Hetalia le pertenece a Hidekaz Himaruya-sama.
¡Ore-sama ha vuelto!
Capítulo 4: El regalo inofensivo
América había llegado antes ese día emocionado hasta su traje había planchado y lavado. El día anterior había estado tratando de ver cómo funcionaba tal cosa e imaginado miles de maneras de cómo iba a jugarlo si no tenía ni una sola pantalla ni proyector solo era una bola pequeña y roja con un botón de prendido y apagado, una entrada de USB y una entrada que no sabía para que servía.
Cuando llegó, se encontró con la sorpresa de encontrarse brazaletes delante de la silla de cada uno de los países. Dejo el juego suavemente en su lugar encontrándose con otros objetos más, otra nota y una carta abierta. Creyó que eran importantes y tomó la más corta, sin duda era del mismo autor que el que le dio su juego.
"Los brazaletes son esenciales para el juego, necesitaran ponérselos cada uno de los jugadores. Te deseo buena suerte.
Atte. Anónimo"
¡Que curiosidad le daba ese tal anónimo, quisiera averiguar quién era! Sin embargo, lo haría después de jugar.
Todos llegaron a la conferencia viendo a América inesperadamente feliz, apenas podía calmarse y no dejaba de hablar sobre el regalo que compartiría en la conferencia. Los que intentaron tocar el juego que ya estaba fuera de su caja o los brazaletes que estaban delante de cada uno de sus lugares recibieron un manotazo de América diciendo que tuvieran paciencia porque lo que pareció raro del muchacho pero los hizo sentir más inmaduros que él. Tenía que asegurarse que se los pusieran cada país y para eso tenían que estar ya en la junta, aparte no quería que unos les robaran a otros.
Esa vez, el peli plateado vestido de camarero había llegado temprano y hablaba y servía a Holanda, Bélgica y Hungría, que lo había salvado de estar con Francia que peleaba con Inglaterra. "No es que le tema" había mencionado Gilbert o Frederick "Pero fingiendo ser una no tan maravillosa persona que no tendría la genial potencia, no puedo ponerle un alto"
-Se siente extraño tenerte aquí de nuevo- dijo Bélgica sonriéndole.
-Hace mucho que no asistía a una junta- le contestó Prusia sabiendo que nadie más lo estaba escuchando- debo admitir que es algo nostálgico.
-Sé que es difícil- dijo Hungría también afectada por los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial.
-Fue molesto- pensó en voz alta Holanda.
-¡Deberían pagar por echarme de esa manera, fueron celos de mi genial persona!- dijo un poco alto sonriendo -Kesesesese ser yo es demasiado grandioso, pero estar conmigo debe sentirse como el cielo- Prusia no se había dado cuenta que tan desesperadamente lo estaba buscando Alemania.
-Di lo que quieras, ya no te escucharé, niñato malcriado.
-Oww, no seas así de malo con Gil~
-Esta celoso, Bélgica, pero no te preocupes que me pasa muy seguido.
-No lo dudo- dijeron al unísono Holanda y Hungría. Bélgica daba una sonrisa tímida sin querer lastimar los sentimientos de Prusia, aunque eso claramente sería difícil.
Aun si Holanda sentía algo hacia Gilbert, no podía decir o hacer nada, era extraño que un país se enamorara, lo más cerca que podían estar eran amigos, o aliados porque aun si dos países se casaran, sería por beneficio de uno o de ambos, nada de amor.
-¡Ya es tiempo de empezar esta junta de las naciones unidas! ¡Tomen asiento!
-¡L-lamento mucho perder su tiempo, Señor V-van Dijk!- dijo Gibert disfrazado Frederick cuando ya muchos se habían callado.
-Dime Vincent- Dijo medio sonriendo al ver su actuación. Eso era lo más cerca que podía estar de Gilbert.
-Y otra cosa, tienen que ponerse los brazaletes antes de empezar. Es crucial para poder estar en esta sala, por su seguridad- propuso América fingiendo madurez. Recibió muchas preguntas de porque los brazaletes pero se lo tuvieron que poner a regañadientes-¡Sea dicho que, el que no use el brazalete será echado de la sala!
