Capitulo 2
Chicas, ¿a dónde las llevo? – nos preguntó Kiba con voz burlona asomándose por la ventanilla –
A su lado, en el asiento del copiloto, había una chica de cabellos azulados. Traía puesto un vestido blanco apretado el cual marcaba sus grandes pechos. Parecía que iba a desgarrarse por tanta presión… De seguro era una puta.
A donde el "amo" – dijo Ino, mirando su atuendo de maid –
Con gusto, suban – nos dijo Kiba, ignorando el hecho de la puta a su lado –
Le hicimos caso y subimos a los asientos de atrás. Hablamos un poco con Kiba, pero la otra chica no dijo ni una palabra. Después de un rato, Ino se quedó dormida. Era un largo camino hacia la mansión de nuestro jefe, así que decidí dormir también. O por lo menos, hacerles pensar a ellos que lo hacía…
¿Entonces, que dices? – preguntó Kiba. Yo mantuve mis ojos cerrados en caso de que me vieran, pero estuve atenta a la conversación en todo momento. Por alguna razón me sentía una agente secreta o algo así -
¿D-dices que él es el dueño d-de estas chi-cas…? – la voz de la pu… chica, era dulce y suave. Vaya que Kiba caía rápido en sus trucos para seducir hombres. Según Ino, en esta ciudad era lo típico. Todo hombre cae por una chica cualquiera con grandes pechos. Como sea, dejando eso a un lado… ¿¡Como que "dueño"!? ¿¡Acaso que cree que somos perros o algo así?! –
Bueno… no exactamente. Es más un amigo del dueño. Por lo que se, lo visita seguido, pero se ven en privado – respondió Kiba. ¡Hay, vamos! ¿¡El también!? ¿¡Que creen que "maid" significa!? –
M-muy bien… en e-ese caso supongo que i-ire - ¿Ir? ¿A dónde? ¡¿De qué rayos estaban hablando?! –
Luego de esos no muy informativos diálogos, siguieron conversando sobre cosas triviales y demás, lo que me aburrió y, como siempre, me quedé dormida. Digamos que es algo común que me duerma cuando me aburro. Solía pasarme todo el tiempo cuando mi mamá me daba clases en casa…
Oigan… despierten bellas durmientes – dijo Kiba con sarcasmo. Si, efectivamente me había quedado dormida. Me froté los ojos un poco y me retorcí hasta lograr levantarme arrastrándome contra el asiento –
¿Eh…? – pronunció débilmente Ino –
Cuando terminé de despabilarme por completo, pasé mi mirada por el espejo retrovisor y…. ¡Oh por dios! ¡Estaba horrible! Mi cabello estaba completamente despeinado y mi cara se encontraba… ¿Dormida? No lo sé, pero cuando mire a Ino me di cuenta de que ella estaba… ¿¡Intacta!? ¿¡Como rayos hace eso!?
¡Ino, rápido! ¡Préstame tu cepillo para el cabello! – dije casi gritándole en el oído. El amo volvía hoy de Tokio y necesitaba estar presentable ¿No lo creen? –
Ino obedeció al instante y luego de revolver un poco su cartera, me pasó el cepillo, con el cual arreglé mi cabello rosado hasta que quedara por lo menos un poco más liso. Me miré al espejo otra vez y decidí que así estaba bien, ahora solo faltaba mi rostro.
Bajamos del auto y caminamos por un hermoso camino de piedras adornado por distintas plantas y árboles, los cuales eran parte del jardín delantero de la enorme mansión. Nunca dejaba de sorprenderme la increíble flora que poseía ese lugar. Olvidé momentáneamente el inconveniente con mi rostro hasta que pasamos por un pequeño arroyo de aguas cristalinas, con las cuales limpié mi expresión adormilada, para luego dedicarme a seguir observando el increíble paisaje que me rodeaba.
Hasta que… llegamos a la puerta. Y se preguntarán ¿Qué hay de malo en llegar a una hermosa y bien tallada puerta, eh Sakura? Pues, justo en ese preciso instante, escuchamos un ruido. El cual, por supuesto, provenía de la limusina blanca de nuestro querido amo, el cual debería estar esperando que sus dos maids tuvieran preparado su cálido hogar para su regreso, pero no era así. Sus dos queridas maids, acompañadas de un moreno y una puta, se encontraban intentando abrir la puerta desesperadas sin ningún éxito.
