Antes que nada, oficialmente el fic comienza desde aquí, los Cap. anteriores fueron el preámbulo a toda la historia. Esos Cap. son importantes antes para saber

Crónicas de un secuestro

Capitulo 1

Aquel amargo despertar, la historia de Horokeu Usui.

Cuando despertó, lo primero que vio fue el techo blanco. Luego miró hacia ambos lados todo parecía ser tan blanco. Por un momento sintió que había muerto, pero esa pesadez, se sentía muy humana. Poco después sintió un dolor en el pecho, identificó ese sentimiento tan molesto que llegaba hasta el estómago como ira. Sintió ganas de golpear algo, pero no estaba muy seguro del por qué.

Pocos minutos después un poco de luz y enfocó mejor, ya no todo parecía tan blanco. Él mismo estaba recostado en una camilla. Una puerta se abrió, de esta salió una joven mujer. Su cara era pálida y su tez blanca, sus ojos azules profundo. Su temple era por mucho neutral.

Pronto la mujer le preguntó como estaba, él arrugó el ceño y no supo que contestar. Se sentía irritado, molesto con una gran ira pero no sabía por qué. Luego trato de explorar un poco más en sus pensamientos. Descubrió que no había nada. Creyó que sentiría miedo al intentar preguntarse quién era, pero el miedo nunca llegó. Luego sintió nauseas, luego un profundo mareo. Poco después se desmayó de nuevo todo estaba oscuro de nuevo.

Aquella mujer era la enfermera del lugar, su nombre era Eliza. En cuanto notó como aquel joven había desmayado de nuevo, sin responder nada supo que su caso sería difícil y que esta noche tampoco regresaría temprano a casa. Cuando encontraron al chico estaba inconsciente bajo un puente lleno de sangre, la policía lo llevó al hospital. Lo reconocieron como Horokeu Usui. Tenía 17 años, alto, buen índice de masa corporal, buena salud en general lo que cualquiera llamaría un chico perfecto. Realmente no tenía ninguna herida. Cuando ella lo vio estaba lleno de sangre con los ojos abiertos y en estado de shock. Entendió que, no solo había pasado por un shock traumático, sino que también tomaría años en que ese joven volviera a ser el de antes. Ella supo, por su esposo la verdad sobre él sin embargo, creyó que eso era algo de lo no se debía hablar.

Horokeu Usui despertó de nuevo al siguiente día, temprano por la mañana. Eliza estaba ahí cuando eso pasó, por eso lo primero que el joven vio fueron los ojos de esa mujer. Ella le sonrió, aunque para ser sinceros, las sonrisas eran algo que no le quedaba muy bien a la rubia enfermera.

Lo primero que hizo fue decirle que día era, Noviembre 9. El alzó el cejo y asintió, luego se presentó ella mismo como su enfermera, también le dijo que estaban en el hospital y que, él no tenía indicio de estar "enfermo" que solo estaba en supervisión, que no se angustiara. El joven de azules cabellos parecía escuchar y entender lo que ella le decía, pero aun así no pronunció ninguna palabra hasta que sintió la necesidad de hacerlo. Luego la miró y se miró así mismo, notó que traía una bata blanca que le dejaba descubierta la espalda, esa era la razón por la cuan tenía frio en la espalda. Luego miró su piel pálida y blanca… sintió como si él mismo no se reconociera. Miró luego que a pesar de poder moverse sus brazos están sujetados a la camilla

-Un espejo- fue lo que primero que dijo después de despertar de cierto letargo, del cual; no estaba seguro, cuánto tiempo había estado. Eliza pareció estar un poco feliz al escuchar la voz del joven y después de buscar algo en un bolso rosado sacó un espejo pequeño que enseguida le dió al joven Usui.

El se miró, se encontró extrañado al no reconocerse. Se sintió vacio, pero ya no se sentía molesto. Algo le reconfortó. Sus ojos eran azul profundo. Mucho. Eran tan penetrantes que parecían ser negros, pero no lo eran. Sus cabellos estaban desordenados y sintió el impulso de recogerlos con algo. Azul cielo con raíces negras. Su expresión era lo que más le sorprendía, era seria y molesta… y era como si ese no fuera él. Sin embargo sintió un chispazo en su cabeza. Su nombre salió de labios.

-Horo-Horo… no- se detuvo, como si esas palabras fueran un completo error- Horokeu Usui- dijo, notó que la enfermera le sonrió asintiéndole, entonces ese sí era su nombre. Luego la vio intentar decir algo, pero se pareció pensarlo mejor y no decir nada.

- ¿Quieres algo de comer?- le dijo la rubia, entonces sintió como si no hubiera comido en años, luego asintió.

