Dedicación especial a Sad Wisper.
Crónicas de un secuestro
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Capitulo 3
Dinero
Ren Tao sabía que para empezar una nueva vida, se tenía que mudar de casa. Así lo había hecho. Había sido complicado buscar un lugar puesto que, tenía que administrar el poco dinero que le quedaba en la cuenta de ahorros. No solo eran los gastos de aquella clínica de rehabilitación, también eran sus gastos personales, que para su pesar, eran bastante exigentes. Tal vez eran malos hábitos, pero si no era comida china tradicional no comía. Era realmente complicado. También estaba lo del proyecto de empresa con esos sujetos.
Después de dejar a su hermana en la clínica. Encargarse del nuevo papeleo, trató de no pensar y actuar de manera automática. Justo cuando acabó, llegó a su nueva casa. La cama tendida armoniosamente la des-tendió, se hundió en ella y sintió el aroma a nuevo de aquellas finas fibras de seda. Se puso en medio acostándose boca abajo, estando seguro de que ya nadie estaba cerca maldijo fuertemente en la almohada. Se encontraba solo, completamente. Sintió que solo por ese día se iba a dar el lujo en toda su vida de llorar y lamentarse como un bebe. Había perdido todo en menos de una semana.
Cuando era pequeño Ren Tao, entendió que sus padres no lo querían. Su madre pocas veces le dedicó una mirada. De hecho su madre no quería nadie que no fuera ella misma. Era una mujer amargada que se había casado por imposición y odiaba a En Tao, también a sus hijos y la única vez que mostró algo de cariño, fue cuando la mujer se sintió sola. Aún así a Ren Tao no le hizo falta el amor de su madre. Estaba Jun, ella lo cuidó, lo crió y le enseñó lo que era el cariño. El amor de su hermana fue incondicional. Sin embargo él mismo se estaba convirtiendo en su padre, no entendía como es que se lograban copiar las conductas. Tal vez era la dichosa genética. Salió de casa buscando su propio camino, según el Tao, para no ser como su padre; pensó que estaba solo de nuevo.
Conoció al Usui. Era paradójico, siempre había sido egoísta. Él se sentía solo y le decía a los demás que era una persona solitaria y que así era feliz. Tal vez se estaba convenciendo a él mismo. Jun nunca lo dejó solo y poco después estaba Horo-Horo. Su soledad en concreto era una mentira que él mismo se hacía.
Y lo peor del caso es que no solo era el Usui, también había personas que buscaban su amistad y él simplemente las ignoraba, pretendía que no existían… pero ahora. Ahora si podía decir que estaba completamente solo.
Jun ya no estaba, no sabía bien la razón, pero presentía que era su culpa. Tampoco estaba el Usui, y el mismo se había encargado de alejarlo y lograr que lo odiara. Provocando con eso que, sus "amigos" lo hicieran a un alado. El único que seguía a su lado y por interés, era Hao. Y Hao y nada era lo mismo. Al menos para él.
Estaba solo, completamente solo. Y ahora sí, no era una falacia boba que él se inventaba para sentirse desdichado y por ende más fuerte. Lo mejor para él ahora, dormir. Cubrirse por completo y olvidarse de todo por unos días y ya después… seguir adelante. Ahora no solo era por él, también era por Jun y por un nuevo motivo que ahora tenía en mente. Haría lo que fuera por tener el perdón del Usui. Porque la verdad después de lo que había hecho y de que, el mismo Usui le había escrito que era igual que su padre, sintió por primera vez remordimiento, y aquel peso de conciencia. Dormir… ya luego lo demás.
Japón no era la gran cosa, sin duda su país era mejor En china todo era mejor según el Tao. Pero al menos estaba lejos de su casa y sobre todo de su padre. Llevaba tres maletas; una pequeña y dos medianas. Lo más importante para su vida en ese lugar. Según sabía la mejor escuela privada estaba ahí. Ya tenía un departamento listo y amueblado solo era cuestión de llegar. Y así lo había hecho.
