A ORILLAS DEL POZO DEVORAHUESOS
Sexto día…
Al despertar, sus brazos me envolvían y sus manos descansaban en mi cadera y mi pecho. Los pajarillos cantaban y el sol se elevaba ligeramente en el cielo.
Lo descubrí contemplando mi cuerpo desnudo y al cruzar nuestras miradas volvimos a besarnos y sus caricias le dieron calor a mi piel.
—Debemos irnos —dijo— Miroku y Sango deben estar esperándonos y Emiko… ella debe extrañarme.
Era muy lindo ver cómo Emiko y él eran tan buenos amigos. Mi cerebro comenzó a hacer imágenes del futuro, nuestros hijos, nuestra vida juntos.
No me importaba si debía quedarme en este tiempo, lo único que quería era estar a su lado por el resto de mi vida. Aunque, me preocupaba un poco mi familia, ya que nunca había llegado a decirles donde estaba pero quizás el tiempo les haría llegar mi mensaje. "Regresé en búsqueda del sentido de mi vida y encontré el camino que quiero seguir".
—Vamos ya —contesté.
Los pajarillos cantaban con más fuerza, como si un rumor se esparciera en el aire. Él estaba muy callado pero yo creí que estaba muy cansado y por eso su silencio. Me conformaba con poder caminar abrazada a él.
En el camino encontramos una aldea abandonada donde se erigía un viejo templo y que había sido destrozada. Él observaba con seriedad.
—Aquella aldea, las personas a quienes les robaron sus recuerdos… la mayoría vivió aquí una vez. Fue aquí donde ese demonio robó sus pasados… —caminó un poco delante de mí.
La aldea, aquellos que lo consideraban un dios…
"No me vieron con ésta apariencia" me había dicho. Yo lo había atribuido a que como youkai podía transformarse pero luego me había dicho que seguía siendo un hanyou y Sayuri me lo había confirmado.
«Un momento —dijo mi cerebro— Si él sigue siendo un hanyou…»
—Inuyasha —llamé y él volteó hacia mí— antes me dijiste que ellos no te reconocían por que no te les apareciste con esa forma… tú…
—¿Cómo me transformé sin ser un Youkai completo? Fue un hechizo temporal de la sacerdotisa líder que me ayudó a controlar mis instintos y me dio los poderes del Youkai.
Parecía que había más pero volteó a ver hacia un lado y yo lo imité. A la distancia pude distinguir la figura de un zorro que corría hacia nosotros y que al acercarse, envuelto en una pequeña explosión, tomó la forma de un adolescente.
—¡Kagome! —saludó dándome un abrazo.
—¿Shippo¿De verdad eres tú? —dije. Era asombroso ver a aquel pequeño zorrito convertido en un muchacho que, aunque aún no perdía la totalidad de sus rasgos infantiles, ya casi era todo un hombre.
—¿Qué haces aquí, enano? —dijo Inuyasha acercándose a él y dándole un ligero coscorrón.
—Estás loco si piensas que voy a perderme la oportunidad de ver a Kagome —le respondió sacándole la legua.
—¿Cómo te enteraste que había vuelto?
—Sango me avisó con la ayuda de Kirara.
La alegría del reencuentro pospuso mis preguntas por un tiempo. Ahora caminábamos en compañía de Shippo que conversaba muy alegremente a mi derecha mientras que a mi izquierda Inuyasha entrelazaba sus dedos con los míos.
Conversábamos de nuestras aventuras pasadas y me contaba de su vida actual y su entrenamiento para volverse poderoso, bromeaba con Inuyasha como de costumbre y me hacía reír con sus anécdotas.
Sentía que había recuperado algo que había perdido al mismo tiempo que algo nuevo comenzaba y mi corazón bailaba con la excitación. Había despertado de un sueño, posiblemente una pesadilla que se había alargado demasiado tiempo.
Pero había sido el momento justo para despertar, podía volver a comenzar y tomar este camino; mi camino.
Ya no habrían aventuras como tiempo atrás, no ese tipo de aventuras. En ese momento arriesgábamos nuestras vidas para lograr algo, ahora debíamos arriesgar nuestros corazones y conquistar esta aventura del espíritu. Y cada día lograríamos algo más, aumentar el amor que sentíamos.
