Nota de autor: Gracias por los reviews, Hans es muy odiado y me sorprende que les guste, continuen dejando porque son efectivos, jeje. Espero poder terminar la historia, ya tengo pensado un final, pero veremos que pasa.
-"Buenos días"
-"Kristoff"
-"Parece que cuando no estoy no hay poder humano que pueda levantarte temprano."
Anna despertó en su habitación, su esposo habia vuelto del viaje, llegó temprano por la mañana.
-"¿Cómo te fue?"
-"Lo usual. Bla bla bla una firma por aquí un tratado por allá, no te culpo por nunca querer acompañarme y compadezco a Elsa que tiene que lidiar con estas cosas mucho más que yo. ¿Alguna novedad?"
-"No. Nada."
-"Bien. Iré a los establos a saludar a Sven, después podemos desayunar."
Se despide de Anna con un tierno beso, apenas rozando sus labios y se va.
Un beso... ¡El beso!. ¿Había sido todo un sueño? No. Anna podía recordarlo bien. La noche anterior fue cuando todo sucedió. Hans... Apenas sintió sus labios en los suyos y quedó congelada, no importa cuánto lo hubiera deseado o cuantas veces hubiera sucedido en sus sueños, que pasara en la vida real era algo completamente diferente. Claro que le hubiera gustado quedarse allí toda una vida, pero en lugar de eso salió corriendo, sin decir ni una palabra y sin mirar atrás, se dirigió a su habitación y tomó un té de las hierbas que ella sabía le inducirian un sueño profundo, lo hizo en su intento por desconectarse de la realidad.
Ahora estaba despierta, era un nuevo día. No podía dormir más para seguir ahogando los sentimientos que ese beso había despertado y así de pronto revivió todo, el calor de sus labios presionando los suyos, su cálido aliento, pudo respirar su escencia, era un olor tan dulce que le tomó por sorpresa, en esos momentos sentía que perdería el sentido y por eso decidió mejor correr, era eso o tratar de tomar su cuerpo para soporte, pero estaba la estúpida reja enmedio separándolos, por eso ella había tomado el camino fácil y de no haberlo hecho no sabía que hubiera podido pasar.
Su beso fue como fuego, intoxicante como el veneno y también como una droga, porque Anna estaba convencida de que tenía que sentirlo de nuevo, tenía que verlo de nuevo, no había duda de eso y ella buscaría una manera de hacer que eso pasara.
Hans por su parte no había sido tan afortunado, él no tenía acceso a sedantes que pudieran ayudarlo a conciliar el sueño y pasó toda la noche en vela, tratando de entender qué demonios habia pasado, cómo y ¿Por qué? ¿Podría ser tan buena su suerte? ¿Podría ser que Anna sintiera algo por él?. Una pequeña sonrisa se dibujó en su boca al pensarlo, porque su orgullo le decía que efectivamente era irresistible para ella, como desde la primera vez en que se conocieron y ahora que había probado su sabor, cualquier duda que pudiera haber existido se había disipado por completo. Pero ¿Por qué después de tanto tiempo? Y que podría hacer él ahora para estar con ella?.
Sentimientos de remordimiento pasaban por su mente por enésima vez. ¿Cómo había podido ser tan tonto como para dejarla ir por algo tan frívolo como el deseo de una corona? ¿Qué podría hacer ahora que ella parecía finalmente más cerca pero a la vez tan lejos?. Hans estaba hundido en sus pensamientos cuando llegó el guardia para servile de desayunar.
-"Oye, guardia, ¿Crees que podrías adelantar mi día de peluquero?"
-"Qué pasa tienes una boda a la cual asistir?"
-"No te burles de mí. Simplemente pienso que ya podría sacarle provecho a un corte y una afeitada."
-"Bueno, como quieras, lo voy a revisar, que no se diga que aquí no se te trata bien."
Hans tenía el presentimiento de que Anna regresaría, no importa lo demacrado que sus días de estancia en la celda lo hubieran dejado, su confianza de príncipe aún estaba intacta y sabía que había impreso suficiente deseo en ese beso como para garantizar que ella volvería. No estaba seguro de qué pasaría o qué era en realidad lo que él quería que pasara, pero estaba seguro de que quería volver a verla.
Anna trataba de ocupar su mente con cualquier cosa. Trataba de calmar su ansiedad paseando por los jardines del castillo, visitaba los establos y en general se le había visto muy activa. Una parte de ella estaba convencida de lo que quería pero la otra se sentía culpable y confundida. Anna deseaba que Elsa regresara, aunque por ningún motivo podría contarle lo sucedido, por alguna razón cuando ella estaba Anna se sentía más segura y tranquila, pero Elsa seguiría fuera por toda una temporada más.