Después de unos minutos ella salió y él se quedó solo de nuevo. Intentó pensar, pero su cabeza le dolía y mucho. Indagar en su mente más allá de un nombre era doloroso. Algo en si mismo le decía que no lo hiciera, y decidió no hacerlo. Después de todo, no entendía bien todavía lo que pasaba.

Sintió el aroma de la comida, y luego la necesidad de comerla, quiso hacerlo, pero recordó que sus brazos estaban sujetos, era por eso que no se había podido mover con libertad. Cuando vio de nuevo que la puerta se había abierto la enfermera, Eliza ahora estaba acompañada por una joven, tal vez de su edad o menor. No estaba seguro. Era simplemente hermosa de ojos rojos profundo… sintió miedo por el color de los ojos pero la sonrisa que ella tenía lo tranquilizo, eso y la comida que traía en una bandeja.

-hola, mi nombre es Jeanne; soy voluntaria en este hospital y deseo ser trabajadora social y ayudar a las personas- eso había sido mucha información para él, pero sintió la necesidad de sonreír, pero algo en eso falló y solo asintió.

- señorita Jeanne, le suplico que sea más cuidadosa- la reprendió Eliza, el trato para él, Horokeu Usui, era algo delicado. Mucho.

- discúlpeme, yo me encararé- le dijo mirando al joven de cabellos azules, la enfermera enseguida los dejó solos.

Al mirar a ambos lados, Horokeu Usui notó la mesita donde pusieron su comida y aquella chica, Jeanne dejó el platón. Ella tomó un poco de sopa y se la dio directamente en la boca sonriéndole. El arrugo en entrecejo. Ella notó la molestia, seguramente el chico debía de sentirse incomodo comiendo así…

-¿Quieres que te suelte?- le preguntó ella al chico de ojos azul profundo con una sonrisa en los labios mientras aun sostenía la cuchara en sus manos.

-¿Por qué me tienen así?- dijo curioso, ralamente era extraña esta situación, y aun así no se sentía ni un poco incomodo, solo le molestaba no comer solo. Era como si esas mismas ataduras lo estuvieran protegiendo de él mismo.

- solo son reglas, y en verdad me parece tonto que hagan esto… - ella lo miró indignada, seguramente era un trato injusto a cualquier paciente.

Le quitó esas correas que lo tenían atado a la camilla y para su sorpresa él solo se limitó a comer sin decir absolutamente nada.

Jeanne había llegado muy temprano por la mañana, como todos los días al hospital. Horokeu Usui había ingresado horas antes, desde que estaba ahí había sido atendido por el doctor Fausto y Eliza entrando a la zona psiquiátrica después de un chequeo de rutina. Ella lo vio sedado y quieto, su primera impresión era que, sin duda era un chico bueno, no tenía por qué estar ahí. Según escuchó hablar él estaba en estado de shock cuando lo encontraron y, cuando intentaron ayudarlo de aquel "percance" (del cual tampoco sabía nada), había atacado a cuanto se le acercara. Por eso había estado sedado. No despertó hasta tres días después. Ahora igual le parecía una persona tranquila. Eliza le dijo antes de entrar que ese chico, no recordaba nada más que su nombre. Y al menos hasta que llegara Fausto no lo podían inquietar, tampoco decirle nada impropio.

Aun así, para ella, era injusto que estuviera atado, y cuando lo liberó se dio por satisfecha al notarlo tranquilo y, hasta fuera de sí mismo. No lo iba a negar, tenía una gran curiosidad por saber quién era, que le había pasado y que era "eso" tan grave que al menos hasta ahora nadie había querido decir.

Cuando el Usui terminó de comer, la joven chica de ojos rojos estaba tan absorta en sus pensamientos que olvido que él estaba ahí. Fue su voz fría la que la hizo volver en sí.

-Lo odio- dijo tan fríamente aquel joven, mientras clavaba su mirada en la de Jeanne que ella sintió su piel erizar. Tragó un poco de saliva al sentir aquella mirada helada sobre de sí. Casi por inercia se levantó de su asiento un poco intimidada retrocediendo un poco.

- Yo…- Jeanne tartamudeo un poco, luego el joven sonrió un poco, cosa que la hizo desconfiar. Aquello que ella sentía sin duda era miedo. No sabía como una mirada podía trasmitir tanto rencor. Pero a los pocos segundos esa gélida mirada cambió.

-Estaba delicioso gracias- él se recostó de nuevo en su camilla, luego suspiró.

El mismo no se había dado cuenta de lo que había hecho, y si le preguntaban podría jurar que nunca había pasado tal acontecimiento. Por otro lado Jeanne sintió que sus manos le temblaban un poco, y se exaltó cuando escuchó el sonido de la puerta.

