Disclaimer: Solo los personajes pertenecen a S. Meyer. Esta historia es totalmente MÍA. Dile NO al plagio.
Summary: Se enamoró y fue feliz pero todo cambio un día dando paso a una tristeza y una vida que ella nunca espero ¿Podrá recuperar lo que alguna vez tuvo? ¿ Podrá perdonarlo algún día?
Capítulo beteado por Manue Peralta. (www Facebook com /groups/betasffaddiction)
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BROKEN
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Capítulo 2
Mi vida era una completa mierda y todo gracias al distinguido Carlisle Cullen.
Y yo un gran hijo de puta que calló en todo momento, sin siquiera cuestionar nada de lo que su asquerosa mente pudiera maquinar.
Pero esta era mi suerte.
Reí irónicamente mientras caminaba al patio trasero. Al traspasar el ventanal que me llevaba hasta allí, miré la hermosa luna brillar en todo su esplendor.
Siempre me había caracterizado por ser un hombre nocturno, principalmente porque cuando era niño los llantos de mi madre en las noches no me permitían dormir, después fue una costumbre debido a las pesadillas que no me daban tregua; en la adolescencia fue más fácil poder disimular mis miedos y temores, ya que los estudios o fiestas me facilitaban pasar gran parte de las noches en vela.
Pero cuando Bella entró a mi vida, logró cambiar esa costumbre, podía dormir gran parte de la noche; cuando nos casamos, sentía que gran parte de mis miedos quedaban atrás.
Primero, debido a que poseía algo que era plenamente mío. Ella, mi esposa, mi amiga, mi amante, mi sueño hecho realidad.
Traté lo que más pude de esconder a Bella, sobre todo de Carlisle, porque sabía de antemano que al enterarse de su existencia, cualquier cosa podía ocurrir, lo cual sucedió tiempo después.
Me senté en unas de las sillas en la terraza y me envolví en todos mis pensamientos, tratando de encontrar una solución a mis problemas; como si pudiera hacerlo.
Encontrar a Bella había sido aire fresco a toda la inmundicia que me rodeaba. Ella y Kate trajeron alegría a mi vida, la esperanza de tener algo sano, puro; de tener una familia real y no una falacia de ella.
Decir que estaba cansado de todo era poco. Necesitaba salvar lo que me mantenía con vida, lo que me hacía respirar.
El amanecer apareció tranquilamente sin darme cuenta; me levanté y encaminé a la casa, comenzando un nuevo día.
Hice mi rutina de ejercicios como siempre, esto me permitía eliminar gran parte de mis frustraciones, las demás lo hacía en el trabajo.
Muchos pensaba que era una persona sin sentimientos, ya que siempre andaba serio, sin ánimos de reírme, pero, ¿por qué tendría que andar con una sonrisa en mi rostro o riéndome por todo, si mi vida era un asco? Reconocía que toda la culpa era solamente mía, y solo por querer lograr lo que anhelé por siempre: ser dueño y señor de todo el imperio Cullen. ¿Para qué? Para vengarme de todo lo que le habían hecho a una de las personas que más amaba, y que no quería que volviera a sufrir por nada.
Lo que nunca me imaginé era que me pediría una cosa tan atroz como querer…
No quería volver a recordar ese día, pero era inútil. Su voz, su súplica, su llanto; todo eso constituía la razón por la que no podía dormir.
Solo me quedaba la mayoría de las noches junto a ella, en nuestra cama, para poder contemplarla y guardar cada uno de sus rasgos en mi memoria. No sabía lo que saldría de todo esto, pero necesitaba recordarla tal cual era ella, bella, perfecta, y un sinfín de cualidades más.
Hoy ultimaba los detalles para poder completar mi plan y así terminar con todo el poderío de Carlisle, logrando quedar en parte tranquilo.
Ya bañado y arreglado, tomé el desayuno junto a mis hermosas mujeres.
Kate era la luz a mis ojos, la amaba sin restricciones, era tan bella. Todavía recuerdo cuando Bella me informó que estaba esperando un bebé, su rostro mostraba tanto nerviosismo porque llevábamos tan poco tiempo juntos, prácticamente solo unos meses de salir, cuando ella descubrió su estado.
Ella que no quería que yo pensara que había sido a propósito, pero sabía que no había sido así, lo nuestro fue amor a primera vista, y pasó muy poco tiempo desde que nos conocimos hasta hacernos novios.
Recordar la felicidad que me embargó fue tremenda, mi niña fue concebida con amor puro, sin condiciones y, sobre todo, fuera de lo sucio que siempre me había rodeado.
