Crónicas de un secuestro
Capítulo 3
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Pasado
Se miró al espejo, luego simplemente suspiró. Su cabello había crecido ya hasta los hombros y su cara en lugar de hacerse más masculina, era simplemente más fina y delicada. ¡Sí que tenía cara de gay! Se maldijo internamente. Ren Tao tenía 16 años, tenía ya un año viviendo en Japón por sus estudios medio superior, su deber era ir ahí, a la mejor escuela para así llegar a la mejor universidad y luego hacerse cargo de la compañía familiar que ya tenía más de 120 años en el mercado. Simplemente no podía dar un paso en falso. Y de hecho no lo haría ¡claro que no lo haría! Tomó un tarro de crema y lo azotó contra el espejo frustrado ante la idea. Hacía ya unas semanas que se había dado cuenta de su situación que hasta hora nada le favorecía, todo por un imbécil que se sentaba justo al lado de él. Aunque siendo sinceros, eso era algo que ya tenía presente, lo sospechaba. A Ren Tao nunca le atrajeron las mujeres, cuando todos se emocionaban por ver revistas de mujeres con escasa ropa, a él sólo le daban nauseas -que horror- pensaba, lo que le gustaba era pasar tiempo con su hermana nada más, y la verdad nunca le hubiera interesado tener a una mujer más que por puro compromiso. Hasta que ese sujeto se le metió entre ceja y ceja. Lo odiaba, no sólo porque en la escuela tenía que aguantarlo y pelear todo el tiempo con él, sino porque, la verdad, ese tipo hacía lo que hasta ahora nunca había pasado; encender sus adormiladas hormonas.
Había llegado muy claramente a una conclusión: las mujeres no le gustaban, a menos que fueran como una compañía; por otro lado, sí lo hombres, sobre todo como ese sujeto, y ahí la cosa cambiaba y mucho.
Salió de su departamento un tanto frustrado por la idea, cuando, como todas las mañanas él estaba ahí sonriéndole junto con su hermana. Ellos eran una familia de cuatro personas, y para colmo sus vecinos. Si no lo veía en la escuela lo tenía que ver cerca de su casa. Hoy era uno de esos días que esos dos hermanos se le pegaban.
-Rentado ¡buenos días! – escuchó su voz animada, la verdad hoy no era un buen día, no había tomado ni el desayuno, y apenas se había declarado así mismo como homosexual, justo por el tipo que tenía en frente.
- Déjame en paz tarado- le contestó caminado un poco más aprisa, mientras veía como la menor los miraba riendo un poco, también la hermana era molesta. Para su suerte ella casi nunca los acompañaba, porque pasaban sus amigas por ellas.
- Uuh, alguien amaneció de mal humor- y justo como siempre, lo alcanzaba y lo miraba sonriente, era lo mismo desde hacía ya un año que había llegado a ese departamento y a ese escuela en Japón. – Hoy tenemos deportes Ren así que tienes que estar listo para que te dé una paliza- el chico se llamaba Horokeu Usui, Horo-Horo para los amigos, Para Ren; Hoto- Hoto. Él y su familia venían de Hokkaido, una isla septentrional al norte de Japón. Su papá atendía una cadena de Hoteles y se "suponía" que Usui también tenía el objetivo de estudiar para tomar el lugar de su padre. La diferencia era que el Usui no tenía ni la más intención de estudiar, a él le gustaba el campo y la diversión. Realmente no tenía mucho en común con El Gran Ren Tao.
- Déjame en paz - el chino rió un poco, sin duda no podía estar por mucho tiempo de mal humor con ese sujeto. Desde que lo conocía peleaban por todo y competían en todo. Alguna de esas veces, compitieron para ver quién era capaz de tomar más leche en menos tiempo. Ninguno ganó.
- Ren, estás de mal humor hoy ¿algo te pasó? Hace rato oí ruidos desde tu departamento y pensé que … – el chino se paró, a decir verdad después de ese tiempo, no sabía si él era su mejor amigo, o algo más; de lo que sí estaba seguro era que; a parte de su hermana sólo Horokeu Usui lo conocía realmente. Hoy era uno de esos días en los que deseaba que no fuera así. Realmente no quería que nadie se enterara de la realidad, aquella en la cual la imaginación de Ren volaba, y donde él y Horo se encontraban haciendo cosas no apropiadas justo en su cama.
