Nota de Autor: En este capítulo dejo ver cuales eran mis intenciones desde el momento que comencé la historia en mi mente. Gracias por el apoyo y la gente que se ha suscrito, es la primera vez que me pasa con una de mis historias, creo que ésta es la única historia de Hans y Anna en español y la verdad ya estoy pensando en escribir otra, jeje.

Se escuchó un ruido fuerte de algo que cayó cerca y los hizo separarse de golpe. Un guardia, pensó Anna, mientras su corazón prácticamente se detuvo. Sólo después de algunos segundos, que parecieron eternos, fue cuando pudieron ver que sólo había sido una rata que al pasar había tirado una cubeta en una celda aledaña, pero de noche con el silencio todo suena mil veces más fuerte y estaban muy concentrados en otra cosa...

-"¿Ratas?"

Dijo Anna con la respiración agitada, por el susto o todavía por la intensidad del beso, no estaba segura.

-"¿Qué esperabas?, esto no es un hotel de lujo."

Anna se quedó pensativa un momento, estaban aún tomados de las manos y ella miró hacia el suelo y dijo con una voz apagada:

-"¿Sabes lo que pudo haber pasado si en realidad hubiera sido alguien?"

-"Mmmm... veamos...Si alguien me hubiera encontrado con las manos encima de su preciosa princesa... Me ahorcarían al día siguiente, no hay duda de eso, esta vez no me perdonarían la vida."

Dijo Hans en tono medio serio y medio sarcástico.

-"No seas dramático... pero... no está bien, es muy arriesgado."

-"Anna, recuerdas cuando te dije que no iniciaras algo que no pensabas terminar?"

Anna abrió sus ojos con sorpresa, ¿Cómo era posible que ese hombre pudiera desestabilizar sus emociones tan fácilmente con sólo unas palabras?

-"¿Terminar qué? ¿Empezar cómo? No podemos. Hans, yo... tengo que... tengo que irme."

Anna no pudo aguantarlo más, se dió la vuelta y salió corriendo.

-"¡Anna!"

Pero ella no miró hacia atrás, una vez más se encontró a sí misma corriendo por ese desolado pasillo, huyendo, ¿De él? ¿O de ella misma? Todo era tan difícil de comprender.

¿Cómo podía terminar lo que había empezado? Sólo hay una manera de terminar lo que se empieza con un beso. Anna se sonrojó porque después de mucho pensar finalmente Anna entendió lo que realmente sentía por Hans, eso que antes no podía explicarse bien pues ella era prácticamente una niña cuando se conocieron, pero ahora que era una mujer no podía negarle a su cuerpo satisfacer sus necesidades, necesitaba de él.

Le había tomado todos esos meses poder descifrar que con seguridad no se trataba de amor, era simplemente deseo y pensar en eso la hacia sentir de alguna manera poderosa, porque era reconfortante saber que ella tenía el control, por primera vez en su vida y en muchas maneras, se sentía como liberada porque haciendo lo que hacía no estaba buscando la aprobación ni aceptación de nadie. Tenía el control, primero porque Kristoff no sabía nada (de hecho nadie lo sabía) luego estaba el hecho de que Hans estuviera encerrado, convirtiéndolo hasta cierto punto en inofensivo, él estaba allí para ella y cuando ella así lo quisiera.

En alguna parte de su mente Anna sabía que Hans podría estar engañándola de nuevo, pero ¿Se puede fingir la pasión? ¿Se puede fingir un suspiro? y si fuera así, ¿importaba? No. Anna realmente disfrutaba estar con él, el sabor de sus labios, su aroma, el sonido de su voz y la manera en que su cuerpo reaccionaba al suyo.

Después de que Hans viviera en su mente por tanto tiempo, sentía como si al fin estuviera conociéndolo. No es difícil desarrollar un gusto por Hans, mas allá de su atractiva apariencia también hay un hombre interesante, la forma en que Hans siempre va y consigue lo que quiere, su manera de hablar tan sarcástica, directa y cortante a veces.

Hans era un contraste total comparado con Kristoff. Anna recordaba la manera en que Kristoff le pidió permiso para darle un beso, en el primer beso que se dieron y comparándolo con la manera en que Hans simplemente reclamó sus labios, sin previo aviso, sin palabras, se encontraba fascinada con ese tipo de acciones y necesitaba más... ¿Pero qué podía hacer?

A la mañana siguiente Kristoff amaneció con resaca.

-"Cielos, ¡Qué dolor de cabeza!. Lo siento Anna, creo que otra vez me sucedió. Creo que simplemente nunca voy a ser bueno en estas cosas de los banquetes."

