta con mi presencia pero su siguiente petición me sorprendió.

—Tienes que venir conmigo, él no puede tomar esa decisión sin que tú sepas…

Con fuerza me sujetó del brazo y me arrastró por un estrecho y escabroso camino.

—Este mundo depende de él, si él se va contigo nosotros no podremos seguir existiendo.

—Espera, ¿cómo que si se va conmigo? —dije soltándome y deteniendo así la marcha.

—¿No te lo ha dicho aún? —exclamó.

—¿Qué cosa? Inuyasha y tú dicen mucho, pero no me dicen nada importante.

—Él aún es un Hanyou ¿no te lo dijo?

—Si.

—¿No te causa curiosidad qué hizo con la perla?

No me lo había dicho, tuve miedo de preguntar.

—Su deseo fue cumplido, pero aún hay más…

—¡Sé clara! —grité, sin contener más la rabia que me daba todo el misterio que se guardaban esos dos.

—Eso intento, pero no puedo faltar a mi promesa de no contarle a nadie. ¡Vamos!

Volvió a sujetar mi brazo y jaló con fuerza.

—¿A dónde vamos?

—A buscarlo. Debes verlo por ti misma.

No caminamos mucho, se podía sentir una extraña energía en el ambiente, quizá una reliquia, un arma sagrada.

Pero ella se detuvo como si hubiésemos llegado a nuestro destino.

Y así era…

En la lejanía de la tierra oscura, yo podía distinguir el cabello de Inuyasha que en ese momento nos daba la espalda.

—Ve con él, yo no puedo avanzar más allá de éste punto.

Allí comprendí, la energía que sentía era la de una barrara protectora. Estiré la mano frente a mí para sentirla mejor.

—Kagome, él debe decidir —se contuvo— decidir bien, debes guiarlo bien, lo necesitamos. Éste mundo no es nada sin él. ¿Dejarás que él renuncie a todo sólo por estar a tu lado?

Sentí miedo. No quería separarlo de todo esto, él se veía tan feliz, todos eran más felices.

—Ve con él, debes guiarlo, él debe decirte lo que debe decidir.

Estiré un poco más el brazo y percibí el borde de la barrera. Pero me acobardé, no quise interrumpirlo, tampoco quería ser responsable de una decisión que lo haría miserable… intentaría persuadirlo, quizá no era necesario convencerlo en ese momento, ya lo persuadiría en el trayecto de no dejar todo atrás, no tenía que hacerlo…

Di la vuelta y comencé a caminar.

—Espera… Kagome… ¿y si está decidiendo dejarte atrás? ¿No has pensado en eso?

No, no quería pensarlo… corrí con todas mis fuerzas hasta llegar al templo.

————0————

Tomé un largo baño, vagué por los pasillos, salí al pueblo y me distraje con un grupo de niños que jugaba alegremente. Paseé por el pacífico bosque hasta llegar a un claro muy apartado donde había una roca en la cual me senté y observé las estrellas.

Después de un rato escuché pasos.

—Finalmente te encontré —dijo él sin dejar de caminar hacia mi.

—¿Cómo me encontraste?

—Por tu aroma, es inconfundible –dijo rodeándome con sus brazos y atrayéndome hacia él con fuerza—. Creí que te habías perdido. No quiero que te separes de mi lado, te protegeré siempre.

—Yo también —susurré.

Era ya muy tarde pero él insistió en que deberíamos irnos de una vez y así volvimos a atravesar la densa niebla que protegía aquel tranquilo lugar donde la voz de mi corazón pudo gritar todo lo que debía decir.

Misteriosamente, no tomamos el mismo camino de regreso y así acampamos ya entrada la noche en la rivera de un ancho río. La luna, las estrellas y la fogata frente a nosotros eran las únicas luces.

Teníamos un poco de comida regalada por la sacerdotisa líder, así que mientras esperábamos que calentara el agua para el té él se sentó a mi lado y con un poco de timidez deslizó su mano sobre la mía.

—Quiero estar siempre contigo, así… juntos.

—Yo también —respondí apoyando mi cabeza en su hombre y él inclinó la suya hacia mí.

Súbitamente se volteó y me abrazó con fuerza.

—Te amo tanto, Kagome.

Quería decirlo, abrí mi boca pero no pude gesticular palabras y menos cuando él se separó de mí y fijó su mirada en mis ojos… sus ojos, sus divinos ojos que no me dejaban pensar con claridad.

Pero él no esperó mi respuesta, con sus manos enredadas en mis cabellos, me sujetó con fuerza y me besó.

El beso fue casi mágico, era algo que había esperado tanto, que habíamos esperado tanto…

Su lengua provocaba una chispa que recorría mi espina dorsal mientras jugueteaba sensualmente dentro de mi boca. Clavó sus colmillos suavemente en mis labios. Yo le acariciaba la espalda con pasión, lo besaba con todo el amor que había querido expresarle todos estos años.

Olvidamos por completo la comida y nos dejamos invadir por la pasión. Me tomó en sus brazos y me desnudó con delicadeza. Él se quitó la ropa para ponerla en el pasto donde nuestros cuerpos desnudos se entrelazaron en caricias apasionadas, llenas de deseo. Besó todo mi cuerpo y yo hice lo mismo. Sus fuertes manos recorrieron cada centímetro de mi piel antes de que nuestros cuerpos se fundieran en uno solo.

Lo deseaba, realmente lo deseaba tanto. El ritmo de su cuerpo se acoplaba perfectamente a mi propio ritmo armonizando con la melodía de nuestros gemidos de placer y el acompañamiento de nuestras agitadas respiraciones.

Y nos unimos hasta el amanecer, porque ya no podíamos estar más el uno sin el otro.

N.A Ya sé que ahora me van a matar… sin actualizar tanto tiempo y luego les vengo con un capítulo corto pero… les puse lime (o ya cae en lemon? No sé)

Gracias a los que han esperado fielmente por la actualización… espero que estén satisfechos con el trabajo.

Gracias a Miya por las correcciones y no te preocupes, que los misterios se resolverán en el próximo capítulo.

Hasta la próxima, esperemos que no sea dentro de mucho.