Ante esa orden algunos se enojaron un poco, ya que al ser orgullosos no les gustaba ser ordenados por otro país.
-Eh… Frederick ¿Podrías traerme un café, por favor?- dijo Alemania recordando que aún no había tomado su café de cada conferencia mientras se ponía el brazalete. Si bien a todos les gustaba tener sus propias reglas, si era una medida de seguridad no podría hacer nada.
-C-claro, s-señor… ¿Ludwig Beilschmidt?
-Exacto- le contestó Alemania.
Gilbert le sirvió un poco de café y lo posiciono a un lado.
-A-aquí, Señor Beilschmidt.
-Muchas gracias- dijo dándole un sorbo a su café- veo que habla muy bien el alemán.
-Ve~ este nuevo mesero es muy guapo~
-¡Italia! Es una falta de respeto decir eso en frente de él.
-Pero si es verdad~
Gilbert, o Frederick río tímidamente cubriendo su boca con la parte externa de su mano.
-Usted también es muy adorable, Señor Vargas.
-Dime Feliciano, ve~ te daré mi número por si alguna vez necesitas algo. Ve~
Ya que todos se hayan puesto los brazaletes América decidió empezar, al fin vería que es eso.
-Ya que nadie discutirá nada importante más que yo, les haré una propuesta. Jugaremos un juego, ¡Es nuevo y estoy seguro que a todos les gustará!
Presiono el botón emocionado. En ese momento sintieron su cabeza tan pesada que cayéndose se golpearon contra la mesa, unos minutos después se levantaron con un gran dolor de cabeza. Todos se levantaron con sus trajes militares relucientes aunque América tenía una mueca de total decepción.
-¿No funcionó?- preguntó Alfred adoptando un enojo inesperado y queriendo aventar tan fuerte la pequeña bola. Estaba a punto de tomarlo pero rápidamente Gilbert se acercó tomándolo del hombro.
-Solo debe necesitar arreglarse no hagas una escena – dijo mirándolo con sus ahora azules ojos compasivos y sabiendo que debía ser como un personaje tímido, le agregó-¡Les diré que no ha funcionado y que lo lleven a arreglar! ¡P-por favor! ¡Deme una oportunidad! -Gilbert tomó el juguete sin esperar respuesta y se lo llevo.
Francis hizo un ruidito raro mientras se tocaba la cabeza y Arthur se quejaba desquitándose con él. Pero viendo como 'Frederick' le rogaba a Alfred camino hacia él intentando verse con estilo.
-Dale a mon ami Frederick una oportunidad como dice- dijo recargándose en el hombro de Gilbert o 'Frederick' mientras le guiñaba un ojo- después de todo ha hecho un buen trabajo.
-Llévatelo rápido- dijo en un gruñido Alfred.
-S-sí. ¡Como digas!- inicio tímido pero al final sonó como un joven enojado porque tenía que obedecer a su padre.
-Alfred, sabía que estar jugando en plena conferencia estaba mal, ya te lo había dicho, sin contar que es de mala educación- lo regaño Arthur.
Unos países estaban enojados y algunos decidían irse a casa temprano.
-Perdón…- dijo cerrando los ojos.
-Enserio ¿Por qué Alemania no puso orden esta vez? Ese crio con su juego solo nos dieron un dolor de cabeza- se escuchó la voz de otro país pasando por un lado.
-No te enojes, solo necesitas descansar.
-¡Pero como es que este juego no funciona! ¡Iré a quejarme! ¡Quiero un reembolso!- Se quejó enojado Alfred haciendo un puchero tan ruidoso que toda la sala lo volteo a ver.
En ese momento Gilbert siguió a Vincent que salía con Emma. Cuando buscó a Elizabetha, se dio cuenta que estaba con Roderigh.
-Ten paciencia, Vin, por Alfred~- Dijo con tono de burla riendo Gilbert detrás de él.
Vincent se había volteado con poca paciencia.
-E-esto…- Emma empezó a decir.
Gilbert no ignoro ese comentario y notó la preocupación de la belga intentando tranquilizarla –No te preocupes por el grandioso yo. El maravilloso yo ya tiene experiencia con gruñones. ~
Ante el comentario, Vincent se veía más tenso.
