1. Viaje de negocios

El grupo avanzaba lentamente a través de los claustrofóbicos espacios entre los troncos de los árboles. Frente a ellos se abría un laberíntico bosque que aparentaba no tener principio ni fin.

Las bajas temperaturas y la pesadez del aire no ayudaban en absoluto a acelerar sus progresos, pero el joven que lideraba la caravana no podía sentirse más cómodo en estas circunstancias.

Kristoff Bjorgman estaba en casa finalmente, después de varios meses de residir en los pulcros pasillos del palacio. Ansiaba volver a sentir la nieve debajo de sus pies, los vientos del norte sacudiendo su cabello y el aire gélido acariciando sus mejillas.

Este era su hábitat natural, su territorio, un lugar que llamar "hogar".

Pero su regreso no había sido bajo las circunstancias que esperaba.

Kristoff guiaba a una caravana en una especia de viaje de negocios. Podría decirse que su campo de trabajo había cambiado ligeramente en los últimos meses. Después de todo ¿Qué propósito tenía viajar varios días hasta las montañas para extraer pesados bloques de hielo cuando la reina podía crear un castillo completo solo en un par de segundos? Al final del día todo era cuestión de oferta y demanda.

De manera que la reina lo había relegado de sus deberes como "Real repartidor de hielo" pero tenía otros planes preparados para él.

Aún tenía que salir en extenuantes excursiones a las montañas y bosques a las afueras del reino, pero con propósitos más…turbios.

Su última encomienda de la reina Elsa lo había dejado intrigado. Kristoff no dejaba de repasar mentalmente las órdenes que había recibido.

_Los rumores no son muy favorables, de resultar ciertos, podríamos encontrarnos frente a una auténtica provocación por parte de las Islas del Sur_ le había dicho la dama albina detrás de su escritorio.

_Usted no me está pidiendo que hagamos una ronda de vigilancia común, ¡Usted nos está enviando a encontrar algo en específico!_ le contestó el montañés sorprendido.

_No te estoy pidiendo algo imposible, simplemente debes de guiar a un grupo de mis guardias de mayor confianza a través de la frontera para corroborar si los rumores son ciertos, nadie se encuentra mejor capacitado para este trabajo, es decir, ¡Tú debes de conocer esa región como la palma de tu mano!_ Kristoff no pudo evitar ruborizarse ligeramente frente a la especie de cumplido que la mismísima reina de las nieves acababa de soltarle, y en cierto modo logró suavizarlo lo suficiente como para convencerle de aceptar su petición.

_ ¿Exactamente qué estaremos buscando?_ preguntó finalmente con cierta irritación en su tono de voz. La reina suspiro, levantó la mirada y respondió_ Si los informes son correctos, en algún lugar de la frontera se ha montado un campamento que podría pertenecer al regimiento personal del príncipe Hans.

Kristoff sintió como un escalofrío subía por su espalda con la sola mención del treceavo hijo del rey de las Islas del Sur, mientras los recuerdos de Anna convertida en una estatua de hielo sólido volvían para atormentarlo.

_Ya veo…. Digamos que tenemos suerte y encontramos a nuestro querido usurpador vacacionando alegremente en nuestra frontera acompañado de su destacamento personal ¿Cuáles son sus órdenes?

Elsa se levantó le dio la espalda y miró por la ventana cargada de melancolía.

_La mitad de los reinos vecinos quiere aliarse con Arendelle para conseguir su rebanada del pastel, la otra mitad se ha puesto en nuestra contra por el temor a lo que mi don podría traer sobre el mundo. Estamos al borde de lo que podría ser una guerra Kristoff, y al frente de nuestros enemigos se encuentra el hombre que casi logra asesinarme, no podemos tomar ningún riesgo ni realizar acciones impulsivas. Si el príncipe Hans ha tenido la imprudencia de acampar en nuestras fronteras, te sugiero que lo captures y lo traigas con vida, no volveré a cometer el error de devolverlo al nido de cuervos que tiene por familia.

Y con estas palabras terminó su junta con la reina Elsa y Kristoff se había puesto en marcha para realizar la tan peculiar misión que se le había encomendado.

Y así es como había terminado escudriñando cada rincón de cada montaña y bosque a lo largo de la frontera de Arendelle con un grupo de quince miembros de la guardia real y su fiel reno Sven como única compañía.

Llevaban dos semanas de viaje y hasta ahora no habían encontrado ningún indicio que les pusiera en la dirección correcta. La moral del grupo bajaba con cada día y junto con esta los suministros comenzaban a escasear.