- Déjame en paz ¡quieres!- fue lo único que dijo, la verdad estaba molesto. ¡Y ése tarado con cabellos azules tenía la culpa! ¡Por qué tenía que aparecer! Si él no se hubiera acercado de más, si tan sólo hubiera respetado la distancia que le ponía a todos los demás eso jamás habría pasado. Sí, todo era su culpa. Corrió un poco alejándose lo más que pudo, pero simplemente se detuvo cuando notó que lo tomó del hombro, el Usui corrió tras de él.
- Ren…- lo miró penetrantemente y luego solamente habló- eres mi amigo, si algo te pasa cuentas conmigo, para mí tú eres la persona más importante en este momento- sus ojos se abrieron y su pálida cara se coloreó, curiosamente él chino no era el único con un sonrojo en su rostro. Ambos se acercaron casi rompiendo la distancia moral permitida mirándose a los ojos. Eso no podía estar pasando, pensaba Ren cuando sintió las manos de ese chico, ahora ya, tocándolo. Sintió como la frialdad de aquellas manos traspasaba su ropa, y cómo se estaba dejando abrazar. Estaba justo debajo del edificio donde vivían, poco les importó en ese instante que los padres del Usui los vieran, ya después inventarían una excusa. En ese instante pudo escuchar un débil susurro en sus oídos- te quiero Ren- casi sin pensarlo se internó en su cuerpo dejándose abrazar. Nunca se imaginó que esas palabras alguna vez las fuera a escuchar, al menos de él; de otro chico, de otro hombre ¡maldición sí que era gay! Y se sentía muy, muy bien.
Ese día hubiera sido perfecto, el mejor en mucho, pero no fue así; tal vez lo mejor hubiera sido que nunca hubiera pasado. Tal vez si no se hubiera aceptado como homosexual simplemente todo seguiría igual y Horo no hubiera dado ese paso, o tal vez lo hubiera rechazado, o las miles de opciones posibles.
Ese día por la mañana, un auto negro se estacionó en frente del edificio, bajaron de éste tres personas, una era el dueño de la compañía Tao, luego su esposa y finalmente su hija Jun. Ese día irían de visita a ver a su hijo. Lo que encontraron fue a Ren abrazado por otro hombre. La sonrisa medio boba que Ren se volvió en una cara de miedo. Únicamente a su padre en todo el mundo le podía temer. Sin dudarlo empujó a aquel chico que justo segundos atrás se le había declarado, a tal grado de tirarlo al piso. No pasaron ni treinta segundos cuando el señor En Tao, padre de Ren, llegó justo al lado de su hijo, miró de lado al joven que se quedó en el piso anonadado. Ambos entendieron que ese día no asistirían a clases.
El Tao tomó del cabello a Ren y lo subió como un vil trapo a su apartamento, detrás de ellas su madre consternada y su hermana suspirando, sin decir una sola palabra.
Horokeu Usui entendió que; aunque Ren lo permitiera, que le dejaran acercarse no sería tan fácil, por la familia que tenía. Se levantó del piso preocupado, el padre de Ren no tenía porque maltratar a su hijo. De hecho, si su padre se enterara, que su hijo era homo; tal vez se molestaría y le dejaría de hablar pero estaba seguro que, sus padres lo entenderían. Con Ren la historia era diferente. Tan sólo ver como trató a Ren entendió que no sería fácil.
En el departamento de Ren, su padre aún del cabello lo arrojó sin escrúpulos, lo llevó hasta una esquina de la casa y levantando su mano con vigor soltó un golpe directo a la fina cara del más joven de los Tao.
-Un Tao nunca, óyeme bien ¡Nunca deja que nadie se le acerque! ¡Un Tao no deja ni siquiera que una mujer lo acose! ¡Un tao no anda haciendo espectáculos y menos con un hombre! – le gritó mientras el menor sólo miraba hacía el piso. Su madre y su hermana no hacían otra cosa más que observar como su marido y padre, jaloneaba a Ren mientras le gritaba con fuerza.
- Te largaras de aquí, te mandaré tan lejos como pueda: a América, a Europa, pero aquí no te quedas entendiste, ¡no quiero como hijo a un asqueroso homosexual!- Ren alzó la cara, se limpió con el dorso de la mano, un poco de sangre que aún salía por su boca y por primera vez en su vida le hizo frente a su padre.