Conocerla fue hermoso, verla cuando el ginecólogo la tomó entre sus brazos al momento de nacer, escuchar su llanto invadir la sala de partos fue música a mis oídos; era tan blanquita, con sus mejillas rosaditas, su pucherito hermoso porque la tomaban para poder limpiarla y la molestaban. Cuando la trajeron para que Bella la tuviera en su pecho, lo único que atiné fue a tocarla y darle un beso en la frente a Bella, dándole las gracias por este hermoso regalo. Ya después cuando estábamos en la habitación con Bella, nos trajeron a Kate para que la niña tuviera su primera alimentación, nos hizo reír mucho porque al acomodarla, encontró rápidamente el pezón de su madre y succionó como si la vida se le fuera en ello; un sinfín de recuerdos que lograban mitigar los dolores que tenía mi corazón.
―Bueno, me despido ―dije levantándome de la mesa―. Te amo, Kate, nunca lo olvides ―le aseguré sellando mis palabras con un beso en su frente.
―Papi, ¿y a mi mami no le das un beso? ―preguntó cuando pasaba por el lado de Bella.
La miré antes de acercarme al lado de Bella, levantándole el rostro para poder besarla. Sabía que después de lo de anoche tendríamos demasiadas cosas qué hablar, las cuales no eran cómodas para ninguno de los dos.
Dejé un suave beso en sus labios, permaneciendo un par de segundos más de los que debería. Al terminar, miré sus ojos, transmitiéndole con los míos cuánto la amaba, aunque ella nunca me volviera a creer.
Tomé mi maletín, que estaba en el sitial a un costado de la puerta, y me dirigí hacia el auto que estaba esperando por mí como siempre.
Ya en la oficina, me concentré en todo el trabajo que conllevaba la constructora. No podía negar que era una de mis pasiones, ya que por nada estudie arquitectura; desde niño con mis legos creaba un sinfín de cosas, de las más simples hasta las más complejas. El tiempo durante mi día laboral pasaba sin contratiempos, solo fui consciente de que eran las dos de la tarde cuando Jasper traspasó la puerta.
Jasper era una persona importante en mi vida. No solo era uno de mis mejores amigos, sino el único.
―Hola, Jasper ―le saludé, a la vez que estiraba mi mano.
―Hola, Edward. ¿Cómo estás? ―preguntó mientras se sentaba frente a mí.
―Dentro de lo que se puede ―respondí―. ¿Trajiste lo que te pedí que averiguaras?
―Aquí tengo lo que pediste ―informó dejando la carpeta frente de mí en el escritorio y sentándose en la silla―. No fue muy sencillo, sin contar que tuve que sobornar a algunos y amenazar a otros cuantos ―prosiguió, estirando sus brazos para luego dejar las manos apoyadas cruzando los dedos―. Tu omnipotente padre es un asqueroso de primera.
―Lo sé ―confirmé, revisando los documentos y sintiendo, a medida que los leía, la bilis subir hasta mi boca.
―La niña que está en las fotografías se llama Irina Jones, tiene veinticuatro años, vive en un hermoso departamento que es de propiedad de tu padre, el cual frecuenta de cinco días a toda la semana, y esos niños que ves son tus hermanastros. Lo mejor de todo y para cerrar el hermoso círculo, es que Carlisle visitaba, junto a otros pedófilos de mierda, un prestigioso lugar donde ofrecían servicios sexuales con menores de edad. El dueño de todo ese lugar no era ni más ni menos que Peter McMillan, el mejor amigo de tu padre, y es ahí donde conoció a Irina, cuando ella tenía quince años.
Me costaba demasiado poder procesar cosas tan retorcidas, información que realmente me servía para poder separarlo totalmente de mi vida y de los míos.
―¿Cómo llegó la niña a esa red?
―Ella es pobre, Edward. Su familia la mandaba a trabajar todos los días, no asistía la escuela; además, era constantemente golpeada por su padre, quien por lo que también sé, sale en el informe por abuso de ella. ―Suspiró―. Ella ahora se encuentra en el paraíso, tiene de todo lo que hubiera deseado algún día obtener.
―Necesito que ella y los niños queden fuera de esto. En cuanto a Carlisle, en dos semanas debes preparar el galpón junto con James y Jacob.
―Está bien. Pero debes saber, Edward, que tu padre no se va con cosas chicas y que tiene un montón de mierda más en esa carpeta que debes conocer y meditar ―declaró―. Pienso que debes irte con mucha calma, esto que tienes pensado no puede dejarte descubierto para los demás y hacer que él no te descubra frente a nadie, ya que las consecuencias serán demasiado desastrosas para ti y no me gustaría que te pasara nada ―expuso seriamente.