De ésta entró un médico rubio de ojos azules y grandes ojeras. Fausto. Él miró el cuarto, luego a su paciente, sin dudarlo un poco le sonrió y le dio los buenos días. Notó a la joven chica de cabellos largos inquieta, a la cual regañó con la mirada. No debía soltar a aquel chico, al menos no por ahora. Sin embargo le tranquilizaba al doctor notar que, él estaba quieto y sentado. Jeanne salió de la habitación dejándolos solos, esperando realmente, no volver entrar ahí. Había algo en la mirada de ese chico que la hacía pensar que se había quedado sin alma y que era capaz de hacer cualquier cosa. La idea le aterraba en verdad, y pensar que era tan guapo.

El doctor lo miró con algo de desdén, y también mucha curiosidad que no logro siquiera simular, y que, de igual forma no molestó en lo más mínimo al joven Usui.

-¿dime tu nombre?- Le preguntó ansioso al verlo reaccionar. No lo iba a negar este chico era el mejor espécimen que había conseguido. Era como sacarse la lotería según él. Si tenía que ser sincero no le importaba mucho la ética profesional, tampoco la salud mental del chico… solo quería complacer su curiosidad.

-Horokeu Usui- le contestó el otro mirándolo a la cara, él joven notó la sonrisa hipócrita y sintió algo de molestia ahora sí, cosa que sintió extraña, ya que a pesar de que las pocas sensaciones que había tenido hasta ahora, realmente no las podía juzgar como bondadosas.

-¿Cuántos años tienes?- le preguntó de nuevo, a lo que él otro solo negó con la cabeza para luego solo mirara melancólicamente hacia el techo. Había llegado la hora de saber… lo que no sabía.

-¿sabes por qué estás aquí?- Horokeu nuevamente negó con la cabeza mientras que aquel doctor tomaba nota.

-¿Hay algo que recuerdes?- nuevamente negó con la cabeza, mientras el doctor anotó de nuevo.

-te seré sincero y… a pesar de que sabemos quién eres, lamentablemente no encontramos ningún familiar tuyo. Así que- continuo hablando, pensando en todo lo que podría hacer con este paciente, sin duda una buena investigación sobre este caso y este tipo en particular de pacientes representarían todo una novedad, un premio, reconocimientos… pero fue interrumpido

- ¿no hay nadie que me espere?- pronuncio el joven de cabellos azules, para luego sonreír.- pero yo recuerdo un lugar a donde puedo ir- le dijo a al doctor, que enseguida anotó.

- claro, si recuerdas algo dímelo-

- yo recuerdo- al decir eso el joven apretó los ojos con fuerza, para luego, de nuevo sentir que todo estaba oscuro de nuevo y caer dormido.

o-o-o-o-o-o-o-o-o

Ren Tao tenía la mirada perdida, dio un fuerte suspiro. Pasó una de sus manos por su cara, y luego solo negó con su cabeza. Era lo peor que, había hecho en su vida. Se sentía miserable, ruin y a pesar de eso no se podía arrepentir. Tomó su maleta y se dirigió justo a Narita donde una avión privado le esperaba para ir a China por un tiempo.

Él había prometido y jurado a su padre que haría las cosas a su modo, y a pesar de todo bien que mal lo había logrado. Sin embargo se había dejado arrastrar por él. No tenía otra opción; lo que había hecho era por su propio bien. Y esa frase la iba a decir toda su vida si era necesario. Aunque le doliera en el alma y dejara atrás su verdadero yo, no iba a retroceder. Después de todo, si su papá hubiera intervenido y se enterara de que su hijo "el gay" se había dejado seducir por ese chico de cabellos azules habría sido pero, mucho, mucho peor.

Después de todo, era lo mejor para los dos, seguramente Horokeu Usui lo iba a odiar por el resto de su vida, pero era un precio que estaba bien dispuesto a pagar con tal de que esa relación entre ellos nunca se supiera. Eso era secreto que se iba a quedar guardado por siempre. Horo- Horo, su amado Horo- Horo, tenía que olvidar todo eso, salir adelante y darse cuenta que era simplemente lo mejor para los dos.

Cuando llegó al aeropuerto, su celular sonó tres veces… el temor lo invadió solo pensar de que fuera él. Las manos de Ren Tao se tensaron, tambaleó un poco pero siguió adelante hasta llegar al avión. Él estaba seguro de que si contestaba no sería de capaz de irse.

Cuando abordó y al fin despegó, notó que quien llamaba no era más que su padre, suspiró aliviado. Aquella sensación de tranquilidad no tardó mucho cuando pudo marcar y llamar a su padre del avión. Se quedó helado cuando supo que, su hermana Jun Tao estaba hospitalizada en Japón, no tuvo otra opción más que regresar e ir a donde estaba su hermana.