-Jejejeje…¡Prusia! No creo que sea buena idea molestarlo ahora- dijo nerviosa Emma.
En ese momento Ludwig volteo.
-Espera aquí, Italia- se levantó y camino hacia ellos, ambos se congelaron pero Gilbert recupero de inmediato su compostura.
-Bye bye~ -dijo Gilbert antes de irse guiñándole un ojo a Vincent quien gruño enojado. Definitivamente Gilbert no quería seguir fingiendo ser el tímido en la sala de conferencias aunque le encantaba echarles en la cara lo buen actor era.
-Disculpa, Bélgica ¿De verdad has visto a mi hermano Gilbert?- dijo, Ludwig estaba demasiado preocupado.
-N-no, lo lamento mucho- dijo Emma.
-Ese crío no tiene arreglo, ¿verdad?- inicio Vincent cambiando el tema acariciándose las sienes.
-Desde el principio debí haberlo detenido, pero lamento que Italia… me estaba distrayendo.
-Entiendo.
Emma se alejó de su hermano no sin antes citar a Elizabetha, sabía cuándo era hora de una plática entre hombres. Salió del edificio sintiendo el aire fresco topando contra su ser y el tranquilo ambiente de las calles de Washington D.C… Un momento ¿tranquilo?
-Hola- Gilbert salió de repente con una sonrisa tan reluciente que Emma creyó por un momento que se la presumía apropósito. Pareciera que estaba en sus mejores días, sus ojos rojos mostraban una potencia enorme, su cabello plateado brillaba con el sol, su piel pálida daba una sensación de deliciosa suavidad y llevaba una camisa blanca con pantalones negros.
-Prusia -dijo mientras lo contemplaba- ¿Sabes… sabes porque no hay nadie? ¿Hoy hay algún festival o algo así?
-No acostumbro acosar al crío, Bélgica- dijo sonriente.
-¿Bélgica? En la calle es mejor no llamarnos así y nombrarnos por nuestros nombres humanos, Gil.
-No hay nadie, no le veo el problema.
-Dejando eso de lado ¿Quieres comer algo?- le ofreció Emma a lo que Gilbert pensó "Kesesesese, nadie se resiste al maravilloso yo. Tal vez le dé una oportunidad…"
-Claro- dijo caminando a su lado pasándole un brazo por los hombros.
-¡Bél, querida! ¡Gil, cuanto tiempo!- Saludo energéticamente Antonio tomado de la mano de Lovino. Segundos después pareció dar click con algo y separándose de Romano corrió hacia Gilbert dándole un gran abrazo- ¡Enserio, Gil, cuanto tiempo!
-¡Antonio…!- dijo devolviéndole el abrazo- Veo que te ha ido bien, tomado de la mano de Romano…
-Romano y yo íbamos a comer algo después de la conferencia.
-Tsk, lo que me obliga hacer el bastardo- murmuro para sí Lovino con los brazos cruzados.
-Has hecho bien- dijo Gilbert guiñándole un ojo.
-Romano- llamo Emma acercándose a él- ¿Cómo estás?
-¡B-Bélgica!-Lovino se sonrojo- ¡N-no creas que estoy citando al bastardo de España, e-es solo una comida de amigos!
-¡Pero que guapo! ¡Has crecido mucho desde la última vez que te vi!
-Es extraño verlos a ustedes juntos. No sabía que Bél y tú se llevaran bien- Siguió ignorándolos Antonio.
-¡Kesesesese es que soy tan genial que no se resistió!
-En definitiva, Gil- dijo Emma riendo- lo que tú digas. Ahora, Prusia y yo tenemos que irnos. ¡Ah sido un placer estar con Romanito y también verte, España!- se despidió dándoles un beso a ambos en la mejilla para seguir caminando a un lado de Gilbert- Ahora, tengo cosas importantes que hablar contigo- Sonrío gatunamente tomándolo de la muñeca- Avancemos.
-Woah, Bel. Este comportamiento tan… brusco no me lo esperaba de ti. Seguro te lo pego la marimacha de Hungría.