―Gracias por preocuparte, Jasper, y por estar siempre a mi lado. ―Reí suavemente―. Solo te pido que si llega a pasar algo que sea perjudicial para mí, cuides de Bella y mi hija sin que ellas se enteren. Además, te dejaré una carta para que se las entregues si nada de esto sale bien.
Después de la visita de Jasper, me dediqué a leer la documentación que me trajo detenidamente, papel por papel leí sin poder dar crédito a lo que mis ojos analizaban. Tuve que pararme un momento, dirigirme al baño y devolver lo poco y nada que tenía en el estómago. Me levanté para mojarme el rostro, cuando ya estuve un poco más fresco, salí de la oficina dejando unos encargos a mi secretaria con tal de no estar ubicable durante el día, necesitaba verla y saber que lo que salía en esos papeles era real.
Me tomó cerca de treinta minutos llegar a la casa de mi madre. Al entrar, saludé a mi nana para luego dirigirme al jardín, donde se encontraba como siempre.
Me paré de espalda a ella y comencé a contemplarla, la amaba, siempre lo hice; ella me dio tanto amor sin restricciones, aunque siempre precavida para que nadie lo notara. No me podía consentir la mayor parte del tiempo, pero cuando tenía la oportunidad nunca la desaprovechó, si le podía recriminar algo era que no me haya sacado de ese mundo cuando era un niño y todavía había tiempo, alejándome de lo que estaba pasando y lo que viví en el pasado.
―Hola, Edward ―saludó.
Caminé hasta posicionarme a su costado y besar su cabeza.
―Hola, madre. ¿Cómo estás?
―Bien ―contestó moviendo su silla de ruedas para quedar frente a mí―. Siéntate ―indicó.
―Necesito que hablemos sobre unas cuantas cosas que acabo de descubrir y necesito que me lo confirmes.
―¿De qué se trata?
―De tu esposo, de ti y de mi abuelo ―dije viendo cómo su rostro se ensombrecía y sus ojos que se humedecían―. Y necesito toda la verdad, no quiero omisiones ni mentiras para poder protegerme.
―Está bien. ¿Qué quieres saber?
―Quiero saber cómo exactamente ocurrió el accidente por el cual quedaste en esta silla. ―enfaticé mis palabras tocando su silla―. Porque siempre tuve mis dudas acerca de él y lo más extraño de todo es que Carlisle estaba contigo cuando todo ocurrió y no hizo nada para evitarlo, sin contar que en ese accidente falleció mi abuelo y tampoco trató de ayudarlo.
―No quiero hablar de ese día, Edward. ―Hizo una mueca en el rostro―. No quiero recordarlo.
―Lo siento, sé que te trae malos recuerdos, pero solo necesito saber lo que ocurrió. Yo únicamente recuerdo haber llegado y encontrar un centenar de personas rodeando la casa, policías que entraban y salían, los paramédicos contigo subiendo en la ambulancia, Carlisle parado frente a la puerta con sangre en sus manos y los del servicio médico legal llevándose al abuelo.
Esme lloraba mientras recordaba todo lo que le había descrito.
―Eras tan pequeño, Edward ―exclamó mientras se secaba las lágrimas―. Nunca quise que crecieras en el mundo que me insertó tu padre.
Conocí a Carlisle cuando tenía diecisiete años; yo era tan ilusa, inocente, tonta, enamorada del amor. Mis padres prácticamente no me dejaban salir, las pocas amigas que tenía eran del colegio y los muchachos que conocía solo eran los vecinos que habían crecido conmigo. Así que mucho conocimiento del mundo no tenía. Un verano, al regresar de las vacaciones que teníamos en la finca de la familia, nos dimos cuenta que habían llegado nuevos vecinos, los Cullen. Yo no le presté mayor importancia en ese momento, ya que tu abuelo era muy estricto conmigo y con mis hermanas, y no salíamos casi nada a la calle más que para ir a clases y salir con ellos.
››Ese año tuvo que venir a pasar una temporada un primo por unas pasantías en la universidad de la cuidad, así que tu abuelo lo aceptó en la casa, ya que mis tíos no tenían buena situación económica para poder arrendar en un pensión y todo lo que conllevaba mantenerlo. Al principio era todo agradable contar con mi primo Alex, tenía veinte y era muy entretenido tener con quien conversar que no sean siempre tus hermanas.