Cuando llegó a los condominios privados había unas personas afuera, eso daba muy mala imagen, pensó, era un grupo colorido. Parecían divertirse, pero la apatía de Ren Tao los superaba. Ese día en ese lugar por la mañana la mirada de Ren Tao se cruzó por primera vez con la de Horokeu Usui. Ren pensó que ese sujeto de pelos azules era un idiota. Y siguió su camino hasta su departamento. Horo-Horo no pudo evitar mirarlo por detrás y pensar que ese chico de cabellos violetas era increíblemente sexy.
Horo se había quedado embobado y fue la burla de sus amigos por más de una semana. Desde ese día Horo había querido ser amigo del joven chino recién llegado y lo iba a lograr. La mayor sorpresa de los dos fue saber que estaban en la misma escuela, mismo salón. Ren Tao parecía odiarlo, y Horo adoraba hacerlo enojar, ya que solo así podía tener un poco de atención de su parte.
Los días para Horo habían tomado sentido, desde que el chino había llegado a Japón. La escuela no importaba mucho hasta esos días, nunca le había gustado después de todo. Además era terrible para las matemáticas. De hecho para pasar la materia, no era secreto para nadie, que se sentaba atrás de Manta Oyamada. Era tan sínico que se encargaba de copiar casi todos los exámenes y pasar la materia sin ser descubierto por el profesor. La verdad era un as, si se trataba de hacer trucos sucios. Nunca se levantaba temprano y de hecho… hasta que llegó Ren a esos departamentos, nunca había llegado temprano a clases. Todo con él era diferente.
Ren Tao salía temprano y con suficiente tiempo para ir a su escuela, podía tomar su limosina, pero prefería salir caminando. Los primeros días iba solo caminando a esa escuela para jovencitos ricos. A la semana siguiente, ojeroso y como si fuera un zombi; Horo-Horo lo saludó. Lo recordaba tan claramente…
-¡Ren! Buenas madrugadas- dijo en una mezcla graciosa entre sonambulismo y alegría matinal.
-Te caíste de la cama por lo visto- contestó el chico de ojos dorados mirándolo de reojo tratando de disimular una sonrisa, al ver a aquel sujeto caminado de lado.
- Dije que nuca más llegaría tarde- mentira, la verdad era que se había propuesto caminar por las mañanas con Ren.
-Estoy seguro que mañana por la mañana ni siquiera llegaras a la segunda hora- lo miró con desdén, doblando a la esquina. Ren Tao lo había tratado de ignorar, pero solo se había quedado en tratar. Desde que le habían asignado el lugar atrás del Usui, no podía dejar de notar esta mata azul de cabello; hiperactivo y alegre no escatimaba en llamar la atención de todos. Y todos lo querían, no como a Ren. Lo quería odiar.
- Y yo estoy seguro que el señorito sale tan temprano de casa porque no puede caminar rápido- y sus tontos comentarios, le hacían hervir la sangre… el Tao lo quería odiar más y más; pero el Usui lo miraba con sus ojos brillantes y esa sonrisa alegre. Por lo tato… no podía odiarlo.
-Sí que dices incoherencias, te afecta pararte temprano inútil- entonces el Tao prefería ignorarlo y seguirse de largo. Pero tampoco podía.
-El señorito es muy lento- luego de eso el Ainú rió un poco y caminó más rápido. Ren simplemente no podía ignorarlo; ese sujeto le podía.
-Estas intentando retarme- lo que seguía, en menos de una semana, ya se habían convertido en clásicas peleas.
-No te oigo, estas por detrás de mí mordiéndome el polvo-
-Cállate imbécil no me puedes derrotar en algo tan simple- y los dos competía; Horo le sonreía, Ren fruncía el ceño. Ninguno ganaba, tampoco perdían. Pero las mejillas sonrojadas de ambos por el cansancio, las gotas de sudor, las respiraciones agitadas bien valían la pena. Para ambos. Y esa imagen en la mente de Ren, de esa primera vez caminando juntos hacia la escuela nunca la olvidaría. Tal vez porque desde ese momento se había enamorado del ainú. Aunque eso no lo iba a admitir… hasta mucho tiempo después.
