Crónicas de un secuestro

o-o-o-o-oo-o—o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Capitulo 9

Clímax

En Tao los había encontrado, parecía ridículo pero él con solo un par de llamadas telefónicas había logrado dar con el paradero de Horokeu Usui. En Tao tenía diversas conexiones, no era extraño que el bajo mundo estuviera fuera de su alcance; rastrear a cierto sujeto de cabellos azules no tardó más de dos horas. Además de eso, controlar a la policía tampoco era mucho para el magnate. En tenía todo planeado, el asunto de ese mocoso Usui se acabaría ahí mismo ¡qué más daba si perdía a su hijo! Simplemente hacía otro hijo y ya. El par de hijos que ya tenían eran escoria, una estaba loca y el otro era un marica. ¡En qué se había equivocado! Sin duda alguna eso era responsabilidad de su esposa Ran y su flexible forma de educar a sus hijos. Ahora buscaría hacer otros y esta vez se encargaría de no cometer el mismo error. Por esa misma razón de una buena vez se encargaría de acabar con uno de sus más grandes errores, su propio hijo.

Ya no tenía gran cosa que hacer más que esperar a que saliera en algún noticiero la nota inminente. Solo había dado la orden de matar al tal Usui y que entre el tiroteo también acabarán con el mismo Ren. Ran había escuchado la última llamada de su esposo, soltó un suspiro y luego después de años sin decir nada se posó frente a su esposo y le miró con profundo desprecio. – Algún día no te saldrás con la tuya En, y cuando llegué ese día, yo no estaré aquí para verte caer, pero te aseguro que lo voy a disfrutar –

El mayor de los Tao curvó sus labios y soltó un bufido de burla, absolutamente nadie estaba por encima de él. Lo que su esposa opinara lo tenía completamente sin cuidado. Se sirvió un vaso de coñac y se sentó en uno de sus sofás preferidos.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Ran Tao se puso uno de sus vestidos favoritos, luego buscó la joyería más preciada y finalmente tomó una de las más lujosas limosinas con rumbo al hospital psiquiátrico. Justo cuando llegó a aquel lugar fue directo a la habitación de su hija y la miró – levántate – le ordenó, pero notó como su hija seguía perdida en su mente, supo que Jun no reaccionaría tan fácilmente así que fuera de su parsimonia le soltó una cachetada – Deja de encerrarte en tu ridícula vida Jun, perdiste a tu novio pero era un don nadie que tu padre manipuló a su antojo, estas perdiendo tu vida y también estas a punto de perder a Ren-

Después de ver como temblaba y soltaba unas cuantas lágrimas supo que su hija se pondría de pie – Los Tao no lloran Jun, se ponen de pie y pasamos por encima de quien sea -

La joven asintió y con la voz temblorosa al fin soltó unas palabras – Anna, la amiga de Ren me preguntó por ese lugar, él debe está ahí.

-Estaremos ahí también –

o-o-o-o-o-oo

Ren Tao se puso de pie y al escuchar todo el bullicio afuera, supo que ese era el fin para el Usui, sintió un nudo en la garganta y solo pensó en las miles de maneras en las cuales toda su vida había ido error tras error. Jamás pensó que los encontrarían tan fácilmente, se suponía que el Usui sabía lo que hacía; pero al ver su sonrisa triste y esos ojos azul profundo mirarlo de forma desconcertante quiso que el final nunca llegara. Horokeu alzó los hombros y luego sonrió sinceramente.

-Sí que eres importante Ren, solo hay que esperar a que me digan que salga con las manos en alto- El de cabellos azules centró su mirada en los ojos dorados del chino y pensó en las mil y un cosas que ya no sería capaz de decirle. Pensó en su familia y luego pensó en aquel futuro en el cual había fantaseado cuando tenía unos 18 años, dónde él y Ren vivían juntos como un par de amigos con el secreto de su amor guardado. Un secreto reservado solo para esas noches donde se llenarían de besos intensos y caricias cálidas. Donde vería a su hermana Pilika llena de hijos y sus padres envejeciendo grácilmente. ¿Dónde había quedado ese futuro prometedor? Sus pensamientos se opacaron cuando escucho la voz alta y agitada de Ren quien lo había sujetado con fuerza del brazo y lo había encarado con las pocas fuerzas que el chino tenía.