Forzamos y tironeamos un poco la cerradura, pero tampoco logramos abrirla. Hasta que unos pesados pasos se oyeron detrás de nosotros y se detuvieron a nuestras espaldas, causando que los cabellos situados en mi nuca se erizaran con facilidad. Un ronco gruñido silencioso se oyó intentando llamar nuestra atención y provocando que escalofríos recorrieran mi cuerpo.
Hay… ¿Algún problema? – preguntó el hombre. Todos nos dimos vuelta prácticamente al mismo tiempo. Nuestro "amo", un hombre de unos veintitrés o veinticuatro años aproximadamente. Con cabello castaño, normalmente recogido en una coleta, ojos oscuros y unos rasgos bastante definidos. Un hombre trabajador, la mayoría del tiempo se encuentra ocupado y muestra bastante desinterés –
Eh… etto… eh… - logró pronunciar Ino, con bastante nerviosismo, al igual que yo –
¿Se puede saber porque no se encuentran haciendo su trabajo? Las contraté para ayudar con el cuidado de mi propiedad, nada más. ¿Es tanto pedir? – pronunció tranquilamente, pero notablemente no complacido –
Nosotros… - dije yo, pero me detuve ya que fui interrumpida por una persona un tanto peculiar a la cual nunca había visto antes –
¡Hay, vamos Shikamaru! ¡No seas tan duro! – una voz alegre y animada proveniente de la limusina dio lugar a un rubio el cual salió de ella. Traía un traje de negocios gris y una corbata… ¿Naranja? ¿¡Qué clase de hombre de negocios utiliza una corbata naranja!? Bueno, por lo menos supuse que lo era. Poseía unos expresivos ojos azules y piel perfectamente bronceada, sin mencionar un físico que me dejó helada con tan solo mirarlo. Pero no fui solo yo quien lo miró, en cuanto salió del vehículo, sus ojos se clavaron en mí, tornando su expresión alegre a una… ¿Sorprendida? -
Déjame en paz Naruto, tú no me das ordenes – dijo con aire burlón mientras rodaba los ojos. Algo que… no era muy común de su parte. Es más, ahora que lo pienso ¡Nunca había hablado así con nadie! ¿¡Quien rayos era ese chico!? Oh, esperen… probablemente era un alien el cual cambió el cerebro del amo por uno de los de su raza para experimentar con éste… Es por eso que es tan endemoniadamente sexy… digo, no, Sakura concéntrate en tu trabajo el cual no estás haciendo… - Por cierto ¿Quiénes son ustedes? – preguntó señalando a Kiba y a la puta –
Etto… ellos son Kiba y… - dijo Ino, pero se detuvo ya que… ¡Es cierto! ¡No sabíamos el nombre de la pechugona! –
H-hinata Hyuga… - dijo prácticamente en un susurro casi inaudible mientras jugueteaba con sus dedos. Lo que me llamó su atención fue que estaba muy… sonrojada – S-soy la princesa de G-genovia, heredera a-al tro-no… - ¿¡PRINCESA?! ¡OH DIOS, Y YO LA HABÍA LLAMADO PUTA! Me sentí terriblemente mal, debí pensar un poco antes de hablar. Aunque no es para menos, tiene más pecho que… -
Oh, lo lamento mucho señorita, pase por favor – dijo el amo haciéndonos señas para que abramos las puertas sin éxito. Al final, Ino le dio una vuelta más a la llave y el cerrojo se deslizó como mantequilla, dejándonos entrar a todos. Excepto a Kiba, el cual fue detenido con un portazo en la cara – Lo lamento, tu no pasas –
Lamento los inconvenientes de su visita Srta. Hyuga – dijo observándonos amenazante - Siéntase como en su casa – luego de decir esto, aplaudió levemente dándonos la seña para ir a "atenderlo" –
¿Que necesita, amo? – preguntamos las dos al unisono mientras nos parábamos a su lado –
Etto, tu trae un poco de té… - dijo señalando a Ino la cual se fue rápidamente – Y tu, acomoda los almohadones - me dijo a mí. Todavía no se había aprendido nuestros nombres así que seguía llamándonos por "Tu", "Ustedes" y "Ellas" –
Con gusto señor – dije lo más educadamente posible. Realmente nunca había sido muy educada, pero realmente necesitábamos el dinero y como se que a Ino no le será fácil el cambio de ciudad, intentaba dar lo mejor de mí en ese trabajo –
Me aproxime hacia uno de los sillones de tela blancos que rodeaban la hermosa sala en la que nos encontrábamos y con cuidado esponjé un poco uno de los cojines y lo acomodé contra el respaldo de la silla. Luego hice lo mismo con el otro y me alejé con una reverencia. Estaba bastante nerviosa, realmente nunca había hecho eso. Quiero decir, ¿Por qué abría de hacerlo? ¿Para qué sirve "esponjar" un cojín? ¿Para qué se vea más bonito? Creo que nunca lo entenderé.
