Hola minna! ¿Cómo están? Espero que bien, esta vez sí tardó la actualización disculpen y la próxima también tardare un poco. Pero sean felices un Cap. mas y se viene el secuestro de Ren! Este Cap. está un poco lento, la razón es que de cosas de aquí y de allá es que; se aclara todo. Hay muchos personajes que solo salen una vez y no saldrán mas y otros que si son importantes no los olviden en fin. Les dejo el fic. ¡Comenten! Y no plagien o se quedaran calvos.

Crónicas de un secuestro

Capítulo 4

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o

Acosado

La luz apenas alumbraba cierta parte de la calle, dándole un toque sombrío a aquella llegada inusual. Los pasos hacían ecos entre las calles deshabitadas a esas horas de la noche. Las miradas que iban y venían preocupadas daban unos tintes más tétricos a ese momento incomodo que se había formado. Era viernes por la noche. Los ojos rojizos de la joven Jeanne se iluminaron cuando, después de tocar aquella puerta, una sonrisa cálida los recibió. Era un hombre alto que transmitía un aire de serenidad y sobre todo, parecía nada tener que ver con el delicado asunto que los había llevado hasta ahí.

Yoh saludó amablemente a quien abrió la puerta y enseguida pregunto por quien, en determinado momento salió. Taciturno y con la mirada perdida Horokeu Usui esperaba en el auto. Realmente no tenía mucho ánimos de ponerse en pié. Pero cuando Marco le indicó que saliera, este salió del auto con dirección a aquella casa. Un aire peculiar se sintió en el ambiente, que lejos de ser hostil, como Yoh esperaba, era más bien hogareño. El castaño se sintió un poco más tranquilo. Si Nichrome no estaba solo; Horo sin duda estaría en buenas manos.

-El está aquí- miró al joven de ojos negros y mirada profunda, después de saludar cortésmente a quien, identificó como el hermano de Nichrome; Chrome.

-Claro, ya le tengo preparada una habitación- dijo con voz afable mirando a todos los presentes; luego simplemente sonrió el hermano mayor del Nichrome.

-Espero que Horokeu se sienta mejor aquí- Jeanne acotó después de mirar un poco el lugar por fuera. Era una casa no muy grande, tampoco se veía lujosa pero transmitía un cierto aire de calma. Luego miró al joven Yoh que miraba con cierta inquietud a Nichrome.

-Disculpen, si yo pudiera… Horo iría conmigo pero lamentablemente yo no puedo.- dijo antes de mirar a su amigo que parecía absorto en sí mismo.

-Nicrhom me dijo que perdió la memoria y a toda su familia y que no tiene a donde ir- el hermano mayor, miró acongojado al chico de cabellos azules y luego de eso la mirada triste de Jeanne y de Yoh Asakura.

-si… él perdió todo- respondió la joven de ojos rojos, pero al mismo Usui no le importó y se concentro hasta ese momento en ver al joven Nichrome. Era de piel morena y unos ojos violeta profundo con una mirada enigmática, el cabello negro y dos marcas peculiares debajo de sus ojos. Tenía una sonrisa satisfecha, como si todo ese asunto le agradara y simplemente no pudiera ocultarlo. Cosa que al Usui le llamó la atención. Todos parecían estar en un ambiente serio. Medio lúgubre… Nichrome parecía simple y llanamente satisfecho.

- Nosotros cuidaremos de él. No se preocupen además; Nicrhome me dijo que Horo es muy importante para él- el mayor de los hermanos abrió mas la puerta de su casa dejando pasar al Usui, mientras se ganaba la mirada irritada del menor.

-¡Cállate hermano!- dijo, mientras Yoh miraba tristemente como su amigo entraba a casa de esos dos, que ahora eran desconocidos para él.

-Bueno Joven, ¡bienvenido!- la sonrisa que mostró en esos momentos fue grande, y sobrecogedora para el Usui.

-Sí, gracias- se escuchó su voz por primera vez entre ellos y solo dio unos pasos para entrar a aquella salita que estaba en el recibidor.

-Horo, nosotros tenemos que irnos; lo mejor es que no estemos en contacto por un tiempo- Marcó se ajustó los lentes con el dedo anular mientras miraba penetrantemente al Usui. Finalmente dirigió su mirada al castaño- Usted también joven Yoh, trate de actuar lo más normal no sabemos aun si buscan a joven Horo- Luego de eso; caminaron con dirección a la camioneta que los llevo hasta ahí. Eso era todo, ahora el Usui estaba de nuevo con personas desconocidas.

