Crónicas de un secuestro

Capítulo 7

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Súplicas

Ren sintió algo de calor en sus mejillas, eran rayos de sol. Abrió sus ojos con pesadez y sintió un dolor en todo el cuerpo. Tomó aire e hizo una inspección rápida encontrando que, efectivamente, no había parte del cuerpo que no le doliera. Estaba en una cama y de nuevo traía su ropa, la misma que el día que Horo lo había tomado como su presa. No estaba para nada arreglada y mucho menos planchada, pero al menos se sentía más cómodo que con esos andrajosos trapos viejos.

Tal vez ya tenía la fuerza para levantarse y huir, y sí, lo meditó un poco notando que estaba la puerta entre abierta y esta vez no estaba atado. Supo que Horokeu no lo estaba vigilando. Suspiró pesadamente sintiendo dolor solo con eso. Seguramente le había dado algo de fiebre, carraspeó con la boca. Pensaba que tendría más resistencia, después de un rato ya no se movió por la cama y solo pensó.

Con lo que había pasado, tenía el presentimiento que Horokeu sentía algo de culpa y de alguna manera lo quería dejar ir, y había puesto todo ese escenario para que Ren se fuera. Tal vez eso era lo mejor que podía hacer, simplemente irse. Tal vez hasta ahí había acabado la venganza y si tenía que ser sincero el Tao, había sido una muy buena venganza. Realmente lo había humillado, degrado y hasta lo había hecho sentir algo de miedo y dolor. Uno del cual pensaba no se podría reponer fácilmente. Pero si se iba…

¿Qué pasaría después? Ya no lo vería de nuevo ¿Horokeu ahora era persona despreciable? ¿Era su culpa? ¿Ya nunca más recuperaría a la persona que más amaba?

El Tao suspiró de nuevo y pensó un rato más una serie de conjeturas que simplemente no lo llevaron a ningún lado más que a perder tiempo. Seguramente ya habían pasado más de 4 ó 5 horas. Ren Tao se sobresaltó cuando escuchó un ruido estrepitoso, y luego supo que era Horokeu; seguramente para anunciar que había regresado "por si acaso".

Ren pudo escuchar los pasos lentos de esa persona hasta el pequeño cuarto, lo vio y notó su cara un poco pálida y ojerosa. Ren no pudo evitar preocuparse y hablar, aún en contra de su lógica.

-Deberías descansar- Ren lo miró sentándose en la orilla de la cama incorporándose un poco, para luego sentir un dolor púnzate en su trasero que le había hecho cerrar los ojos y hacer una mueca de dolor. Horo solo vio con un poco de sorpresa, realmente no esperaba verlo de nuevo.

Quería que se fuera ese chino y ya. Después de lo que había pasado apenas un día y medio atrás, en donde varios de sus recuerdos habían salido a la luz, no podía ni verlo a la cara. Tan solo el hecho de tocarlo de nuevo le causaban nauseas y dolor de cabeza. Había recordado una escena de una linda chica de cabello azul como el de él diciéndole "Ahhhh hermano, Ren es tan apuesto, que envidia me da que sea tu novio y no el mío". Ren Tao… había sido su novio, de eso ya no tenía duda. Ren lo amaba, todavía. Ren no se había ido…. El seguía ahí y se empezaba a maldecir por eso.

Horokeu acertó un golpe contra la pared sin decir nada y luego fue hasta donde estaba ese sujeto de ojos color miel, para tocar su frente.

-¿ya estás bien? – la pregunta había sonado bastante estúpida, por lo que Ren solo rodó los ojos y asintió de mala gana. Obviamente se sentía mal. Mucho. Si lo que quería preguntar era si estaba mejor, no tendría una respuesta. Ren no sabía sinceramente como se encontraba respecto a todo. Probablemente la respuesta era un simple "me siento hecho una mierda, gracias por preguntar"

-¿quieres algo de comer? – preguntó de nuevo el de pelo azul y solo recibió una negación con la cabeza de parte del Tao, ahora que lo pensaba, llevaba varios días sin comer algo o tomar algo de agua. Sonrió irónico, Ren no iba a cooperar con él para nada. Horokeu tomó una botella de agua, dio un trago y luego fue directo a los labios de Ren para dársela. Tomó su cara con cuidado y acaricio sus mejillas. Ren se sorprendió un poco, no esperaba que el otro tuviera un gesto amable. De hecho esperaba que le diera el agua por la fuerza. Pero justo después de que había tomado el agua fresca y se había sentido agradable, sintió el contacto de los labios del Usui sobre los suyos, y agradeció no haberse ido. Sentir un poco de amabilidad de esa persona lo valía todo, a pesar de lo que había hecho Horo, no podía evitar amarlo. Era muy estúpido de su parte, tal vez algo masoquista.

Horokeu inevitablemente cerró los ojos y aprovechando el momento besó aquellos labios de una forma magistral, como si los conociera a la perfección disfrutándolos por completo. Sobre todo porque, aquel chico que tenia frente a él se había dejado invadir a su voluntad correspondiéndole igualmente.

