Nota de autor: Bueno no soy una experta escritora y este capítulo me costó mucho trabajo porque quería incorporar ambos puntos de vista el de Hans y el de Anna... en realidad sólo escribo porque me encanta Hans y quisiera verlo feliz de alguna manera, agradezco mucho sus reviews porque sin ellos no compartiría la historia o se quedaría sólo en mi cabeza, enserio muchas gracias. Si les gusta puedo seguir la historia.
La soledad era algo que nunca antes le había preocupado. Vivir en un castillo con doce hermanos... había de todo, menos soledad. Cuando se sentaban a la mesa todos
juntos, era todo un espectáculo. ¿Por qué estaba recordando de pronto su infancia?
Que patético. ¿Pero que más podía hacer? Encerrado en una celda no había muchas
opciones.
Hans siempre había sido el último para todo. Cuando el sastre llegaba a tomarles
medidas para hacerles nuevos atuendos, a Hans lo atendía ya exhausto o incluso hasta molesto pues ya había trabajado con los otros hermanos antes. Cuando practicaban el combate con la espada el maestro también ya estaba enfadado, cuando iban a jugar y tomaban turnos para ser el líder, después de un rato los hermanos se enfadaban y dejaban de jugar antes de que pudiera llegar el turno de Hans. La situación siempre fue así, hasta que poco a poco los hermanos más grandes comenzaron a casarse e irse a vivir a otros reinos.
Cuando ya sólo vivían seis de los hermanos en el reino, tres de ellos pretendieron
que Hans era invisible, ¡Por dos años!.
Pero Hans aprendió ser fuerte, a no sentir lástima por sí mismo ni por su situación, la solución era sencilla: Casarse con una princesa de otro reino y eventualmente convertirse en Rey. Por eso Hans se esforzó por ser un caballero impecable, un auténtico príncipe encantador que nadie se pudiera atrever a rechazar, nunca. Estudió con mestría el arte del combate con espada, canto, baile, artes, todo. No más ser el último, poder tomar una decisión, tener reconocimiento y un lugar para él, fue todo lo que él siempre quizo.
Buen trabajo Hans, buen trabajo.
Mientras tanto. Anna.
¿Le contaría a su esposo que ya fue a los calabozos? No...eso ni siquiera contó como una visita de verdad. Además Kristoff no parecía con intenciones de preguntar y estaba a punto de partir de viaje a un pueblo cercano para arreglar tratados comerciales que Elsa no podía antender y Anna odiaba viajar, lo mejor era dejar las cosas así.
Fue en esos días cuando Kristoff no estaba que todo empeoró. Hans, ¿Porqué tenías
que hacer lo que hiciste? Anna no podía dejar de pensar cómo hubiera sido su vida
con él. No había modo de negarlo más, ella lo extrañaba. Dentro de sí sabía que sí
había compartido algo especial con él. Y después él se había encargado de arruinarlo todo. ¿Por qué no podía simplemente odiarlo y ya? ¿O guardarle algún rencor? De entre todo el mar de sentimientos y confusión que vivía, eso era lo que más le molestaba a Anna, el saber que lo que sentía no obedecía a la razón, que cualquier persona en su sano juicio lo que haría sería olvidar a Hans y sin embargo aquí estaba ella, pensando en él, deseando impacientemente el poder cruzar aunque sea unas palabras con él, saber cómo está, ¿Qué piensa?, si acaso él piensa en ella también.
Era una obsesión, pero no como estar enamorada, esto era algo doloroso. Durante el día pensaba en él casi en todo momento y durante las noches soñaba con él. Era intoxicante, tenía que verlo, ya.
En una noche que se sentía como cualquier otra, Hans escuchó unos pasos acercarse,
parecían de una persona de complexión delgada, un nuevo guardia, uno joven, quizás, no como el regordete bigotón que lo alimentaba a diario, pero... ¿A esas horas?. Los guardias nunca lo molestaron, Hans no era maltratado de ninguna manera, si acaso era tratado con idiferencia, por eso una visita tan inesperada lo desconcertaba.
-"¿Qué acaso he hecho algo malo esta vez para que me visiten de noche también? ¿O
acaso hay un incendio en el castillo y no podían darse el gusto de dejarme morir aquí?"- Dijo Hans riendo para sí mismo, mientras estaba sentado en su usual rincón de la celda.
Pero no era ningún guardia sino una mujer de su pasado que él pensó que nunca volvería a ver de nuevo, alguien que alguna vez entró en su mente de una manera más impactante de lo que se atrevería a admitir.
-"Anna?". Se incorporó por completo tratando de ajustar sus ojos. ¿Es que al fin se estaba volviendo loco y viendo cosas?.
-"Hola", Anna levantó una mano tímida para saludar. Su corazón latía muy fuerte, sentía que se iba a desvanacer, podía mantenerse en pie sólo mirando la intensidad de sus ojos. Estaba oscuro el lugar sin dudas, pero esa noche había luna llena y su luz entraba perfectamente por la ventana, haciéndolo visible. Su semblante no había cambiado, seguía tan atractivo como siempre, sus ropas eran mucho mas sencillas ahora, una camisa y pantalón de algodón gastados, pero se veía bien. Tenía barba, como de tres días, su cabello ya no estaba impecablemente peinado y tenía ojeras marcadas en su rostro, aún así, algo cálido despertó en su interior. ¿Qué está él pensando ahora?.