La sonrisa malvada de Emma se ensancho más mientras iba prácticamente arrastrando a Gilbert. Llegaron a un café sin gente y allí se sentaron, Gilbert no había dejado de hablar de lo maravilloso que era en el camino y Emma había llegado a sus propias conclusiones.
-Gil, cariño ¿Por qué no me seduces?
-¿Seducirte? ¿El maravilloso yo?- Gilbert rio con la pregunta y Emma se sintió como si la ofendiera e hizo un puchero.
-¿Será que me trajiste para preguntarme sobre mi hermano? Con gusto te contestaré.
-No te ofendas –Dijo calmándose un poco e ignorando su pregunta- Solo que no vine a seducirte.
"Claramente" pensó Emma "Gilbert se ha hecho más dócil desde que desapareció del mapa… bueno, de alguna manera es lindo. Sigue entendiendo muy bien a las mujeres, eso me hace sentir más cómoda me ahorra indirectas".
-¿Entonces para qué?
-Emma, yo… - Emma creyó verun gran sonrojo en las mejillas de Gilbert e imagino una escena en su habitación, con Vincent encima de él susurrándole cosas lindas al oído mientras Gilbert se estremecía desviando la mirada de los ojos posesivos de su hermano…- Emma, ¡Emma!
-¿Ah? –Emma salió de su estado- ¡Sí! ¿Qué me decías?
-Dijiste que tenías algo importante que discutir antes de venir.
-¡Oh, sí! ¡Claro! ¡Hungría y yo tenemos listo el traje que queremos ponerte!
-… ¿Cuál traje?
-¡Ya verás! ¡Después de comer!- Emma miró hacia todas partes sin ver a persona alguna, así que dando un respingo se levantó- Parece estar cerrado… vayamos ahora.
Ambos se levantaron y avanzaron hasta el hotel, Gilbert prácticamente siendo arrastrado por Emma. Entraron a su cuarto y Elizabetha ya los estaba esperando, a lo que Gilbert se preguntó porque no estaba enojada después de haber huido ese mismo lugar en la mañana y la conocía lo suficiente para saberlo. Emma lo aventó y ya estando ella dentro cerró la puerta con seguro tras de sí.
-Bien, empecemos…~
-.:::.-
Vincent primero busco a Gilbert y recordó que no quería que ninguno le viera en la sala, pero aun así él quería verlo, escuchar su voz que de una manera le daba más fuerza. Gilbird voló y se posó sobre su hombro. Gilbert lo había despintado y simplemente le había puesto unas orejitas de conejo… Después volvió a la dura realidad, se había dado cuenta que Emma había salido después de terminar de hablar con Ludwig, y la conocía demasiado bien como para saber que estaba detrás de Gilbert intentando llegar al tema de lo del traje que había escuchado hablar en la mañana. Bélgica podía llegar a ser una mujer cruel, Vincent lo sabía y por eso temía por él albino.
Rápidamente imagino hasta donde llegaría Bélgica a hacer… lo que sea que quiera hacer con él. Vincent se corrigió, si bien Emma podía ser una pervertida peligrosa, Gilbert podía contrarrestar eso ya que él también lo era, peligroso, majestuoso aun sin ser un país tenía la potencia de miles… en serio no sabía que le atraía de él.
Claro que se podía cuidar solo… Emma no puede manipularlo ni matar sus sentimientos por ese plan de cupido o algo así y Elizabetha estaba con Roderigh…
Vio como Roderigh salía a un lado de Ludwig que estaba cuidando de Feliciano… ¿Y dónde estaba Elizabetha?
Vincent abrió los ojos y camino apurado un poco apurado pero sin deshacerse de su paz hacia donde se imaginaba que Emma estaba, su base en Washington DC… su cuarto del hotel.
-.:::.-
-No me pondré eso- interrumpió Gilbert a Emma mientras veía los vergonzosos trajes.
-¡No ha terminado de hablar, tú-! - Elizabetha lo amenazo del otro lado de la cama con su sartén en la mano.
-Gilbert, querido- se le acercó mucho Emma- sabes, te lo pondrás con nosotras, o tendré que tomar medidas desesperadas. ¡Vamos, coopera!- Grito como si hubiera dicho algo muy bueno.