Pasaron pocos días y una noche en el castillo hubo una pequeña reunión con un banquete de degustación. Había muchos bocadillos, diferentes tipos de licor y algunos sandwiches. Estos últimos le recordaron a Hans y Anna tuvo la loca idea de que quizá podría llevarle algunos.
Desde unos meses atrás Kristoff había tomado la costumbre de beber en las reuniones, decía que le ayudaba a poder socializar y ser más elocuente entre la gente de alta sociedad. A Anna no le gustaba la idea porque generalmente se le pasaban las copas y terminaba en un estado inconveniente. Kristoff no era un borracho escandoloso ni violento, más bien era de los que andan somnolientos hasta terminar inconscientes, no le agradaba, pero esta noche eso era perfecto.
Su esposo estaba ya bastante desconectado de la realidad, Anna le pidió a la servidumbre que se encargaran de llevarlo a la habitación, cuando el momento fuera correcto, porque ella deseaba tomar algo de aire fresco antes de acostarse, ellos aceptaron su petición y así ella tendría tiempo libre, sin que Kristoff se enterara. Los guardias estaban todos concentrados en resguardar la seguridad de los invitados, ¡Podría visitar a Hans sin problemas! Y así fue...
-"Anna."
Hans estaba de pie y de espaldas en su celda.
-"¿Cómo sabías que era yo?."
-"Oh Anna, nadie más viene de noche. Además casi puedo distinguir tu exquisito aroma desde el final de pasillo."
Anna se sonrojó por sus palabras.
-"Hoy hubo un banquete, había mucha comida, pensé que quizás podrías probar un poco."
-"Tengo hambre más que de sólo bocadillos..." Voltea a verla con una sonisa maliciosa, -"Pero aprecio mucho el gesto. Gracias."
Cuando Hans volteó Anna pudo notar que esta vez estaba afeitado, peinado, cambiado y en general se veía mucho mejor. Anna sonrió para sí misma orgullosa de ser ella quien había provocado esos cambios. Sacó de una canastita que llevaba la comida y se la dió.
-"Sandwiches"-
-"Sí, espero que te gusten, no sé cómo te alimenten aquí pero, bueno, quería verte."
Hans sonrió y comienzó a comer con gusto y por ese momento hubo silencio, que era incómodo y la tensión entre ellos se sentía en el aire, y el aire que Anna respiraba se sentía pesado y difícil de respirar por la angustia de tener que reprimir los deseos de buscar nuevamente un contacto, cualquiera, con su piel. Hasta que por fin Hans habló.
-"Anna, no he podido dejar de pensar en tí".
-"Yo tampoco".
-"Creo que no podemos seguir así."
-"¿Cómo?."
-"Pasaron 5 días desde que te ví y es demasiado, ¿No lo crees?."
-"Yo, no podía venir antes, no puedo justificar estar aquí. Esperas que diga: Buenas noches, vengo a visitar a Hans, ¿Y todo les parezca perfectamente normal?"
-"Princesa, no debes comenzar algo que no estés dispuesta a terminar".
Sus palabras la estremecieron. Anna sintió de pronto molestia, como si fuera un ataque, ¿Quién se cree para estar juzgandola?.
-"¿Crees que es fácil para mí?...Estoy tan confundida..."
-"Oh, pero ¿Por qué?. No se trata de pensar aquí, sólo se trata de sentir. Lo que yo también siento. Lo que siempre haz sentido, dentro de tí sabes que estamos hechos para estar juntos, desde el principio."
Hans se acercó a la reja, invitando, y ella sabía lo que eso significaba y sucumbió ante él.
Sin darse cuenta su rostro estaba tan cerca ahora, que lo único que podía ver era el verde de sus ojos y sinitó su boca tocar la suya, tan cerca y lejos a la vez. Y esta vez fue un beso desesperado, como si buscando en el sabor de su boca pudiera encontrar la respuesta a sus preguntas y como si respirar su aliento le brindara un descanzo a su alma.
Hans tomó su rostro entre sus manos, haciendo cada vez más profundo el beso jugando con su lengua y succionando sus labios para lavar de su cuerpo toda sus dudas, y se sentía tan bien, como un alivio a una comezón, como un magnetismo entre ellos que hubiera hecho imposible tratar de separarlos. Anna escucho su voz dar pequeños gemidos de satisfacción y eso era demasiado para ella. Necesitaba más de él, tenerlo más cerca. Sus cuerpos quedaron totalmente embarrados en la reja, maldiciendo los barrotes que se interponían en su camino, sintiendo en sus pechos el frío de su metal, moviendo ambos sus brazos para alcanzar todo lo que pudieran tocar, sintiendo también el calor de sus cuerpos, era maravilloso y por ese momento todo era casi pefecto hasta que se escuchó un fuerte ruido, alguien estaba acercándose!...