Llegamos a la aldea cuando ya todos estaban dormidos, pero en la cabaña de Miroku y Sango aún se podía ver una luz. Creí que lo había imaginado, pero me pareció haber visto a Inuyasha y Shippo intercambiar una mirada de preocupación.
Al llegar, Miroku esperaba sentado en la puerta, aparentemente dormido.
—Miroku¿Cómo está Emiko? —preguntaron ellos y el monje abrió lentamente los ojos.
—Ella está en cama; no se encuentra bien pero puedo percibir que hay un poder sobre ella que la está curando lentamente.
Los tres sonrieron complacidos pero yo… me sentí a excluida de la conversación que parecía común entre ellos.
Pero entonces él volteó hacia mí con una mirada recia y tomándome del brazo me hizo comenzar a caminar lejos de la cabaña.
—Hay algo que aún no sabes que debo contarte.
Miré de reojo y vi. a Miroku y Shippo entrando a la casa.
Fuimos hasta el árbol donde él solía pasar su tiempo y estuvimos en silencio un solo instante.
—Finalmente… ayer lo hice —dijo con voz ronca.
—¿Qué cosa? —por un momento realmente ignoraba de lo que me estaba hablando.
—La decisión que debía tomar… lo hice.
No dije nada, no quería presionarlo. Aún no sabía de qué decisión se trataba pero dejaría que él fuera quien me lo contara.
—Pero al final, esa decisión no importó.
Se sentó y yo me senté a su lado; él suspiró.
—Emiko nació enferma, muchas veces pensamos que iba a morir. Su enfermedad nadie pudo descifrarla… supuse que en tu mundo sería distinto, pero aquí…
—Lo sé, pero… —el tema había salido sin aparente razón— ¿por qué…
—Traté de contártelo antes pero Shippo llegó en el momento oportuno.
Había algo en el tono de su voz que me hacía poner ansiosa. Sabía de alguna manera que todos los secretos serían revelados en ese momento y el miedo invadió mi corazón, porque a veces los secretos pueden ocultar cosas dolorosas, pero no se puede vivir con alguien que guarda secretos, así que escuché.
—Te dije que cuando te marcharas iba a usar la perla para convertirme en un Youkai completo…
—Pero no lo hiciste —interrumpí.
—Te equivocas…
Su mirada era seria, parecía analizar cada una de mis reacciones antes de continuar.
—Lo pedí, pero había algo que faltaba, una razón por la que el deseo no era cumplido y la anciana Kaede supuso que encontraría la respuesta en el templo donde Kikyo y ella alguna vez fueron aprendices.
—¿Y encontraste la respuesta?
Él asintió.
—La perla no podía conceder ningún deseo aún porque las energías negativas eran muy poderosas en aquel momento. Debía hacerlas disminuir y eso sólo lo lograría venciendo a los Youkai.
Muchas cosas tomaron sentido en ese momento, el hechizo de la líder, su eterna lucha… que lo consideraran un héroe o hasta un dios.
—¿Cuándo lograste usar la perla?
—Espera, aún no te lo cuento todo —la angustia dominaba su voz contagiando a mi corazón.
Respiró con fuerza y continuó.
—Aunque la energía negativa disminuyera, la perla se había debilitado al ser separada y utilizada en esa condición. Debía pasar algún tiempo hasta que ésta recuperara su fuerza y pudiera cumplir los deseos.
Guardé silencio por temor a equivocarme.
—Por que sólo un deseo no purificaría la perla y la haría desaparecer. La fuerza de la perla debía conceder cuatro deseos…
«¿Cuatro deseos¿Y aún así él..?» Algo no estaba bien, algo…
—¿Tú pediste que el pozo volviera a abrirse?
Me miró directamente a los ojos con una expresión desconcertante.
—Sí, ese fue mi primer deseo, pero…
Suspiró con fuerza.
—No sé cómo lo supo, pero ella adivinó que yo ya había pedido un deseo a la perla cuando la llevé con ella hace diez años y me dijo que en el momento en que ese deseo fuera cumplido podría hacer uso de los demás deseos.
—Pero… ¿cómo supiste que ese fue el deseo que tenía que cumplirse¿No creíste que…?
—No, no podía ser que yo me convirtiera en un Youkai completo, pues los deseos debían ser pedidos con el corazón seguro en ello y…
Guardó silencio un instante, como dándose valor. Era extraño verlo tan asustado, tan…
—Por eso era importante que tú estuvieras conmigo antes de tomar la última decisión. Debía saber si tú me amabas tanto como yo a ti pero al transcurrir los días me di cuenta que no podía obligarte a quedarte conmigo y entonces…
—¿Tú no… tú…? —estaba asustada, no atinaba a hacer la pregunta que temía.