-Sabes, Bélgica- dijo Gilbert acostándose sobre su cama con los pies cruzados y los brazos detrás de su cabeza- esa actitud tuya está empezando a disgustarme.
-Parece que te tendremos que obligar, ¿No?- se dijo Emma para sí en voz baja, pero suficiente como para que los otros dos la escucharan. Al escuchar esto, Elizabetha saco unas cuerdas y le coloco somníferos aprovechando que el albino se había aislado en sus pensamientos. Gilbert se sobresaltó y se alejó de ella.
La medicina haciendo efecto hizo que Gilbert se desmayara y las dos se le echaron encima como perros hambrientos. Sorpresivamente la puerta fue abierta por una llave. Las dos dirigieron la vista al perteneciente de aquel acto de interrupción viendo a Vincent en la entrada.
-Alemania está muy preocupado por él. Así que lo cuidare yo.- Vincent paso entre Emma y Elizabetha y cargo a Gilbert estilo princesa. Normalmente se lo hubiera echado bruscamente al hombro, sin embargo el rostro pálido y delicado cuando dormía le revolvió el estómago y lo lleno de un sentimiento que no podía describir haciendo un hecho como echárselo al hombro algo cruel y se dio cuenta que quería estar más tiempo con él.
Anteriormente, en el cuarto, extrañamente las dos se quedaron calladas, a Vincent le hubiera dado un escalofrió, pero no le importó cualquier cosa que tramaran las dos ya que tenía lo más importante en sus brazos… dormido.
Elizabetha tenía una mueca quejosa, pero al saber lo unidos que eran Emma y Elizabetha prefirió no decir nada más que un– ¡Esto no puede ser cierto! estábamos tan cerca.
Mientras, Emma ideaba un plan tocándose la barbilla. Su mueca era una de disgusto, pero decidió ser positiva ya que quería llegar seriamente a su objetivo.
-Supongo que a la próxima necesitaremos cadenas, esposas, listones, somníferos, etc… y distraer a mi hermano; necesitamos ir al centro comercial, mi hermano no se despagara de él en un rato.
El silencio domino el lugar. Repentinamente las dos pegaron sus orejas a la puerta haciendo el menor ruido posible y se dieron cuenta que estaba hablando con alguien en el pasillo, aunque no podían escuchar con quien. Emma considero sus opciones, ya que Vincent parecía le fuera cómodo hablar con esa persona sin tenerle que estarle vendiendo o comprando.
-… ¿Y porque estas tan preocupado? Ayer no te veías tan perturbado- Holanda mostraba interés y era algo extraño para ambas que sonara tan amigable.
-Ayer lo vi. A mi hermano- dijo Ludwig –Estaba afuera de una tienda. Estaba buscando algo, lo sé, miraba a su alrededor y escribía algo en una libreta, pero cuando corrí a tomarlo, el corrió. No quiere ser encontrado. Pero mi hermano no es así, él me hubiera hecho caso y dado la bienvenida diciéndome porque me había dejado.
-Déjalo ser. Bélgica ha notado que estas siendo más sobreprotector con él y yo coincido con eso.- Dijo Vincent, el mismo sabía que sonaba extraño - Recuerda que los países no deben tomar en cuenta sus asuntos privados, sino tu nación sufrirá. En todo caso, puedes ver el estado de Prusia reflejada en su población.
-Lo sé, sé que está bien. Pero no logró dejar de preocuparme. Intenté hablar con el ministro pero no logro encontrarlo, a nadie. La ciudad está vacía, no hay internet, ni señal, Italia no pudo encender su carro, es extraño.
Vincent cayó a la tierra en ese momento en un golpe duro y seco. Saliendo de la sala no había visto a nadie que no fueran países, le habían dejado entrar con Gilbird en el hombro, no había tráfico ni nadie en el mostrador. Por estar preocupado por Gilbert no se había dado cuenta, últimamente ocupaba toda su mente. Tomó lo primero en su bolsillo y checo si era cierto, un poco desesperado sin saber la razón.
-¿Qué pasa? Ese niñato no fue a ningún festival o evento después de la conferencia.
-No tengo la menor idea- Contesto Alemania honesta pero incómodamente- he contactado con otros países, pero ninguno se había dado cuenta de la situación. No he podido contactar con América, al parecer salió de la junta para perderse.