Al menos ya tenía ánimos para levantarse de su cama, habían pasado casi dos días y no había comido nada. Se sintió estúpido y por alguna razón se acordó de nuevo del Usui. El siempre se levantaba porque su estómago lo demandaba. Ahora lo entendía un poco, a veces el hambre mueve. Lo primero que tenía que hacer era comer algo; esta vez comprar algo y aunque no fuera comida china… tratar de comerla. Luego llamar a Hao y empezar el proyecto de las compras de empresas en banca rota; tenía que buscar su propio camino… lamentarse, ya lo había hecho. Sufrir justamente lo necesario, ni nada más ni nada menos, el no se iba a dar el lujo de sufrir toda la vida y ser considerado un perdedor... aunque le dolería. Mucho. Su ego y fuerza de voluntad eran más grandes. Tenía una promesa que el mismo se había hecho, enmendar sus errores; cuidar de su hermana y entre sus planes, no había vuelta atrás.
Ahora si estaba solo, ya no tenía la sonrisa resplandeciente de Horo, tampoco tenía a su hermana… Yoh seguramente estaría del lado de Horo y a decir verdad… lo agradecía, el necesitaba ahora un apoyo y… Ren Tao no se atrevía a acercarse a Yoh; por respeto.
Hao era otra historia, era el hermano gemelo de Yoh, el relegado de la familia Asakura; era sínico e irreverente. Odiaba a Yoh, y no se frecuentaban en lo absoluto, y él… en gran parte había ayudado a hacerles "eso" a Horokeu Usui y a su familia.
-Buenos días señor Tao; ¿está listo?- escuchó decir con una voz burlona. Hao ya estaba ahí esperándolo para buscar las nuevas oficinas donde, de ahora en adelante pondría la nueva industria Tao.
-Déjate de tonterías… es hora de empezar Asakura- Ren miró al Asakura con cara de circunstancia y sobre todo apatía, dándole a entender que no tenía ganas de juegos bobos.
-Es lo menos que esperaba… después de todo desapareciste por una semana, pensé que huirías a China- Hao, miró al Tao; eso en su idioma se traducía a una preocupación. Tal vez. No estaba seguro. ¿O solo era sarcasmo?
- No estaba huyendo- dijo respirando y tratando de no pensar en lo mismo.
- ¿Te remuerde la conciencia chinito? Pero no te preocupes, después de todo… el dinero no les sirve de nada a los muertos- Hao suspiró, y por sus palabras parecía que no estaba jugando, Ren Tao sintió su cuerpo helado.
- ¿Qué dijiste?- lo miró escudriñando su cara encontrando un aire de melancolía poco usual en él; eso significaba algo. Los Usui habían muerto.
- No lo sabías- Hao miró al Tao como si todo el mundo tuviera la obligación de saberlo. Y tal vez tenía razón, después de todo, la familia Usui era muy importante. Pero más importante para el Tao era su hermana.
-Los Usui… tuvieron un accidente de auto, salió en las noticias yo creo que se suicidaron- aunque su voz sonó un poco quebrada al inicio, después de unos segundos pareció reducir de importancia el asunto. Ren entendió el porqué decía si le remordía la conciencia. Ren se quedó estupefacto, lo primero que se vino a la mente fue que, el padre de Horo pudo haber hecho algo estúpido. Aun así; lo que importaba ahora era él… la persona más importante para Ren. Horokeu Usui.
-Horo- dejó salir de mis labios, mientras el joven de ojos castaños se tapaba la cara con una de sus manos; después de todo. El sabía lo que una vez paso entre el Usui y yo.
- El está desaparecido, o al menos es del único que no encontraron el cuerpo- Respiró hondo; el podría estar vivo en algún lugar… sin duda lo estaba. Horo, Su Horo tenía que estar vivo, tenía que vivir para vengarse de él. Porque, ahora no había duda su familia había muerto y lo más probable es que era la culpa del Tao.
-Estás hablando de ellos como si fueran simples animales Hao- El Tao miró la cara de fastidio de su compañero, se veía angustiado, pero lo disimulaba muy bien.
-Solo son seres diminutos Ren… diminutos- habló despacio mientras tajaba esa conversión inútil que solo lograba hacer sentir miserables a los dos.
-Y nosotros una escoria de la sociedad- ironizó, pensando en todo lo que había hecho… nunca se había imaginado que todo terminaría así. Sobre todo porque él; lo único que quería era protegerlos de su padre. Al final terminó siendo peor.