- Espero que le guste la cena- la sonrisa iba acompaña de un plato de sopa humeante. Horokeu Usui no podía dejar de mirar aquel humo cálido. Sintió un leve confort. Aquella casa era linda por dentro. Tenía una alfombra café y unos cuadros adornado la sala. Era linda y los habitantes de la misma, se veían igualmente agradables.

- Si… está muy bien- suspiró. El Usui sintió un toque de melancolía pero suprimió aquella molesta sensación al notar la mirada penetrante del joven que tenía enfrente. Era como si lo escudriñara de pies a cabeza. Era peor que Fausto, sobre todo porque esa mirada dejaba ver cierto deseo.

- Yo la preparé, es una receta que me enseñaron Kalim y Silver ellos trabajan conmigo- rompió el silencio de aquella cena, el más grande de los ahí presentes. Horo se sintió más a gusto con Chrome ahí presente, sin embargo Nichrome, le molestaba mucho.

-Hermano no mortifiques a Horo, el debe sentirse cansado- Nichrome miraba penetrantemente, de eso no había duda. Su sonrisa enigmática era lo que lo molestaba. Parecía como si se estuviera burlando de él y esta situación la disfrutara. Parecía hipócrita. No era como Yoh o Jeanne que, parecían estar realmente preocupados y, cuando sonreían lo hacían con cierto desgano. Nichrome, lo estaba disfrutando.

-Bueno chicos, los dejo; tengo que irme. Horo estas es tu casa espero que te sientas a gusto, yo tengo que trabajar pero Nichrome estará aquí en la noche- antes de terminar la última cucharada de su sopa, Chrome se paró de la mesa, agarró un abrigo y levantó su plato.

- Si- fue la suave respuesta del recién llegado mirando ahora solo la sopa, ahora que ese sujeto se marchaba, no le importaba mucho otra cosa.

Se quedó sentado un rato más mientras, el menor de los hermanos terminaba su cena. No intercambiaban palabras tampoco miradas. Nichrome terminó, se levantó de la mesa y justo después de llevar su plato a la cocina invitó al Usui a que lo siguiera.

-Mira, esta es tu habitación- dijo neutral mientras, subió una de sus manos hasta tenerlas en los hombros del Usui.

- gracias-

-espero que te guste-

-sí, de nuevo gracias- recalcó cuando notó que el moreno se le acercaba, esa respiración cálida estaba muy cerca de su cuello. Lo suficiente para resultarle molesta. Se dio la vuelta para encararlo y notar que su sonrisa se ensanchaba.

-¿quieres algo de ropa para dormir?-

-no- respondió fríamente, pero solo recibió como respuesta una invasión a su espacio personal. El Usui no podía dejar de sentir la presencia del otro más cerca. Lo estaba arrinconando.

- Horo… ¿quieres que te prepare el baño? Seguramente estas cansado.

-Sería agradable- dijo logrando al fin que se fuera. Suspiró pesadamente. Dio tres o quizá cuatro pasos cuando Horokeu Usui se tendió en la cama. Las sabanas tenían un suave aroma. Era agradable y las almohadas eran lo mejor. Para su suerte el techo no era blanco. Más bien era de un color más cálido y ambarino. Ese color amarillento sin duda le agradaba, pero tenía el presentimiento de que; si fuera un amarillo más fuerte o tal vez dorado se vería mejor.

La idea le aterró, tenía un muy mal gusto sin duda. Un techo amarillo pálido no tenía nada que ver con uno dorado. Y de hecho la idea sonaba rara.

Miró a un costado de la cama y vio los libros bien ordenados seguramente de Nichrome. También notó unas pastillas y un vaso de agua, lo cual irremediablemente lo hizo evocar el sabor amargo de las pastillas para dormir que le daba la enfermera. Frunció el ceño. La verdad prefería los sabores dulces, al menos hasta ahora. No estaba seguro de ello.

Bostezó, y se estiró. Sin duda se sintió un poco mejor, se talló los ojos y decidió ir al fin tomar un baño. No sabía a ciencia cierta cuando había sido la última vez que se había dado un baño y tener un poco de privacidad.