-Tenemos que pedirle más información.
-Si algo está mal cerremos la junta de la UNI y veremos en que podemos ayudar. Aunque con tan poca información no podemos hacer planes certeros. Primero tenemos que buscar a América.
-Ahora mismo estoy ocupado, pero después de terminar accederé inmediatamente a tu petición.
-Muchas gracias. No sé cuánto te debo.
-Luego podrás pagarlo. Te veo luego.
Después de asegurarse de que Ludwig se haya ido, Holanda entrando a su habitación volteo su vista a la cama. Estaba Gilbert acostado sin conciencia, se le notaba de lejos y Gilbird al fin reunido con su amo dormido encima de él. No sabía qué hacer con una persona en ese estado y como la temperatura era perfecta, decidió dejarlo así y aclarar los asuntos en su cabeza.
-.:::.-
Prusia estaba sentado en una silla mientras subía los pies a la mesa, jugando con una corona. En su mano izquierda estaba un águila negra parada majestuosamente.
-Kesesesese. Soy ten genial. Nadie puede más que el maravilloso yo. Han perdido- se escuchó un ruido- es hora de moverse a un lugar seguro.
Caminó hasta la ventana y la abrió sacando el brazo izquierdo hacia la luz del día.
-Vuela, Prusia y ora por las naciones.
Desplegó sus alas e inicio su vuelo. El águila voló alto, sin nadie que le estorbara en su camino. Era un ser tan majestuoso… lo extrañaría.
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-¡Prusia!- entró Alfred a con Vincent, viendo que Gilbert estaba recostado sobre su cama. Holanda frunció el ceño -No estaba en la conferencia, así que creí que estaba llamando para que me den mi reembolso, ¡Pero no! ¡Le llame pero tampoco me contestaba! Y como has estado mucho con él supe que estaría aquí- explicó lanzándose encima de Gilbert. Gilbird sintió el movimiento y se movió de lugar a una orilla de la almohada.
-Toca la puerta antes de entrar- dijo subiendo la voz un poco pero aun fría y dura.
-P-perdón- Para eso Alfred ya estaba sentado arriba de Gilbert dándole pequeñas cachetadas- ¡Des-pier-ta!
-Tiene somníferos, niño y no lo toques así- Holanda lo cargo de la parte trasera del cuello de su camisa.
–Tengo unas cosas que hablar contigo.
Ante eso Alfred se congelo.
-¿Q-q-qué quieres hablar conmigo?- le pregunto sentándose a la orilla de la cama. Holanda sabía que no le tenía miedo de verdad y que se había hecho más un juego de algo que Gilbert le había metido a la cabeza.
-Alemania quería preguntarte algo- Dio un suspiró, vio su pipa y sus cigarros pero solo los observo "A Gilbert le puede hacer mal" susurró su voz al fondo de sus pensamientos- El primer problema… es el internet.
-¿Qué? ¿No hay internet? –Alfred se asombró- ¡No puede ser cierto!
-No me interrumpas.
-Lo lamento.
-El segundo, no se sabe dónde quedo toda la gente.
-No lo sé. Hoy no hay ningún tipo de evento- dijo con tono miserable.
-No me importa lo que tengas o no, consúltalo con tus autoridades y deja de preocupar a Alemania. -Suspiró- Si estás bien significa que no estoy en peligro.
-Bien.- Alfred se concentró por un momento, poniendo el dedo índice en su barbilla- lo haré rápido.
-Gracias.
Alfred salió de su habitación. Unos segundos después, Vincent se levantó de su silla y golpeó la pared del lado de la cama tres veces y pegó su oreja por un segundo.
-¡Aucht!- se escuchó del otro lado la voz de Emma.
-¡Tsk!- Elizabetha no se quedó atrás.
Vincent se sentó a pesar. Su mirada siempre fija en Gilbert. Él sabía que si algo sucedía podía verse realmente afectado, la falta de cosas vitales en la capital era preocupante.
-No suelo tener curiosidad, pero… ¿Qué está pasando?
El pequeño pajarito voló y se posó en su hombro.
-…Águila… Defender… Atacar…- Murmuró Gilbert en su sueño.