- ¡Si haces eso te mataran, te condenarán o no sé qué diablos, tienes que escapar! ¡Tienes que tener una maldita salida Usui! – Pocas veces se veía a Ren tan alterado y nervioso al mismo tiempo, la ecuánime y estoica cara era opacada por la desesperación y el ceño fruncido, Ren sentía ese cúmulo de emociones rebasar su fría mente. El dolor en su cuerpo y observar la cara de agonía en los ojos azules del ainu le daban nauseas y provocaban un dolor lacerante en la boca del estómago. Era ese tipo de emociones tan fuertes que no podían solo reprimir en su pecho, le dolía al grado de cegar casi todos sus sentidos.

-No lo comprendes Ren, yo no quiero huir… lo perdí todo y yo he hecho cosas de las cuales jamás me perdonaré… Debieron de acabar conmigo ese día – Horokeu miró al Ren y recordó exactamente lo que había pasado esa noche. La última vez que había hablado con Ren para que su padre firmara los documentos y luego le había dado un gentil beso en la frente a Ren "Te amo, chino bobo" fue una de sus últimas frases para Ren, luego de eso se enteró de la banca rota de su padre. Se había encerrado en su cuarto y había marcado frenéticamente al número del Tao para exigirle una explicación.

Un par de horas más tarde una persona que no conocía había entrado a su casa apuntando con un arma a su hermana. Su madre y padre impotentes obedecieron la orden de subir a un auto negro. Horokeu había pensando en pelear, en huir y salvar a su familia pero la cara de desaprobación de su padre y la expresión de pánico en su madre lo detuvieron, entraron los cuatro en el auto mientras Pilika era sometida bajo el yugo de esa arma. Habían llegado a la bodega y en ese lugar sin ninguna escapatoria o explicación abrieron fuego contra el señor Usui, después del sonido ensordecedor y los gritos Horokeu Usui miró horrorizado el cuerpo sin vida de su padre. Luego notó como Jun Tao entraba a ese lugar impávida por lo que estaba viendo. Horokeu entendió todo, los Tao acabarían con ellos; no solo les habían robado la cadena de hoteles sino también los matarían. Luego escuchó más disparos y los ojos de su madre perdiendo el brillo natural. Los gritos de su hermana no se detuvieron y fue en ese momento donde se levantó e imploró por la vida de su hermana; suplicó y rogó a aquel hombre pero no se detuvo. Los largos cabellos de su hermana estaban llenos de sangre, suspiró y pensó que todo había acabado pero Jun Tao, se había puesto frente a él y frente a esa persona que había matado a su familia, y luego en un abrir y cerrar de ojos la hermana mayor de la familia Tao había abierto fuego frente a ese hombre.

-¡Tienes que huir maldita sea!- el grito era el mismo, la misma frase que había dicho Jun, ahora la decía Ren, era como si el tiempo se hubiera detenido y al fin podía regresar a ese momento antes de que su mente se hubiera encerrado por completo. La misma cara de preocupación en esos rasgos finos y delicados. A los Tao no les sentaba para nada esa expresión. Horokeu supo que al fin había llegado ese momento. ¿Su culpa? Todo era su culpa después de todo, él había buscado a Ren y se había involucrado con esa familia.

-Tengo un arma y … Ren, quiero estar con mi familia- Horokeu sabía no tardarían mucho en entrar a esa bodega, el rescate sería cuestión de unos minutos, y ser juzgado y tardar meses en recibir su sentencia a pena de muerte no valía la pena. Estaba listo para que se acabara ahí mismo y quien mejor que Ren para acabar con él. Su amado Ren.

-¡Qué diablos estás diciendo! ¡No puedes morir, tienes que salir de aquí!- Ren nunca lloraba, al menos eso era lo que decían de él, solo Jun y Horokeu habían descubierto que esos ojos dorados eran capaces de llenarse de lagrimas y ser cristalinos. Pocas veces rodaban esas claras lágrimas por la blanca y tersa piel de Ren y esta vez sin control alguno salían varias gotas de esos ojos sin poder detenerse.