Sin embargo lo único que lograba decaer el ánimo de Kristoff era la agónica distancia que lo separaba de la princesa Anna. Y el tremendo remordimiento que le provocaba tener que mentirle cada vez que salía en una de las misiones encargadas por su hermana.

Para Anna, Kristoff seguía saliendo a las montañas a recolectar hielo para vender cada fin de semana en el mercado de la plazuela, y durante los primeros meses de su estancia en el palacio, así había sido. Anna lo acompañaba cada semana a vender los bloques de hielo en el bazar y no se separaba de su lado hasta que toda la mercancía se había agotado. Nada lo hacía más feliz que pasar los días al lado de su princesa, su sonrisa parecía bastar para hacer que el sol saliera cada mañana. Y precisamente por eso tenía que evitar que esa sonrisa se extinguiera.

Tanto Kristoff como Elsa procuraban que Anna se entretuviera con los asuntos administrativos del reino para mantenerla distraída de la delicada situación política en la que se encontraban.

Anna podría ser ingenua y distraída, pero no tardó en enterarse de las noticias de la alianza entre las Islas del Sur y Weselton, esto la dejó tan acongojada que dejó su hábito comer una rebanada de chocolate en la merienda durante casi una semana.

La sola idea de decirle que se marchaba en un viaje para buscar y capturar al príncipe Hans le resultaba impensable. Así que la mañana en la que partió le dijo que simplemente adiestraría a los miembros de la guardia en el arte del rastreo de animales peligrosos en terrenos agrestes. No era una mentira en el pleno de sentido de la palabra, después de todo, el y su grupo estaban rastreando a un animal particularmente peligroso. Ella lo despidió con un beso en la mejilla y un tímido "Vuelve pronto" que le desagarró el corazón al recordar la verdadera naturaleza de su empresa.

Si la posición de la luna no lo engañaba, era ya media noche y su caravana necesitaría descansar, de acuerdo con sus cálculos, en un par de días habrían cubierto la totalidad de la franja fronteriza y lograrían desmentir los rumores de la presencia de fuerzas de Las Islas del Sur apostadas en territorio de Arendelle.

Esta posibilidad aliviaba a Kristoff tremendamente pues no solo reducía la tensión política entre ambos reinos, si no porque no había pensado como le explicaría a Anna si su caravana volvía con el príncipe Hans como prisionero. "¡Mira Anna, estaba enseñando a los muchachos como seguir el rastro de un oso pardo cuando de repente nos encontramos al tipo que te rompió el corazón, te dejó abandonada esperando que murieras congelada y casi asesina a tu hermana y decidí traerlo al palacio!" Solo la idea de tan ridículo escenario bastaba para hacerle un nudo en el estómago.

_Darius, dile a tus hombres que es todo por hoy y que se han ganado un descanso, continuaremos por la mañana_ comentó Kristoff al capitán de la Guardia, un hombre fornido de rostro enjuto y un bigote cuidadosamente peinado.

_ ¡Ya era hora! Por un momento pensé que seguiríamos con esta búsqueda inútil por el resto de la noche. Joder, Kristoff ya llevamos dos semanas completas y no hemos encontrado ni la navaja de afeitar con la que ese niño bonito se arregla las patillas, ¿No crees que ya es hora de volver a casa? Yo tengo una esposa e hijos que atender y tú, suertudo bastardo, tienes a la mismísima princesa Anna esperándote con ansias.

La sola mención de la improbable relación entre el repartidor y la princesa arrancó una carcajada de los demás guardias lo que provocó que Kristoff se sonrojara y contestara _Para su suerte solo nos quedan dos días más, después de eso creo que podremos volver a casa con nuestras respectivas princesas.

Su comentario provocó una nueva carcajada en el resto de la caravana mientras se preparaban a montar las tiendas para descansar el resto de la noche.

Kristoff siempre había preferido dormitar al aire libre con el nocturno cielo estrellado como su techo, por lo que se limitó a disponer de unas cálidas mantas de piel de armiño para después reposar al lado de su adormilado reno.

_Dos días más Anna, solo dos días más y volveré a tu lado_ dijo en voz alta antes de contemplar el cielo nocturno mientras esperaba que el sueño lo invadiera.

Y fue entonces cuando notó con amargura como una columna de humo se alzaba en la distancia, humo que solo pudo haber salido de un campamento a unos 300 metros al este. Para bien o para mal, habían dado con la ubicación del campamento que habían venido buscando y para bien o para mal, había llegado la hora de que el repartidor de hielo cumpliera su misión.