››Un día me hallaba en la terraza, estudiando y escuchando música, así que no me percaté del momento en que llegó Alex con tu padre ―contaba con su mirada perdida en el recuerdo―. Solo lo hice cuando me sacaron los audífonos, asustándome; levanté la mirada para ver quien había sido, encontrándome con Peter que me hizo unas preguntas y me presentó a su amigo ubicado detrás de él. ―Suspiró―. Quedé impactada con su belleza, era simplemente perfecto, su cabello rubio brillaba cual sol, sus ojos azules eran tan profundos y hermosos, una sonrisa ladeada que era perfecta. Recuerdo que me lo presentó diciendo que era el hijo mayor de los nuevos vecinos, tenía veintidós años y estudiaba en la universidad de la cuidad, era su tutor en una materia que estaba cursando, por lo cual lo vería seguido por la casa.
››Tu padre, Edward, era perfecto, tanto físico como personalmente, era tan caballero, simpático, amable, correcto, me encantaba conversar con él, aunque tu abuelo no le gustaba mucho verme rodeada con él. Sin embargo, cuando él venía a la casa me era imposible no verlo o solo hablar con él. Poco a poco me comencé a enamorar de él, cómo no hacerlo si era todo lo que una niña siempre había soñado, era el príncipe azul hecho realidad. A los meses después de haberlo conocido, recuerdo que nos dimos nuestro primer beso. Fue inigualable. A pesar que teníamos miedo de que mi padre no nos permitiera estar juntos por la diferencia de edad, Carlisle accedió a que fuéramos novios, en ese tiempo había conocido a sus padres y sabía que era de confianza y que me cuidaría. Nuestro tiempo juntos como novios fue hermoso, me cuidaba tanto, me protegía de todos los que querían acercarse. Pasó el tiempo y quedé embarazada, así que tuvimos que casarnos.
Se veía que estaba recordando tantos detalles en su mente, pero solo me hablaba a grandes rasgos.
―¿Yo fui ese niño? ―inquirí―. Porque si es así las fechas no concuerdan.
―No, ese niño no eres tú ―aclaró tragando como si tuviera un nudo en la garganta―. Se llamaba Michael, y murió dos años después que naciera.
―¿De qué forma murió?
―Tu hermano nació con cardiopatía congénita. Los tres añitos que vivió los pasé en el hospital, no se pudo hacer mucho ya que no resistió los tratamientos ni la operación que le practicaron.
―¿Por qué nunca me hablaron de él?
―Tu padre no me permitía hablar de él. ―Suspiró―. Cuando Michael nació Carlisle estaba feliz, era atento, lo cuidaba, pero tu abuelo Marcus comenzó a decirle que yo tenía la culpa de todo, que nunca debía haberse casado conmigo, que era una inservible y un montón de cosas más. Al principio Carlisle se negó a creer en lo que decía, pero con el tiempo lo aceptó. Comenzó a repetir todas sus palabras y se desapegó de nuestro niño, cuando falleció solamente estuvo conmigo en el momento de los funerales y desapareció una semana sin decirme donde estaba.
Luego nuestra relación cambió radicalmente. Prácticamente no nos hablábamos, traté de que eso cambiara, que volviera hacer como antes. Al pasar del tiempo, unos cuatro años exactamente, naciste tú y naciste sano, yo estaba demasiado feliz, cambiaste mi tristeza en alegría. Tú eras y eres mi mundo, Edward ―dijo mirándome directamente a los ojos.
Solo pude asentir.
―Ese día que cambiaron definitivamente las cosas en nuestra familia, había descubierto que tu padre me era infiel, tenía una niña de diecisiete años y que estaba embarazada.
―¿Cómo te enteraste?
―Porque ella se presentó en la casa para exigirme que dejara a tu padre para poder ella hacer su vida junto a él y el niño que venía en camino. En ese momento, la eché de la casa y llamé a Carlisle. Cuando llegó tuvimos una fuerte discusión en la cual me golpeó en más de una oportunidad, en medio de la discusión llegó mi padre y me defendió ―relató―. No obstante, cuando tu abuelo se dirigía a llamar a la policía, tu padre fue a su despacho, trajo consigo un arma y le disparó frente a mis ojos, luego me miró y me disparó, cuando me di cuenta traté de huir, pero fue inútil ―finalizó señalándose.
―¿Por qué nunca lo denunciaste? ¿Por qué dejaste que quedara en libertad?
―Me amenazó con matarte si lo hacía y no lo podía permitir ―aseveró tomándome las manos―. Me moría si te pasaba algo. No puedo vivir si algo te sucede, Edward.
Después de saber la verdad de todo lo que pasó ese fatídico día, tenía más claro que tendría que pagar caro todo lo que había hecho, sin importar las consecuencias.
Holis! Les traigo el segundo capitulo de esta hermosa historia, espero les guste.
Cualquier cosa dejen un review.
Cariños y gracias por leer.
Sabia