- No lo comprendes Ren, yo no… yo no sé qué diablos quiero, ya no lo sé ¡solo quiero que tú te vayas! Tú arruinaste mi vida – Ren dio un paso atrás y sintió un dolor atravesarle el pecho, se quedó sin palabras y luego simplemente apretó los puños.

-Lo sé – Ren Tao se mordió el labio inferior y su mente se quedó en blanco, a esa altura realmente no sabía si existía una solución. Él había sido el juguete de su padre toda la vida y no tenía opción alguna, arrastrar a Horo Horo a su mundo era lo peor que había hecho. Horo le había dicho que lo amaba y él solo tenía que rechazarlo. Todo se hubiera acabado ahí. Jamás habría tenido que soportar tanto sufrimiento.

- Ren… mátame, termina conmigo es tú culpa Ren… mátame, yo lo recuerdo todo… Pilika quería seguir viva, mi madre tenía terror… - Ren sintió de nuevo que sus piernas temblaban y sucumbió ante la idea, matar a Usui y terminar con ese dolor, así el al fin tendría el peor de los castigos, matar a la persona que más amaba, que todo ese tiempo había esperado. El dueño de sus pensamientos y de toda su felicidad y tristeza. Si, esa era la mejor venganza que podía existir, que él mismo matara Horo Horo.

- Y tú suplicabas por que se detuviera mientras mirabas el cadáver de tu padre… pero yo misma maté a Lee y te dije que escaparás. Yo acabé con mi persona, la persona de la que yo estaba enamorada, de la única persona que me había visto como un ser humano por salvarte la vida Horokeu Usui – Ambos miraron al mismo tiempo a la joven de ojos violetas que estaba frente a ellos, tenía el cabellos desordenados pero su rostro era tranquilo, Jun Tao había conseguido entrar a ese lugar y después de tanto tiempo había hablado tan claramente como lo solía hacer. Le dio un delicada sonrisa a su hermano, que lucía peor de lo que jamás en su vida había visto y luego miró a el otro sujeto que desde su perspectiva había arruinado la vida de su hermanito. Resultaba bastante irónico - Usui, saldremos todos… por el mismo lugar por donde tú huiste –

- Mataron a todos… y todo es mi culpa- Ren desvió la mirada y suspiró pesadamente, al menos su hermana estaba ahí de nuevo. Ahora entendía todo lo que había pasado, el dichoso accidente, el por qué de su hermana y la desaparición de Horokeu. Tenía que reconocerlo, todo ese drama era enteramente su culpa y no tenía la más mínima intención de seguir adelante.

-Es culpa de En, fue nuestro padre Ren… nuestro único error fue sentir algo por otras personas. Tú lo dijiste, y cada que me ibas a visitar me lo decías una y otra vez "aún así no me arrepiento de haberme enamorado de ese idiota"- Ren sintió al fin un simpático cosquilleo en su estómago, era verdad. Eso se repetía cada mañana, jamás se arrepentía de haberlo conocido y haber tenido la dicha de coincidir en esa vida. Dio un vistazo y se detuvo en los ojos azules del Usui que claramente había escuchado esas palabras y buscó en ellos algo de esperanza, pero solo encontró frustración en ellos ¿se podía sentir aún más miserable?

-Usui, puedes seguir viviendo con esto o… seguir llorando como un cobarde… Ren no sabía nada de esto, su único pecado fue haberse enamorado de ti, yo misma te lo dije ¡te dije que no lo buscaras más! ¡Ren se había resignado y tú… tú te metiste en nuestras vidas de la misma manera- En ese instante escucharon que las primeras puertas estaban siendo abiertas

-Entonces solo déjenme aquí… yo no-

-Nuestra madre está afuera, me dijo que tenemos unos minutos para salir… dispararan sin restricción alguna. Tienen órdenes de matar a Usui… y a Ren.