Anna no le respondió y se quedó pensativa. A veces Anna cuestionaba si el haberse casado con Kristoff había sido buena idea, quizás empezó a andar con él porque le conmovió lo noble de su acto: Cuando ella estaba muriendo él la llevó con su entonces prometido, aunque sentía algo por ella, le importó más el bienestar de Anna que su propia persona. Y cuando ella tenía el corazón roto por Hans (y congelado por la magia de Elsa) Kristoff corría hacia ella, luchando por ella...y entonces Hans, de una manera indirecta, impidió que ellos se reencontraran cuando Anna prefirió salvar a su hermana que reecontrarse con él. Si tan sólo él supiera que ese hombre estaba de nuevo metiéndose en su vida y más fuertemente que nunca, separándolos de nuevo...

-"¿Anna? ¿Estás bien?"

-"Sí, yo... sólo me desvelé bastante anoche..."

-"Oh... ¿Me estabas cuidando? Lo siento mucho Anna, no puedo recordar nada...je je"

-"No te preocupes."

Anna le ofreció una sonrisa forzada. Kristoff la notó ausente, incluso algo triste, pero pensó que quizás sólo era por la desvelada o tal vez en el fondo estaba molesta y no podía culparla, quién sabe qué cosas habría hecho anoche, así que decidió no hacer más preguntas y prosiguió con su día normal, dejando a Anna navegar en el mar de sus pensamientos una vez más.

Después de mucho meditar Anna se dió cuenta de que sólo había una posible solución a todo esto, tenía que ayudar a Hans a escapar de su celda. Y no tenía porqué ocultarlo, la razón detrás de ese plan era simple, poder estar con él sin la incomodidad de una celda, en la privacidad de alguna cabaña y entregarse al hombre que le estaba quitando el sueño y que la tenía enfermamente obsesionada. Quizás esa sería la cura, quizás después de eso podría volver a ser como antes, nadie lo sabría, sólo ella.

Con el pasar de algnas noches, Anna estudió los turnos de los guardias y descubrió que a cierta hora de la madrugada el que cuidaba la entrada al calabozo salía a hacer un rondín de vigilancia por los jardines del castillo. Kristoff tenía el sueño muy pesado así que sería relativamente sencillo escabullirse hasta allí y poder verlo sin que nadie se enterara. Y así fué, en su tercer encuentro.

-"Estas loca Anna. No sabes lo que estas diciendo."

-"No es imposible. De hecho es más simple de lo que crees. Tengo ubicada la llave que tienen asignada a esta celda, es una muy particular...Mmmm, no sé por qué lo hicieron, pero es una llave casi elegante."

-"Oh, me siento halagado, una llave de la realeza para su principe cautivo..."

-"En fin. El punto esque ahora podemos aprovechar la situación."

-"¿Qué situación?"

-"Hay algunas cosas a nuestro favor: Primero, ya casi pasó un año desde tu... bueno, desde lo que hiciste. La gente ya no está tan llena de odio como cuando pedían tu ejecución."

-"Qué alivio..."

-"Tu escape será una noticia menor entre los habitantes. Segundo, mi hermana Elsa todavía está de viaje. Aún cuando se den cuenta de que te haz escapado, los guardias no sabrán bien qué hacer. Lo más que podrán hacer es preguntarme a mí."

Anna lanza una sonrisa de complicidad y Hans también sonríe.

-"Anna, no sé qué decirte. Parece un buen plan, considerando todo... pero no sé si estás segura de esto."

-"Lo estoy."

Hans no podía creer su suerte. ¿Acaso Anna no tenía miedo de que él intentara matarla o algo? Anna ni siquiera había tocado el tema. Desde que vino a verlo nunca hablaron sobre el día de su traición. Algunas veces en escenarios en su cabeza Hans llegó a imaginar que tanto Anna como Elsa lo visitarían en su celda para reclamarle, humillarlo o simplemente hacerle pasar un mal rato. Asumió que lo mandarían golpear, castigarlo sin comida, amarrarlo o cosas parecidas. Pero por muchos meses no pasó nada.

La reina Elsa nunca se dignó a verlo en persona. Se le dió una celda especial, más amplia que las otras, más segura, pero también más limpia, pudo notarlo, y con algunos muebles. A veces Hans sentía que el hecho de que la reina lo ignorara por completo lastimaba más su orgullo que si hubiera ido a fastidiarlo.

¿Y Anna? pensó que lo odiaría por siempre o peor aún, que se olvidaría de él para siempre. Pensó que ella era feliz al lado del hombre reno. Se había enterado de su boda y en ese momento había sentido disgusto y celos, pensar que ese hombre llegaría a tener a Anna le hizo su sangre hervir de coraje. Pero al parecer era evidente que ese pueblerino simplón no había podido satisfarcer las necesidades de Anna, necesidades por las que él ahora mataría por poder satisfacer con tanto gusto.