Caminó hasta donde recordaba estaba el baño y finalmente abrió la puerta. Encontró a Nichrome ahí mirando el agua de la bañera con una extraña quietud. Horokeu Usui se quedo con una mirada seria y hasta cierto punto neutra.

-Esta lista- fue todo lo que dijo; antes de salir de la parte de la bañera. El otro respiró hondamente mirando el vapor que salía. Sin duda el agua estaba caliente.

- Gracias- dijo de nuevo y antes de que el mismo Nichrome saliera, el ainú ya estaba quitándose la camiseta blanca que tenía. Su piel blanca contrastaba con el blanco de los azulejos de ese cuarto de baño. Pero lo más sorprendente ahí era la mirada penetrante que, le dedicó Nichrome al ainu. – ¿Me permites?- agudizó al notar la mirada que le escudriñaba y que en determinado momento se centro en sus brazos justamente en los antebrazos, que tenía ya morados por las marcas de las agujas que tenía.

- Claro- contestó ecuánime para después salir de ahí cerrando la puerta y dejando al ainu ahí.

Horokeu Usui se quitó al fin toda la ropa y se sintió cohibido el mismo ante la extraña y divagación de su cuerpo. Se miró el rostro en el espejo sin reconocerse del todo y finalmente decidió entrar a la bañera. El agua era cálida y sin más decidió hundirse un poco. Se sintió vacio y tonto. No tenía del rumbo que seguiría su vida, tampoco de lo que era antes. Pero estaba seguro que, al menos no quería averiguarlo. Solo quedaba el presente y la verdad no le mortificaba mucho. Aunque vivir de oportunista no le parecía tan agradable. Por otro lado Chrome parecía agradable, su hermano menor y el que decían que era su amigo no.

No le agradaba y eso lo tenía muy claro, las miradas que lo escudriñaban ya lo estaba sacando de quicio y eso que solo había estado con él cerca de unas dos horas. Enjabonó su cuerpo y su cabello desprendiendo el suave aroma del champo. Se sentía bien. Cerró los ojos y trató de disfrutar el momento.

Justo cuando cerró los ojos una escena en su mente se le vino directamente, era el rostro de una jovencita… solo el rostro lloroso con largos cabellos azules y una mancha de sangre en sus mejillas. Sintió su pecho oprimirse y sin saber la razón sus ojos azul profundo dejaron derramar una lágrima. Sin quererlo gimió cerrando los ojos con fuerza esperando que esa imagen se fuera de su mente y no regresara nunca jamás. No notó en qué momento Nichrome estaba frente a la bañera tomándolo del mentón.

-Yo no dejare que le alejes de mi nunca más- y luego de esa frase vino un beso profundo que invadió al ainú. Tomó sus labios mojados y tentó es piel húmeda por debajo del agua y se deslizó llegando a tocar la entrepierna del norteño. Horokeu abrió sus ojos al sentir la invasión. Se sintió usado. ¿Por qué le dolía tanto un beso? No importó, apenas sintió el control empujó con todas sus fuerzas a ese sujeto chocándolo contra el vidrio y rompiendo algunas cosas de ese armonioso baño. Tomó una toalla para cubrirse y salió directo a la habitación cerrándola tras de sí. Quería huir de ese lugar dejar esa mirada púrpura y no saber nada más.

Apenas se vistió rápidamente tomó lo que pudo en una pequeña mochila que estaba ahí y huyó por la ventana de esa habitación, corrió lo más rápido posible esperando que Nichrome no lo encontrara. O que otra cosa sucediera. No estaba seguro después de salir del baño y arrojar con tanta fuerza al moreno no supo si algo había pasado ¿y si lo había lastimado? ¿Y si algo más había pasado? No podía regresar así que solo corrió hasta que chocó con alguien y cayó directamente al piso asustado. Apenas miró hacia enfrente vio la sonrisa más tétrica que jamás imaginó.

-¡Me he topado con un chico muy lindo!-

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o

Ren Tao tenía un terrible dolor de cabeza, esa había sido la junta más larga de toda su vida. Pensar que, de ahora en adelante sería así le provocaba una jaqueca aun mayor. Suspiró pesadamente. Miró a Hao que, sin duda estaba igual de hastiado con la junta. Eso de comprar la nueva compañía era la mejor inversión para su dinero. Después de casi un año con ese estilo de vida se sentía un poco satisfecho. Ya no se sentía miserable, saber que lograría una pequeña enmiendo a sus actos del pasado le satisfacía. No lo iba a negar, sentía que estaba a unos pasos de lograr al fin lo que tanto había deseado. Estar a punto de comprar de nuevo la línea de hoteles Usui que se había perdido hace tiempo. Eso era lo único que lo motivaba para estar ecuánime durante la junta con esas personas tediosas y con pláticas aburridas.