Allí estaba ella, enfrente de él, apenas a unos pasos de las rejas, su alguna vez prometida, la razón por la que él estaba confinado a aquí. Las palabras no podían salir de la boca de Hans, ¿Anna había venido aquí para matarlo? ¿Para humillarlo? ¿Después de tanto tiempo?.
-"¿Qué estás haciendo aquí?."
Este fue un gran error Anna, ¡Un gran error! Él no te quiere aquí, ¡Trató de matarte, recuerda! Anna pensó. Tal vez si te vas ahora, puede convencerse a sí mismo de que todo fue un sueño...
-"Oye, ¿Te volviste sorda o qué? ¿O acaso te perdiste de camino a tu habitación?".
-"No... yo... quería visitarte."
-"Ah, mira que considerado de tu parte..." ¿Por qué estás siendo tan grosero Hans?
el sólo hecho de que ella esté aquí ahora es alentador, ¿Por qué no puedes aceptar
eso?.
-"No... no parece que haya sido una buena idea. No estás feliz de verme..."
-"¿Feliz de verte?"
-"Bueno, no, no quise decir eso, es sólo una expresión..."
-"¿Tengo alguna razón para estar feliz acerca de cualquier cosa en estos días, te
parece?"
Anna guardó silencio, se sentía estúpida en ese momento, pero también una parte de
ella estaba feliz por el sólo hecho de poder oir su voz hablándole, y por el alivio que le daba el estar cerca de él, sin importar qué cosas horribles o no él pudiera decirle.
-"Mira a tu alrededor Anna, esto es lo que soy ahora".
-"Lo siento Hans."
-"¿Por qué viniste en realidad, Anna?"
-"¿Qué?"
-"Me oiste."
Anna se congeló, no había podido pensar en alguna buena excusa que justificara sus
acciones para él, ¿Por qué habría pasado tanto tiempo? ¿Por qué no vino antes? No
podía decirle que simplemente lo extrañaba, se burlaría de ella, pero ¿Qué más da?...
-"Quería verte."
-"¿Por qué?, ¿Querías ver con tus propios ojos mi miseria? ¿Querías tener algo de
lo cual pudieras reirte mientras estuvieras con tu hermana Elsa y con ese hombre...
reno?
-"Kristoff."
-"Como sea. Pues aquí me tienes".
-"He estado pensando en tí, creo que te extraño".
-"Oh, bueno, es un gusto verte."
-"Sólo lo dices porque sí".
-"No, enserio. No tengo compañía agradable nunca, y mírate, te haz puesto tan hermosa". ¿Qué? ¿Es por deshidratación, por la luna llena? ¿Por qué dijiste eso? Eso
último. Pensará que te estás burlando. Ella debe odiarte, seguro está aquí porque estaba aburrida y quería hacerte sentir miserable...pero... Anna no es así...y eso es parte de su encanto...
Anna se sonrojó inevitablemente y en ese momento Hans se dió cuenta que su cara se veía justo como la de aquel día en que se conocieron y pasaron todo ese día juntos. La verdad es que durante todo ese tiempo en la celda, Hans había pensado más de un
millón de veces en Anna. Imaginó cómo hubiera sido casarse con ella, aunque Elsa siguiera en el poder y él sin ninguna oportunidad de ser rey, pero al menos Anna estaría con él, todos los días, por el resto de sus días.
-"Yo, también he pensado en tí, a veces".
Los ojos de Anna se iluminaron al escucharlo decir eso y pensó que era bueno dejarlo hablar más.
Hans pensó que a pesar de haber intentado asesinar a su hermana y dejarla morir congelada ella estaba allí después de todo y eso sólo podía significar algo bueno. Considerando que no tenía nada que perder, decidió probar su suerte.
-"¿Cuánto tiempo se supone que puedes estar aquí?."
-"Nadie sabe que estoy aquí."
-"Ya veo...No sé qué truco te inventaste para que dejaran a una indefensa princesa venir a este lugar tan horrible y sola. Tu tenacidad no deja de sorprenderme, Anna."
Anna estaba tan emocionada, sus palabras eran como una droga para ella, al fin había podido cumplir ese deseo de volverlo a ver y todo estaba resultando muchomejor que como hubiera pensado.
Hans se acercó más a la reja que los separaba y en un acto que intentaba mostrar confianza le extendió la mano para saludarla. Hans esperaba que Anna comprendiera
que ahora era incapaz de lastimarla, no sólo porque hubiera una reja que los separara si no porque realmente él tenía deseos de su compañía. Y cuando Anna le dió su mano Hans no pudo contener esos deseos y por simple instinto besó su mano.
Fue un beso suave y tierno, pero suficiente para desestabilizar a Anna y su respiración se agitó. Aún después de besar su mano, no la soltó, Anna podía sentir la humedad del contacto de la piel sus palmas, por primera vez desde hace tanto tiempo e invadida por esas sensasiones dijo más bien como pensando en voz alta:
-"Mira, no era tan dificil..."
-"¿Qué?"
-"Un beso".
-"...¿El beso?..."
El beso que nunca te dí. Supo Hans que era a eso a lo que se refería. ¿Sería posible? Ella habia venido hasta acá y después de tanto tiempo porque seguía pensando en él y en ese beso que no le dió? La verdad aquella vez él sí quería besarla, estaba encantado con la idea, pero fue cuando se volvió loco. Bien, pues esta era su oportunidad.
Sin palabras de por medio, Hans la miró fijamente, extendió su mano para alcanzar a tocar su rostro, la tomó de su mejilla izquierda y la acercó lentamente hacia él, asomando él su rostro lo más posible a través de la reja hasta que la distancia entre sus labios se cerró.