- Una escoria con mucho dinero- finalizó, al menos tenía razón; Sin los Usui, y con Horokeu desaparecido, esa estafa que habían hecho… los dejaba con bastante dinero. Más de que lo que necesitaban para empezar su nuevo proyecto.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
El Usui cruzó la mirada con un joven de cabellos castaños y una sonrisa alegre, este lo abrazó enseguida. Supo que era el tal Yoh Asakura, la única persona que lo conocía. Justo ahora estaban en una camioneta con Jeanne y otras dos personas más. Los que lo habían ayudado a huir de ese hospital psiquiátrico. Habían aprovechado la llegada de un nuevo paciente que, al parecer tenía un trato especial. Todo ese escape había sido planeado por esa jovencita de cabellos plateados y ojos rojos.
-Horo, ¿A dónde quieres ir ahora?- la voz del joven castaño resonó en la camioneta, el Asakura menor sabía que Horo no recordaba más que su nombre, esperaba que lo reconociera, pero por la mirada hostil del Usui supo que no.
-Me da igual- Dijo mirando hacia afuera, esa ciudad para nada se le hacía conocida. Hasta ahora lo único que podía reconocer era la cara de Jeanne, la de Fausto y la enfermera Eliza. Eso era hasta ahora su pequeño mundo.
-No podemos ir a mi casa, si te buscan será el primer lugar donde empiecen a buscarte…- el joven de cabellos castaños se veía preocupado y parecía sonreír falsamente. Horokeu Usui pensó que; sin duda; el castaño se vería mejor con una actitud más despreocupada.
- No, lo mejor es que Horo-kun se quede en mi departamento por ahora, yo lo cuidare de él- Jeanne por su parte, miraba preocupada al Usui esperando ver en él una pequeña reacción, después de todo, había escapado del hospital, además de enterarse que su familia había muerto; sin embargo el Usui parecía estar al margen de esto. Más bien era como si le diera poca importancia.
-Señorita Jeanne, me opongo completamente a eso; no dejaré que un sujeto peligroso como él se quede con usted- Habló el dichoso Marco, un hombre rubio y alto. Esa persona tenía una fiera convicción a todas las palabras de Jeanne, pocas veces se oponía a lo que la jovencita dijera.
-Lo siento Horo-Horo no puedo hacer nada… ni antes ni ahora… lo siento- Yoh miró a su amigo con angustia, parecía culpable y arrepentido.
- No te preocupes, te perdono sea lo que sea que haya pasado- dijo mirándolo seriamente, Yoh Asakura sintió que esa mirada le traspasaba.
-Pero- intento hablar, buscaba algo en esa mirada; pero realmente no encontraba nada
-No recuerdo nada, no me importa nada… es estúpido de tu parte que te disculpes conmigo, yo no soy la persona que tu recuerdas. De hecho me temo que… el Horokeu Usui que tu conocías ya no existe. – luego de eso Yoh dirigió su mirada hacia afuera, y no pudo hacer otra cosa más que recordar la mirada de Horo… la de antes.
-Yoh… él me gusta- dijo mirando por la ventana al chino que se encontraba fuera del salón, regresando del almuerzo. Horo nunca le había guardado ningún secreto a Yoh, después de todo, era su mejor amigo.
-¿Y ya se lo dijiste?- comento el castaño riendo un poco, pues le alegraba ver que su amigo estaba más entusiasmado que de costumbre, los ojos del Usui brillaban alegremente al mirar al chino. Ese chico nuevo que tenía apenas unas semanas en su colegio. A Yoh Asakura le había parecido una persona bastante cerrada, y las pocas veces que había cruzado palabras con él, era para simples frases. No sabía cómo juzgarlo, pero si a su amigo le gustaba tanto, no debía ser una mala persona.
-Si le digo algo como eso Yoh, o me mata o se cambia de escuela- Horo rió un poco y lo siguió con la mirada hasta que se sentó en su lugar el chino.
-¿Qué tanto me ves idiota?- Yoh los miraba, Ren parecía no tener ni la más remota idea de lo que sentía Horo por él; y Horo no parecía que le importarse.
- Cada día estas más feo- Dijo el Usui, lo miró con burla mientras Yoh solo reía por la forma en que el chino se ponía rojo de furia y su amigo sonreía.