- No me iré ¡terminaré aquí la escuela y luego regresaré a China como dije que lo haría! ¡te juro que cumpliré con mi palabra! su padre ya molesto, se enfureció todavía más, y tomándolo del cuello y azotándolo contra la pared le recalcó cerca de su rostro-
- No te estoy preguntando Tao Ren, ¡te largarás de este lugar!-
- No importa a donde me mandes, ¡soy un asqueroso marica! Si no me dejas aquí será peor para ti, te lo advierto- en ese momento su padre lo soltó, su madre hasta ahora inexpresiva, dejó que de sus ojos se resbalaran algunas lágrimas. Su hermana no pudo hacer otra cosa más que llegar a donde estaba su hermano y abrazarlo tratándolo de protegerlo de lo que ahora vendría.
- Déjalo padre, yo me quedaré con él aquí y cuidaré de que nadie se acerque hasta que deba regresar a China.- Jun, era una chica tranquila, hermosa, delgada, poseedora de unos prenetantes ojos violetas, y un largo cabello verde bien peinado; siempre estaba del lado de su hermano ya que, a pesar de que sabían tenían una familia para ellos, sólo se tenían el uno al otro.
- Hazte a un lado Jun, hagas lo que hagas, Ren Tao hoy va a entender que a En Tao no se le desafía- luego de esas palabras, vinieron más golpes, uno detrás de otro, mientras su hermana y su madre veían horrorizadas la escena hasta que el más joven de los Tao perdió la conciencia.
Tal como la hermana de Ren lo pidió, y casi rogó, le concedieron cuidar de su hermano, su padre le dio la tarea de cuidar a su hermano, desde ese momento hasta que Ren regresara a China era responsabilidad de Jun el vigilar a Ren. Sus padres confiaban en ella para cuidar al heredero de la familia, después de todo ella siempre había seguido las reglas y si no lo hacía, tenían también sus métodos para hacerla entrar en razón.
Por otra parte también sabía de Ren, él nunca faltaba a su palabra; sacarlo contra su voluntad solo traería más problemas, era mejor así según En, si él no cumplía con su deber quién pagaría las consecuencias sería Jun.
En Tao junto con su esposa Ran, salieron del departamento, dejando a Ren bajo los cuidados de su hermana. Ella curó con cuidado las heridas que tenía en su cara y vendó con todo el cuidado que podía las costillas que podían o no estar fracturadas. Veló esa noche cuidando a su hermano a un lado de su cama, que aún no despertaba de la salvaje tortura que le hizo pasar su padre hace unas horas. Dieron las tres de la mañana cuando escuchó que unas piedritas eran azotadas por la ventana. Ella suspiró y abrió. Encontró a aquel chico de la mañana, lo odio. Por culpa de ese sujeto su hermano estaba pasando por esto. Lo miró con desdén mientras observaba de igual manera la cara preocupada del otro. Intentó cerrar la ventana cuando escuchó la respiración medio jadeante de Ren.
- Hermana… sigo aquí- dijo al ver que su hermana estaba en la ventana cerrándola.
- Yo me quedaré contigo Ren, cuidaré de ti… por favor ya no hagas nada, no quiero que mi padre te haga daño- dijo la chica mirando a su hermano. El sonrió un poco.
- ¿Más? ¡Qué más me puede hacer Jun! - justo entonces escuchó como de nuevo, la ventana hizo ruido. Ese chico era persistente, Ren enseguida supo quién era, sintió enseguida como su corazón se contrajo un poco, dio tres pasos con un poco de dolor hasta llegar a la ventana y miró al chico de cabellos azules.
-¡REN! Estás bien, ¿puedo verte? – le habló desde abajo del departamento. Mientras él sólo asintió un poco, casi pudo ver su sonrisa mientras su hermana solamente negaba con la cabeza-
- Ren, ¿seguirás con esto? ¿Quieres que papá me mate o qué? - le dijo mientras lo miraba con cariño, después de todo era hermano, el pequeño.
- Jun, yo… sólo quiero terminar esto, por favor- le dijo en un susurro mientras trato de caminar hacia la puerta de su habitación, conociendo al Usui ya estaría en frente de su puerta.
- Lo quieres de verdad… es tu primer amor Ren, pero tu y yo sabemos que esto no es posible- dijo tranquila caminado un poco más- yo abriré quédate en la cama, es tarde y no estás bien- ella salió y justo como lo prometió abrió.