Y después de unos minutos más había terminado todo. Las manos estrechándose, sonrisas hipócritas y las tan esperadas firmas. Era todo.

-Y entonces señorito, hemos acabado- dijo con sarcasmo el joven de pelo largo haciéndoselo hacia un lado.

-Cállate, y vete al espejo… tu belleza ha disminuido en un 20% - le dijo al mirar la ojeras de Hao. Al menos era placentero saber que, Hao estaba igual o más cansado que él. Estaban juntos en esto y si el Tao tenía que ser honesto ya le estaba tomando un afecto insano al sujeto. Claro solo era amistad o algo así. Tal vez era sinergismo.

- Mi belleza no disminuye, aumenta… AUMENTA- resopló mirando al Tao mientras daba una última hojeada a sus documentos. Ambos rieron un poco y salieron de la oficina con rumbo directo a sus casas. Y al fin dejarse de ver las caras. Pero unos tímidos ojos color esmeralda los detuvieron en su intento.

- Perdón… estoy buscando a Tao Ren- dijo mirando con una amplia sonrisa al Tao, sin duda había estado esperando ahí un tiempo indefinido. ¡Qué odioso! Pensó el Tao, sonreír así después de estar parado esperándolo inútilmente. Por que sin duda lo ignoraría. Odiaba a ese tipo de personas, y las sonrisas plenas y sinceras. Le recordaban terriblemente a él. Al Usui… ya tenía mucho tiempo sin saber nada de él, y aun lo recordaba. Mucho.

-No tengo tiempo para atenderte- contestó mirándolo de reojo y siguiendo su camino. Le molesto que siguiera sonriendo y que, caminara detrás de él. Para su suerte el niño era lindo, lo suficiente para que Hao pusiera sus ojos en él.

- ¿Qué se te ofrece jovencito? Yo te puedo atender- Hao se le puso enfrente tratando de arrinconarlo. Le dedicó una mirada lasciva y luego una sonrisa de lado. Lo estaba desvistiendo con la mirada. Ren no tenía que verlos para imaginarse la pose de conquistador que Hao debía de estar adoptando. Seguramente el jovencito ese ya debía estar babeando por él

- Es un asunto personal- eso los descolocó, había no solo ignorado a Hao, sino que se había adelantado unos pasos hasta llegar al frente del Tao quien solo lo miró burlonamente. Esperando que Hao atacara de nuevo.

-Perfecto, si es de persona a persona yo te atiendo- y ahí estaba, el de pelo largo atrás del sujeto que de entrada ya lo había rechazado.

-No- para ese momento el Tao dejo salir un pequeña risa y miró al fin al chico de pelo verde con algo de dignidad.

-Está bien, has ganado meritos ¿Qué quieres?- le dijo neutral, mientras Hao aun estaba helado por el doble rechazo en menos de 10 minutos.

-Es privado- contestó serio, luego suspiró y de nuevo centró su mirada verde en los ojos dorados del Tao. Él no se parecía en nada al señor En. Eran completamente diferentes, En hubiera hecho dos cosas o quitarlo de su vistas con un manotazo y aventarlo o pedirle a alguien más que lo hiciera por él. Después de todo, había llevado casi dos años detrás de En. Podía decir que medianamente lo conocía y hasta cierto punto quería conocer a su hijo. Al que repudiaba.

- Dilo de una vez, no tengo tiempo- Ren enseguida notó la mirada del joven de pelo verde esperando la respuesta de ese sujeto.

- El señor En Tao me ha asignado vigilarlo, además de… indicarle que ya encontró a su prometida, la señorita Anna Kyoyama- Ren solo con la palabra En sintió que un vacio en el estomago se formaba. Todo su ser se tambaleo un poco. Pero trato de restarle importancia, eso había quedado en el pasado y si bien recorvada su padre había amenazado en que ese día llegaría. El día de tener un heredero.

-¡Anna mandona Kyoyama!- el grito de Hao lo descolocó, y solo después de eso entendió ¡Anna!

