La noche solitaria en la sala común
Siempre pienso en esto. De verdad que sí. Es uno de los recuerdos que más me encienden. Es uno de los recuerdos que hace que quiera ir ahora mismo a besar a Harry. Debo confesar que a veces me resulta difícil disimular, esconder lo que siento, no expresar nada. Aunque algo que siempre fue difícil, fue ser sólo el amigo pelirrojo de Harry Potter. No por esas estupideces de la envidia y celos que muchas personas pensaron que tenía, no, sino porque quería ser más que su amigo y no podía.
Esto pasó en segundo año, cuando el Basilisco estaba merodeando en Hogwarts y todos estábamos aterrados. Acabábamos de descubrir que Harry hablaba pársel y eso nos asustó mucho. Todos en la escuela comenzaron a tratarlo diferente, Hermione y yo nos sentíamos mal por él, pero éramos solo unos niños y estábamos muy asustados. Hermione nos contó que Salazar Slytherin hablaba pársel y el rumor del famoso heredero se esparció como polvo por cada rincón del castillo.
Los mayores intentaban mantenerse firmes, pero los menores huían de Harry como si fuese la mismísima muerte. Yo quería estar allí para él, pero a veces temía ser el próximo en quedar tieso como una tabla. Poco tiempo después, Hermione fue petrificada y quedé solo con Harry. Fuimos a visitarla a la enfermería. Si mal no recuerdo, Filch encontró a Harry junto al cuerpo petrificado de Justin Finch-Fletchley y estaban acusándolo de ser el que andaba como maniático petrificando a diestra y siniestra.
Me armé de valor, puesto que temblaba cuando me acercaba a Harry, en este caso, no por las razones deseadas, y lo pensaba mil veces antes de estar a solas con él. Aunque sabía que, como su amigo, eventualmente estaríamos solos. Un lado de mí se emocionaba, el otro se aterraba y terminaba por pisotear al primero. Intenté perderle el miedo.
Las clases del día habían terminado, subíamos desde los calabozos de las clases de pociones, malhumorados por el simple hecho de estar en ese agujero con Snape y los estúpidos de Slytherin. Draco, como siempre, molestaba a Harry. Ahora que lo pienso detenidamente, es muy posible que Draco sintiese algún tipo de atracción hacia Harry, además, no hay que olvidar cómo Harry rechazó a Draco y me defendió. Lo que pasó ese día lo contaré en otro momento, no ahora, es otra historia más que les gustaría saber.
El trayecto era largo, íbamos hablando animadamente. Habían pasado días desde la última vez que vi a Harry sonreír. Verlo así, ser el motivo de su sonrisa, me hacía extremadamente feliz. Reíamos mientras caminábamos y nos olvidábamos de la charla con serpientes.
Casi llegábamos a la sala común, ninguno recordaba la contraseña, así que tomé un trozo de papel con la contraseña de entre mis cosas y la leí en voz alta. Entramos. Había pequeños grupos aún, unos conversando, otros haciendo sus deberes. Lo mismo que debíamos hacer nosotros, pero ellos sí lo hacían.
Nos sentamos a hablar frente a la chimenea, cuando la sala se quedó casi vacía, Harry se acercó a mí y comenzó a contarme todas sus sospechas sobre lo que podría estar pasando en el castillo. Era aterrador, pero emocionante al mismo tiempo. Intentaba darle ideas y ayudarlo, pero no entendía mucho y Hermione siempre había sido la mejor para esto. Sin embargo, estuvimos hablando y conspirando hasta tarde.
—Si el heredero no es Malfoy, tiene que ser algún otro de Slytherin, no cabe duda—dijo.
—Sí, aunque tal vez Malfoy miente, no creo que le cuente todas esas cosas a sus amigotes.
—No lo sé, pero tengo que descubrirlo, por Hermione. Me asusté mucho cuando la vi así, ni siquiera ver petrificado a Justin me asustó.
—Supongo que es normal. Bueno, es nuestra amiga, ¿no?
—Claro que sí. Tú y Hermione son mis mejores amigos, no sé qué haría sin ustedes.
—Gracias, Harry, me alegra que me veas así.
—Hablo en serio, Ron. Son como mi familia.
En ese momento se acercó a mí y puso su mano en mi pierna izquierda.
—Está bien, Harry—dije nervioso.
Se acercó mucho a mí y seguía diciéndome cuán importante era para él. Hermione y yo. Me daban algo de celos, pero al menos era importante, no me molestaba tanto compartirlo. Mientras hablaba, sutilmente acariciaba mi pierna. Lo notaba, obviamente, pero pretendía no hacerlo. Después de un momento, me puse nervioso e incómodo porque comencé a tener una erección. Intentaba disimularlo, pero Harry no se apartaba. Aún no sé si lo notó.
Repentinamente, apartó su mano. Sonreía, pero nunca dijo nada. Luego hubo un silencio incómodo en el que no sabía qué hacer o decir. Es decir, era un niño de doce años con una erección porque otro chico le puso una mano en la pierna. No hay mucho que decir y, así lo hubiese, no se podría arreglar el momento. Había evidencias claras y evidentes de que allí pasaba algo.
A veces me pregunto qué habría pasado si yo no me hubiese puesto nervioso, si yo hubiese actuado, también me pregunto qué pensaba Harry, tal vez él estaba igual que yo, pero tampoco lo diría.
En general, sólo quiero saber qué habría pasado si yo hubiese dado ese primer paso, en lugar de sólo esperar. Nunca lo sabré, pero no me arrepiento por las cosas que pasaron luego.
Esa misma noche, cuando todo bajó—ríe—, Harry y yo subimos a la habitación en silencio, era tarde y no queríamos despertar a nadie. Nos cambiamos rápidamente, evité mirarlo mucho, pero sentía su mirada. Cada quien entró a su respectiva cama e intentamos dormir. Creo que me tomó unas tres horas conciliar el sueño, tal vez a Harry más; me resultaba imposible dormirme cuando lo escuchaba a cada rato moviéndose en su cama.
En este momento se me acaba de ocurrir una nueva pregunta: ¿qué hacía Harry esa noche en su cama?