-¿Qué mier-?- Vincent no sabía si se estaba haciendo igual que chiflado que América o si de verdad el pensamiento de que los murmuros de Gilbert eran una profecía eran verdad. En cierta manera relaciono el águila como el escudo de Prusia y Gilbert era demasiado impulsivo, se preguntaba si siempre soñaba con sus glorias antiguas, creyó que esto contestaba su duda - no debe ser nada importante.
Gilbert se empezó a mover inquieto, como si estuviera horrorizado dentro de su cabeza, su respiración agitada y sus movimientos ansiosos apretándose el pecho con mueca de dolor. Vincent se desconcertó, era extraño verle en ese estado, pero sabía que ser de los únicos que le vieran así, era lo que había hecho que se enamorara de él. Prusia era un ser majestuoso sin duda alguna, pero era Gilbert del que se había enamorado y estaba dispuesto a entregarse. Cada vez quería saber algo más de él, era más adictivo que la droga, el sentimiento de querer abrazarlo entre sus brazos, de besar esa pálida piel lo carcomía.
Vincent se acercó y se contuvo de acariciar sus mejillas para tranquilizarlo.
-¿Te duele?- sus ojos mostraban compasión y sus sentidos flaquearon al estar tan cerca. Su mano se levantó en un gesto tímido y toco suavemente su mejilla acariciándola, se acercó a él y delicadamente le dio un beso en los labios como si no quisiera despertarle. Gilbert se tranquilizó inmediatamente.
-¿Vin… Vincent?
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Alfred dio la vuelta en otra calle.
-Rayos… ¿Dónde se supone que debo de encontrarlo?
Por supuesto que no se había acordado de las palabras de Vincent donde decía que no había ni una sola alma en la ciudad.
Un viento frío chocó contra él, los árboles en los parques se agitaron y sentía que el sonido de los espeluznantes cuervos estaba rodeándolo. Un cantico de guerra se escuchó en el cielo por parte de un agila negra. Levantó la mirada por un momento, solo era su imaginación ¿O no?
A lo lejos pudo ver a una persona fornida, por un momento pensó que era Ludwig, pero el ser que tenía en frente era más joven y delgado, casi delicado. El joven llevaba una chaqueta larga y negra que le llegaba hasta los pies que se blandía como una bandera con el viento. El águila bajo en poicada hacia él, pero no se alertó en ningún sentido.
-¡Cuidado!- Corrió hacia él. El águila se posó sobre su brazo con un aterrizaje fino, el hombre volteo a verlo impulsado por el aterrizaje lleno de fuerza del águila, sus ojos rojos le intimidaron, su cabello blanco se movía por el viento, sus labios le recordaba un lago de sangre y su sonrisa la crueldad con la que los habían matado.
Cerró los ojos cegado por lo que pareció un brillo en los ojos rojizos del otro, al abrirlos, la calle se encontraba vacía y no se preocupó por buscarlo antes de entrar en pánico y echarse correr.
Algo muy extraño estaba pasando y debería salir de allí ya.
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¡Perdón por la tardanza!
Ya que me tardaba mucho en publicar, me propuse ser una ser una autora responsable y hacerme trucos psicológicos para darme inspiración y seguirle a la historia hasta el punto donde quiero que llegue jujujuju se esta poniendo interesante~.
Después de tanto tiempo espero que no se hayan aburrido .~. en verdad que publicare más seguido y ya tengo escrito parte del capitulo que viene.
No he podido soportar el frio y lo he puesto en una parte del fic, cuando se topa con… cough cogh… con alguien especial. Ya saben porque se puso medio dramático el pedazo. La imagen que vi en mi mente ME ENCANTO! Espero haberla descrito bien. Ya sabes, muchas veces las autoras no lo describen bien porque ya tienen la imagen en la mente y no tienen que estarla armando como los lectores… cough cough, no es que me haya pasado como lectora, no claro que no.
De igual manera que no me dejen reviews sé que me quieren y que les gusto la historia ¬¬ pero me gusta mucho leer sus reviews y se los agradezco mucho. Muchas de ustedes escritoras saben como se siente! No me dejen con las ganashhh~
Bye bye~