Él se levantó y dio un par de pasos hacia el frente, dándome la espalda. Alzó la mirada al cielo y continuó con su confesión.
—Ayer
por la mañana fui al lugar donde la perla había
permanecido oculta mientras recuperaba todo su poder y pedí
los deseos restantes…
pedí que Emiko se curara para
siempre.
No pude evitar sonreír aunque mi mente y corazón estuvieran confundidos.
—Luego desee que los recuerdos de aquellas personas regresaran a sus memorias… pero entonces la perla me repelió y se elevó sobre mi cabeza comenzando a desvanecerse lentamente.
—Pero…
—Es posible que alguien más halla pedido un deseo antes, pero es difícil saberlo. En este momento los deseos se cumplen lentamente.
Me levanté y le di media vuelta al árbol, comenzando a procesar todo lo que me había dicho.
—Kagome…
—Espera Inuyasha, en este momento estoy muy confundida, debes entender que es mucho lo que hay que asimilar.
—Lo sé, y no te presionaré. Sólo quiero que sepas qué era lo que iba a pedir al final… "regresar a tu lado como humano".
Las lágrimas comenzaron a querer salir de mis ojos pero la confusión comenzaba a atormentar mi corazón. Sabía que no podía hablarle en ese momento sin decir algo de lo que podría arrepentirme…
—Me gustaría estar sola un momento. ¿Por qué no vas a ver cómo está Emiko?
Y lo hice, me arrepentí de haberle dicho eso. Si no lo hubiera alejado, si sólo le hubiera apartado un poco. ¿Por qué tenía que enviarlo a la cabaña¿Por qué tenía que ir al pozo a pensar?
A orillas del pozo devorahuesos me senté y lloré, conmovida por el buen corazón de Inuyasha pero confundida por todas las cosas que me había descubierto en ese momento. Si hubiera atravesado la barrera me habría dado cuenta que era la presencia de la perla lo que invadía el lugar pero ¿qué podría haber hecho?. Si lo hubiera hecho, ella también se habría enterado de lo que yo sabía ahora…
Cerré los ojos irritados por las lágrimas y disfruté de la brisa que refrescaba la noche y hacía crujir las ramas de los árboles y el pasto. Sentía la paz regresando a mi corazón…
—No dejaré que te lo lleves —fue lo último que escuché antes de sentir que alguien me empujaba.
Caí, pero no me golpee con el fondo sino que volví a sentir la sensación de volar por un instante antes de que el suelo volviera a solidificarse bajo mis pies.
Vi hacia la entrada del pozo y no pude ver las estrellas.
«Volví a mi era» pensé, y también pensé en volver inmediatamente así que subí un poco por la vieja escalera y me dejé caer…
…pero nada ocurrió.
Lo intenté de distintas alturas y nada pasó, así que lo intenté desde lo más alto.
Cuando recobré el sentido, mi madre cambiaba la gasa que cubría una pequeña cortada en mi frente que por suerte había sido mi única herida.
Y lloré, porque seguía en mi época cuando lo que yo más amaba se había quedado atrás.
Volví al pozo en cuanto mi madre se distrajo, lo intenté varias veces y nada pasó. Mi madre cesó en sus intentos de disuadirme y se limitaba a asegurarse que comiera y llevarme a mi habitación cada noche.
Entonces ella me sugirió que escribiera mi historia, porque podría lanzarla al pasado… a la eternidad… porque algo que queda escrito dura por siempre, algo que puede ser transmitido de generación en generación y así nunca moriría.
Las lágrimas escaparon de mis ojos pero tomé la pluma y comencé a escribir. A orillas del pozo devorahuesos me senté y lloré, y escribí los recuerdos de un amor que revivió después de diez años de dormir, un amor que no estaba destinado a ser.
Porque él
N.A: Y éste es el capítulo final de la historia... gracias a todas las que lo leyeron y comentaron. Estoy lista para todas sus amenazas de muerte :P
Gracias a Miya por las correcciones, te darás cuenta que omití una pero es que es a propósito.
Y antes de que mi casilla de correo sea atacada por los virus, mejor les aviso que hay un epílogo...