Ren se recostó en su cama dolorosamente, era la segunda vez en su vida que su padre lo había golpeado, la primera vez fue cuando apenas tenía cuatro años y gritó en su casa que no quería cenar. Ese día entendió que a su padre nunca se le llevaba la contra. Hoy esa misma lección la rectificó. Suspiró pesadamente, no podía seguir con esto por más que quisiera a ese tipo, por más que lo deseara, su padre era sanguinario y cruel cuando algo se le ponía en su camino.
-Ren voy a pasar – esa era la voz del causante de todos sus problemas.
- Adelante- dijo incorporándose de nuevo, mirando al chico que al verlo tan lastimado simplemente corrió conmovido a verlo.
- ¡Maldición Ren! ¡Por qué dejaste que te golpeara! Eres más hábil que esto, escuche lo que dijeron, me quede atrás de la puerta. Ren… no quiero que te vayas, no quiero que te alejen de mí-
- No entiendes, yo nunca te dije que te quiero o algo por el estilo… no eres nada para mí Usui, no te me acerques de nuevo-
- Tú no quieres eso y lo sé bien, no lo voy a aceptar, óyelo bien Ren, ¡no me voy a alejar de ti, te lo juro! – Horokeu Usui abrazó aquel ser que justo ahora se veía tan débil, con la cara hacia abajo y la mirada cristalina, en verdad le dolía verlo así. Hasta ese momento entendió que Ren parecía ser fuerte, pero no lo era; no era más que un títere de sus padres, que se movía al ritmo que otros le imponían. Su carácter era pura fachada, por eso desde que lo vio y notó sus ojos dorados tan tristes, desde ese momento se había enamorado de él.
- Es mejor que salgas de aquí… tú no te debes involucrar en nuestra familia, si en verdad quieres a Ren, mejor aléjate de él.- Jun entró justo cuando escuchó las palabras de ese amigo tan peculiar de su hermano. Ella tenía razón, sólo ella y su madre eran muy consientes de los que era capaz el dueño de las compañía Tao.
- Por favor señorita, si usted quiere a su hermano debe saber lo que siente… ¡por qué le hacen esto! –
- Porque es un Tao y nosotros tenemos ya un destino-
- Por favor, déjeme estar cerca…
- ¿Dime qué quieres de él? dinero, fama, porque eso lo que todos buscan; no sé porque Ren se dejo engañar.
- Yo no quiero nada de eso, no me hace falta nada, yo lo quiero y hasta hoy nunca me he acercado a él… yo sólo quiero ser su amigo y nada más le juro que no seré más que eso.
- Por tu culpa Ren se enfrentó a mi padre, mira como está, ¿quieres que mi padre le haga otra cosa? ¿Quieres que te haga algo a ti o a tu familia?
- Ya basta, yo sólo… yo quiero a Ren, no sabía que fuera un delito querer a alguien…
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Ren Tao abrió los ojos cuando sintió una patada en el estómago que lo dejó sin aire, jadeó para recuperar el aliento, entonces miró a Horokeu Usui de pie frente a él. Apenas y había dormido unas horas cuando lo despertó el Ainú. Recordar lo que había pasado hace años, no sabía si era doloroso, extraño, bueno o simplemente un recuerdo simple y llano sin ningún trasfondo más. Ren tao lo miró y aún en contra de la situación le sonrió de lado, Horokeu Usui alguna vez le juro que nunca lo dejaría. No se imaginó que fuera cierto, aunque a decir verdad él ya no era para nada el chico amable, sonriente que había conocido. Lo trataba como si de verdad no lo conociera; era más alto, su cara se veía endurecida y sus ojos… aquellos ojos dulces y amables se veían indiferentes a la realidad.
-Ya pasaron suficientes horas para que den aviso a la policía, pero no lo han hecho Rency dime,¡que no le importas a nadie! – le dijo tomándolo del cuello de la ropa, para mirarlo a la cara.
- Te dije que no lograrías nada, ¡que es lo intentas! Si vas a matarme hazlo de una vez- gritó, como respuesta tuvo un golpe en la cara, luego la navaja de ese chico del cual tenía tantos recuerdos, se acerco muy próximo a su cara.
Muchas GRaciass CHOCOLANA la verdad ahora me pesa mucho escribir no he estado en mis mejores tiempos, pero gracias a ti a tus ficss me inspiré enormemente, gracias por tu tiempo, te admiro mucho como te dije eres mi Heruuue jeje