- Demonios- el Tao quiso azotar su cara contra la pared más cercana. Eso o desaparecer al joven de pelo de lechuga y fingir que nunca había llegado.

- Vamos Ren no es para tanto – a ese momento el joven verde, pareció desaparecer para ellos, sin duda la palabra Anna aun resonaba por los pasillos de esas oficinas. Y es que la recordaban muy bien de la preparatoria… ella era terrible. Sin duda una persona como ella iba a ser de gracia para el Tao.- Además ella tenía un lindo trasero… -

-Cállate Hao- dijo el castaño mirando la cara de molestia del Tao esperando el momento en que gritara histéricamente y luego simplemente se fuera. Sin duda había sido un día largo; y ahora esto.

- Disculpen, si no les molesta mañana estaré aquí a las 8:00, a las 9:30 tiene una junta con un inversionista que el mismo En mando y a las 11:00 la señorita Anna estará aquí.- y lo que faltaba el recién llegado no solo era bonito sino también era una agenda portátil. Hao iba a hacer el comentario pero pensó que no sería lindo, tampoco divertido para nadie. Así que lo omitió, y recordó lo más importante del asunto, al menos para él… Anna.

-Mi pobre hermano debe estar que se revuelca- sonrió ampliamente. Esas eran de las pocas veces que Hao realmente quería reír.- Me dan ganas de llamarle y preguntarle si su "Anita" ya lo votó al fin.

- Yoh no es tu juguete imbécil… eres una lacra; solo le llamaras para hacerle la vida miserable.- le dijo con molestia viendo al mayor de los hermanos, ¿Cuántos años tenía que no sabía nada de Yoh? Sin duda muchos y eso que convivía casi todos los días con su gemelo.

- Por dios Ren… tú eras su amiguito de la adolescencia… estoy seguro que poco te importara casarte con el amorcito de Yoh- justo en ese momento, sintió el balde de agua encima de él. Sí, eso era bofetada con guante blanco para Yoh. Nunca tuvo un problema con él y de hecho lo apreciaba.

- Ni siquiera sabemos si en la misma Anna- se frustró, era lógico que sería la misma. La única, la señorita que ya era una famosa escritora en una revista de publicación nacional. Mordaz, cruel e inteligente… y aquella que había tenido una entrevista inteligente con En. Todos sabían del logro de ella. Hasta Ren, quien trataba de no saber nada de En.

-Niño ¿quieres ir a comer?- Hao al fin volvió al pequeño joven verde que parecía haber desaparecido de la conversación en algún momento.

-No- lo miró a los ojos y simplemente siguió caminando al lado de Ren.

-Ese sujeto me empieza agradar- agregó el heredero de los Tao, al notar que al menos… ya se había olvidado de su padre. Sí, ver a Hao infeliz le provocaba cierta dicha.

-Solo te hace sentir bien, saber que soy más infeliz que tú- dijo con cierto sarcasmo en sus palabras para demostrar que el sujeto verde no le importaba en lo más mínimo.

- Si, tienes razón- el Tao decidió seguirle el jugo, sería muy divertido ver a Hao intentando conquistar a ese jovencito con cara de señorita necesitada que acababa de llegar.

-¡Hey! tu, a partir de mañana ya no trabajas con En, estarás trabajando para mí- miró el Tao al joven de pelo verde penetrantemente esperando encontrar algo de miedo en el recién llegado, pero solo vio como suspiró.

-Yo no puedo hacer eso- dijo y recordó que esa posibilidad no estaba en sus planes. Después de todo había batallado bastante el joven de pelo verde para acercarse a Hao y tener que lidiar con Ren y sobre todo con En había sido bastante duro. Sobre todo por las veces que había recibido golpes en su cara.

- No te estoy preguntado- dijo el Tao mirándolo de nuevo a los ojos, el de ojos verde se encogió de hombros por primera vez desde que vio al joven heredero. Después de todo, su meta era llegar hasta Hao y vengarse de él. Para eso tenía que estar cerca de los Tao, y desde ahí aniquilarlo… ya no importaba si era En o el mimos Ren. Ahora tendría que librarse de En Tao. Por lo menos el estaba solo en el mundo y lo único que lo motivaba era vengarse de Hao.

- Mi nombre el Lyserg Diethel, trabajare para usted después de terminar los asuntos pendientes con el señor En.