La pu… princesa se acomodó en uno de los sillones muy delicadamente. Lo cual me sorprendió mucho. Parecía alguien extremadamente educada y de alta clase. Bueno, no se puede esperar menos de una princesa, ¿Verdad? Aunque nunca había visto una en la vida real.
Oye… ya puedes irte… - me dijo el amo. ¡Oh, que imbécil! ¡Me quedé hundida en mis pensamientos! Con un poco de nerviosismo asentí con la cabeza, pero en cuanto retrocedí un paso, me choqué contra algo y caí, rompiendo un jarrón. Pero por alguna razón, yo no fui a parar al piso como la pobre decoración que seguramente valía más dinero que mi salario en todo un año. Algo me sostuvo –
Gire un poco mi cabeza. Oh rayos, oh rayos. ¡¿Qué no podía ser más idiota?!
Orden en la sala… - habló la jurada pelirosa, callando a todas las presentes – Sakura Haruno, se la acusa de ser la persona más idiota del mundo y de arruinar absolutamente todo, ¿Quiénes son los testigos disponibles? –
Dos Sakuras más se levantaron de sus asientos. Ambas tenían colgados unos carteles los cuales decían: "Conciencia" y "Cerebro".
Muy buen, Conciencia, favor de describir la escena u otorgar cualquier tipo de prueba creíble – volvió a hablar la jurada –
Muy bien, veamos. Al intentar hacer su trabajo, Sakura tropezó y rompió un valioso jarrón propiedad del amo… - Conciencia fue interrumpida –
¡Objeción señoría! No fue a propósito, a demás, la Hyuga se encontraba distrayéndola ocasionalmente –
Inconsciencia, no recuerdo haberle dado permiso para hablar – dijo la jurada fríamente, causando un bufido de parte de la otra pelirosa –
Lo lamento, no quiso decir eso – dijo Sakura, callando a su abogada –
Cuando Conciencia iba a comenzar a hablar otra vez, la jurada la calló con una seña.
Cerebro, ¿qué hay de usted? ¿Tiene algo para decir? –
Bueno, lo único que se, es que yo no le ordené hacer eso… lo demás fue prácticamente como lo describió Conciencia – dijo la pelirosa levantando un dedo –
Muchas gracias, ¿que tiene para decir el fiscal? – una Sakura notablemente furiosa con un cartel que decía "Responsabilidad" se levantó de su silla y con un dedo acusador señaló a Sakura –
¡El único trabajo bien pago que hemos conseguido, ella lo arruina! ¡Su estupidez está yendo demasiado lejos! – gritó Responsabilidad, ganándose murmullos de todo el jurado –
Orden en la sala… ¡Orden en la sala! – dijo la jurada golpeando la mesa con su martillo – ¿Cuál es el grado de credibilidad sobre los testigos y las pruebas? – preguntó a el jurado el cual tenía un gran cartel que decía "Decisiones" –
Creíble – habló una de las Sakuras -
En ese caso… Srta. Sakura, ¿Cómo se declara? – preguntó la jurada –
… - Sakura se levantó de la silla – Culpable –
Levanté mi mirada un poco para encontrarme con unos bellos ojos azules los cuales me miraban interesados.
Ten más cuidado la próxima… ¿Si? – me dijo con una voz dulce y amable que me dejó helada. Realmente era una idiota… -
Eh… eh… - sentí mi rostro arder, sobre todo cuando divisé a Ino riéndose a carcajadas desde la entrada del salón con una bandeja en mano. Instantáneamente fruncí el seño y me levanté de un salto, me acomodé el vestido y asentí con la cabeza – Gracias. – dije cortante, para luego irme a zancadas del salón con el objetivo de estrangular lenta y dolorosamente a Ino ignorando al atractivo hombre a mi lado. Vaya imbécil… -
Continúa en el próximo capitulo,
espero que haya sido de su agrado.