Ren, se sentía algo incómodo pero igualmente le correspondía, le dolía un poco el cuerpo pero le dolía más saber que Horo no lo recordaba y lo estaba haciendo pagar, sin saber la razón. Pero no podía resistirse a esa dulzura que liberaban esos labios. Ren pensaba en decirle todo, decirle que nunca lo había podido olvidar, que todo este tiempo lo había estado buscando… que lo perdonara.

El teléfono de Ren sonó sacando a ambos de todos los pensamientos en que ambos estaban sumergidos, el Tao sabia a quien pertenecía esa melodía de su celular que estaba justo ahora en manos del Usui.

Horokeu Usui, se levantó de la cama caminó unos pasos y contestó el teléfono. Cambió su mirada abruptamente justo cuando escuchó la voz de quien hablaba.

-¿Cuánto es lo quieres por liberar a Ren? Solo te recuerdo, te has metido con la dinastía Tao – era una voz dura pero pacífica… "Anna" pensó enseguida Horokeu, si a ella también la debía de conocer de algún lado. Ya no le importaba el dinero, solo quería que Ren se fuera y dejaran su mente en paz. Lo que dijera o no ya no tenía sentido.

- Quiero dos millones de dólares, en un portafolio, lo dejaran en el lugar donde les daré la instrucción- Horokeu suspiró, ¿ya cuantas veces había dicho esa frase? Ninguna como esta vez le había costado tanto trabajo.

-Horo – Horo… ¿eres tú? - él se quedó en silenció unos minutos pensando, la rubia entendió- Horo… Ren no tiene la culpa de lo que pasó, si quieres hacerle daño a En así no lo lograras. Solo te harás daño.- Horo apretó los puños, no tenían que negociar con él, él no era así… él era una maldita persona que solo disfrutaba de hacerle daño a otros, el no comprendía por qué ahora le dolía tanto. Muchas a veces había llamado solo para escuchar la desesperación de las personas sin ganar dinero.

-Quiero el dinero en 5 horas, o no lo volverán a ver – Horo ya no quiso saber más estaba por colgar, cuando sintió que Ren se pegó a él y aprovechando la sorpresa habló muy cerca del teléfono

-Anna… busca a Jun, dile que lo siento- Horokeu enseguida reaccionó, aventó el teléfono por un lado y con otra mano aventó a Ren golpeándolo en la cara. Ren Tao, se había rendido.

-Ren… ¡REN!-

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Anna Kyoyama tenía un gran dolor de cabeza y por primera vez se sintió impotente. Desde que Hao le llamó por teléfono tres días atrás para decirle que Ren Tao había sido secuestrado, no tenía ni la más remota idea de que hacer. Lo primero que pensó fue llamarle a En, así lo hizo, y después de meditarlo con claridad era obvio que era estúpido de su parte.

Había dicho secamente "secuestraron a Ren", pudo escuchar la risa burlona y luego un "ese idiota hijo mío, ojala lo maten de una buena vez, como sea Anita, tenemos que resolver tu boda con él cuanto antes para que encargues de todo" Anna, se tapó la cara con una mano de frustración y siguió el hilo de la conversación, luego de eso colgó y pensó en la manera de resolverlo sola. No podía perder a Ren ahora. No ahora que sabia donde encontrar a Horo.

No podía creerlo, esa persona que tanto había buscado, los había encontrado a ellos primero, bueno resultaba algo lógico. Mustió un poco y azotó una silla, llamando por teléfono a la única persona con la cual podía sentirse como ella misma.

-Yoh… - dijo tan débilmente que no parecía ella. Enseguida el chico al otro lado de la línea rio un poco.

-Anita… no estás bien ¿verdad? Dime ¿necesitas algo? Sabes que siempre estaré dispuesto a ayudarte.- ella sonrió levemente, lo más que podía hacer en ese momento era hablar, y se limitó a decirle la verdad.

- Ren está secuestrado, lo tiene Horo- Horo… Yoh por favor, tengo una vaga idea de donde puede estar Horo, por favor dime si- el castaño interrumpió a la rubio por el exceso de información, en verdad no podía creer todo lo que le estaban diciendo.

-¿qué Horo qué?... Anita estás segura.- habló titubeante para luego escuchar de nuevo los gritos de la rubia.

- ¡Yoh! Acabo de escuchar su voz, también la Ren… si no hago algo va a matar a Ren-

- Anna… en verdad amas mucho a Ren… supe que te casarías con él, salió hoy en las noticias… espera ¿cuándo? – Anna abrió los ojos de par en par, seguramente En ya había preparado todo para que Anna tuviera una boda falsa sin Ren.

-¡maldito En! Yoh no seas tonto, ¡yo te amo a ti! Lo de Ren es una farsa… solo estamos buscando a Horo para que dejes de dar lástima.- Yoh sonrió como un bobo, esas palabras eran las mejores que había escuchado por mucho. Su Anita lo quería, realmente lo quería. Tanto que se había alejado de el por su propio bien.

-Anna…- dijo totalmente feliz para luego caer en sí y recordar que Ren realmente estaba en peligro.

- deja de estar como bobo y ayúdame-

-claro Anna… llama a Lyzerg y a Hao encontraremos a Ren, también vamos a encontrar a Horo, veras que todo se solucionará.

-Yoh, eres un idiota…- Anna colgó el teléfono y supo que Yoh haría todo lo posible por ayudar a todos. Sin duda ese sujeto, era la persona que más amaba en este mundo.