-¿Cómo te atreves? Crees que tú eres muy apuesto o algo por el estilo- El chino lo miraba con molestia y sobre todo con un aire de superioridad; pero al Usui no le molestaba en lo mas mínimo al contrario parecía divertirle.
-pues si… mírame soy sexy- y después de eso; venía la pose del Usui desabrochaba un botón de su camisa y sin exagerar; hacia la pose más sensual que salía de él. Para todos ahí era una clásica broma. Yoh conocía a Horo- Horo haciendo esa pose, cada que alguien preguntaba del más sexy del salón Horo se ponía de pie y casi gritaba a los cuatro vientos… que el era el más sexy del salón. Era mentira, todos sabían que el más sexy era el hermano gemelo de Yoh…. Ren Tao había visto esa "broma" por primera vez. Lo miró incrédulo, abrió la boca; luego la cerró sin decir nada y finalmente un sonrojo se formó en sus mejillas.
-Tarado- fue todo lo que dijo antes de salir de nuevo del salón con dirección al baño. Yoh de nuevo reía bobamente al notar la reacción del Chino y luego la cara de sorpresa del su amigo, nadie se esperaba una reacción así.
-Yo creo que… deberías decirle lo que sientes jijijiji no creo que lo tome tan mal- le dijo el castaño mientras Horo sintió sus mejillas rojas… no se imaginó que algo así sucediera. Después de todo… había sido una simple broma.
- Sabes Yoh algo dentro de mí me dice que no me debo acercar a él... pero me gusta tanto-
-Yo creo que debes arriesgarte… no creo que tengas mucho que perder, además el no parece mala persona.
Yoh pareció sentirse más culpable; después de todo, si Horo nunca se hubiera acercado a Ren nada de esto habría pasado… era tan amargo lo que estaba sucediendo. Entonces pensó en algo, la única persona que sabía que era amigo de Horo y que tenía más de dos años sin verlo… aquel chico que odiaba a Ren y por culpa del chino se había cambiado de escuela. Él sin duda podría ayudar a Horo.
-Nicrom… ¡él puede ayudarte!- dijo enseguida, mirando a Horo, quien lo miraba con cierto grado de duda.
-Yoh ¿Quién es ese Nicrom?- preguntó la joven de ojos rojos esperando que Nicrom fuera algún familiar, aunque sea lejano del Ainú.
- El esconderá a Horo; el haría lo que fuera por… El nos ayudara- dijo sin dar más explicación esa pregunta tenía una respuesta simple… era la persona que estaba enamorada de Horo; desde que habían entrado a la secundaría que, por mas que había insistido nunca había conseguido más que un simple "no te quiero ilusionar" de Horokeu Usui. Aun antes que el mismo Ren apareciera.
- Esta bien, guíanos hasta el lugar donde está el-
-Claro…- Yoh sabía que si Horo estaba con Nicrom… él podía manipularlo, también sabía que no había otra opción estarían buscando a Horo del hospital psiquiátrico, y… en su casa no podría estar Hao acaba de llegar de Londres y Hao… ese tonto había ayudado a Ren a hacerle eso a su amigo. Realmente no entendía cómo es que Ren había hecho algo como eso. Yoh realmente creía que Ren correspondía los sentimientos de su amigo. El también confiaba en Ren.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
¿Cuánto tiempo sin escribir por estos rumbos? Ya los extrañaba. Bueno a sus reviews, espero que también me extrañen y les gusten oneshot que he escrito y dejado por aquí. Como saben algunos, no tengo mucho tiempo para los fics y mi pc no coopera. Este, me temo será el ultimo fic largo (más de 5 CAP). Pensaba un retiro definitivo, pero si dejo de escribir me muero (metafóricamente hablando), es algo que me gusta mucho hacer. Como consecuencia cada que pueda (lo cual será más o menos seguido) subiré cuanto escrito insano se me pase por la cabeza. Ideas cruzadas, one shots, drables y demás. También haré de beta reader. Tengo tiempo para leer y corregir fics, así que si alguien quiere ayuda me dice. En fin… tal vez últimamente ponga notas… un tanto extensas y nostálgicas… es la temporada disculpen. Sin más el fic; gracias por leer, gracias por dejar sus comentarios.
